Señoras y Señores,

Bienvenidos a Circus Day

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Hola,

Soy Caty y dirijo este circo

Foodie, diseñadora gráfica, cuentacuentos y aficionada a la fotografía es un resumen de lo que encontrarás aquí, un circo lleno de recetas, historias y espectáculo. Señoras y señores, mesdames et messieurs, ladies and gentlemen, bienvenidos a Circus day, espero que te guste el show.

The Show

En el blog

Mostrando entradas con la etiqueta Pista Central. Mostrar todas las entradas
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Milhojas de verduras

Todos salíamos al jardín, el tiempo había mejorado, la brisa era fresca pero los rayos de sol calentaban nuestros cuerpos. La familia y los amigos que habían venido para el evento estaban riendo y compartiendo recuerdos de antes, se respiraba un ambiente de fiesta aunque todavía no habíamos empezado con ello. La abuela sonreía de satisfacción, era vivir un sueño después de todo, y estaba orgullosa de poder reunirlos a todos. 

Esa mañana se había levantado al alba, como siempre, había cogido su cesta y se había dirigido con paso firme hacía el huerto, los tomates habían enrojecido a tiempo y sabíamos que su sabor no nos defraudaría. Esta vez las berenjenas estaban colgando como zarcillos de las ramas, estaban justo en su punto y era hora de descargarlas del joyero para llevarlas a la cocina. 

Se preparaba un festín y todos colaboramos en algo, la cocina se convirtió en una fiesta y de allí empezaron a salir lo que poco tiempo después todos comeríamos con gusto. Sentados a la mesa y compartiendo pan, agua y vino, nos servimos lo que aquella mañana la abuela había recogido del huerto y que con un poco de esto y otro poco de lo otro se había convertido en algo maravilloso, como cuando cambia el tiempo y llega el sol, calor y tiempo de de celebraciones. Bon appétit.




· MIL HOJAS DE VERDURAS ·

Ingredientes

  • 4 berenjenas
  • 500 gramos de tomate troceado
  • 500 gramos de cebolla
  • 2 dientes ajo
  • 4 hojas de gelatina
  • Agua fría
  • AOVE Señorios de Relleu
Ingredientes para el pesto de almendra
  • 10 gramos de almendras
  • 5 hojas de albahaca
  • 1 diente de ajo
  • 50 gramos de parmesano
  • 250 mililitros de AOVE Señorios de Relleu
  • Sal
  • Pimienta negra molida

Berenjenas.
  1. Lava y seca las berenjenas.
  2. Corta el tallo y con una mandolina haz lonchas a lo largo de un 1 centímetro de espesor.
  3. Calienta una plancha con un poco de aceite y asa las lonchas, por cada lado.
  4. Reserva.
  5. Reblandece las hojas de gelatina en agua fría.
  6. Pela y pica la cebolla y el ajo.
  7. En una sartén, con 2 cucharadas de aceite sofríe la cebolla y el ajo.
  8. Cuando la cebolla transparente echa el tomate y salpimienta al gusto.
  9. Deja cocinar la salsa unos 10 minutos a fuego bajo.
  10. Apaga el fuego, prueba que la salsa esté en su punto de sal y añade las hojas de gelatina, escurridas.
  11. Remueve para que se deshagan y se integren bien.
  12. Si la salsa quedara muy espesa puedes añadir el agua de la gelatina también.
  13. En una fuente rectangular, un poco engrasada, cubre el fondo con una capa de berenjenas, encima vierte la mitad de la salsa.
  14. Vuelve a cubrir con más berenjena, encima con más salsa y termina con berenjena.
  15. Cubre la fuente con film transparente y dejar reposar unas 10 horas o toda la noche.
  16. Si la dejas en el frigorífico, tendrás que templar antes de servirla, un poco al microondas estará bien, pero no mucho rato o se deshará.
  17. Si prefieres comerla a temperatura ambiente mejor no dejarla en el frigorífico.

Pesto.
Pon todos los ingredientes en una túrmix y pica hasta formar una salsa homogénea. 

Notas.
  1. Sirve la salsa aparte por si hubiera algún comensal que no le gusta o prefiere no comerla.
  2. Yo le puse unos hilos de chile para decorar pero puede decorarse con un poco de perejil o no decorar.
  3. Para los más pequeños igual una mil hojas es mucho, así que hice una más sencilla y que fuera más fácil de comer para ellos.




Relato y fotografías @catypol - Circus day.

Costillas glaseadas

En las afueras de un soleado rincón de Kentucky, se alzaba el Rancho-Granja Nigella, una finca enorme donde crecían calabazas gigantes, gallinas felices y, sobre todo, una muy peculiar familia de artistas. Pintores, músicos, actores. No eran ricos, pero siempre había risas, colores, y los domingos costillar  y limonada fresca bajo un álamo. Ese domingo no era distinto. Bueno, casi.

Porque ese domingo, los adolescentes de la familia —Liam, Oliver y Noah — habían decidido grabar un video musical con el gallinero como escenario, sin avisar a nadie. Pusieron la música a todo volumen, se vistieron con trajes de lentejuelas, y empezaron a bailar entre las gallinas, que entraron en pánico y salieron corriendo como si el apocalipsis fuera en cámara lenta.

Justo en ese momento, la ropa tendida fuera salió volando por los aires, atrapada por un ventilador industrial que Liam había "tomado prestado" del granero. En la confusión, la abuela se asomó con una jarra de limonada en una mano y una brocha en la otra y gritó—¡¿QUÉ CLASE DE VIDEOCLIP ES ESTE?! __

El abuelo, más tranquilo, se sirvió su limonada, olió el costillar que se asaba en el horno y murmuró:

—Esto sí que motiva bailar, jeje__

Al final, el video se volvió viral, una gallina ganó seguidores en TikTok y la ropa tendida apareció a kilómetros del rancho vestida por una vaca del vecino. Y aunque nadie entendió del todo lo que pasó ese día, todos coincidieron en que fue el mejor domingo del año. Porque en el Rancho, nada era normal. Y eso era exactamente lo que les encantaba.






· COSTILLAS DE CERDO GLASEADAS CON BOURBON ·


  • Costillar de cerdo (unas 24 costillas)
  • 100 gramos de azúcar mascabado o panela
  • 175 mililitros de bourbon
  • 30 mililitros de salsa de soja
  • 30 mililitros de mostaza
  • 30 mililitros de salsa de tomate

Elaboración
  1. Pon las costillas dentro de una bolsa zip. 
  2. Añade todos los ingredientes dentro de la bolsa con las costillas. 
  3. Deja marinar en la nevera toda la noche. 
  4. Al día siguiente, precalienta el horno a 200º C. 
  5. Saca las costillas de la bolsa y ponlas en una bandeja para hornear. 
  6. Vierte la marinada en un cazo. 
  7. Cocina las costillas durante 1 hora dándole la vuelta a mitad de cocción. 
  8. Cuando las costillas estén cocinadas hierve el marinado durante 7 minutos o hasta que espese. 
  9. Cuando sirvas las costillas acompáñalas de la salsa y vierte encima de ellas.


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Espagueti al limón

Si alguna vez contara que tuve la suerte de conocerte, nadie me creería. Nos sentábamos cerca del limonero que teníamos en el jardín, y tú me contabas las historias que vivías y que veías por el mundo. Mis ojos, llenos de admiración, brillaban de envidia y soñaban que algún día me tocaría a mí vivirlo.

No pensé que mis historias serían diferentes. Ignorante de mí, tanto soñaba con las tuyas que olvidé vivir las mías propias. Entre enfadada por no ser iguales y decepcionada por la diferencia, dejé pasar un tiempo valioso que nunca más volvió.

A veces es tan simple como dejarse fascinar por los aromas de un simple limonero y quedarse en silencio escuchando madurar los limones; ese punto de acidez ya se encarga la vida de ponerlo.



El toque ácido del limón en el aliño de las ensaladas, el aroma de la piel rallada en los bizcochos, esa frase tan popular: «si la vida te da limones...», o esa limonada fresquita en verano que tanto nos gusta... ¿Verdad que es un fruto que puede contarnos historias? ¿Qué forma parte de nuestro equipaje culinario? ¿Qué es básico y muy apreciado? Esta vez es uno de nuestros ingredientes principales, y lo he convertido en un plato muy sabroso, fresco y sorprendentemente suave al paladar.

Esta es mi aportación salada al nuevo recetario de primavera verano de Cocina Prêt à porter by Kuki Square, de recetas con frutas.

· ESPAGUETIS AL LIMÓN ·

Ingredientes

  • 350 gramos de espaguetis integrales
  • 2 limones
  • 250 gramos de Parmesano rallado
  • 60 gramos de rúcula
  • 200 gramos de crème fraîche
  • Sal y pimienta negra al gusto

Elaboración
  1. En una olla con abundante agua hirviendo con sal, cocina la pasta según las indicaciones de la marca.
  2. Mientras la pasta se cocina ralla la cáscara de los limones y mezcla con el parmesano rallado. 
  3. Limpia la rúcula y pícala en trozos más o menos grandes, añade la rúcula al parmesano y al limón. 
  4. Exprime el zumo de un limón y añade a la mezcla anterior. 
  5. Cuando la pasta esté cocida, cuela y mezcla rápidamente con la rúcula, el parmesano y el limón. 
  6. Remueve para que se impregne la pasta y el queso se derrita.
  7. Añade la crème fraîche. 
  8. Remueve bien y añade un poco de pimienta negra y sal. 
  9. Sirve inmediatamente.


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Pasta rellena casera

La mamma no dejaba de dar vueltas en la cocina. Esa mañana había ido al mercado y, entre puestos de tomates y alcachofas, había escuchado a los más chismosos hablar de un concurso de pasta con un gran premio en metálico. Y bueno… ella necesitaba reformar toda la cocina para poder dedicarse profesionalmente a lo que mejor sabía hacer: cocinar. Su sueño era servir, desde casa, a quien quisiera probar su comida.

Estaba nerviosa, inquieta, incluso más parlanchina de lo habitual, cuando el papà entró para tomarse un café. Afuera hacía un frío de mil demonios —como le gustaba decir a él—, y a media mañana solía dejar sus quehaceres para entrar en calor… aunque en realidad, lo que más le gustaba era ver trajinar a la mamma entre cazuelas. Le hacía sonreír verla tan concentrada, tan atareada, que ni se daba cuenta de su presencia. La admiraba en silencio, hasta que ella se giraba y lo encontraba allí, junto a la puerta, mudo y completamente enamorado. Entonces ella le sonreía y le lanzaba un beso al aire, que él recogía con la mano y se llevaba al corazón.

Mi fratello y yo, siempre que hablamos de eso, sentimos el corazón encogido. No creemos que vayamos a encontrar a alguien como él en nuestra vida, y eso —aunque lo digamos riendo—, nos da un poco de envidia.

A la hora de comer, estábamos todos sentados a la mesa, con la nonna presidiéndola, como siempre. Entonces la mamma desató su pasión: nos anunció que quería participar en el concurso con su receta de pasta rellena. Todos la miramos como si ya hubiera ganado, y esa confianza familiar la emocionó especialmente. En nuestra casa, la confianza es ingrediente esencial.

El papà la abrazó, la besó y le susurró algo al oído que hizo que todos pusiéramos los ojos en blanco y sonriéramos, incluso la nonna. Sabíamos que ella añoraba al nonno, y nosotros también.

Para mostrarnos su gratitud, la mamma nos cocinó su famosa pasta rellena de espinacas. Le hicimos la ola, le cantamos palabras de cariño, y disfrutamos como nunca de ese plato tan suyo, tan nuestro. Nadie podía ganarle. Porque sí, ella era única en la cocina. La mejor.



Es una pena que hace una semana Clara fuera eliminada del concurso de Master Chef, una pena porque ella era la candidata perfecta para ganarlo, de ella hay poco que decir a estas alturas. Para unos era una bloguera con la compartimos recetas, nos animó a elaborar pan para el reto Bake the World, nos retó a concursar y a demostrar que hay más sobre la gastronomía italiana que la pizza y la pasta, en fin. Para otros ahora será la aprendiz de chef que ha elaborado el mejor ravioli del programa, en realidad es hasta ahora el mejor plato que se ha cocinado allí, y no lo dudo, ella lo hace muy bien.

· PASTA RELLENA DE MOZZARELLA, ESPINACAS Y CEBOLLA CARAMELIZADA CON SALSA DE ALBAHACA ·


Para la masa:

100 g de harina
1 huevo grande
1 cucharada de agua

Para el relleno:
1 cebolla pequeña
1 cucharadita de azúcar
1 cucharada de aceite de oliva virgen extra
1 bola de mozzarella de búfala
2 puñados de espinacas frescas
Sal al gusto

Para la salsa:
100 ml de aceite de oliva virgen extra
1 cucharada de albahaca fresca picada


Preparar el relleno:
  1. Pela, limpia y pica la cebolla en brunoise fina. Reserva.
  2. Lava y corta las espinacas en trozos pequeños.
  3. Tritura la mozzarella con una picadora o córtala en dados muy pequeños. Reserva.
  4. En una sartén, calienta el aceite y rehoga la cebolla hasta que esté blanda (sin que se dore).
  5. Añade el azúcar y remueve para que se caramelice ligeramente.
  6. Incorpora las espinacas y cocina hasta que reduzcan y se ablanden.
  7. Retira del fuego y deja enfriar por completo.
  8. Una vez frío, añade la mozzarella al sofrito y mezcla bien. Ajusta de sal al gusto. Reserva.

Preparar la masa:
  1. En un bol (o en la amasadora), mezcla la harina con el huevo y el agua hasta obtener una masa uniforme.
  2. Amasa unos minutos hasta que la masa esté suave y sin grumos. Si es necesario, termina de amasar a mano.
  3. Cubre y deja reposar unos 20 minutos mientras preparas el relleno y los utensilios.
  4. Estira la masa con rodillo o máquina de pasta: comienza por el grosor más ancho (nº 1 o 2) y ve afinando hasta el nº 5 o 6. Cuanto más fina, mejor, pero sin que se rompa.
  5. Con un cortapastas o vaso, corta círculos de masa del tamaño deseado.

Formar la pasta rellena:
  1. Coloca una cucharadita del relleno en el centro de cada círculo de masa.
  2. Pincela los bordes con un poco de agua.
  3. Dobla y presiona bien los bordes, procurando que no quede aire dentro.
  4. Repite con toda la masa y relleno.

Cocer la pasta y preparar la salsa:
  1. En una olla grande con abundante agua y sal, hierve la pasta rellena durante unos 3 minutos (hasta que flote y esté al dente).
  2. Mientras, calienta suavemente el aceite en un cazo sin que llegue a hervir. Añade la albahaca y emulsiona con una cuchara o batidor.
  3. Cuando la pasta esté lista, escúrrela bien y sírvela caliente, aliñada con la salsa de albahaca por encima.




No es un ravioli invertido pero es una delicia de pasta rellena, a nosotros nos encantó, espero lo disfruten. 


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Puré de patatas

Cinco estudiantes de intercambio se perdieron en una callejuela estrecha detrás de una conocida librería de Londres. Creían estar en camino hacia el Museo Británico, pero acabaron en una especie de mercado alternativo que parecía sacado de un libro raro.

¿Esto es el callejón Diagón? —preguntó Marta, riéndose.

Sí, claro, y yo soy Harry Potter —respondió Lucas, rodando los ojos.

En una esquina, junto a una tienda de libros viejos, había un carrito de comida con un cartel que decía:
“Puré de patatas profético — gratis hasta agotar existencias.”

Gratis —dijo Sofía—. ¿Qué puede salir mal?

El puré estaba increíble. Cremoso, caliente y con mucha mantequilla. Mientras comían, el dueño del carrito, un señor con un sombrero gigante con forma de embudo, los observaba con una sonrisa.

¿Sabían que este puré revela cosas sobre tu futuro? —les dijo, señalando su sombrero—. Yo no adivino con cartas ni bolas de cristal.

Los estudiantes rieron, pero Marta, por curiosidad, preguntó—¿Y qué ves en nosotros?

El hombre se acercó, los miró con aire teatral y dijo —Veo que habéis perdido algo importante… como la orientación, por ejemplo.

Eso ya lo sabemos —dijo Diego.—¿Y esto? —preguntó Inés, levantando una pequeña bolsa de tela que encontró en su bolsillo. Dentro había tres monedas de oro con un mapa dibujado en relieve.

¡Eso lo dejaste en el carrito! —le dijo el hombre—. Son monedas de cambio de la tienda de libros. Si las usas bien, te dan pistas para encontrar la salida__rió el señor.




Esta es mi versión de lo que considero el mejor puré de patata que he probado, el clásico puré francés del chef Joël Robuchon, quien dedicó un libro entero a las patatas. Su secreto: mucha mantequilla fresca y remover vigorosamente el puré. Para obtener un buen puré de patata, necesitas saber dos cosas: primero, la calidad de las patatas. Elige patatas amarillas con almidón, para un puré cremoso y suave, ya que tienen más humedad. El segundo consejo es nunca procesar las patatas. Usa un prensapatatas o un pasapurés manual. Ambas opciones trituran las patatas sin que queden pegajosas. Si procesas las patatas con una batidora de mano o un procesador de alimentos, el procesamiento libera más gluten y hace que el puré quede como pegamento. #diadelpuredepatatas


· PURÉ DE PATATAS ·

  • 500 gramos de patatas
  • 85 gramos de mantequilla, fría cortada a trozos pequeños
  • 235 mililitros de leche
  • 60 mililitros de nata
  • Sal al gusto

Elaboración
  1. Lava bien las patatas y córtalas por la mitad horizontalmente. Las mitades deben ser muy similares para que se cocinen uniformemente. 
  2. Colócalas en una olla grande y cúbrelas con agua fría, dejando unos 2,5 cm por encima de las patata. Añade media cucharada de sal gruesa por cada cuarto de agua de la olla. 
  3. Una vez que el agua alcance el punto de ebullición, baja el fuego a medio bajo y cocina a fuego lento las patatas sin tapar durante unos 20 minutos o hasta que la hoja de un cuchillo insertado en la patata la atraviese fácilmente.
  4. Trabaja rápidamente con las patatas aún calientes. 
  5. Escurre las patatas, pélalas y pásalas por el pasa purés o el prensapatatas. 
  6. Ponlas una sartén a fuego medio y remueve enérgicamente durante 4 minutos con una espátula de madera, dejando que se evapore el exceso de agua. 
  7. Empieza a añadir los trocitos de mantequilla fría, poco a poco, integrándolos bien y removiendo enérgicamente. 
  8. Hierve la leche y la nata y añádelas a la mezcla de patatas, en un chorro, hasta que se absorban por completo. 
  9. Dependiendo del nivel de humedad de las patatas, podría ser necesario ajustar la cantidad de leche, no querrás un puré sólido ni líquido. 
  10. Así que ve poco a poco al final para asegurarte de obtener la consistencia adecuada. 
  11. Si necesita añadir más leche, hazlo en caliente. 
  12. Prueba de sal y sirve.







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Crema de zanahoria morada

Cuando la vi me pareció perfecta, preciosa, me enamoré, sí, estoy hablando de una receta, aunque podría hablar de una criatura, también, o de varias pues hoy es el día propicio para ello. Hoy es un día especial para los papis, recordemos aquellos maravillosos tiempos en los que nos armábamos de paciencia y le dábamos a nuestros bebes las primeras cremas, papillas, purés, y nos soplaban con la boca llena y terminábamos del color de la verdura de turno.

O cuando íbamos a alguna reunión y nos damos cuenta que teníamos una mancha, intentábamos camuflarla si podíamos con la chaqueta, para terminar sacando una foto de la cartera, ahora del móvil, y enseñar la foto, mi bebé__ nos justificamos. O cuando vamos a la compra, la criaturita en el carro y le da por llorar a viva voz, mocos, llanto, ruido, la gente te mira como si hubieras apaleado a la criatura, y tú sonríes, jeje tiene sueño__ replicas.

Nuestras pupilas destilan amor, puro, incomprensible, insomne amor. Nuestro vocabulario parece haber vuelto al paleolítico, es más gutural, y la ridiculez la dejamos plantada en la puerta de casa, pues cuando cruzamos el umbral nos convertimos en monos, cantantes, aviadores, princesas, modelos...y seguimos radiando amor, por que a pesar de todo nuestro cari, peque, rey, cuqui, moni...sabe perfectamente que a quién le cae la baba no es a él, sino a los papis, verdad?

Esta por papá...


· CREMA DE ZANAHORIA MORADA ·

Ingredientes
  • 500 gr. zanahoria morada
  • 1 cebolla grande
  • 2 patatas medianas
  • 1/2 litro de caldo de pollo o verduras (un poco más por si tuvieramos que añadir)
  • Aceite de oliva
  • Sal
  • 1 pizca de chile en polvo
  • 1 cdta. de curry en polvo
  • Queso de cabra
  • Pipas de girasol
  • Pipas de calabaza

Elaboración
Pica la cebolla y rehoga con un poco de aceite en una olla. 
Añade las zanahorias moradas, limpias, peladas y cortadas en trozos pequeños. 
Añade también las patatas, peladas y cortadas a trozos del mismo tamaño que las zanahorias. 
Sala. 
Añade el chile y el curry, prueba y correge si fuera necesario, mezcla bien. 
Rehoga unos cinco minutos y añade el caldo. 
Deja cocer a fuego lento durante 30 minutos, o hasta que al pinchar la verdura esté cocida. 
Retira del fuego y tritura. 
Si el puré es muy espeso añade un poco más de caldo y mezcla o tritura.
Sirve en cuencos o platos con un poco de queso de cabra y una cucharada de pipas.




Con zanahoria morada también tenemos un bizcocho en este enlace.



· Feliz día del padre ·




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Fabes con almejas

En el norte, donde la bruma lo mismo te abriga que te desorienta, vivía Berto, un pescador que había visto de todo… excepto su sentido de la orientación, que había perdido en 1997. Aquella mañana, salió al mar con su pequeña lancha a motor, buscando almejas para las faves, que tanto gustaban a su mujer. Lástima que en medio del mar se desató una niebla espesa, y Berto se perdió. 

Horas después, divisó una silueta sobre el agua. Se acercó con esperanzas… y descubrió algo que desafiaba la lógica: un velomar y encima, un hombre caña en mano, y una radio portátil.

—¿¡Qué haces tú aquí, en medio del mar con un velomar!? —gritó Berto.

¡Pescando! —respondió el hombre—.

Era Tino, el tío raro del pueblo. Y por si el surrealismo no fuera suficiente, de pronto se oyó una voz potente, desentonada y decididamente entusiasta: —♪ “Oye cómo vaaaa, mi ritmooo…” . Era Suso, el sordo del pueblo, que se acercaba en una barca oxidada, cantando una serenata a todo pulmón con auriculares puestos, creyendo que estaba afinado como Pavarotti. Berto ya no sabía si estaba en la ría o había cámaras ocultas en algún lado. 


Hace 20 años que tengo esta receta, en ese momento coleccionaba recetas, extraño para mi pues no andaba mucho por la cocina y era una comensal horrorosa, pero la guardé. Así que es mi primera vez que hago este plato, ya sabes que a elección (@JosinhoSilva) cocinamos una receta eligiendo un tema en común, y por temporada, tiempo y por que nos gusta se ha elegido platos que se comen con cuchara.

· FABES CON ALMEJAS · 

Ingredientes 
  • 600 gr. de fabes
  • 500 gr. de almejas
  • 2 cebollas
  • 2 dientes de ajo
  • 2 vasos de agua
  • 1 vaso de vino blanco
  • 3 tomates
  • Aceite
  • 1 cda. perejil picado
  • 1/2 cda. pimentón dulce
  • Sal y pimienta blanca

Elaboración
  1. Pon las fabes en remojo el día anterior. 
  2. Al día siguiente pone una olla con agua fría y echa las fabes escurridas dentro, junto con 1 tomate partido en trozos, 1 cebolla troceada, los 2 dientes de ajo pelados y cortados a trozos y un chorro de aceite. 
  3. Deja cocer durante 1 hora y 45 minutos. 
  4. Tienes que "asustar" las fabes cada vez que rompa a hervir añadiendo agua fría.
  5. En una cazuela con un poco de aceite sofríe la otra cebolla picada, y cuando se dore añade los tomates restantes a trocitos y el pimentón. 
  6. Deja cocer y añade las almejas lavadas, el vaso de vino, el agua, el perejil picado y salpimienta. 
  7. Cuando se abran las almejas, añade las fabes escurridas. 
  8. Deja cocer 10 minutos y sirve en la misma cazuela.




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Burguer de pavo y puré

En pleno febrero, con el viento frío y esa luz grisácea que parece querer entrar por las rendijas de las ventanas, don Manuel se paseaba por el barrio con su bicicleta roja. Pero no era una bicicleta cualquiera, tenía el manillar tan pulido que reflejaba los pocos rayos de sol que asomaban y una caja de cartón, vieja y remendada, con publicidad de hamburguesas, atada con una cuerda en la parte trasera.

Don Manuel era fácil de reconocer. Su gran bigote, espeso y orgulloso. Caminaba despacio, con esa solemnidad de quien sabe que su bigote era observado.

La caja de cartón, por su parte, contenía lo que para don Manuel era un tesoro, ¡cientos de cromos! Algunos viejos, arrugados, otros nuevos, como si acabaran de salir de la tienda. Todos ellos iban destinados a los niños del parque, que esperaban ansiosos el paseo semanal del señor del bigote.

Aquella tarde de febrero, mientras atravesaba la plaza, una ráfaga de viento hizo que la caja se moviera y, de repente, algunos cromos salieron volando como pequeñas mariposas de papel. Don Manuel, sin perder la compostura, soltó una carcajada profunda y dejó que los cromos volaran a donde fuera, él tenía destino.




· HAMBURGUESAS DE PAVO CON PURÉ ·

Ingredientes para la hamburguesa
  • 1 bulbo de hinojo
  • 1 zanahoria mediana
  • 1 cdta. de aceite de oliva
  • 2 hojas de acelga sin pencas
  • 1 cucharadita de perejil picado
  • 500 gr. carne picada de pavo o pollo
  • 1 cda. de soja
  • Semillas de sésamo para rebozar, opcional
Ingredientes para el puré
  • 1 cebolla 
  • 2 dientes de ajo
  • 1 cda. de aceite de oliva
  • 1 coliflor
  • 250 ml. agua
  • Sal y pimienta al gusto
Para las hamburguesas:
Preparar las verduras:
  1. Lava y corta en trozos pequeños el bulbo de hinojo y la zanahoria.
  2. En una sartén, calienta una cucharadita de aceite de oliva y saltea el hinojo y la zanahoria durante unos 5-7 minutos, hasta que estén tiernos. Reserva y deja enfriar.
Preparar la acelga:
  1. Limpia las hojas de acelga, retirando las pencas más duras. Pícalas finamente.
Mezclar la carne:
  1. En un bol grande, mezcla la carne picada de pavo o pollo con el hinojo y la zanahoria salteados, la acelga picada, el perejil picado y la cucharada de salsa de soja.
Formar las hamburguesas:
  1. Mezcla bien todos los ingredientes hasta que estén integrados. Forma bolas con la mezcla y aplánalas ligeramente para dar forma de hamburguesa.
Rebozar:
  1. Si quieres, rebózalas ligeramente en semillas de sésamo para aportar textura y sabor.
Cocinar:
  1. Cocina las hamburguesas en una sartén antiadherente a fuego medio durante unos 5-6 minutos por cada lado, o hasta que estén bien cocidas y doradas por fuera.
Para el puré:
Preparar las verduras:
  1. Pela y pica la cebolla y los dientes de ajo.
Sofreír:
  1. En una olla, calienta una cucharada de aceite de oliva y sofríe la cebolla y el ajo hasta que estén transparentes y fragantes.
Cocinar el coliflor:
  1. Añade la coliflor cortada en ramilletes a la olla, junto con el agua, la sal y la pimienta al gusto. Cocina a fuego medio hasta que la coliflor esté tierna, aproximadamente 15-20 minutos.
Triturar:
  1. Una vez cocida la coliflor, tritura todo con una batidora hasta obtener un puré suave y cremoso.


Presentación:
Sirve las hamburguesas de pavo acompañadas con el puré de coliflor caliente. Puedes decorar con un poco de perejil fresco picado o unas semillas de sésamo por encima para dar un toque especial.



Lo dicho, para el cuerpo y alma, y para el concurso de recetas sanas del blog de Margot cosas de la vida, con la colaboración de Nútrim, Cook & World y Hoy del día.

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Relato y fotografías @catypol - Circus day.

Ñoquis de espelta

En el pequeño pueblo de Pizzofalcone, encaramado en una colina de los Apeninos, el tiempo no pasaba; se quedaba sentado en un banco a ver quién cruzaba la plaza. Don Pasquale, el párroco, era tan sordo que el Vaticano le enviaba las instrucciones en letras de un palmo, pero él seguía convencido de que su oído era el de un lince.

Esa tarde entró en el confesionario Antonella, la "viuda alegre" del pueblo, famosa por sus escotes y por tener un jardín sospechosamente bien cuidado por todos los hombres solteros de la región.

—Padre, me acuso de haber caído en la tentación con el panadero —susurró Antonella, pegando los labios a la rejilla de madera.

—¿Qué dices del paradero? —gritó Don Pasquale, cuya voz retumbaba en las vigas del siglo XII—. ¿Te has perdido en el monte? ¡A tu edad deberías conocer ya los caminos, hija!

Antonella suspiró y subió el volumen, consciente de que en el primer banco la señora Carmela estaba prácticamente metiendo la oreja por la cerradura.

—¡No, padre! ¡Que me he acostado con el panadero! ¡Con Giuseppe!

—¿Que te ha costado un euro el paquete? —replicó el cura, indignado—. ¡Es un robo! ¡Ese Giuseppe es un usurero! Yo le dije que la harina había bajado, pero ni caso. ¡Pecado de codicia!

—¡Que no es el dinero, Don Pasquale! —bramó Antonella, ya con la cara del color de una salsa de tomate—. ¡Que hubo fuego! ¡Pasión! ¡Que el horno no era lo único que estaba caliente en esa tahona!

Hubo un silencio sepulcral en la iglesia. Don Pasquale se rascó la oreja con el dedo meñique, pensativo.

—Ah... que se te ha quemado el pan —concluyó con tono paternal—. Mira, Antonella, eso nos pasa a todos. Te pones a hablar con las vecinas y el horno hace lo que quiere. No hace falta que vengas aquí a llorar por cuatro hogazas chamuscadas, mejor come ñoquis. Dios perdona los descuidos culinarios, pero no la pérdida de tiempo.

Antonella, frustrada, se levantó del banco de madera haciendo crujir la madera con fuerza.

—¡Padre, que soy una pecadora, no una mala cocinera!

—¡Y no me grites! —sentenció el cura desde detrás de la cortina—. Reza dos Avemarías y dile a Giuseppe que, si vuelve a venderte el pan quemado, vendré yo mismo a cerrarle el negocio. ¡Vete en paz y mira por dónde caminas, no te vuelvas a perder en el "paradero"!

Antonella salió de la iglesia bufando, mientras la señora Carmela ya corría hacia la fuente para contarle a todo el pueblo que el pan de Giuseppe era caro, estaba quemado y que Antonella tenía "problemas de orientación".




En Italia, el término "gnocchi" se usa para señalar a una cantidad de pastas bastante amplia, aunque los más frecuentes son los de patata. Otros son preparados "alla romana", con sémola e incluso harina de maíz del tipo maicena, existiendo variaciones regionales y locales. Un antecedente de los ñoquis fueron los zanzarelli (‘mosquitos’) que se preparaban para los banquetes de la Lombardía renacentista, con una masa en la cual se mezclaban miga de pan, leche y almendras trituradas. En el Seicento (siglo XVII) los zanzarelli sufrieron un leve cambio en el nombre y la preparación. Se les llamó malfatti (‘mal-hechos’) y en lugar de las almendras y la miga de pan se usaba una masa simple de harina, agua y huevo.

Para cada variedad de zanzarelli existían por su parte variedades coloreadas, por ejemplo existían los zanzarelli verdes empastados con remolacha y espinaca, predominando para el color verde, la espinaca, así como los zanzarelli amarillos realizados con una mixtura de azafrán y calabaza. Luego aparecieron los malfatti blancos empastados con carne de pollo siendo su ingrediente principal la zanahoria. 

Los signori (señores feudales) solían ser los dueños de los molinos en donde los contadini (campesinos) molían el trigo para hacer harina de frumento (trigo) con la cual preparaban sus pastas, en cierto momento los signori decidieron aumentar las tasas de los precios que los contadini pagaban para poder moler el trigo. Ante el repentino encarecimiento de la harina de trigo, los campesinos italianos experimentaron exitosamente con un substituto de la harina; el puré de patatas.

Usualmente el puré de patata para ñoquis se prepara con añadido de leche e incluso manteca y una cantidad adecuada de harina de trigo (la mínima suficiente como para asegurar la cohesión del puré durante el hervor), más raramente con huevos. Este puré suele ser realizado con un elemento llamado prensapuré que hace más homogéneo y fino al puré sin necesidad de añadirle demasiada agua o leche (el puré para los ñoquis debe tener bastante consistencia), luego se hacen con esta «masa-puré» pequeños bollos (gnocchi) de casi una pulgada (se sabe que los ñoquis poseen la consistencia adecuada si al amasarlos no se pegan en las manos ni en la mesa o mesada ni se desarman en el agua), para facilitar su cocción homogénea en el agua hirviente a la cual deben ser arrojados.

Previamente se les producen unas pequeñas acanaladuras con un tenedor (aunque también existe un pequeño y sencillo instrumento de madera que produce tales acanaladuras al deslizar por encima la masa). Como se ha indicado, los ñoquis se arrojan en agua hirviendo y se retiran, mediante un colador grande, cuando estos flotan en el agua. En el área de la Toscana de Italia se suele ingerir con queso de ricota y espinacas, a esta variante la denominan strozzapreti, o ‘estrangulador de curas’.

· ÑOQUIS DE CALABAZA Y HARINA DE ESPELTA CON SALSA PESTO DE BROCOLI · 


Para los ñoquis:
500 g de calabaza (puede ser asada o cocida y escurrida)
200-250 g de harina de espelta (aproximadamente)
1 huevo (opcional, para dar más consistencia)
Sal al gusto
Nuez moscada (una pizca, opcional)

Para la salsa pesto de brócoli:
200 g de brócoli (solo las flores)
50 g de nueces o piñones
1 diente de ajo pequeño
50 g de queso parmesano rallado (puedes usar levadura nutricional para versión vegana)
100 ml de aceite de oliva virgen extra
Sal y pimienta al gusto


Preparar la calabaza:
  1. Pela la calabaza y córtala en trozos.
  2. Cocina la calabaza al vapor o ásala en horno a 180 °C durante 20-30 minutos hasta que esté tierna.
  3. Tritura la calabaza con un tenedor o procesador hasta obtener un puré fino. Déjala enfriar.

Hacer la masa de ñoquis
  1. En un bol grande, mezcla el puré de calabaza con el huevo (si lo usas), la sal y la nuez moscada.
  2. Añade la harina de espelta poco a poco mientras mezclas con las manos o una espátula.
  3. Amasa ligeramente hasta obtener una masa suave, que no se pegue a las manos.
  4. Si la masa queda demasiado pegajosa, añade un poco más de harina, con cuidado de no excederte para que los ñoquis queden tiernos.
Formar los ñoquis
  1. Divide la masa en porciones pequeñas.
  2. Sobre una superficie enharinada, haz rollos largos con la masa y córtalos en trozos de 2 cm aproximadamente.
  3. Si quieres, marca cada ñoqui con un tenedor para crear las clásicas rayas que ayudan a agarrar la salsa.
Cocinar los ñoquis
  1. Pon a hervir una olla grande con agua con sal.
  2. Cocina los ñoquis en tandas pequeñas. Estarán listos cuando floten en la superficie (unos 2-3 minutos).
  3. Retíralos con una espumadera y resérvalos en un recipiente.
Preparar la salsa pesto de brócoli
  1. Blanquea el brócoli en agua hirviendo con sal durante 2-3 minutos hasta que esté verde brillante y tierno.
  2. Escurre y enfría rápidamente en agua con hielo para mantener el color.
  3. En un procesador de alimentos, añade el brócoli, las nueces/piñones, el ajo, el queso parmesano, sal y pimienta.
  4. Tritura mientras añades el aceite de oliva poco a poco hasta obtener una salsa cremosa y homogénea. Ajusta de sal y pimienta al gusto.
Montaje
  1. Mezcla los ñoquis ya cocidos con la salsa pesto de brócoli, calentando ligeramente si hace falta.
  2. Sirve con un poco más de queso rallado por encima y unas hojas frescas de albahaca o perejil para decorar.




Relato, fotografías y rediseño del logo hecho @catypol - Circus day

Chuletas a la bechamel

El Rey Sol, Luis XIV, paseaba por la Galería de los Espejos con un humor de perros. Las guerras contra la Gran Alianza le estaban costando una fortuna y, lo peor de todo, el estrés le estaba quitando el apetito por las chuletas.

A su lado, tratando de mantener el ritmo de las zancadas reales, iba Louis de Béchameil, su jefe de casa y un financiero que sabía más de salsas que de asedios.

—¡Béchameil! —tronó el Rey, deteniéndose ante un ventanal—. Guillermo de Orange me está tocando las narices en los Países Bajos. Necesito más oro para los cañones. ¡Fundid la vajilla de plata! ¡Toda!

Béchameil palideció. Para un hombre que vivía por y para la etiqueta de la mesa, fundir la plata era como pedirle a un ángel que se cortara las alas.

—Majesté, por favor —suplicó Béchameil con una reverencia que casi hace que su peluca toque el suelo—. Si fundimos la plata, ¿en qué serviremos el rodaballo? ¿En platos de barro como si fuéramos... paysans (campesinos)? ¡El prestigio de Francia está en su salsa, no solo en su pólvora!

—¡El prestigio de Francia está en que mis fronteras no retrocedan un palmo! —rugió Luis XIV—. Si tengo que comer con las manos sobre una tabla de madera para pagar a mis mosqueteros, lo haré. ¡Es una guerre total!

Béchameil suspiró. Sabía que discutir con el Rey Sol cuando estaba en modo "conquistador" era inútil, pero su mente de maître no descansaba.

—Está bien, Sire. Fundiremos la plata. Pero tengo una condición —dijo Béchameil con audacia—. Si vamos a comer en loza barata, necesito que la comida sea tan sublime que nadie se fije en el plato. He estado experimentando con una mezcla de velouté y crema, algo suave, blanco, perfecto...

El Rey lo miró de reojo, impaciente. —¿Y cómo piensas llamar a ese invento mientras mis soldados pasan hambre en el Rin?

—La llamaré Salsa Béchamel, mon Roi. Así, aunque Francia esté en bancarrota por vuestras gloriosas batallas, mi nombre sobrevivirá al menos en los libros de cocina.



[RETO TIA ALIA]
Algo que me gusta mucho de éste reto mensual es el libre albedrío a la hora de hacer la receta, no hay que pesar ingredientes, a veces muy genérico y siempre divertido. En el caso de éste mes, pasa lo mismo, nos habla de chuletas, pero chuletas ¿de qué? ¿de cerdo? ¿de cordero?, ninguna cantidad específica por lo que en mi caso poca cantidad y de cordero, y servir acompañado, ¿sí o no?, por eso es la entrada más gustosa, y la hago como se hacía antes, sin peso, sin cantidades y a ojo, esa licencia me la permito en este reto y me gusta mucho. 



Las recetas escritas a máquina me recuerdan a cuando yo aprendí a escribir a máquina, usábamos una Olivetti línea 98, nos tapaban las teclas y debíamos seguir el texto de un libro de texto, no podíamos usar corrector y no debíamos mirar el texto que íbamos escribiendo, se notaba un montón la fuerza de algunos dedos y la debilidad de otros. ¿Y el ruido? tac, tac, tac...no puedo evitar remontarme a tiempos pasados cuando llega este reto, y es que las recetas de un tiempo pasado también forman parte de un presente estén escritas a máquina o no. 




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Garbanzos Ras el Hanout

En algún rincón polvoriento del desierto de Marruecos, dos camellos descansaban junto a un oasis diminuto, de esos que parecen una alucinación. __Si no aparecen pronto, me como el sombrero del mercader__ gruñó Omar. __Tú no tienes dientes__le dijo Fabio riendo. En eso, llegó un mercader de burros. Tiraba de una carreta cargada con cuatro burros y una olla enorme. De ella emanaba un aroma celestial. __¿Eso son… garbanzos?__ preguntó Fabio. __¡No cualquier garbanzo! ¡Es Ras el Hanout, receta secreta de mi bisabuela!__ exclamó el mercader, mientras sacaba un plato humeante de su carreta.

Antes de que pudieran discutir sobre herencias culinarias, aparecieron del cielo cuatro cuervos. Uno llevaba en el pico una lámpara de aceite vieja y polvorienta, que dejó caer justo entre los camellos. __¿Esto es lo de Aladino?__preguntó Omar. __¿Tú crees que sale un genio?.

Por supuesto, la frotaron. En lugar de un genio, salió una nube de humo que tosió, estornudó y formó la figura de un tipo desaliñado con ojeras. __¡Ay, otra vez! ¿Qué quieren ahora? ¿Riqueza, amor, WiFi?__ preguntó enfafado. __Solo queríamos saber si los garbanzos llevan comino__ dijo Omar. __Y si podemos repetir__ añadió Fabio. El genio los miró. Luego miró al mercader. Luego a los cuervos, que empezaban a picotear la olla. __Me voy__dijo. __Esto es demasiado surrealista incluso para mí.

Y puff, desapareció dejando una lluvia de purpurina y olor a canela. Esa noche, bajo las estrellas y rodeados de animales compartieron el mejor plato de garbanzos Ras el Hanout que se haya cocinado jamás en un oasis perdido. Y la lámpara... la usaron para calentar el té. 




Hoy en casa, recién salida de una gripe, también es el cumple del peque, juguetes por toda la casa, y a mi que me apetece comer algo suave y especiado para comer, ¡ya está bien de sopita!.

El nombre de esta mezcla de especias en árabe significa literalmente la cabeza de la tienda, haciendo referencia a la mejor mezcla de especias que el mercader puede ofrecer. No existe una receta única del ras el hanout, cada vendedor o cocinero lo elabora de una forma especial. La mía no la elaboré yo, la compré hecha y me gustó por lo suave que es, mezclada con legumbres y un toque de limón me encantó, espero que a ti te guste también.


· GARBANZOS RAS EL HANOUT ·

Ingredientes para 2

  • 2 cucharadas de aceite de oliva
  • 1 cebolla picada
  • 2 dientes de ajo picados
  • 1/2 cucharita chile picado
  • 1 cucharadita de Ras el Hanout
  • Sal y pimienta al gusto
  • 1/2 taza de pasta de tomate
  • 2 tazas de hojas de espinaca, picada
  • 400 gramos de garbanzos, enjuagados y escurridos
  • El jugo de medio limón
  • 1 puñado de hojas de cilantro para adornar
  • Para servir (opcional) con pan marroquí y una cucharadita de yogur.
Elaboración
  1. Calienta el aceite en una sartén grande a fuego medio. 
  2. Cocina la cebolla, el ajo y el chile durante unos 5 minutos hasta que estén blandos.
  3. Añade el Ras el Hanout. Mezcla bien. 
  4. Añade la pasta de tomate. Cocina 1 minuto. 
  5. Añade las espinacas y garbanzos. Cocina y remueve ocasionalmente hasta que la espinaca se ha ablandado (alrededor de 3 a 4 minutos). 
  6. Retira del fuego. 
  7. Agrega el jugo de limón. 
  8. Sazona con sal y pimienta. 
  9. Adorna con cilantro.
  10. Sirve caliente con pan marroquí y una cucharada de yogur para acompañar.


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Spaghetti Western

El verano hacía tiempo que había quedado atrás: los baños en la piscina, las siestas al mediodía, los juegos por la tarde-noche que llenaban la casa de una banda sonora especial, las cenas al aire libre y las películas proyectadas sobre una sábana blanca en el patio interior. ¡Oh! Esa parte era, sin duda, la mejor manera de terminar la noche.

Mamá y papá, cogidos de la mano; mis hermanas, alborotadas cuando salía un actor guapo —o eso decían ellas, porque a mí todos me parecían del montón—; mi nonna, limpiándose las lágrimas cuando la historia lo requería... Entonces se giraba hacia mí y me decía, con dulzura:
—Mi niño bonito, no crezcas rápido.
Y a mí me desconcertaba. De todas formas, tenía que crecer, así que no le prestaba mucha atención cuando se ponía así de emocionada.

El día que mamá me dijo que esa noche veríamos un spaghetti western, me maravilló. A mí me gustaban mucho mucho los espaguetis, pero no entendía lo de “occidental”.
—¿Hay una película de espaguetis... occidentales?
No sabía qué pensar, así que me pasé el día persiguiendo a la nonna para que me contara el plan. Ella, muy reservada, solo me decía que la película me iba a gustar mucho.
Hay caballos, disparos y vaqueros —me decía—. No en ese orden... pero los hay.
Y eso me dejó chof. Aunque bueno, si había todo eso, seguro que me gustaría. Sobre todo si, antes de la película, el espagueti estaba en mi plato.




¡Yiiiijaaaa!
Cuando era pequeña, recuerdo que en La 2 hacían ciclos de cine con mucha frecuencia. A veces eran de películas de baile con Fred Astaire y Ginger Rogers, otras veces de cine negro... y otras, de westerns. Algunos eran americanos, pero también los había rodados en España —los llamados chorizo western— o en Italia, conocidos como spaghetti western. Aunque, al final, creo que ese término acabó aplicándose a todos los westerns hechos en Europa.

A mí, particularmente, no es un género que me entusiasme, pero sí gustaba mucho a nuestros mayores. Recuerdo a mi abuela o a mi padre viendo este tipo de películas con auténtica devoción.

Por lo visto, los estudios donde se rodaban muchos de estos spaghetti western estaban en Roma. Curiosamente, en los restaurantes italianos también puedes encontrar un plato muy típico: los spaghetti all’amatriciana. Aunque no son originarios de Roma, sino de Amatrice. Un poco como los westerns, ¿no crees?

La amatriciana —o matriciana, en dialecto romano— es una salsa para pasta que toma su nombre de Amatrice, una ciudad de la provincia de Rieti, en Abruzzo (hasta 1927). Sus ingredientes principales son: tocino (guanciale), queso pecorino y tomate.

Durante el siglo XIX y principios del XX, la popularidad de la amatriciana en Roma creció muchísimo, gracias a los estrechos vínculos entre ambas ciudades. En esa época, muchos posaderos en Roma eran originarios de Amatrice, y el término matriciano pasó a usarse para referirse a una "posada con cocina". La amatriciana fue tan bien recibida que se convirtió en un clásico indiscutible de la cocina romana.

Y tú, ¿con cuál te quedas: con el espagueti… o con el western?


· SPAGHETTI ALL'AMATRICIANA ·

Ingredientes
    400 gramos de espaguetis
    200 gramos de guanciale (o tocino)
    120 gramos de Pecorino
    500 gramos de tomates pelados

    Elaboración
  1. Pon el agua a hervir en una cacerola, con una pizca de sal gorda. 
  2. Engrasa una sartén de hierro con manteca de cerdo, pero si tienes una sartén antiadherente no la necesitas. Corta el tocino en tiras y no en dados, añádelo a la sartén y déjalo sofreír en su propia grasa, a fuego lento. El tocino debe volverse transparente en la parte grasa, luego empezando a dorarse, y cuando esté crujiente y tostado ( con cuidado de no quemarlo ) recogerlo con una espumadera y reservarlo en un plato, pero dejar su grasa dentro del sartén .
  3. Vierte los tomates pelados en la sartén y cocina durante 10/15 minutos. 
  4. Una vez cocidos, tritúralos con un tenedor reduciéndolos a pulpa y añadir 20 gramos de queso pecorino rallado. 
  5. Escurre los espaguetis y añádelos a la salsa de la sartén, salteándolos a fuego fuerte durante 2 minutos y mezclando todo bien. 
  6. Agrega el tocino y el resto de queso pecorino, mezcla rápidamente y sirve la amatriciana bien caliente.


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Mix agridulce

Todo empezó cuando Teresa, la dueña del pequeño hostal “Sol y Sombra”, encontró una piña sobre el mostrador de recepción. No era parte del desayuno ni un regalo de bienvenida. Simplemente… apareció.

—¿Y esto? —preguntó en voz alta, aunque solo estaba Paco, el recepcionista, medio dormido escuchando un tango en el viejo gramófono que alguien había donado años atrás.

—Igual la trajo algún huésped —dijo Paco, encogiéndose de hombros—. O es de los del autobús que llegó esta mañana.

En la plaza, justo enfrente del hostal, la única sombra que había era la de un raquítico árbol junto a la parada de autobús. Y ahí, efectivamente, se habían bajado dos turistas, una pareja joven, cargando mochilas enormes y… una piña.

Teresa cruzó la calle con la piña en la mano como si llevara un trofeo.

—¡Oigan! ¿Esto es suyo?

Los alemanes se miraron confundidos. Luego ella, con un inglés limitado pero convincente, explicó:

—Pineapple. Reception. You left.

—Ah! No, no. Decoration for photo —dijo él, y sacó el móvil para mostrar una foto de su novia con gafas de sol, un cóctel, y la piña como atrezo.

Teresa se rindió. Volvió al hostal y colocó la piña junto el gramófono. Hacían un curioso Mix. Fue parte del mobiliario durante unas horas, al final, acabaría en la cocina, cortada a rodajas o formando parte de un plato elaborado. ¡Cómo si fuera un cerdito engordado!.




Mai está haciendo un libro de recetas de piñas y bananas que después será donado a la organización Frutas Justas. Su propuesta es que "donemos" una receta en la que uno de sus ingredientes sea o piña o banana, y así colaborar en buena acción para apoyar a los trabajadores y presionar a que haya un cambio en el sistema actual, por una vida y comercio justo. Puedes informarte  mejor aquí. Yo he elegido piña.  Así que he hecho esto, una piña me ha servido para cocinar un plato que popularmente tomamos con pan, sí, eso una Burger, y aquí lo he servido con piña, ternera y salsa agridulce, ¿el resultado? así quedó:

· MIX AGRIDULCE ·

Ingredientes 
  • 1 piña pequeña
  • 500 gramos de carne picada ternera
  • La yema de 1 huevo
  • 1 cucharadita de cebolla en polvo
  • 1 cucharadita de ajo en polvo
  • 1 cucharadita de sal y pimienta
  • Pimiento verde y rojo a trocitos pequeños
  • Cebolla y ajo a trocitos pequeños
  • 1 cucharadita de tomate concentrado
Elaboración
  1. Enciende el horno a 200º C. (También se puede hacer con la airfryer como en el vídeo).
  2. Pela y quita el centro de la piña. 
  3. Corta a rodajas, ¿el grosor? a gusto de cada uno. 
  4. Reserva. 
  5. Pocha en una sartén los pimientos, la cebolla y el ajo, a fuego bajo. 
  6. Cuando empiecen a transparentar añade el tomate concentrado. 
  7. Remueve. 
  8. Deja pochar unos minutos más.
  9. Mezcla la yema, la cebolla en polvo, el ajo en polvo, y la sal y pimienta con la carne. 
  10. Cuando el sofrito esté pochado añádelo a la carne y mezcla bien.

Para formar los mix. 
  1. Asegúrate que el círculo de la piña esté relleno de carne.
  2. Aplastar los extremos formando las bolas como las de la foto. 
  3. Hornea durante 40 - 45 minutos (depende del grosor y del punto de cocción que guste a cada uno). 
  4. Si se hace con la airfryer, cocinar a 180 ºC durante 15/20 minutos.
  5. Servir con la salsa agridulce por encima.

· SALSA AGRIDULCE ·

Ingredientes
  • 2 cucharadas de azúcar glasé
  • 1 cucharada de fécula de maíz
  • 2 cucharadas de salsa de soja
  • 3 cucharadas de ketchup
  • 3 cucharadas de vinagre de arroz
  • 2 cucharadas de vino de arroz o vino blanco
  • 100 mililitros de agua
Elaboración
Mezcla todos los ingredientes y calienta en un cazo hasta que la salsa espese, no deben quedar grumos.




Podéis colaborar con vuestras recetas, ya sabéis banana o piña? y 5 reglas a tener en cuenta:

  1. consume local...compra más en fruterías y pequeños establecimientos evitando las grandes cadenas que están hundiendo los precios en origen.
  2. cuando tu bolsillo te lo permita, compra productos de precio justo... si no puedes siempre, ayuda de vez en cuando con pequeñas compras. 
  3. piensa que ciertos productos bio no son ni mejores ni peores para tu salud pero sí lo son para quienes los trabajan.
  4. si los gobiernos y organizaciones internacionales no miran por el bienestar de la personas, hazlo tú... no los condenes al olvido.
  5. deseo una vida más justa y más sana, como la mía... ojalá algún día, todo el mundo tenga lo que yo tengo.... ni más ni menos. 





Receta y fotografías @catypol - Circus day.

Ribollita

*Per te
Oggi farò una zuppa, forse toscana, con il suo pane ricco e un po’ di parmigiano. Sedetevi e godetevela con me, avete voglia?

Estábamos en un pequeño restaurante. Yo en la entrada, y él sentado en la barra. No había nadie más; era la hora de comer aquí, aunque en mi país todavía no. Mi estómago protestaba y no quería comer sola.

Un delicioso aroma me alcanzó y me transportó, sin darme cuenta, a ese lugar pequeño: la decoración, el olor que salía de la cocina, y él, que me dejó clavada en la puerta. Cuando oí su voz, salí de mi trance y solo pude asentir. Me acerqué y me senté. Sus pulcras manos se movieron, y como por arte de magia sacó una cuchara.

—Adivina —me dijo.

No dije nada y le sonreí.

No sé qué esperaba; mi mente no podía pensar. Quería algo diferente, estaba cansada de lo mismo, y no me decepcionó. Una copa de vino y buena compañía era más de lo que podía imaginar.

Cuando puso el plato delante de mí, mis ojos se iluminaron y mi corazón latió con fuerza. Las yemas de mis dedos rozaron mis mejillas ruborizadas, y todo mi ser se llenó de felicidad.

Él se levantó, me miró un instante y desapareció. Nunca más volví a verle ni a sentir la magia que ese día respiraron todos mis sentidos. No les puedo asegurar que la sientan igual, pero si cierran los ojos, verán el pequeño restaurante… y él les estará esperando.



Algo nos transportará a la Toscana italiana, mejor nombrar la sopa en italiano pues en realidad en castellano significa recocida (cocinada 2 veces) y no suena muy bien, ¿no? , pero volvamos a todo lo que nos suena bien, a su pan toscano delicioso, y a una mezcla de ingredientes humildes pero muy sabrosos, así es esta sopa, y sabe mejor si se toma el día siguiente.


· RIBOLLITA ·

Ingredientes para 4 personas
  • 4 cucharadas aceite de oliva
  • 80 gramos de cebolla picada
  • 1 diente de ajo picado
  • 250 gramos de alubias blancas cocidas
  • 150 gramos de jamón serrano a taquitos
  • 1 guindilla seca pequeña o 1/2 grande
  • Tomillo y romero (fresco o seco)
  • 100 gramos de zanahoria cortada a cuadrados
  • 80 gramos de apio cortado a rodajas
  • 100 gramos de puerro cortado aros
  • 150 gramos de acelgas cortadas en tiras
  • Sal y pimienta
  • 2 litros de agua
  • 4 rebanadas tostadas de pan 
  • 50 gramos de parmesano recién rallado

Elaboración
  1. Calienta el aceite en una olla, rehoga la cebolla y el ajo sin que lleguen a dorarse, y añade el puerro. Remueve bien para que se integren los sabores, incorpora la zanahoria y, seguidamente, el apio. 
  2. Mezcla de nuevo y rehoga unos minutos.
  3. Añade el agua, remueve y espera a que hierva. 
  4. Cuando rompa a hervir, incorpora la guindilla, el romero, el tomillo, pimienta negra y sal. 
  5. Deja que continúe la cocción.
  6. Mientras tanto, tritura una parte de las alubias blancas y reserva.
  7. Pasados unos cinco minutos de hervor, añade las alubias enteras, la pasta de alubias que has triturado, el jamón y las acelgas. 
  8. Mezcla todo con suavidad y deja hervir unos 20 minutos más.
  9. Sirve la sopa en un cuenco, coloca una rebanada de pan encima y espolvorea con parmesano rallado justo antes de llevarla a la mesa.




Clara, espero que a la Mamma y a A. les guste, por mi parte he descubierto un plato estupendo que se repetirá en casa, seguro, con esta receta participo en el consurso Italia; mucho más que pasta y pizza.


*(Traducción de inicio de página) Hoy tomaré una sopa, si es posible que sea de la Toscana, acompañada de su rico pan y con un poquito de parmesano, siéntate y disfruta conmigo ¿te apetece?.



Relato y fotografías @catypol - Circus day.

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