Señoras y Señores,

Bienvenidos a Circus Day

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Hola,

Soy Caty y dirijo este circo

Foodie, diseñadora gráfica, cuentacuentos y aficionada a la fotografía es un resumen de lo que encontrarás aquí, un circo lleno de recetas, historias y espectáculo. Señoras y señores, mesdames et messieurs, ladies and gentlemen, bienvenidos a Circus day, espero que te guste el show.

The Show

En el blog

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Cocas de cebolla

Queda poco para que llegue el día. Tengo su regalo envuelto en colores, guardado dentro de mi mesita de noche. Metí toda mi ilusión de niña traviesa dentro, para que cuando lo abra se impregne de ella, y vuelva a cogerme entre sus brazos, me eleve hacia el cielo y vuelva a sonreír como cuando se acordaba, cuando me recordaba, como cuando no tenía que decirle nada, cuando con solo mirarnos sentíamos el revolotear de mariposas en su estómago y en el mío.

No creáis que estoy divagando ni penséis que todo esto es absurdo. Me lo prometió, me dijo que el amor, aun cuando se pierde en el pensamiento, deja marca en el corazón. Y si al verme sus ojos brillan, es la señal para darme por enterada de que todavía habito dentro de él, para darme paso a sentirlo, abrazarlo y decirle lo mucho que le quiero.

Dedicado a todos aquellos con demencia senil o Alzheimer y a sus familias. ♥️




Los últimos ocho años de vida de mi abuela los pasó con demencia senil. Empezó poco a poco, con detalles a veces sorprendentes en su conducta, hasta que poco a poco su memoria se fue borrando y, con ella, todos los demás recuerdos. Fue duro, siempre lo es. Esa mujer fuerte, luchadora y rebelde se convirtió en un cuerpo más que nada; aun así, vivió hasta los 95 años.

Ella fue una mujer importante en mi vida. Nacida en 1903, vivió momentos importantes de la historia española, y su historia me la contaba sentada en una silla baja de cuerdas —seguramente cordada por ella misma— junto al fuego de la chimenea. Siempre pensé que demostraba el amor luchando por lo suyo o por los suyos. No era demostrativa en besos, abrazos o palabras, pero sus ojos decían mucho.

Se llamaba María, y seguramente veréis pinceladas de su vida en mis relatos, algunas inventadas y otras reales. Un dato que sí era real: le encantaban las cocas, saladas o dulces, y aunque en casa las hacíamos en ocasiones especiales, y esta receta no es la tradicional, siempre había un buen trozo para ella.

Abuela, yo sé que con el abuelo fue: "contigo, pan y cebolla". ¡Va por vosotros!

· COCAS DE CEBOLLA ·

Ingredientes 
  • 1 plancha de hojaldre 
  • 1 cebolla roja
  • Aceite de oliva 
  • 1 huevo
  • Sal
  • Pimienta negra molida
Elaboración
  1. Precalienta el horno a 200 ºC.
  2. Corta la cebolla en juliana fina y pequeña.
  3. En un bol, mezcla la cebolla con una cucharada de aceite de oliva, sal y pimienta. 
  4. Añade el huevo y mezcla bien.
  5. Puedes usar toda la plancha de hojaldre o formar corazones, como he hecho yo. 
  6. En cualquier caso, pincha la masa con un tenedor y pincélala con aceite de oliva.
  7. Distribuye la mezcla de cebolla sobre la masa y hornea hasta que se dore. 
  8. Saca del horno y deja reposar antes de servir.




Relato, vídeo y fotografías @catypol - Circus day.

Zongzi

La barcaza avanzaba lenta por el río, cortando el reflejo de las linternas como si navegara sobre fuego líquido. Era el Festival del Dragón en el pueblo de Qingshui, y las orillas vibraban con tambores, risas y el aroma envolvente de los zongzi, esos triángulos de arroz glutinoso envueltos en hojas de bambú. Meilin, de pie junto a su abuela en la barcaza, sostenía una taza de té que apenas podía beber por los nervios. Era su primer festival desde que cumplió dieciocho… y la primera vez que sentía los latidos de su otra herencia.

—Esta noche puede despertar en ti —le dijo la abuela con su voz de pétalo arrugado—. Lo de los cambiaformas no es leyenda. Es memoria. Sangre antigua.

Meilin quiso reír, pero algo en la mirada de su abuela, fija en el río oscuro, la detuvo. Mientras la procesión seguía, con dragones de papel danzando en la orilla y fuegos artificiales como flores salvajes en el cielo, sintió un calor subir por su espalda. No era el té. No era el verano. Era algo más. Algo que olía a bosque mojado y a luna llena. La abuela la miró con ternura y puso un zongzi caliente en su mano.

—Come, niña. La forma necesita ancla.

Al primer bocado, Meilin cerró los ojos. Y allí estaba: una pasión salvaje por correr, por saltar entre ramas, por cazar el viento. Se vio a sí misma con garras, con ojos dorados, con un lomo que brillaba bajo la luna como si fuera parte del río. Gritó, pero nadie la oyó. O tal vez sí. Porque cuando abrió los ojos, su abuela le sonreía y a su lado había una gran grulla blanca, serena, majestuosa.

—No temas, Meilin. Esta también soy yo.

La barcaza flotaba ahora en silencio, como si el mundo se hubiera detenido para que el linaje olvidado despertara. Esa noche, bajo el rugido de los dragones de papel, Meilin aprendió a volar sin alas y a volver sin miedo. Aprendió que la pasión no es solo amor, sino fuego que arde desde dentro. Y que el té compartido con una abuela sabia puede ser más poderoso que cualquier hechizo.

Por la mañana, la barcaza regresó vacía. Pero en la orilla del río, sobre una roca, alguien había dejado un zongzi aún tibio, envuelto con cuidado. Como promesa. Como señal.





En el quinto día del mes lunar se celebra el Festival del Bote del Dragón. El zongzi, o pastel de arroz glutinoso envuelto en hojas de caña, es el alimento conmemorativo por excelencia. Esta costumbre es común en toda China y cuenta con más de 2000 años de historia.

Por tradición, la gente coloca retratos de Zhong Kui y cuelga hojas de artemisa en las puertas y paredes de sus casas. Los adultos disfrutan del vino amarillo, mientras los niños juegan con "bolsas de fragancia", que actúan como amuletos de protección.

El zongzi existe tanto en el norte como en el sur de China, aunque con diferentes sabores y formas. En el norte, suelen rellenarlo con azufaifas, pasta de judías azucarada, frutas en conserva y otros dulces, cubiertos con una gruesa capa de arroz glutinoso y envueltos en hojas de caña en forma triangular. En el sur, también hay zongzi cuadrados y planos, con rellenos más abundantes que incluyen huevos y carnes.

Aunque esta es una receta cetogénica y no era mi intención hacerla así, porque me encanta el arroz, por un tiempo no puedo comerlo. Cuando visité el supermercado chino y vi las hojas de bambú para hacer zongzi me emocioné, pensando en todas las maneras de rellenarlos. No consideré que no podía usar arroz, ni siquiera el glutinoso que lleva normalmente esta preparación. Aun así, las compré y las llevé a casa.

Cuando recordé que no podía hacer el relleno con arroz me decepcioné, sí, un rato. Luego recordé que suelo sustituir el arroz por coliflor, y hasta ahora me había gustado, así que ¿por qué no probarlo con esta receta? ¿Verdad?

Para que la coliflor quede con una textura “glutinosa” parecida al arroz, le añadí psyllium durante la cocción, lo que la volvió más pegajosa. Me gustó el resultado, aunque no queda tan pegajoso como con arroz.

Mi relleno es un poco particular, usando cerdo, champiñones y manzana, nada que ver con el tradicional. Aunque parezca laborioso o difícil, es una receta fácil. Lee la receta antes para no confundirte con los pasos. No olvides que si las hojas son secas deben estar en remojo toda la noche para ganar elasticidad. Los cordeles solo hay que remojarlos en el momento de preparar los paquetitos.

Por supuesto, sobra decir que mi destreza haciendo los paquetitos es de novata total, pero por ser mi primera vez estoy satisfecha.


· ZONGZI de colirroz ·

Ingredientes 

Preparación de las hojas:
  • 40 hojas de bambú secas (cada zongzi lleva 4 hojas)
  • 1 cucharada de aceite de oliva
  • Agua

Preparación de la colirroz:
  • 1/2 cebolla picada
  • 2 ajos picados
  • 1 coliflor pequeña
  • 50 gramos de psyllium
  • Sal y pimienta
  • Aceite de oliva virgen extra

Preparación del relleno:
  • Aceite de oliva
  • 150 gramos de cerdo (carne de la costilla), cortada a cuadritos
  • 100 gramos de champiñones, cortados pequeños
  • 1 manzana, pelada y sin corazón, cortada a cuadritos pequeños
  • 3 cdas. salsa hoisin

Elaboración

Primero ponemos los cordeles a remojo para cuando tengamos que formar los zongzi no se rompan.

Preparación de las hojas:
  1. Enjuaga y frota las hojas muy suavemente para limpiarlas. 
  2. Colócalas dentro de una olla profunda y agrega agua suficiente para cubrirlas. 
  3. Añade una cucharada de aceite de oliva al agua; esto ayudará a que las hojas sean más flexibles y menos propensas a romperse.
  4. Tapa la olla y caliéntala a fuego alto hasta que hierva. 
  5. Apaga el fuego inmediatamente y mantén la tapa puesta, dejando que las hojas se empapen durante toda la noche.

Preparación de la colirroz:
  1. Corta las coliflores en pequeños floretes. 
  2. Pica los tallos y las hojas en trozos más pequeños. 
  3. Enjuágalos con agua corriente, escurre y seca con papel de cocina.
  4. Coloca los trozos de coliflor en un procesador de alimentos o licuadora y pulsa hasta que tengan el tamaño del arroz. 
  5. Pon el “arroz” de coliflor en un recipiente grande y reserva.
  6. Pica los dientes de ajo y la cebolla en trozos pequeños, del tamaño del arroz o más pequeños.
  7. Calienta una cucharada de aceite de oliva en una sartén grande a fuego medio-alto.Saltea el ajo y la cebolla, y luego agrega el arroz de coliflor.
  8. Cocina durante unos 3 minutos, removiendo.
  9. Sazona con sal y pimienta al gusto.
  10. Espolvorea la cáscara de psyllium de manera uniforme sobre el arroz de coliflor y saltea hasta que se mezclen bien y el “arroz” se compacte un poco, sin que se pegue a la sartén.
  11. Reserva.

Preparación del relleno:
  1. Saltea el cerdo en una sartén con aceite de oliva.
  2. Cuando esté dorado, añade los champiñones y la manzana y sigue salteando hasta que los champiñones se reduzcan y la manzana esté pochada.
  3. Añade la salsa y mezcla bien.
  4. Reserva.

Formar los zongzi:
  1. Has sacado las hojas de la olla y las has secado con papel de cocina.
  2. Para cada zongzi, necesitas 4 hojas.
  3. Primero, coloca dos hojas en forma de cruz. 
  4. Dobla la parte superpuesta para formar un cono. 
  5. Rellena el cono con colirroz. 
  6. Añade encima el relleno de cerdo y cubre con más colirroz.
  7. Coloca dos hojas más, una a cada lado del cono. 
  8. Usa una mano para cerrar el paquete y dóblalo por completo. 
  9. Apreta bien la bola de masa con un hilo y cierra con el cordel. 
  10. Corta la parte sobrante de las hojas.
  11. Repite el proceso con las demás hojas.

Cocinar los zongzi:
  1. En una olla, hierve abundante agua.
  2. Coloca encima una vaporera con los zongzis y tapa. 
  3. Cocina durante 15 minutos.
  4. Saca los zongzi, corta el cordel y desdobla las hojas para comer.

Conservación:
  1. En una olla, hierve abundante agua. 
  2. Coloca encima una vaporera con los zongzi y tapa. 
  3. Cocina durante 15 minutos.
  4. Retira los zongzi, corta el cordel y desdobla las hojas para servir y disfrutar.




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Tortitas saladas

Siempre que llegaba al final de un año no lo sentía así. Sí, se decía, de acuerdo, es lo que piensa la mayoría, pero en realidad, pensaba ella, mi año se acaba un día antes de mi cumpleaños. El año que termina para todos no es especial, ni el primer día del año es diferente, sino una continuación de lo mismo.

En cambio, "mi año" comienza con un beso de mi familia, un —¡Levántate que hoy es tu día!—, un desayuno especial con tortitas, una fiesta con mi tribu, soplando velas, cantando “Feliz cumpleaños” y regalándome —¡Sí, cariño!— todo el día, hasta que me vuelvo a la cama y guardo como un tesoro ese día, con fotos, con dibujos, con recuerdos que, aunque pasen los días, siempre me hacen sonreír.

Ese, ese es mi principio de año, el que no lleva etiquetas, ni propósitos de dietas ni la promesa de que el año que viene será mejor, el que celebro con más amor.

Y para ti, ¿cuándo empieza tu año?.




Se acabó. Se terminó el año y, con él, las vacaciones. Se acaban las tardes de pelis de dibujos comiendo palomitas mientras intento enterarme del diálogo a la vez que mi hijo me explica su propia versión de la trama. O lo de cocinar su plato favorito casi todos los días porque, como no hay cole, parece que es lo que "toca".

Se acabó el tiempo permitido para volver a ser niños sin desentonar; se terminaron los reencuentros, los brindis, los deseos y los buenos propósitos.

Pero no todo es drama: para hacer la vuelta más llevadera, estas tortitas saladas de espinacas son el acompañamiento perfecto para lo que quieras. Quedan especialmente bien con salmón o, si te sientes creativo, con unas gambitas salteadas.

· TORTITAS SALADAS DE ESPINACAS ·

Ingredientes
  • 240 mililitros de leche
  • 2 porciones de espinacas congeladas
  • 1 huevo
  • 180 gramos de harina de garbanzo
  • 1 cucharadita de levadura en polvo
  • 1/2 cucharadita de bicarbonato 
  • 1/2 cucharadita de sal
  • 2 cucharadas de Aceite de oliva virgen extra

Elaboración
  1. Pon la leche y las espinacas en una batidora. Yo lo he hecho con la Thermomix. Bate hasta obtener una mezcla líquida sin grumos.
  2. Añade los demás ingredientes y vuelve a batir hasta que la masa sea más espesa y también sin grumos.
  3. Calienta una sartén con un poco de aceite. Cuando esté caliente, vierte un cucharón de masa. Ten cuidado de no calentar demasiado la sartén para que las tortitas queden verdes y no se pongan marrones al cocinarlas.
  4. Cocina las tortitas una a una, dándoles la vuelta y dejando que se hagan unos minutos por cada lado.
  5. Sirve con lo que más te guste.


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Empanada de brócoli

Todo comenzó cuando el despistado Aric, un novio emocionado por su próxima boda, se encontró con una mariposa que llevaba un cartel que decía: "¡Sígueme para una boda aún más emocionante!". Sin pensarlo dos veces, Aric persiguió a la mariposa y, para sorpresa de todos, la ceremonia fue celebrada en la cima de un acantilado, debajo del árbol de los deseos. Todos los vecinos acudieron vestidos con colores vibrantes y sonrisas verdaderas: querían de todo corazón a Aric y sabían que haría feliz a Fiora.

Fiora era la heredera de una larga dinastía de hechiceros; en sus venas fluía la magia. Aunque no la había usado con Aric, él había caído rendido a sus pies nada más verla. Fue como sacado de un cuento o una fábula. Algunos de esos cuentos terminaban con una moraleja, y otros simplemente con un “colorín colorado”. Y aunque en su boda no comieron perdices, sí hubo muchas empanadas… y un final feliz.




A todos (o casi) nos gusta viajar, y aunque no podemos hacerlo siempre podemos viajar leyendo,  maravillosas aventuras se puede vivir con un libro, aunque también se puede pasar las vacaciones cocinando ¿no crees?. Con esta empanada de brócoli que improvisé un día que no tenía ganas de cocinar pero sí de leer... y por supuesto de viajar, ¿lejos?, no sé, ¡dónde sea!, ¿y tú?.

· EMPANADA DE BRÓCOLI ·
 
Ingredientes
  • 1 láminas de masa de hojaldre 
  • 1/2 cebolla picada y 1 ajo picado
  • 1/2 brócoli pequeño
  • 50 gramos de champiñones limpios y troceados
  • 1 bolsa de cuatro quesos 
  • Sal al gusto
  • 1 huevo para dar color a la masa
  • Aceite para pochar
Elaboración
  1. Precalienta el horno a 180 ºC.
  2. Cocina el brócoli, ya sea hirviéndolo o al microondas si viene en bolsa.
  3. Mientras tanto, en una sartén con un poco de aceite, sofríe la cebolla, el ajo y los champiñones.
  4. Cuando esté todo cocinado, mezcla el brócoli (puedes cortar el brócoli en trozos más pequeños si prefieres) con la mezcla de la sartén en un cuenco.
  5. Salpimienta al gusto y añade la bolsa de cuatro quesos rallados. Mezcla bien.
  6. Sobre la mitad de una lámina de masa, esparce la mezcla preparada y cierra con la otra mitad, sellando los bordes con un tenedor.
  7. Pinta la masa con huevo batido.
  8. Hornea durante 30 minutos o hasta que la masa esté dorada.

Sirve caliente, cuando el queso esté completamente fundido.



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Kaiserschmarrn

En un ático de techos bajos, en algún rincón de Austria, vivían dos hermanos, Lena y Theo. Habían heredado el lugar de una tía excéntrica que coleccionaba sombreros y, según la leyenda familiar, hablaba con los buhos. El apartamento olía a madera antigua, a vainilla y a algo más que no lograban identificar… hasta que encontraron el viejo libro.

El libro estaba escondido tras una tabla suelta del armario del desván. Era grueso, de tapas de cuero cuarteado y sin título. Al abrirlo, las páginas crujieron como si respiraran después de años de silencio. Estaba lleno de símbolos, notas en los márgenes y mapas que no reconocían. Cada página parecía un enigma esperando ser resuelto.

Mientras se sumergían en esa maraña de acertijos, su dálmata —llamado Mozart— ladraba cada vez que los vecinos del piso inferior salían. Eran raros, una pareja de gemelos idénticos, siempre vestidos igual, que hablaban en susurros y coleccionaban muñecas antiguas. Un día, Mozart regresó con una de esas muñecas en la boca. Nadie supo cómo había llegado a su terraza.

Lena, más valiente, decía que el libro era una especie de guía. Theo pensaba que estaban volviéndose locos, hasta que una de las pistas los llevó a una antigua pastelería en las afueras del pueblo. Se sentaron en una mesa y pidieron Kaiserschmarrn. El dibujo del plato era el mismo símbolo que habían visto en el libro. Levantaron la vista de golpe y buscaron a quien les había servido, pero no lo encontraron. Preguntaron qué significaba el símbolo del plato pero nadie lo había visto con anterioridad, ese plato no era de allí.

Confundidos, regresaron al ático mientras la nieve empezaba a caer con esa suavidad. Al entrar, la extraña fragancia que no lograban identificar se volvió más intensa. En ese instante, un golpe rítmico —tres toques lentos y pesados— sonó no en su puerta, sino en la puerta de abajo. Lena y Theo se miraron, conteniendo el aliento, mientras el libro empezaba a desprender un calor inusual y, bajo el título que antes no existía, vieron aparecer sus propios nombres escritos con una caligrafía que aún supuraba tinta fresca.




Sobre el postre del emperador de Austria, casi es más fácil hacerlo que decirlo (se pronuncia "caiser marren"). Es un postre para tomarse sentado y luego moverse durante un buen rato para que baje, ya que es un dulce que llena mucho. O como hacen los austríacos, que lo comen después de una larga caminata por los Alpes.

Se trata de una densa tortita "imperial", rota en la sartén y espolvoreada con azúcar glas. Se come bien caliente y en la misma sartén, para compartir. También se suele acompañar con compota de fruta, pasas al ron y almendras laminadas, y se consume tanto como postre o como almuerzo.

Nota: Esta es una receta sin gluten, pero si quieres hacerla con harina de trigo, puedes hacerlo sin problema usando 60 gramos de harina y eliminando el psyllium de la receta sin gluten.


· KAISERSCHMARRN ·

Ingredientes
  • 2 huevos
  • 40 gramos de harina de arroz
  • 20 gramos de fécula de maíz
  • 1 pizca de sal
  • 1 cdta. de psyllium
  • 125 mililitros de leche
  • 30 gramos de azúcar
  • Mantequilla para la sartén
  • Azúcar glas para espolvorear
  • Arándanos para acompañar
Elaboración
  1. Separa las claras de las yemas de los huevos y monta las claras a punto de nieve. Reserva.
  2. Tamiza las harinas, la sal y el psyllium.
  3. Agrega la leche y bate con varillas durante un par de minutos.
  4. Añade el azúcar y las yemas, y bate unos minutos más.
  5. Incorpora las claras poco a poco con movimientos envolventes para que la mezcla no pierda aire.
  6. Derrite la mantequilla en una sartén y vierte la masa.
  7. Dora la tortita por ambos lados, dándole la vuelta como si hicieras una tortilla española.
  8. Cocina durante dos minutos más y espolvorea por encima una o dos cucharadas de azúcar glasé.
  9. Rompe la tortita en trozos directamente en la sartén.
  10. Sirve caliente y espolvorea un poco más de azúcar glasé por encima.
  11. Acompaña con arándanos.
Mi versión de este dulce no lleva pasas ni ron, tampoco lo he servido con compota, ya que creo que eso añadiría más dulzura a un postre que ya es bastante dulce. Por eso he preferido acompañarlo con arándanos.
 

Y esta tarde taller de galletas con mis chicas blogueras y buenas noticias.

Fotografías, receta y vídeo @catypol - Circus day.

Croffles

¡Quién nos entienda, que nos compre!
Eso es lo que piensa —o directamente dice— la mayoría de la gente que tiene cerca a un blogger cocinero.
¿Cómo es posible que fotografiemos la comida? ¿Que la comamos incluso fría? ¿Que nos subamos a sillas, taburetes, encimeras o cualquier cosa elevada para fotografiar… ¿qué? ¿La comida que vamos a “colgar” en el blog, para que se vea bonita? ¡Pero si luego se va a comer y, en un plis, ya no queda nada!

Nosotros nos reímos y seguimos como si nada.
Buscamos el mejor ángulo, fotografiamos la comida que hemos preparado como si fuera una modelo. Compramos utensilios sueltos para decorar: dos tazas de aquel modelo, una cuchara de otro, servilletas y manteles a montones, trozos de madera decorada, cartulinas...
Comentamos que hoy había poca luz, que esos tonos nos encantan, que nos ha quedado una composición preciosa...
Usamos una réflex que vale un pastón, como los profesionales; filtros, zooms, trípode... ¡Casi usamos tantos cacharros como los que empleamos para cocinar el plato que vamos a publicar!

Sí, somos así.
Mi proceso empieza en el momento en que busco qué cocinar para el blog. Encontrar una receta que me inspire ya es todo un reto. Luego viene comprar los ingredientes, organizarme para el día en que la voy a preparar, cocinarla, fotografiarla, retocarla un poco en Photoshop (muy importante, ya que mi cámara aún es compacta), y finalmente subirla.
Durante todo ese tiempo estoy en “modo blog”.
Y me da igual si no me entienden, si tengo que recalentar la comida porque se enfrió durante la sesión, si tengo que subirme al "andamio", si la comida desaparece en un abrir y cerrar de ojos…
Porque, como dice esa frase tan popular en España: ¡que me quiten lo bailao!

Esta entrada va para cada una de las personas que estáis detrás de un blog, que hacéis todo lo explicado antes… y mucho más.



Hojaldrados, mantecosos y con la cantidad justa de dulzura, los croffles se han convertido en uno de los alimentos más populares del momento. Con un interior suave y masticable y un exterior crujiente, los croffles son un híbrido entre croissants y waffles. Se pueden disfrutar tanto en el desayuno como en un tentempié dulce a lo largo del día.

Solo necesitas un ingrediente y una gofrera para hacer croffles en casa. Sírvelos solos o con tus toppings favoritos. Este delicioso plato fue inventado por la pastelera irlandesa Louise Lennox y se ha vuelto muy popular y fotografiado en todo el mundo.

Se preparan cocinando masa de croissant en una plancha para gofres hasta que se doren maravillosamente.




· CROFFLES ·
 
Ingredientes
  • Croissants sin hornear (los venden en los congelados de supermercados, mira el vídeo) (pero también puedes hacerlos tú con masa de hojaldre, quizás no se hinchen tanto pero salen bien también)

Utensilio:
  • Gofrera

Decoración:
  • azúcar glas
  • nata montada
  • yogur
  • fresas
  • arándanos
  • frambuesas
  • chocolate
  • etc...

Elaboración
  1. Es así de fácil, descongela los croissants, deben estar totalmente descongelados. 
  2. Abre la gofrera y pincela con aceite o spray para moldes repostería.
  3. Pon un croissant dentro y cierra. 
  4. Cocina unos minutos, ves mirando para que no se queme pero que quede dorado.
  5. Sirve y decora como más te guste. 





Texto, vídeos y fotografías @catypol - Circus day.

Lasaña en sartén

Septiembre, mes de vino, de vendimia y de fiesta, como no podía ser de otra manera. Por la mañana, cuando el sol aún no ha aparecido con su luz, pero sí con claridad, todos vamos desperezándonos y bostezando hasta llegar a los viñedos. El desayuno se sirve muy temprano, casi dormidos, con poca charla y mucho dolor de huesos, esos de los días llenos de nervios, pendientes de saber qué buena uva tenemos. La recogida no es fácil cuando se hace mano a mano, como antes de que las máquinas se encargaran de la recolección.

Cuando los primeros rayos de sol asoman sobre nosotros, ya estamos bien despiertos y a toda faena para terminar antes del mediodía. Sonreímos, pues es el último día de recogida y después todo será fiesta y jolgorio, vino y risas. Es tradición, cuando termina la vendimia, vestirnos bonitos y hacer una gran fiesta. Septiembre es nuestro mes, mes del vino y la alegría, pues todo indica que este año será una buena cosecha. Y al final, quien brinde con nuestro vino notará sus notas perfectas para acompañar una buena... ¿lasaña? ¿De carne, de pescado, de verduras? ¡Qué más da! Si es en buena compañía, ¿no crees?





Hace años trabajé en un tienda de vinos, pequeña y muy selecta. Empecé allí sirviendo cava en Navidad y allí me quedé un tiempo más. Gustarme el vino, pues no, no soy bebedora de alcohol, quizás más de blanco que de tinto, puede que sí, pero no a lo grande y no en todos los platos. Y eso, cuando se trabaja en una tienda de vinos pues ¡mmmm! mola poco, decía el jefe. Pero, me leí todos los libros, me sabía todas las mejores añadas, sabía de vinos y recomendaciones para poder aconsejar. Así que sí, por gusto, en catas no era la mejor pero para vender, lo vendía todo, todo, todo. ¡Ah! y decir que me gustó mucho trabajar en ello, ese silencio de la tienda es tan único y cautivador, nada parecido a una celebración entre amigos, aunque a veces igual de placentera.

De la mezcla de diferentes tipos de uva y un buen enólogo, para que engañarnos, surgen deliciosos caldos que suelen acompañar nuestras más ricas recetas, esta en concreto es un poco como el vino, una receta que tenía de lasaña, y o ¡sorpresa! está hecha en una sartén, así salió y lo probaron en casa unos comensales muy especiales, que además de vino tomaron mojito (era una excusa para hacerlo y beberlo con ellos), pero no con la lasaña ;) 

· LASAÑA DE POLLO A LA SARTÉN ·

Ingredientes 
  • 1 paquete de placas de canelones o lasaña de cocción rápida.
  • Pollo cocido desmenuzado (como medio pollo)
  • 1/2 cebolla picada
  • 1 ajo picado
  • Un manojo de espinacas (pueden ser congeladas)
  • Salsa de tomate frito
  • Orégano seco
  • Sal y pimienta negra
  • Mozzarella rallada y 1 en bola
  • 2 cucharadas de aceite

Elaboración
  1. Pon las placas de canelones o lasaña en agua muy caliente y déjalas ablandar mientras preparas el resto del plato.
  2. En una sartén con unas cucharadas de aceite, pocha la cebolla y el ajo. A fuego bajo, añade las espinacas (si son congeladas, bien escurridas) y remueve.
  3. Incorpora el pollo desmenuzado o cortado en trocitos y mezcla todo bien.
  4. Añade una cucharada de orégano, sal y pimienta al gusto. Echa la salsa de tomate y remueve bien.
  5. Aparta más de la mitad de la mezcla de la sartén; la usaremos para hacer las capas de la lasaña.
  6. Deja una parte del pollo en la sartén y, siempre a fuego bajo, cubre esa parte con placas de canelones o lasaña.
  7. Pon encima otra parte del pollo y añade mozzarella rallada.
  8. Cubre con más placas, añade la última parte del pollo, más mozzarella, y vuelve a cubrir con placas.
  9. En la última capa, pon mozzarella en bola cortada en trozos y espolvorea con más mozzarella rallada.
  10. Cubre la sartén y deja cocinar a fuego bajo durante 10 minutos.
  11. Apaga el fuego y sirve.

Nota: Puedes usar placas de canelones o lasaña que requieran cocción previa. Simplemente hiérvelas según las instrucciones del fabricante y luego continúa la receta como está indicada.



Relato, vídeo y fotografías @catypol - Circus day.

Curry de sandía

Había viajado a tantos lugares como años tenía, por trabajo, por placer, por familia, y siempre volvía al mismo lugar: su casa, o lo que ella consideraba su hogar. Tantas veces le había atraído quedarse en otro diferente, pero cuando se paraba a pensar, su hogar solo era aquí, y eso la hacía volver.

¿Podía decir que ya nada le asombraba? ¡Mmm, no! Todavía tenía curiosidad, todavía se sentía sorprendida cuando algo le llegaba al corazón. Como aquella vez, en la India, cuando una chica, casi una niña, servía en un pequeño restaurante familiar y le aconsejó que probara un curry de sandía, que según ella era famoso por la zona, aunque no viera demasiada gente allí sentada para tomarlo. Y sí, sabía bien: era especiado y sencillo, como debía ser. Ese día fue toda una sorpresa, no solo por descubrir el curry de sandía, sino también por la belleza del lugar y de la chica.

Y cuando llegaba a casa, intentaba acordarse de todos los detalles del viaje: los aromas, la gente, la cultura y también los sabores. Intentaba reproducirlos en un librito de viaje que, curiosamente, nunca llevaba consigo cuando viajaba. Le producía más placer volver a viajar en sus recuerdos una vez en casa. Allí escribía todo cuanto había vivido, hacía pequeños dibujos cuando no conseguía definirlo con palabras, anotaba horarios de vuelos, nombres de barcos o enganchaba fotos o entradas de cualquier cosa: teatro, museos, metro...

Después de haber sacado todo de la mente, guardaba el librito en su estantería de los viajes, segura de que, si algún día alguien la heredaba, viviría como una gran aventura la historia de alguien que, aunque viajara mucho, siempre volvía a su hogar.




Cuando me encontré con este plato tradicional de Rajasthan, el estado más grande de la India ubicado en la esquina noroeste del país, no sabía muy bien qué pensar de él. Pero funciona, este plato dulce y picante es una prueba de que la sandía es mucho más versátil de lo que jamás imaginé. Es una receta de Camellia Panjabi, su experiencia al frente de varios de los mejores restaurantes indios de Londres y su deseo insaciable de sacar a la luz las recetas regionales de su país de origen nos hace saber que el curry va mucho más allá que la carne, pescado o los vegetales. 



· CURRY DE SANDÍA ·
Ingredientes para 2
  • 220 gramos de sandía 
  • 200 mililitros de sandía licuada
  • 1/2 cucharadita de cayena 
  • 1/2 cucharadita de cúrcuma en polvo
  • 1/2 cucharadita de cilantro en polvo
  • 1/4 cucharadita de comino en polvo
  • 2 cucharaditas de zumo de limón
  • 1 ajo prensado
  • 1 cucharadita de jengibre rallado
  • 2 cucharadas de aceite
  • 1 pizca de sal
* Cilantro fresco para servir (opcional)
* Pappadums (opcional)

Elaboración
  1. Corta y despepita la sandía. Con una parte, licúa hasta obtener el zumo; reserva la otra mitad en dados.
  2. En el zumo de sandía, mezcla la cayena, la cúrcuma, el cilantro, el comino, el ajo, el jengibre y la sal.
  3. Calienta el aceite en un wok o sartén y añade el zumo especiado de sandía. Baja la intensidad del fuego y cocina durante 3 minutos.
  4. Añade el zumo de limón y los dados de sandía. Remueve con cuidado para integrar y deja cocinar unos 3 minutos más.
Nota: Puedes servirlo como guarnición o acompañado de arroz, como en este caso, y añadir cilantro fresco picado si te gusta, junto con pan pappadum.


Relato/fotografías/vídeo @catypol - Circus day.

Tortillitas de arroz

Marta estaba sentada en su regazo. Balbuceaba mientras el vaivén de su cuerpo, con el que intentaba tranquilizarla, empezaba a hacer efecto en la niña. Canturreaba por lo bajo una canción de cuna, vieja y casi olvidada, pero que se negaba a actualizar para no perder sus raíces.

La noche había sido muy larga. Marta no la había dejado descansar y su cuerpo estaba ya al límite. Habían comido tortillitas de arroz para llenar el estómago y ahora solo deseaba que la nana hiciera efecto y la dejara tranquila y dormida… para poder hacer ella lo mismo. ¡Dios, cómo echaba de menos los tiempos pasados!

No es que no quisiera a la niña. La amaba. La había llevado dentro durante siete meses. La pequeña tuvo prisa por salir y casi no lo cuenta cuando se puso de parto. Al final, una cesárea decidió cómo llegaría al mundo, porque su cuerpo no daba para más. Y nueve meses después seguía casi en el mismo estado.

A pesar de todo, la unión que había entre ellas era fuerte, y eso la llenaba de orgullo. La hacía sonreír, la calmaba y le daba fuerzas para seguir adelante. Ya volvería la energía cuando tuviera que volver.


Tortillitas de arroz

Tortillas de arroz

Esta entrada me recuerda mis noches sin dormir después de tener a mi hijo. ¡Dios! Esas comidas a deshoras, esas ganas de salir corriendo cuando no dormía… El arroz es uno de mis ingredientes preferidos, así que no le digo que no, incluso si la tortilla no lleva patata, sino arroz.

Si te digo que esta receta tiene muchos años…

Si te digo que formaba parte de un coleccionable de recetas de una revista (una de esas que ya han desaparecido)…
Si te digo que es la primera vez que la hago, pero no será la última…
Y que el resultado nos encantó…

Pues bien, esta es mi receta para el concurso de tortillas de Canal Cocina. Y aunque gané, no pude disfrutar del premio porque se celebraba en Madrid y, en ese momento, no podía viajar. Aun así, estoy muy feliz de haber ganado.


· TORTILLITAS DE ARROZ · 

Ingredientes para tortillitas de arroz (4 unidades)

  • 200 g de arroz hervido

  • 4 huevos

  • 100 g de jamón cocido

  • 50 g de pechuga de pollo (fiambre o pollo asado)

  • 50 g de queso mozzarella rallado

  • Sal y pimienta al gusto

  • Aceite para freír

Cómo hacer tortillitas de arroz paso a paso

  1. Corta el jamón cocido y la pechuga de pollo en trocitos pequeños.

  2. Mezcla el arroz hervido con el jamón, el pollo y la mozzarella rallada.

  3. Añade los huevos, salpimienta al gusto y remueve hasta integrar bien todos los ingredientes.

  4. Calienta una sartén pequeña con un poco de aceite a fuego medio.

  5. Forma pequeñas tortillitas con la mezcla y cocínalas durante unos minutos por cada lado, hasta que estén doradas y bien cuajadas.

Consejos para que las tortillitas de arroz queden perfectas

  • Utiliza arroz cocido del día anterior: tendrá menos humedad y la textura será mejor.

  • Si la mezcla queda muy líquida, añade una cucharada de pan rallado.

  • Puedes cocinarlas también en freidora de aire a 180 °C durante 10–12 minutos, volteándolas a mitad de cocción.

Variaciones de la receta

Estas tortillitas de arroz caseras admiten muchísimas combinaciones:

  • Con verduras salteadas (calabacín, zanahoria, cebolla).

  • Con gambas o atún.

  • Con restos de arroz tres delicias.

  • En versión vegetariana, sustituyendo la carne por más verduras o queso.

Es una receta ideal de cocina de aprovechamiento y perfecta para no desperdiciar alimentos.



Relato, vídeo y fotografías @catypol - Circus day.
Con esta receta participo y soy ganadora en el concurso de tortillas de Canal cocina (año 2011).

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