Señoras y Señores,

Bienvenidos a Circus Day

image
Hola,

Soy Caty y dirijo este circo

Foodie, diseñadora gráfica, cuentacuentos y aficionada a la fotografía es un resumen de lo que encontrarás aquí, un circo lleno de recetas, historias y espectáculo. Señoras y señores, mesdames et messieurs, ladies and gentlemen, bienvenidos a Circus day, espero que te guste el show.

The Show

En el blog

Mostrando entradas con la etiqueta Vídeo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Vídeo. Mostrar todas las entradas

Cocas de cebolla

Queda poco para que llegue el día. Tengo su regalo envuelto en colores, guardado en mi mesita de noche. Metí dentro toda mi ilusión de niña traviesa para que, cuando lo abra, se impregne de ella: para que vuelva a cogerme en brazos, me eleve hacia el cielo y me sonría como cuando se acordaba, como cuando me recordaba; como cuando no hacía falta decirle nada porque con solo mirarnos sentíamos el revoloteo de mariposas en su estómago y en el mío.

No creáis que desvarío ni penséis que todo esto es absurdo. Me lo prometió: me dijo que el amor, aun cuando se pierde en la memoria, deja huella en el corazón. Y si al verme sus ojos brillan, es la señal inequívoca de que todavía habito en él; la llave para sentirlo cerca, abrazarlo y recordarle cuánto lo quiero.

Dedicado a todas las personas con demencia senil o alzhéimer, y a sus familias. ♥️


Cocas de cebolla en forma de corazón individuales

Cocas de cebolla individuales



El uso del hojaldre para cocas saladas supuso una revolución tardía en la culinaria del arco mediterráneo español, fusionando la milenaria tradición de la masa de coca con la técnica pastelera francesa del hojaldrado. Históricamente, las cocas tradicionales catalanas, valencianas y baleares nacieron en la Edad Media como masas planas de pan que las familias horneaban para aprovechar los excedentes. Fue a partir del siglo XIX y a lo largo del XX cuando los obradores comenzaron a sustituir de forma habitual la masa fermentada por láminas de hojaldre, buscando una textura mucho más ligera, aérea y crujiente para competir con la pastelería fina.

Esta variante técnica transformó por completo las recetas clásicas del litoral y del interior. Elaboraciones emblemáticas como la coca de recapte catalana (tradicionalmente sobre masa de pan con hortalizas asadas) ganaron una nueva identidad crujiente al montarse sobre bases hojaldradas. En la provincia de Alicante se consolidó la célebre coca de mollitas, donde una lámina de hojaldre sirve de soporte para una cobertura de migas saladas de harina y aceite. En paralelo, los hornos de Baleares y de la Comunidad Valenciana popularizaron esta base para disponer embutidos locales, salazones como la anchoa o combinaciones de quesos con tomates cherry.

El éxito contemporáneo del hojaldre en las cocas saladas reside en su practicidad y en la inmediatez del horneado. A diferencia de las masas levadas tradicionales, el hojaldre permite prescindir de los tiempos de reposo y fermentación, convirtiéndose en el recurso predilecto de los hogares modernos para improvisar cenas rápidas. Su estructura laminada retiene los jugos de las verduras sin reblandecerse en exceso, aportando un contraste crujiente muy valorado en la gastronomía actual.

Los últimos ocho años de vida de mi abuela los pasó con demencia senil. Empezó poco a poco, con detalles a veces desconcertantes en su conducta, hasta que su memoria se fue borrando y, con ella, todos los recuerdos. Fue duro; siempre lo es. Esa mujer fuerte, luchadora y rebelde se convirtió casi en una sombra de sí misma; aun así, vivió hasta los noventa y cinco años.

Fue una persona fundamental para mí. Nacida en 1903, fue testigo de capítulos decisivos de la historia de España, y sus vivencias me las transmitía sentada en una silla baja de enea —seguramente encordada por ella misma— junto a la chimenea. Siempre entendí que demostraba el cariño luchando con uñas y dientes por los suyos. No era pródiga en besos, abrazos ni arrumacos, pero su mirada lo decía todo.

Se llamaba María, y a menudo asomarán pinceladas de su vida en mis relatos, algunas inventadas y otras bien reales. Un detalle indiscutible: le apasionaban las cocas, ya fueran dulces o saladas. Aunque en casa solo las horneábamos en fechas señaladas, y esta receta en particular no sea la clásica, para ella siempre guardábamos la mejor porción.

Abuela, bien sé que lo vuestro fue de «contigo, pan y cebolla». ¡Va por vosotros!


Cocas de cebolla

Ingredientes:
  • 1 plancha de hojaldre 
  • 1 cebolla roja (o blanca si te gusta más)
  • Aceite de oliva 
  • 1 huevo
  • Sal
  • Pimienta negra molida

Elaboración:

  1. Precalienta el horno a 200 ºC.
  2. Corta la cebolla en juliana fina y pequeña.
  3. En un bol, mezcla la cebolla con una cucharada de aceite de oliva, sal y pimienta. 
  4. Añade el huevo y mezcla bien.
  5. Puedes usar toda la plancha de hojaldre o formar corazones, como he hecho yo. 
  6. En cualquier caso, pincha la masa con un tenedor y pincélala con aceite de oliva.
  7. Distribuye la mezcla de cebolla sobre la masa y hornea hasta que se dore. 
  8. Saca del horno y deja reposar antes de servir.

Notas:
Si te gusta más en dulce puedes usar cebolla caramelizada.
O si no te gusta la cebolla puedes usar otra verdura.




Preguntas frecuentes

¿Por qué se mezcla el huevo batido directamente con la cebolla cruda en lugar de pocharla antes?

Al hornear a 200 °C, el huevo cuaja alrededor de las tiras finas de cebolla actuando como un aglutinante o ligazón natural. Esto evita que la verdura se disperse o se queme por los bordes con el aire caliente directo, al tiempo que sella la humedad necesaria para que la cebolla se cocine y quede tierna dentro de esa fina película dorada sin necesidad de un sofrito previo en sartén.

¿Por qué es fundamental pinchar el hojaldre con un tenedor antes de hornear?

El hojaldre sube de forma espectacular por la evaporación de las capas de mantequilla. Al pinchar repetidamente la base por la zona donde va el relleno, se abren vías de escape para el vapor, impidiendo que la masa se infle en el centro y desplace la cebolla hacia los lados. De este modo, solo crecen y se doran los bordes exteriores, dejando una base plana, crujiente y bien cocida.

¿Qué diferencia esta versión rápida de la tradicional coca de ceba balear o mediterránea?

La receta tradicional de las islas y del Levante peninsular se asienta sobre una masa leudada de panadería enriquecida con aceite de oliva o manteca de cerdo (saïm), rematada habitualmente con una fritura lenta y prolongada de cebolla (a veces con sobrasada, butifarrón o piñones). Esta versión con hojaldre simplifica los tiempos de fermentación al mínimo, ofreciendo un bocado mucho más ligero, hojaldrado y exprés, perfecto para un aperitivo improvisado.


Relato, vídeo y fotografías @catypol - Circus day.

Zongzi de coliflor

La barcaza avanzaba lenta por el río, cortando el reflejo de las linternas como si navegara sobre fuego líquido. Era el Festival del Dragón en el pueblo de Qingshui, y las orillas vibraban con tambores, risas y el aroma envolvente de los zongzi, esos triángulos de arroz glutinoso envueltos en hojas de bambú. Meilin, de pie junto a su abuela en la barcaza, sostenía una taza de té que apenas podía beber por los nervios. Era su primer festival desde que cumplió dieciocho… y la primera vez que sentía los latidos de su otra herencia.

—Esta noche puede despertar en ti —le dijo la abuela con su voz de pétalo arrugado—. Lo de los cambiaformas no es leyenda. Es memoria. Sangre antigua.

Meilin quiso reír, pero algo en la mirada de su abuela, fija en el río oscuro, la detuvo. Mientras la procesión seguía, con dragones de papel danzando en la orilla y fuegos artificiales como flores salvajes en el cielo, sintió un calor subir por su espalda. No era el té. No era el verano. Era algo más. Algo que olía a bosque mojado y a luna llena. La abuela la miró con ternura y puso un zongzi caliente en su mano.

—Come, niña. La forma necesita ancla.

Al primer bocado, Meilin cerró los ojos. Y allí estaba: una pasión salvaje por correr, por saltar entre ramas, por cazar el viento. Se vio a sí misma con garras, con ojos dorados, con un lomo que brillaba bajo la luna como si fuera parte del río. Gritó, pero nadie la oyó. O tal vez sí. Porque cuando abrió los ojos, su abuela le sonreía y a su lado había una gran grulla blanca, serena, majestuosa.

—No temas, Meilin. Esta también soy yo.

La barcaza flotaba ahora en silencio, como si el mundo se hubiera detenido para que el linaje olvidado despertara. Esa noche, bajo el rugido de los dragones de papel, Meilin aprendió a volar sin alas y a volver sin miedo. Aprendió que la pasión no es solo amor, sino fuego que arde desde dentro. Y que el té compartido con una abuela sabia puede ser más poderoso que cualquier hechizo.

Por la mañana, la barcaza regresó vacía. Pero en la orilla del río, sobre una roca, alguien había dejado un zongzi aún tibio, envuelto con cuidado. Como promesa. Como señal.


Zongzi chino dentro de hoja de bambú

Zongzi de arroz de coliflor



En el quinto día del mes lunar se celebra el Festival del Bote del Dragón. El zongzi, o pastel de arroz glutinoso envuelto en hojas de caña, es el alimento conmemorativo por excelencia. Esta costumbre es común en toda China y cuenta con más de 2000 años de historia.

Por tradición, la gente coloca retratos de Zhong Kui y cuelga hojas de artemisa en las puertas y paredes de sus casas. Los adultos disfrutan del vino amarillo, mientras los niños juegan con "bolsas de fragancia", que actúan como amuletos de protección.

El zongzi existe tanto en el norte como en el sur de China, aunque con diferentes sabores y formas. En el norte, suelen rellenarlo con azufaifas, pasta de judías azucarada, frutas en conserva y otros dulces, cubiertos con una gruesa capa de arroz glutinoso y envueltos en hojas de caña en forma triangular. En el sur, también hay zongzi cuadrados y planos, con rellenos más abundantes que incluyen huevos y carnes.

Cuando visité el supermercado chino y vi las hojas de bambú para hacer zongzi me emocioné, pensando en todas las maneras de rellenarlos. Para que la coliflor quede con una textura “glutinosa” parecida al arroz, le añadí psyllium durante la cocción, lo que la volvió más pegajosa. Me gustó el resultado, aunque no queda tan pegajoso como con arroz.

Mi relleno es un poco particular, usando cerdo, champiñones y manzana, nada que ver con el tradicional. Parece laborioso o difícil pero es una receta fácil. Lee la receta antes para no confundirte con los pasos. No olvides que si las hojas son secas deben estar en remojo toda la noche para ganar elasticidad. Los cordeles solo hay que remojarlos en el momento de preparar los paquetitos.

Por supuesto, sobra decir que mi destreza haciendo los paquetitos es de novata total, pero por ser mi primera vez estoy satisfecha.


Zongzi de coliflor


Ingredientes:

Preparación de las hojas:
  • 40 hojas de bambú secas (cada zongzi lleva 4 hojas)
  • 1 cucharada de aceite de oliva
  • Agua

Preparación de la colirroz:
  • 1/2 cebolla picada
  • 2 ajos picados
  • 1 coliflor pequeña
  • 50 g de psyllium
  • Sal y pimienta
  • Aceite de oliva virgen extra

Preparación del relleno:
  • Aceite de oliva
  • 150 gramos de cerdo (carne de la costilla), cortada a cuadritos
  • 100 gramos de champiñones, cortados pequeños
  • 1 manzana, pelada y sin corazón, cortada a cuadritos pequeños
  • 3 cdas. salsa hoisin

Elaboración

Primero ponemos los cordeles a remojo para cuando tengamos que formar los zongzi no se rompan.

Preparación de las hojas:
  1. Enjuaga y frota las hojas muy suavemente para limpiarlas. 
  2. Colócalas dentro de una olla profunda y agrega agua suficiente para cubrirlas. 
  3. Añade una cucharada de aceite de oliva al agua; esto ayudará a que las hojas sean más flexibles y menos propensas a romperse.
  4. Tapa la olla y caliéntala a fuego alto hasta que hierva. 
  5. Apaga el fuego inmediatamente y mantén la tapa puesta, dejando que las hojas se empapen durante toda la noche.

Preparación de la colirroz:
  1. Corta las coliflores en pequeños floretes. 
  2. Pica los tallos y las hojas en trozos más pequeños. 
  3. Enjuágalos con agua corriente, escurre y seca con papel de cocina.
  4. Coloca los trozos de coliflor en un procesador de alimentos o licuadora y pulsa hasta que tengan el tamaño del arroz. 
  5. Pon el “arroz” de coliflor en un recipiente grande y reserva.
  6. Pica los dientes de ajo y la cebolla en trozos pequeños, del tamaño del arroz o más pequeños.
  7. Calienta una cucharada de aceite de oliva en una sartén grande a fuego medio-alto.Saltea el ajo y la cebolla, y luego agrega el arroz de coliflor.
  8. Cocina durante unos 3 minutos, removiendo.
  9. Sazona con sal y pimienta al gusto.
  10. Espolvorea la cáscara de psyllium de manera uniforme sobre el arroz de coliflor y saltea hasta que se mezclen bien y el “arroz” se compacte un poco, sin que se pegue a la sartén.
  11. Reserva.

Preparación del relleno:
  1. Saltea el cerdo en una sartén con aceite de oliva.
  2. Cuando esté dorado, añade los champiñones y la manzana y sigue salteando hasta que los champiñones se reduzcan y la manzana esté pochada.
  3. Añade la salsa y mezcla bien.
  4. Reserva.

Formar los zongzi:
  1. Has sacado las hojas de la olla y las has secado con papel de cocina.
  2. Para cada zongzi, necesitas 4 hojas.
  3. Primero, coloca dos hojas en forma de cruz. 
  4. Dobla la parte superpuesta para formar un cono. 
  5. Rellena el cono con colirroz. 
  6. Añade encima el relleno de cerdo y cubre con más colirroz.
  7. Coloca dos hojas más, una a cada lado del cono. 
  8. Usa una mano para cerrar el paquete y dóblalo por completo. 
  9. Apreta bien la bola de masa con un hilo y cierra con el cordel. 
  10. Corta la parte sobrante de las hojas.
  11. Repite el proceso con las demás hojas.

Cocinar los zongzi:
  1. En una olla, hierve abundante agua.
  2. Coloca encima una vaporera con los zongzis y tapa. 
  3. Cocina durante 15 minutos.
  4. Saca los zongzi, corta el cordel y desdobla las hojas para comer.

Conservación:
  1. En una olla, hierve abundante agua. 
  2. Coloca encima una vaporera con los zongzi y tapa. 
  3. Cocina durante 15 minutos.
  4. Retira los zongzi, corta el cordel y desdobla las hojas para servir y disfrutar.


Preguntas frecuentes

¿Por qué es indispensable añadir cáscara de psyllium a la coliflor picada?

En la receta tradicional china, los zongzi se elaboran con arroz glutinoso (nuòmǐ), un cereal con un altísimo contenido en amilopectina que se vuelve pegajoso al cocerse y mantiene la estructura piramidal compacta. Al sustituir el grano por coliflor picada («colirroz»), falta ese aglutinante natural; el psyllium absorbe los jugos del vegetal y forma un gel mucilaginoso y elástico que aglutina la verdura, permitiendo desmoldar el paquete sin que se desmorone al retirar las hojas.

¿Qué función cumple hervir las hojas de bambú con aceite y dejarlas en remojo toda la noche?

Las hojas secas de bambú son extremadamente quebradizas y rígidas. El hervor prolongado y el reposo nocturno rehidratan sus fibras leñosas hasta devolverles la maleabilidad necesaria para doblarlas en forma de cono sin que se agrieten por los pliegues. La cucharada de aceite de oliva en el agua crea una microcapa lubricante que aporta elasticidad adicional y evita que el relleno vegetal se quede pegado a la superficie interior durante la cocción al vapor.

¿Qué origen e importancia cultural tienen los zongzi en la gastronomía asiática?

Son el plato emblemático del Festival del Barco del Dragón (Duanwu Jie), celebrado el quinto día del quinto mes del calendario lunar chino. La tradición honra la memoria de Qu Yuan, un admirado poeta y ministro del periodo de los Reinos Combatientes que se arrojó al río Miluo tras la caída de su patria. Para evitar que los peces devoraran su cuerpo, los lugareños arrojaron al agua paquetes de arroz envueltos en hojas de bambú atados con cuerdas, dando origen a estos paquetes ceremoniales milenarios.



Collage de los pasos de la elaboración de zongzi


Relato, vídeo y fotografías @catypol - Circus day.

Tortitas saladas

Siempre que llegaba el final de un año no lo sentía como tal. Sí, se decía, de acuerdo: es lo que piensa la mayoría; pero en realidad —pensaba ella— mi año se acaba el día antes de mi cumpleaños. El año que termina para todo el mundo no tiene nada de especial, ni el primer día de enero es diferente, sino una simple continuación de lo mismo.

En cambio, «mi año» comienza con un beso de mi familia, un «¡Levántate, que hoy es tu día!», un desayuno especial con tortitas, una fiesta con mi tribu, soplando velas, cantando «Cumpleaños feliz» y regalándome un «¡Sí, cariño!» a cada instante, hasta que vuelvo a la cama y guardo como un tesoro esa jornada: con fotos, con dibujos, con recuerdos que, por más que pasen los días, siempre me arrancan una sonrisa.

Ese, ese es mi verdadero principio de año: el que no lleva etiquetas, ni propósitos de dietas, ni la promesa de que el año que viene será mejor; el que celebro con más amor.

Y para ti, ¿cuándo empieza tu año?


Tortitas de espinacas con aceite de oliva virgen

Tortitas saladas de espinacas y aceitunas


Las tortitas saladas tienen sus raíces en las civilizaciones antiguas, donde mezclar granos molidos con agua y cocinarlos sobre piedras calientes constituía la base del sustento diario. A diferencia de las versiones dulces americanas, popularizadas globalmente con sirope en el siglo XX, las tortitas originarias no llevaban azúcar y solían acompañarse de hierbas, grasas animales, quesos o carnes. Cada cultura desarrolló su propia variante adaptada a los cultivos de su entorno, convirtiendo esta preparación en un pilar de la cocina de aprovechamiento.

En el continente asiático, estas recetas alcanzaron gran arraigo a través de platos como el jeon coreano o el okonomiyaki japonés, este último nacido a principios del siglo pasado como un bocado callejero y económico elaborado con col y sobras del día. Por su parte, la cocina india perfeccionó desde hace siglos el uttapam y la dosa, a base de masas fermentadas ricas en arroz y legumbres, mientras que en Europa del Este el protagonismo recayó en los latkes y los draniki, tortitas crujientes preparadas con patata rallada y huevo.

La cocina contemporánea y las redes sociales rescataron este formato tradicional para adaptarlo al auge de los desayunos tardíos o brunches. Hoy, la masa clásica de harina de trigo, huevo y leche se enriquece a menudo integrando queso rallado, beicon picado o hierbas aromáticas directamente en la mezcla antes de pasar por la sartén. Su presentación actual suele emular las torres de tortitas americanas, coronadas con huevos a la plancha de yema fluida, aguacate o crema agria para lograr un contraste irresistible.

Se acabó. Se terminó el año y, con él, las vacaciones. Se acaban las tardes de pelis de dibujos comiendo palomitas mientras intento enterarme del diálogo a la vez que mi hijo me explica su propia versión de la trama, o lo de cocinar su plato favorito casi todos los días porque, como no hay cole, parece que es lo que «toca».

Se acabó el tiempo permitido para volver a ser niños sin desentonar; se terminaron los reencuentros, los brindis, los deseos y los buenos propósitos.

Pero no todo es drama: para hacer la vuelta más llevadera, estas tortitas saladas de espinacas son el acompañamiento perfecto para lo que quieras. Quedan especialmente bien con salmón ahumado o, si te sientes creativo, con unas gambitas salteadas.


Tortitas saladas de espinacas


Ingredientes:
  • 240 ml de leche
  • 2 porciones de espinacas congeladas
  • 1 huevo
  • 180 g de harina de garbanzo
  • 1 cdta. de levadura en polvo
  • 1/2 cdta. de bicarbonato 
  • 1/2 cdta. de sal
  • 2 cdas. de Aceite de oliva virgen extra

Elaboración:
  1. Pon la leche y las espinacas en una batidora. Yo lo he hecho con la Thermomix. Bate hasta obtener una mezcla líquida sin grumos.
  2. Añade los demás ingredientes y vuelve a batir hasta que la masa sea más espesa y también sin grumos.
  3. Calienta una sartén con un poco de aceite. Cuando esté caliente, vierte un cucharón de masa. Ten cuidado de no calentar demasiado la sartén para que las tortitas queden verdes y no se pongan marrones al cocinarlas.
  4. Cocina las tortitas una a una, dándoles la vuelta y dejando que se hagan unos minutos por cada lado.
  5. Sirve con lo que más te guste.



Preguntas frecuentes

¿Por qué es importante controlar el fuego para mantener el color verde brillante?

La clorofila de las espinacas es muy sensible al calor extremo prolongado. Si la sartén humea o se calienta en exceso, las reacciones de Maillard y la caramelización de los azúcares dorarán la superficie rápidamente, tornando el tono verde vivo en un pardo apagado. Mantener un fuego medio-bajo permite que la masa cuaje despacio hasta el centro conservando ese color esmeralda tan llamativo.

¿Qué ventajas aporta la harina de garbanzo frente a la harina de trigo común?

La harina de garbanzo no contiene gluten, lo que evita que la masa desarrolle una textura chiclosa al batirla enérgica y rápidamente en el robot de cocina. Además, aporta un extra notable de proteínas vegetales y fibra, una consistencia densa y saciante, y un ligero matiz a fruto seco tostado que combina a la perfección con la verdura.

¿Por qué se combinan levadura química y bicarbonato en la misma masa?

La levadura química aporta un primer impulso de aireado con el calor de la sartén, pero el bicarbonato reacciona de inmediato en contacto con el medio húmedo, liberando burbujas de dióxido de carbono que esponjan la densidad propia de la legumbre. Esta combinación es el secreto para que no queden como tortas pesadas o apelmazadas, sino mullidas y tiernas en el centro.



Relato, fotografías y vídeo @catypol - Circus day.

Empanada de brócoli

Todo comenzó cuando el despistado Aric, un novio emocionado por su próxima boda, se encontró con una mariposa que llevaba un cartel que decía: "¡Sígueme para una boda aún más emocionante!". Sin pensarlo dos veces, Aric persiguió a la mariposa y, para sorpresa de todos, la ceremonia fue celebrada en la cima de un acantilado, debajo del árbol de los deseos. Todos los vecinos acudieron vestidos con colores vibrantes y sonrisas verdaderas: querían de todo corazón a Aric y sabían que haría feliz a Fiora.

Fiora era la heredera de una larga dinastía de hechiceros; en sus venas fluía la magia. Aunque no la había usado con Aric, él había caído rendido a sus pies nada más verla. Fue como sacado de un cuento o una fábula. Algunos de esos cuentos terminaban con una moraleja, y otros simplemente con un “colorín colorado”. Y aunque en su boda no comieron perdices, sí hubo muchas empanadas… y un final feliz.

Empanada de brócoli con hojaldre y queso

Empanada de brócoli con queso



La empanada española nació en la Edad Media como un método práctico para conservar y transportar alimentos, influenciada por tradiciones árabes y consolidada en la cultura ibérica, tal como atestiguan las esculturas del siglo XII en la Catedral de Santiago de Compostela. Con el tiempo, esta técnica de envolver alimentos en masa de pan evolucionó en diversas especialidades regionales, que van desde la icónica empanada gallega de atún o marisco y el contundente hornazo salmantino de carne, hasta las tradicionales panades mallorquinas de Semana Santa, la espinagada o los cocarrois. Finalmente, este concepto culinario viajó a América con los colonizadores españoles, donde se fusionó con ingredientes locales y dio origen a la rica variedad de empanadas que existen hoy en todo el continente americano.

A todos (o casi) nos gusta viajar, y aunque no podemos hacerlo siempre podemos viajar leyendo,  maravillosas aventuras se puede vivir con un libro, aunque también se puede pasar las vacaciones cocinando ¿no crees?. Con esta empanada de brócoli que improvisé un día que no tenía ganas de cocinar pero sí de leer... y por supuesto de viajar, ¿lejos?, no sé, ¡dónde sea!, ¿y tú?.

Empanada de brócoli

 
Ingredientes:
  • 1 láminas de masa de hojaldre 
  • 1/2 cebolla picada y 1 ajo picado
  • 1/2 brócoli pequeño
  • 50 g de champiñones limpios y troceados
  • 1 bolsa de cuatro quesos 
  • Sal al gusto
  • 1 huevo para dar color a la masa
  • Aceite para pochar

Elaboración:
  1. Precalienta el horno a 180 ºC.
  2. Cocina el brócoli, ya sea hirviéndolo o al microondas si viene en bolsa.
  3. Mientras tanto, en una sartén con un poco de aceite, sofríe la cebolla, el ajo y los champiñones.
  4. Cuando esté todo cocinado, mezcla el brócoli (puedes cortar el brócoli en trozos más pequeños si prefieres) con la mezcla de la sartén en un cuenco.
  5. Salpimienta al gusto y añade la bolsa de cuatro quesos rallados. Mezcla bien.
  6. Sobre la mitad de una lámina de masa, esparce la mezcla preparada y cierra con la otra mitad, sellando los bordes con un tenedor.
  7. Pinta la masa con huevo batido.
  8. Hornea durante 30 minutos o hasta que la masa esté dorada.

Sirve caliente, cuando el queso esté completamente fundido.



Preguntas frecuentes

¿Por qué es crucial escurrir muy bien el brócoli y los champiñones antes de rellenar?

Tanto el brócoli hervido como los champiñones salteados retienen una gran cantidad de agua. Si se incorporan al relleno húmedos o calientes, ese vapor empapará la lámina inferior del hojaldre impidiendo que desarrolle sus capas de mantequilla, lo que dejaría una base blanda, cruda y gomosa en lugar de crujiente y laminada.

¿Se puede preparar con masa para empanada tradicional en lugar de hojaldre?

Sí, funciona a la perfección. La masa de empanada habitual (a base de harina, aceite o manteca y vino o agua) aporta una estructura más firme y menos grasa, ideal si buscas un corte limpio para llevarla de pícnic o comerla con las manos. Si optas por ella, puedes subir la temperatura del horno a 190 °C o 200 °C para asegurar un dorado rápido y parejo.

¿Qué quesos son los más adecuados para lograr un relleno cremoso e hilante?

Las mezclas comerciales de cuatro quesos suelen incluir variedades de buen fundido (como mozzarella, gouda o edam) combinadas con quesos más aromáticos como el emmental o el queso curado. Si prefieres hacer tu propia mezcla en casa, la clave está en combinar un queso elástico y suave (provolone o mozzarella) con uno de sabor más marcado (gorgonzola, cheddar curado o queso azul) para contrastar el dulzor vegetal del brócoli.


Relato, receta, vídeo y fotografías @catypol - Circus day.

Croffles

¡Quien nos entienda, que nos compre!

Eso es lo que piensa —o directamente suelta— la mayoría de la gente que convive con un blogger gastronómico.

¿Cómo es posible que fotografiemos cada plato? ¿Que comamos frío? ¿Que nos encaramemos a sillas, taburetes, encimeras o cualquier superficie elevada para retratar… ¿qué? ¿La comida que vamos a «colgar» en el blog para que luzca apetecible? ¡Pero si luego se engulle y, en un pispás, no queda ni el recuerdo!

Nosotros nos reímos y seguimos a lo nuestro.

Buscamos el mejor ángulo y fotografiamos cada elaboración como si fuera una modelo de pasarela. Compramos vajilla desparejada solo para el atrezo: dos tazas de aquella serie, una cuchara vintage, servilletas y manteles a montones, fondos de madera envejecida, cartulinas de colores… Comentamos que hoy la luz natural escaseaba, que esa paleta de tonos nos chifla, que el encuadre ha quedado impecable. Empleamos una cámara réflex que cuesta un dineral —igual que los profesionales—, filtros, objetivos, trípode… ¡Casi montamos más cacharros para la sesión que los que usamos en los fogones!

Sí, somos así.

Y me da absolutamente igual si no me comprenden, si tengo que recalentar la comida porque se quedó tibia durante la sesión, si me toca subirme al «andamio» o si el plato vuela en un abrir y cerrar de ojos… Porque, como bien dice el refrán: ¡que me quiten lo bailao!

Esta entrada va por cada una de las personas que estáis detrás de un blog de cocina, haciendo todo esto… y mucho más.


Gofres con nata y frutas del bosque

Cruasán hecho en una gofrera


El croffle es una fusión culinaria contemporánea nacida de la unión entre el cruasán francés y el gofre belga. Su historia comenzó oficialmente en 2017 en Dublín (Irlanda), de la mano de la repostera Louise Lennox, reconocida como la creadora original de la idea. Lennox tuvo la feliz ocurrencia de introducir la masa hojaldrada y fermentada de un cruasán crudo directamente en una gofrera caliente.

El resultado transformó por completo la textura de ambas elaboraciones. La presión y el calor de las placas compactaron las capas de mantequilla, creando un exterior dorado y extracrujiente marcado por los característicos alvéolos del gofre, mientras que el interior conservó la ternura y el laminado aireado propios del cruasán tradicional.

Aunque el invento vio la luz en Europa, el verdadero fenómeno global estalló en Corea del Sur a partir de 2020. Durante los meses de confinamiento, las cafeterías de Seúl adoptaron el croffle y lo convirtieron en un éxito viral en redes sociales. Los pasteleros coreanos llevaron la presentación a otro nivel con coberturas muy vistosas: comenzaron a coronarlo con helado de vainilla, queso marrón escandinavo (brunost), fruta fresca, nata montada y jarabes aromáticos.

El furor se propagó con rapidez desde Asia al resto del mundo a través de TikTok e Instagram. Los amantes de la repostería cayeron rendidos ante su sencillez y su versatilidad: hoy se degusta tanto en elaboraciones dulces como en opciones saladas —con aguacate, jamón, queso o huevo escalfado—, consolidándose como un imprescindible en las cartas de desayunos y brunches de todo el planeta.

Hojaldrados, mantecosos y con el punto justo de dulzor, los croffles son el híbrido perfecto para regalarse un capricho a cualquier hora del día. Para prepararlos en casa solo necesitas masa de cruasán de calidad, una buena gofrera caliente y tus ingredientes favoritos para acompañar. Un bocado crujiente por fuera y tierno por dentro que se dora en cuestión de minutos y nunca defrauda.

Croffles

 
Ingredientes:
  • Cruasáns sin hornear (los venden en los congelados de supermercados, mira el vídeo) (pero también puedes hacerlos tú con masa de hojaldre, quizás no se hinchen tanto pero salen bien también)

Utensilio:
  • Gofrera

Decoración:
  • azúcar glas
  • nata montada
  • yogur
  • fresas
  • arándanos
  • frambuesas
  • chocolate
  • etc...

Elaboración:
  1. Es así de fácil, descongela los croissants, deben estar totalmente descongelados. 
  2. Abre la gofrera y pincela con aceite o spray para moldes repostería.
  3. Pon un croissant dentro y cierra. 
  4. Cocina unos minutos, ves mirando para que no se queme pero que quede dorado.
  5. Sirve y decora como más te guste. 
Nota:
Si los quieres caramelizados, rebózalos en azúcar antes de meterlos en la gofrera.



Preguntas frecuentes

¿Qué es exactamente un croffle y de dónde surge esta moda?

El término nace de la fusión entre croissant y waffle (gofre). Aunque la idea de prensar masa hojaldrada en una gofrera fue ideada por pasteleros en Irlanda hacia 2017, el auténtico fenómeno viral estalló en las cafeterías de Seúl (Corea del Sur), convirtiéndose en la reina absoluta de la repostería urbana y del street food contemporáneo gracias a su contraste de masa crujiente por fuera y hojaldrada por dentro.

¿Por qué es fundamental que la masa esté completamente descongelada?

Si el cruasán entra en la gofrera frío o semicongelado por el centro, el choque térmico quemará el exterior antes de que las capas internas de mantequilla se fundan y cocinen, dejando la masa cruda, gomosa y apelmazada. Además, una masa a temperatura ambiente es más flexible, lo que permite que las placas de la gofrera la aplasten con suavidad sin desgarrar el laminado del hojaldre.

¿Cómo conseguir que queden extra crujientes y caramelizados?

El truco definitivo consiste en rebozar el cruasán descongelado en una fina capa de azúcar moreno o azúcar blanco común justo antes de meterlo en la gofrera caliente. Con el calor y la presión de las placas, el azúcar se funde al instante con la mantequilla que rezuma el hojaldre, creando una película de caramelo crujiente y brillante similar a la de un gofre de Lieja.


Texto, vídeo y fotografías @catypol - Circus day.

Lasaña en sartén

Septiembre: mes de vino, de vendimia y de fiesta, como no podía ser de otra manera. Por la mañana, cuando el sol aún no asoma en el horizonte pero el alba ya clarea, vamos desperezándonos y bostezando de camino a los viñedos. El desayuno se toma temprano, casi en duermevela, con pocas palabras y el cuerpo dolorido por los nervios de la campaña, siempre pendientes de calibrar la calidad del fruto. La recogida no da tregua cuando se hace a mano, a la antigua usanza, como antes de que las máquinas tomaran el campo.

Al principio reina el silencio, roto solo por algún bostezo monumental o por el inevitable vecino que asegura, año tras año, que esta será la mejor cosecha de la historia. Entre cepa y cepa van brotando las bromas, las canciones de siempre y algún pique sano para ver quién llena antes el capazo. Aunque, siendo sinceros, más de uno dedica más tiempo a vigilar la fiambrera del almuerzo que a cortar racimos.

Cuando el sol empieza a apretar, ya estamos en plena faena para terminar antes del mediodía. Las manos vuelan ágiles y los remolques se van colmando de uvas brillantes y tersas. Se nota el buen humor en el ambiente: es el último día de recolecta y después todo será jarana, vino y risas.

Manda la tradición que, al rematar la vendimia, nos mudemos de ropa para celebrar una gran fiesta en la plaza del pueblo. Allí se disipan las fatigas, se comparten las anécdotas de la jornada y todos fingen olvidar quién acabó sentado sobre una caja de uvas por accidente. Septiembre es nuestro mes, el tiempo de la fiesta y del brindis, porque todo apunta a que este año el vino saldrá redondo.

Y quien descorche una botella notará al instante sus matices, ideales para maridar con una buena… ¿lasaña? ¿De carne, de pescado o de verduras? ¡Qué más da! En buena compañía y entre risas, cualquier plato improvisado sabe a pura gloria.


Lasaña en sartén con pollo

Lasaña de pollo hecha en sartén


La lasaña en sartén tiene sus raíces más profundas en la etimología original del plato, ya que la palabra «lasaña» proviene del término griego lasanon (o del latín lagana), que hacía referencia a un recipiente, cazuela u olla metálica donde se cocinaban tiras de masa con alimentos. En la antigua Grecia y en el posterior Imperio romano, antes de que existieran los hornos domésticos modernos, este tipo de preparaciones de pasta en capas se cocinaban directamente sobre las brasas en vasijas o sartenes hondas. Durante siglos, las familias italianas con menos recursos que no disponían de un horno propio o comunal dependían exclusivamente del fuego directo para elaborar sus comidas diarias, adaptando la receta a los utensilios disponibles.

La popularización contemporánea de esta versión en sartén despegó a finales del siglo XX y principios del siglo XXI al amparo de una cocina más rápida y práctica. Con el ritmo de vida acelerado en las grandes ciudades, la necesidad de optimizar el consumo energético y el auge de las recetas en internet, tanto cocineros como creadores de contenido digital rescataron este método ancestral. Al preparar la lasaña en una sartén tapada, el vapor atrapado hidrata y cuece las láminas de pasta a la vez que funde el queso de manera homogénea en apenas veinte minutos, prescindiendo del precalentamiento y del prolongado horneado tradicional. Esta evolución transformó un plato laborioso en una alternativa accesible y cotidiana para cualquier hogar.

Nací en un pueblo rodeado de viñedos. Cada año reclutaban a vecinos para la vendimia. A mí la época me pilló pequeña, pero mis hermanos mayores sí fueron algún que otro año.

En cambio, sí trabajé en una vinoteca pequeña y muy selecta. Empecé allí sirviendo cava en Navidad y me quedé una temporada más. ¿Que si me gustaba el vino? Pues no. No soy bebedora de alcohol; quizá prefiera el blanco antes que el tinto, pero sin exagerar y jamás para acompañar todas las comidas. Y eso, cuando estás detrás del mostrador de una tienda especializada, pues… «¡Mmm, mola poco!», solía decir mi jefe.

Sin embargo, me leí todos los libros, me aprendí al dedillo las mejores añadas y estudié a fondo sobre variedades y maridajes para aconsejar a la clientela. Así que, aunque en las catas no destacara por puro gusto personal, a la hora de vender me entregaba al doscientos por cien.

¡Ah!, y debo confesar que disfruté muchísimo de aquella etapa. El sosiego de la tienda tenía algo único y cautivador… Nada que ver con el bullicio de una fiesta entre amigos, aunque a veces resultaba igual de gratificante.

De la combinación de distintas variedades de uva y de la mano de un buen enólogo —para qué nos vamos a engañar— nacen vinos deliciosos que realzan nuestras mejores mesas. Esta propuesta es un poco como esos buenos descubrimientos: una receta de lasaña que tenía reservada y que, ¡sorpresa!, se elabora íntegramente en sartén.

Así vio la luz, y la estrenaron en casa unos comensales muy especiales que, además de descorchar una botella, disfrutaron de unos mojitos caseros (la excusa perfecta para prepararlos), aunque, eso sí, no al mismo tiempo que la lasaña.

Lasaña de pollo a la sartén


Ingredientes: 
  • 1 paquete de placas de canelones o lasaña de cocción rápida.
  • Pollo cocido desmenuzado (como medio pollo)
  • 1/2 cebolla picada
  • 1 ajo picado
  • Un manojo de espinacas (pueden ser congeladas)
  • Salsa de tomate frito
  • Orégano seco
  • Sal y pimienta negra
  • Mozzarella rallada y 1 en bola
  • 2 cdas. de aceite

Elaboración:
  1. Pon las placas de canelones o lasaña en agua muy caliente y déjalas ablandar mientras preparas el resto del plato.
  2. En una sartén con unas cucharadas de aceite, pocha la cebolla y el ajo. A fuego bajo, añade las espinacas (si son congeladas, bien escurridas) y remueve.
  3. Incorpora el pollo desmenuzado o cortado en trocitos y mezcla todo bien.
  4. Añade una cucharada de orégano, sal y pimienta al gusto. Echa la salsa de tomate y remueve bien.
  5. Aparta más de la mitad de la mezcla de la sartén; la usaremos para hacer las capas de la lasaña.
  6. Deja una parte del pollo en la sartén y, siempre a fuego bajo, cubre esa parte con placas de canelones o lasaña.
  7. Pon encima otra parte del pollo y añade mozzarella rallada.
  8. Cubre con más placas, añade la última parte del pollo, más mozzarella, y vuelve a cubrir con placas.
  9. En la última capa, pon mozzarella en bola cortada en trozos y espolvorea con más mozzarella rallada.
  10. Cubre la sartén y deja cocinar a fuego bajo durante 10 minutos.
  11. Apaga el fuego y sirve.

Nota: 
Puedes usar placas de canelones o lasaña que requieran cocción previa. Simplemente hiérvelas según las instrucciones del fabricante y luego continúa la receta como está indicada.

Otras recetas no tradicionales de canelones de gambas o canelones de berenjenas.


Preguntas frecuentes

¿Cómo se cocina la pasta y se funde el queso sin usar horno?

El secreto está en cocinar tapado y a fuego muy bajo. La tapadera retiene el vapor que desprenden la salsa de tomate y el pollo, creando un microclima de calor envolvente similar al de un horno. Esta condensación termina de hidratar las placas de lasaña y funde de manera uniforme la mozzarella de la superficie en apenas 10 minutos sin necesidad de encender el horno ni resecar la pasta.

¿Se puede conseguir una superficie gratinada si se hace en la sartén?

En una sartén tradicional el queso queda perfectamente fundido, cremoso e hilante, pero no dorado, ya que la fuente directa de calor proviene de la base. Si buscas esa costra tostada tan característica de la lasaña al horno, puedes darle un golpe final con un soplete de cocina directamente sobre el queso o, si tu sartén es apta para horno (sin mangos de plástico o madera), meterla un par de minutos bajo el gril antes de servir.

¿Por qué se combinan dos tipos de mozzarella (rallada y fresca en bola)?

Cumplen funciones complementarias para la textura final: la mozzarella rallada (de baja humedad) se funde con rapidez entre las capas intermedias, compactando el relleno y aportando cohesión al corte sin aguar la farsa. La mozzarella fresca en bola, colocada en la última capa, aporta bolsas de queso jugoso, cremoso y lácteo en la superficie, logrando un contraste mucho más apetecible en boca.



Relato, vídeo y fotografías @catypol - Circus day.

Tortillitas de arroz

Cuando Wei llegó al arrozal de la familia Chen tenía diecisiete años y más confianza que experiencia.

Había venido desde un pueblo vecino para aprender el oficio durante una temporada. Su madre lo había despedido con una recomendación sencilla:

—Escucha más de lo que hablas.

El consejo duró exactamente una mañana.

Al poco de llegar, la abuela Chen le mostró cómo abrir las compuertas que distribuían el agua entre las parcelas. Wei observó un momento y asintió con seguridad.

—Es fácil.

La anciana sonrió sin responder.

A mediodía, mientras todos almorzaban bajo un cobertizo de bambú, Wei decidió adelantarse al trabajo. Pensó que impresionaría a la familia si preparaba él solo el siguiente riego. Cuando los demás regresaron, encontraron el agua avanzando tranquilamente... hacia la parcela equivocada. No era una catástrofe. Tampoco un desastre. Simplemente significaba una hora extra de trabajo para corregir el error. Wei esperaba una reprimenda. Sin embargo, nadie pareció especialmente enfadado. El padre Chen cogió una pala. La hija mayor se remangó los pantalones. La abuela se limitó a señalar el camino del agua.

—Ven.

Durante la siguiente hora trabajaron juntos, levantando pequeños diques de barro y redirigiendo el cauce. Mientras lo hacían, hablaron de la lluvia del año anterior, de una boda próxima y de un vecino que llevaba veinte años prometiendo reparar su tejado. Nadie mencionó el error. Aquello desconcertó más a Wei que cualquier regaño. Al terminar, la abuela observó el agua fluir correctamente entre los arrozales.

—¿Sabes por qué trabajamos en familia? —preguntó.

Wei negó con la cabeza.

—Porque todos nos equivocamos cuando creemos que ya sabemos suficiente.

El anciano señaló los campos inundados que brillaban bajo la luz de la tarde.

—Y porque el arroz crece mejor cuando hay más de una persona vigilando el agua.

Muchos años después, cuando Wei ya dirigía sus propios campos, seguía recordando aquella jornada. No por el error. Sino porque fue el día en que dejó de sentirse un visitante y empezó a formar parte de una familia.

Tortillas de arroz tres delicias

Tortillitas de arroz basmati receta de aprovechamiento


Históricamente, la península ibérica ha sido una gran productora y consumidora de arroz, pero su tradición culinaria se centró exclusivamente en las variedades locales de grano corto y medio, como el arroz bomba o el de tipo sénia, ideales para absorber los caldos de la paella y los arroces caldosos. El concepto de un arroz aromático, de grano largo y que quedara completamente suelto tras la cocción era ajeno a las cocinas domésticas y a los restaurantes tradicionales españoles.

Este panorama comenzó a cambiar de forma notable entre los años ochenta y noventa con el auge del turismo internacional y la proliferación de los primeros restaurantes de cocina asiática, especialmente indios y pakistaníes, en grandes capitales como Madrid y Barcelona. Estos establecimientos introdujeron el arroz basmati, cultivado tradicionalmente a los pies del Himalaya, como el acompañamiento indispensable para equilibrar la intensidad y el picante de los curris. Los comensales españoles descubrieron así una textura y un perfume a nuez completamente nuevos, lo que despertó una creciente curiosidad por replicar esos platos en sus propios hogares.

A medida que aumentaba la demanda popular, el mercado de la alimentación en España se adaptó con rapidez entre finales de la década de 1990 y principios de los años 2000. Los establecimientos especializados en productos de importación y las tiendas de alimentación asiáticas fueron los primeros en vender sacos de basmati, pero el verdadero punto de inflexión ocurrió cuando las grandes cadenas de supermercados e hipermercados lo incorporaron a sus lineales habituales. Las principales marcas arroceras españolas, atentas al cambio en las tendencias de consumo, no tardaron en lanzar sus propias líneas de arroz basmati envasado, facilitando el acceso al gran público.

En la actualidad, el arroz basmati ha perdido su estatus de producto exótico para convertirse en un básico de la despensa moderna. Su éxito definitivo se consolidó gracias al auge de la cultura de la alimentación saludable, el deporte y la cocina rápida o de conveniencia, ya que es una opción muy popular para preparar guarniciones, ensaladas y platos de estilo bowl. Hoy en día, convive en perfecta armonía con el arroz mediterráneo tradicional, demostrando la capacidad de la gastronomía española para adoptar e integrar ingredientes de culturas lejanas.

El arroz es uno de mis ingredientes preferidos, así que no le digo que no, incluso si la tortilla no lleva patata, sino arroz.

Si te digo que esta receta tiene muchos años…

Si te digo que formaba parte de un coleccionable de recetas de una revista (una de esas que ya han desaparecido)…

Si te digo que es la primera vez que la hago, pero no será la última…

Y que el resultado nos encantó…

Pues bien, esta es mi receta para el concurso de tortillas de Canal Cocina. Y aunque gané, no pude disfrutar del premio porque se celebraba en Madrid y, en ese momento, no podía viajar. Aun así, estoy muy feliz de haber ganado.


Tortillitas de arroz basmati


Ingredientes para tortillitas de arroz (4 unidades):

  • 200 g de arroz hervido basmati o el que tengas
  • 4 huevos
  • 100 g de jamón cocido
  • 50 g de pechuga de pollo (fiambre o pollo asado)
  • 50 g de queso mozzarella rallado
  • Sal y pimienta al gusto
  • Aceite

Elaboración:
  1. Corta el jamón cocido y la pechuga de pollo en trocitos pequeños.
  2. Mezcla el arroz hervido con el jamón, el pollo y la mozzarella rallada.
  3. Añade los huevos, salpimienta al gusto y remueve hasta integrar bien todos los ingredientes.
  4. Calienta una sartén pequeña con un poco de aceite a fuego medio.
  5. Forma pequeñas tortillitas con la mezcla y cocínalas durante unos minutos por cada lado, hasta que estén doradas y bien cuajadas.

Consejos para que las tortillitas de arroz queden perfectas
  • Utiliza arroz cocido del día anterior: tendrá menos humedad y la textura será mejor.
  • Puedes cocinarlas también en freidora de aire a 180 °C durante 10–12 minutos, volteándolas a mitad de cocción.

Variaciones de la receta:
  • Estas tortillitas de arroz caseras admiten muchísimas combinaciones:
  • Con verduras salteadas (calabacín, zanahoria, cebolla).
  • Con gambas o atún.
  • Con restos de arroz tres delicias.
  • En versión vegetariana, sustituyendo la carne por más verduras o queso o tofu...

Es una receta ideal de cocina de aprovechamiento y perfecta para no desperdiciar alimentos.




Preguntas frecuentes

¿Por qué es preferible utilizar arroz cocido del día anterior en lugar de recién hecho?

Al enfriarse en la nevera durante varias horas, el grano de arroz sufre un proceso de retrogradación del almidón: pierde humedad superficial, se vuelve más firme y no se apelmaza. Un arroz recién cocido y caliente desprenden vapor y exceso de agua, lo que ablandaría la mezcla, diluiría el huevo y dificultaría que la tortillita compacte y dore de manera uniforme en la sartén.

¿Se puede utilizar otro tipo de arroz que no sea basmati?

Por supuesto. El basmati aporta un grano suelto y un aroma tostado característico, pero al tratarse de una receta de aprovechamiento funciona cualquier variedad que haya sobrado. Si usas arroz redondo común, bomba o restos de arroz tres delicias, la tortillita quedará un poco más compacta y tierna por su mayor contenido en amilopectina, mientras que con arroces largos o integrales mantendrá una mordida más suelta.

¿Cómo evitar que las tortillitas se rompan o desarmen al darles la vuelta?

La clave reside en la temperatura del aceite y el reposo inicial. La sartén debe estar caliente a fuego medio antes de verter las porciones para que el huevo cuaje y selle la base al instante. No intentes moverlas ni darles la vuelta durante los primeros 2 o 3 minutos; espera a que los bordes se vean firmes y dorados antes de deslizar una espátula fina por debajo para voltearlas de un solo movimiento.



Tortillitas de arroz 3 delicias con basmati y huevo


Relato, vídeo y fotografías @catypol - Circus day.

Con esta receta participo y soy ganadora en el concurso de tortillas de Canal cocina (año 2011).

Chupitos de sandía

Lauren vive a tres casas de la mía. La conocí un día que salía a tirar la basura y ella regaba sus cactus con una regadera en forma de flamenco. Me saludó con una sonrisa torcida y un «hola» que parecía salido de una película indie. Desde entonces, nos saludamos con una familiaridad extraña, como si nos conociéramos de antes.

Hace dos semanas me confesó que quería ser bartender. Lo dijo así, sin rodeos, mientras me ofrecía una rodaja de sandía helada.

—Quiero ser bartender. De verdad. Mezclar cosas, inventar cócteles, hacer trucos con las botellas. ¿Me prestas tu licuadora? —preguntó, como si eso fuera parte del trato.

Me reí y le dije que sí, y que si necesitaba un conejillo de indias para sus experimentos etílicos, yo me ofrecía voluntaria. Alguien tenía que sufrir los errores para que otros disfrutaran los aciertos. Esa misma noche llegó a mi casa con una sandía entera, una botella de vodka y un entusiasmo que daba miedo.

—Hoy probamos «La Sandía Cósmica» —anunció, como si presentara un nuevo planeta.

Cortó la sandía, vació parte de su pulpa en la licuadora, añadió un chorro generoso de vodka —muy generoso— y hielo. Lo sirvió en copas de vino porque «no tengo vasos de cóctel todavía». El resultado era rosa, espeso y peligrosamente delicioso.

—¿Y? —preguntó, observándome como un químico que espera que su fórmula no explote.

—Es como el verano en la boca, pero con intenciones oscuras —respondí, ya medio mareada tras el segundo trago.

Desde entonces, cada viernes es «noche de prueba». Ya hemos pasado por combinaciones con pepino, jengibre e incluso un experimento fallido con pimiento rojo que juramos olvidar. Lauren apunta todo en una libreta azul con dibujos de cócteles. Dice que un día abrirá su propio bar y que habrá un cóctel en el menú llamado «El Conejillo», en mi honor. Llevará vodka, sandía y un poco de locura. Y yo, claro, estaré en la primera mesa, brindando con una sonrisa torcida.


Mix de fotografías de los chupitos de sandía

Chupitos de sandía con sandía fresca


Nacido en el siglo XVIII como una medida médica y de control en las tabernas, el shot (chupito, caballito o corto) ha evolucionado desde un trago rápido de destilado puro hasta convertirse en un fenómeno global de la coctelería y la vida nocturna.

La historia de este formato comenzó en las tabernas europeas y americanas del siglo XVIII, donde se introdujeron vasos pequeños para estandarizar las raciones de licores fuertes —usados entonces como remedios medicinales— y evitar que los clientes bebieran directamente de las botellas comunes. Un siglo después, en las haciendas agaveras de México, nació el término "caballito": los capataces usaban un cuerno de toro recortado para catar el mezcal que, al no tener una base plana para apoyarse, debía beberse de un solo golpe al bajar del caballo. Ya en la década de 1920, la Ley Seca en Estados Unidos impulsó el uso de vasos pequeños fáciles de ocultar para el alcohol ilegal. Tras la prohibición, la industria del vidrio diseñó el vaso de shot moderno con una base extremadamente gruesa y pesada, pensada para resistir el golpe seco de los clientes contra la barra.

A partir de los años 70 y 80, el concepto se transformó por completo gracias a la experimentación en la coctelería. Los chupitos dejaron de ser solo destilados puros para convertirse en tragos dulces y visuales. Los bartenders jugaron con la densidad y el azúcar de los licores para crear los vistosos chupitos por capas o pousse-café, coronados por el famoso B-52, mientras que recetas cromáticas y amables como el Kamikaze o el Lemon Drop conquistaron la vida nocturna. En esta misma época dorada, las fiestas universitarias rescataron una vieja idea del siglo XIX y popularizaron masivamente los coloridos chupitos de gelatina, convirtiéndolos en el formato lúdico y portátil definitivo.

En España tuvieron una década muy popular. ¡Esos eran los míticos chupitos a 100 pesetas (los famosos "duros" o "un billete de cien")!

Esa moda tuvo su auténtico bum en la década de los 90, extendiéndose con mucha fuerza hasta el año 2001, justo antes de la llegada del euro en 2002 (cuando las 100 pesetas se convirtieron mágicamente en los famosos "60 céntimos", que pronto redondearon a un euro).

A mediados y finales de los 90, coincidiendo con la explosión de la "Ruta del Bakalao" y la cultura de los pubs de barrio, aparecieron locales que se dedicaban casi en exclusiva a esto. Eran las famosas "Chupiterías", donde las pizarras se llenaban de listas interminables con nombres muy gamberros, picantes o divertidos (como el Cerebrito, Muerte Súbita, Beso de Judas, o el Kryptonita).

Por un billete de 100 pesetas (o una moneda de cinco duros), tenías una variedad increíble de licores de colores, de piruleta, de manzana verde o cremas que marcaron a toda una generación antes de salir a la discoteca. 

Yo no fui muy entusiasta de esa moda pero sí, la probé. Aunque no soy muy de beber alcohol y prefiero las celebraciones en casa antes que en discotecas o pubs, reconozco que tuvo su qué en su momento.


Chupitos de sandía hechos con gelatina



Ingredientes:

  • 10 limas
  • 1 sobre de gelatina de sandía
  • 250 ml de agua
  • 250 ml de vodka
  • Semillas de sésamo negro

Elaboración:
  1. Corta las limas por la mitad, exprime y vacía bien las cáscaras. 
  2. Limpia por dentro y deja secar boca abajo. 
  3. Hierve el agua en un cazo. 
  4. Retira del fuego y disuelve el sobre de gelatina, remueve bien hasta que no queden grumos.
  5. Añade el vodka, vuelve a mezclar. Coloca las cáscaras de lima en un molde para magdalenas o en una huevera para que se mantengan rectas y no se vuelque el líquido. Reparte el líquido dentro de las cáscaras de lima, llenándolas hasta el borde
  6. Mete las limas en el frigorífico hasta que la gelatina cuaje bien. 
  7. Una vez firmes, corta cada mitad en cuñas con un cuchillo bien afilado y decora con unas semillas de sésamo negro.

Chupitos de sandía con gelatina de sandía


Chupitos de sandía fresca hechos con gelatina




Ingredientes:

  • 10 limas
  • 250 ml de zumo de sandía fresca (licuada y colada).
  • 250 ml de vodka.
  • 10 g de gelatina neutra en polvo (aproximadamente 1 sobre) o 6 láminas de gelatina.
  • Semillas de sésamo negro (para decorar).

Elaboración:
  1. Corta las limas por la mitad, exprime y vacía bien las cáscaras. 
  2. Tritura varios trozos de sandía fresca con la batidora y pásalo por un colador fino para eliminar las pepitas y la pulpa más densa. Necesitas medir exactamente 250 ml de líquido limpio. Reserva.
  3. Si usas gelatina en polvo: Separa unas 4 cucharadas del zumo de sandía en un vaso, echa el sobre de gelatina por encima y déjalo reposar 5 minutos para que se hidrate. Luego, calienta el resto del zumo de sandía en un cazo sin que llegue a hervir. Retira del fuego, añade la gelatina hidratada y remueve muy bien hasta que se disuelva por completo.
  4. Si usas láminas: Remójalas en agua fría durante 5-7 minutos. Calienta el zumo de sandía en un cazo, retíralo del fuego, escurre bien las láminas con las manos e incorpóralas al zumo caliente, removiendo hasta que desaparezcan.
  5. Añade el vodka, vuelve a mezclar. Coloca las cáscaras de lima en un molde para magdalenas o en una huevera para que se mantengan rectas y no se vuelque el líquido. Reparte el líquido dentro de las cáscaras de lima, llenándolas hasta el borde
  6. Mete las limas en el frigorífico hasta que la gelatina cuaje bien. 
  7. Una vez firmes, corta cada mitad en cuñas con un cuchillo bien afilado y decora con unas semillas de sésamo negro.

Si te gusta brindar puedes hacerlo con nuestro aperitivo o con la bebida nacional.




Preguntas frecuentes

¿Cuánto duran los chupitos de sandía en la nevera?

Aguantan perfectamente 2-3 días en el frigorífico bien tapados. El alcohol no se evapora al estar cuajados en gelatina.

¿Se pueden hacer sin alcohol?

Sí, sustituye el vodka por más zumo de sandía o agua con gas. Quedan igual de vistosos y son perfectos para niños.

¿Qué gelatina usar para los chupitos?

Puedes usar gelatina de sabor sandía para la versión más rápida, o gelatina neutra si prefieres la versión con sandía fresca natural.


Chupitos caseros hechos con sandía

Relato, receta y fotografías @catypol - Circus day.

¿Estás buscando algo en especial?

Contacta conmigo