Señoras y Señores,

Bienvenidos a Circus Day

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Hola,

Soy Caty y dirijo este circo

Foodie, diseñadora gráfica, cuentacuentos y aficionada a la fotografía es un resumen de lo que encontrarás aquí, un circo lleno de recetas, historias y espectáculo. Señoras y señores, mesdames et messieurs, ladies and gentlemen, bienvenidos a Circus day, espero que te guste el show.

The Show

En el blog

Mostrando entradas con la etiqueta Pista Central. Mostrar todas las entradas
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Espagueti al limón

Si alguna vez contara que tuve la suerte de conocerte, nadie me creería. Nos sentábamos cerca del limonero que teníamos en el jardín, y tú me contabas las historias que vivías y que veías por el mundo. Mis ojos, llenos de admiración, brillaban de envidia y soñaban que algún día me tocaría a mí vivirlo.

No pensé que mis historias serían diferentes. Ignorante de mí, tanto soñaba con las tuyas que olvidé vivir las mías propias. Entre enfadada por no ser iguales y decepcionada por la diferencia, dejé pasar un tiempo valioso que nunca más volvió.

A veces es tan simple como dejarse fascinar por los aromas de un simple limonero y quedarse en silencio escuchando madurar los limones; ese punto de acidez ya se encarga la vida de ponerlo.



El toque ácido del limón en el aliño de las ensaladas, el aroma de la piel rallada en los bizcochos, esa frase tan popular: «si la vida te da limones...», o esa limonada fresquita en verano que tanto nos gusta... ¿Verdad que es un fruto que puede contarnos historias? ¿Qué forma parte de nuestro equipaje culinario? ¿Qué es básico y muy apreciado? Esta vez es uno de nuestros ingredientes principales, y lo he convertido en un plato muy sabroso, fresco y sorprendentemente suave al paladar.

Esta es mi aportación salada al nuevo recetario de primavera verano de Cocina Prêt à porter by Kuki Square, de recetas con frutas.

· ESPAGUETIS AL LIMÓN ·

Ingredientes

  • 350 gramos de espaguetis integrales
  • 2 limones
  • 250 gramos de Parmesano rallado
  • 60 gramos de rúcula
  • 200 gramos de crème fraîche
  • Sal y pimienta negra al gusto

Elaboración
  1. En una olla con abundante agua hirviendo con sal, cocina la pasta según las indicaciones de la marca.
  2. Mientras la pasta se cocina ralla la cáscara de los limones y mezcla con el parmesano rallado. 
  3. Limpia la rúcula y pícala en trozos más o menos grandes, añade la rúcula al parmesano y al limón. 
  4. Exprime el zumo de un limón y añade a la mezcla anterior. 
  5. Cuando la pasta esté cocida, cuela y mezcla rápidamente con la rúcula, el parmesano y el limón. 
  6. Remueve para que se impregne la pasta y el queso se derrita.
  7. Añade la crème fraîche. 
  8. Remueve bien y añade un poco de pimienta negra y sal. 
  9. Sirve inmediatamente.


Relato y fotografías @catypol - Circus day.

Pasta rellena casera

La mamma no dejaba de dar vueltas en la cocina. Esa mañana había ido al mercado y, entre puestos de tomates y alcachofas, había escuchado a los más chismosos hablar de un concurso de pasta con un gran premio en metálico. Y bueno… ella necesitaba reformar toda la cocina para poder dedicarse profesionalmente a lo que mejor sabía hacer: cocinar. Su sueño era servir, desde casa, a quien quisiera probar su comida.

Estaba nerviosa, inquieta, incluso más parlanchina de lo habitual, cuando el papà entró para tomarse un café. Afuera hacía un frío de mil demonios —como le gustaba decir a él—, y a media mañana solía dejar sus quehaceres para entrar en calor… aunque en realidad, lo que más le gustaba era ver trajinar a la mamma entre cazuelas. Le hacía sonreír verla tan concentrada, tan atareada, que ni se daba cuenta de su presencia. La admiraba en silencio, hasta que ella se giraba y lo encontraba allí, junto a la puerta, mudo y completamente enamorado. Entonces ella le sonreía y le lanzaba un beso al aire, que él recogía con la mano y se llevaba al corazón.

Mi fratello y yo, siempre que hablamos de eso, sentimos el corazón encogido. No creemos que vayamos a encontrar a alguien como él en nuestra vida, y eso —aunque lo digamos riendo—, nos da un poco de envidia.

A la hora de comer, estábamos todos sentados a la mesa, con la nonna presidiéndola, como siempre. Entonces la mamma desató su pasión: nos anunció que quería participar en el concurso con su receta de pasta rellena. Todos la miramos como si ya hubiera ganado, y esa confianza familiar la emocionó especialmente. En nuestra casa, la confianza es ingrediente esencial.

El papà la abrazó, la besó y le susurró algo al oído que hizo que todos pusiéramos los ojos en blanco y sonriéramos, incluso la nonna. Sabíamos que ella añoraba al nonno, y nosotros también.

Para mostrarnos su gratitud, la mamma nos cocinó su famosa pasta rellena de espinacas. Le hicimos la ola, le cantamos palabras de cariño, y disfrutamos como nunca de ese plato tan suyo, tan nuestro. Nadie podía ganarle. Porque sí, ella era única en la cocina. La mejor.



Es una pena que hace una semana Clara fuera eliminada del concurso de Master Chef, una pena porque ella era la candidata perfecta para ganarlo, de ella hay poco que decir a estas alturas. Para unos era una bloguera con la compartimos recetas, nos animó a elaborar pan para el reto Bake the World, nos retó a concursar y a demostrar que hay más sobre la gastronomía italiana que la pizza y la pasta, en fin. Para otros ahora será la aprendiz de chef que ha elaborado el mejor ravioli del programa, en realidad es hasta ahora el mejor plato que se ha cocinado allí, y no lo dudo, ella lo hace muy bien.

· PASTA RELLENA DE MOZZARELLA, ESPINACAS Y CEBOLLA CARAMELIZADA CON SALSA DE ALBAHACA ·


Para la masa:

100 g de harina
1 huevo grande
1 cucharada de agua

Para el relleno:
1 cebolla pequeña
1 cucharadita de azúcar
1 cucharada de aceite de oliva virgen extra
1 bola de mozzarella de búfala
2 puñados de espinacas frescas
Sal al gusto

Para la salsa:
100 ml de aceite de oliva virgen extra
1 cucharada de albahaca fresca picada


Preparar el relleno:
  1. Pela, limpia y pica la cebolla en brunoise fina. Reserva.
  2. Lava y corta las espinacas en trozos pequeños.
  3. Tritura la mozzarella con una picadora o córtala en dados muy pequeños. Reserva.
  4. En una sartén, calienta el aceite y rehoga la cebolla hasta que esté blanda (sin que se dore).
  5. Añade el azúcar y remueve para que se caramelice ligeramente.
  6. Incorpora las espinacas y cocina hasta que reduzcan y se ablanden.
  7. Retira del fuego y deja enfriar por completo.
  8. Una vez frío, añade la mozzarella al sofrito y mezcla bien. Ajusta de sal al gusto. Reserva.

Preparar la masa:
  1. En un bol (o en la amasadora), mezcla la harina con el huevo y el agua hasta obtener una masa uniforme.
  2. Amasa unos minutos hasta que la masa esté suave y sin grumos. Si es necesario, termina de amasar a mano.
  3. Cubre y deja reposar unos 20 minutos mientras preparas el relleno y los utensilios.
  4. Estira la masa con rodillo o máquina de pasta: comienza por el grosor más ancho (nº 1 o 2) y ve afinando hasta el nº 5 o 6. Cuanto más fina, mejor, pero sin que se rompa.
  5. Con un cortapastas o vaso, corta círculos de masa del tamaño deseado.

Formar la pasta rellena:
  1. Coloca una cucharadita del relleno en el centro de cada círculo de masa.
  2. Pincela los bordes con un poco de agua.
  3. Dobla y presiona bien los bordes, procurando que no quede aire dentro.
  4. Repite con toda la masa y relleno.

Cocer la pasta y preparar la salsa:
  1. En una olla grande con abundante agua y sal, hierve la pasta rellena durante unos 3 minutos (hasta que flote y esté al dente).
  2. Mientras, calienta suavemente el aceite en un cazo sin que llegue a hervir. Añade la albahaca y emulsiona con una cuchara o batidor.
  3. Cuando la pasta esté lista, escúrrela bien y sírvela caliente, aliñada con la salsa de albahaca por encima.




No es un ravioli invertido pero es una delicia de pasta rellena, a nosotros nos encantó, espero lo disfruten. 


Relato y fotografías @catypol - Circus day.

Espagueti O'Scarpariello

No recordaba cómo había llegado a parar dentro de aquel autocar lleno de turistas; solo recordaba que no quería estar sola. ¡En fin! Ya estaba dentro. Al no haber espacio, me senté al lado de una joven con pañuelo en la cabeza que no hacía más que mirarme. Al otro lado iban sentados dos chicos que no paraban de discutir sobre la madre de uno de ellos. En el asiento delante del mío estaba un señor, solo, dormido y roncando. Y detrás, un grupo de señoras maravilladas con cada cosa que veían por la ventana.

Junto al conductor iba el guía, un abuelete con camisa floreada, fan de Enrico Caruso, porque cada vez que cogía el micrófono nos señalaba y empezaba con un «’O sole mio». Cuando vio que no sabíamos mucho de ópera, pasó al «Dimmi quando tu verrai». Venir, venir… Más bien éramos nosotros los que íbamos a algún lugar, pero me acostumbré a ello, tanto que cuando la gente le contestaba «dimmi quando, quando, quando», el «’O sole mio» quedó en el olvido.

Hicimos una parada por ahí, entre Aversa y Sorrento, para estirar las piernas, desperezarnos, respirar un poco de aire marinero, comer pasta y disfrutar del sol de la Campania. La joven que se sentaba a mi lado al fin dejó de mirarme para admirar el paisaje; la pareja que antes discutía se sentó en la terraza de un pequeño café, besándose. Y sí, los demás miraban embobados a su alrededor. ¿Por qué será que Italia tiene ese efecto en la gente que la visita?
 


La historia de este plato parece estar vinculada a la tradición de los “scarpari” (zapateros). Durante el descanso del trabajo, los zapateros solían comer pasta, espagueti, penne rigate o paccheri, sazonados con salsa de tomate, queso y albahaca.

Por la red se pueden encontrar muchas recetas rápidas de esta salsa, yo he decidido hacer una versión un poco más elaborada, es la que hacemos en casa cuando la preparo. Es una salsa con gran cantidad de ajo, pero que eso no os influya a la hora de prepararla, la mezcla de manteca, albahaca y el tomate hace del conjunto una delicia. La pasta fresca es una delicia aunque casi siempre me lio con los números de la máquina de pasta.

· PASTA FRESCA CON SALSA SCARPARIELLO O SCARPARO ·


Ingredientes para 4 personas
  • 7 dientes de ajo pelados y picados
  • 3 cdas. albahaca picada
  • 2 cdas. de mantequilla 
  • 1/2 cebolla grande brunoise
  • 6 cdas. de aceite de oliva 
  • 1 hoja de laurel
  • 500 g de tomate pelado y troceado
  • 125 ml de vino blanco seco
  • 100 g de tomate cherry pera
  • Sal y pimienta al gusto
  • 350 g de pasta fresca

Elaboración
  1. Mezcla los ajos picados con la albahaca picada y la mantequilla, hasta obtener una pasta. 
  2. Reserva. 
  3. Limpia y corta los tomates cherry pera por la mitad, si son muy grandes a cuñas. 
  4. Reserva. 
  5. En una cacerola baja rehoga la cebolla en el aceite caliente, añade la hoja de laurel y el tomate troceado, sal y pimienta.
  6. Rehoga todo. 
  7. Añade el vino y deja cocinar todo a cacerola destapada, hasta que espese. 
  8. Echa los tomates cherry pera. 
  9. Por último añade la pasta que tenías reservada de mantequilla, ajo y albahaca. 
  10. Remueve todo hasta que la manteca se integre bien con la salsa y retirar del fuego.
  11. Ten la pasta que quieras usar, seca o fresca, cocinada.
  12. Sirve con la salsa y unas hojas de albahaca.


Y con esta receta participo en el concurso del blog Con las zarpas en la masa patrocinado por Homenaje a la cocina y Blume. Y GANO EL TERCER PUESTO ;)



Relato y fotografías @catypol - Circus day.

Puré de patatas

Cinco estudiantes de intercambio se perdieron en una callejuela estrecha detrás de una conocida librería de Londres. Creían estar en camino hacia el Museo Británico, pero acabaron en una especie de mercado alternativo que parecía sacado de un libro raro.

¿Esto es el callejón Diagón? —preguntó Marta, riéndose.

Sí, claro, y yo soy Harry Potter —respondió Lucas, rodando los ojos.

En una esquina, junto a una tienda de libros viejos, había un carrito de comida con un cartel que decía:
“Puré de patatas profético — gratis hasta agotar existencias.”

Gratis —dijo Sofía—. ¿Qué puede salir mal?

El puré estaba increíble. Cremoso, caliente y con mucha mantequilla. Mientras comían, el dueño del carrito, un señor con un sombrero gigante con forma de embudo, los observaba con una sonrisa.

¿Sabían que este puré revela cosas sobre tu futuro? —les dijo, señalando su sombrero—. Yo no adivino con cartas ni bolas de cristal.

Los estudiantes rieron, pero Marta, por curiosidad, preguntó—¿Y qué ves en nosotros?

El hombre se acercó, los miró con aire teatral y dijo —Veo que habéis perdido algo importante… como la orientación, por ejemplo.

Eso ya lo sabemos —dijo Diego.—¿Y esto? —preguntó Inés, levantando una pequeña bolsa de tela que encontró en su bolsillo. Dentro había tres monedas de oro con un mapa dibujado en relieve.

¡Eso lo dejaste en el carrito! —le dijo el hombre—. Son monedas de cambio de la tienda de libros. Si las usas bien, te dan pistas para encontrar la salida__rió el señor.




Esta es mi versión de lo que considero el mejor puré de patata que he probado, el clásico puré francés del chef Joël Robuchon, quien dedicó un libro entero a las patatas. Su secreto: mucha mantequilla fresca y remover vigorosamente el puré. Para obtener un buen puré de patata, necesitas saber dos cosas: primero, la calidad de las patatas. Elige patatas amarillas con almidón, para un puré cremoso y suave, ya que tienen más humedad. El segundo consejo es nunca procesar las patatas. Usa un prensapatatas o un pasapurés manual. Ambas opciones trituran las patatas sin que queden pegajosas. Si procesas las patatas con una batidora de mano o un procesador de alimentos, el procesamiento libera más gluten y hace que el puré quede como pegamento. #diadelpuredepatatas


· PURÉ DE PATATAS ·

  • 500 g de patatas
  • 85 g de mantequilla, fría cortada a trozos pequeños
  • 235 ml de leche
  • 60 ml de nata
  • Sal al gusto

Elaboración
  1. Lava bien las patatas y córtalas por la mitad horizontalmente. Las mitades deben ser muy similares para que se cocinen uniformemente. 
  2. Colócalas en una olla grande y cúbrelas con agua fría, dejando unos 2,5 cm por encima de las patata. Añade media cucharada de sal gruesa por cada cuarto de agua de la olla. 
  3. Una vez que el agua alcance el punto de ebullición, baja el fuego a medio bajo y cocina a fuego lento las patatas sin tapar durante unos 20 minutos o hasta que la hoja de un cuchillo insertado en la patata la atraviese fácilmente.
  4. Trabaja rápidamente con las patatas aún calientes. 
  5. Escurre las patatas, pélalas y pásalas por el pasa purés o el prensapatatas. 
  6. Ponlas una sartén a fuego medio y remueve enérgicamente durante 4 minutos con una espátula de madera, dejando que se evapore el exceso de agua. 
  7. Empieza a añadir los trocitos de mantequilla fría, poco a poco, integrándolos bien y removiendo enérgicamente. 
  8. Hierve la leche y la nata y añádelas a la mezcla de patatas, en un chorro, hasta que se absorban por completo. 
  9. Dependiendo del nivel de humedad de las patatas, podría ser necesario ajustar la cantidad de leche, no querrás un puré sólido ni líquido. 
  10. Así que ve poco a poco al final para asegurarte de obtener la consistencia adecuada. 
  11. Si necesita añadir más leche, hazlo en caliente. 
  12. Prueba de sal y sirve.







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Pollo frito

En Shimoda, un pequeño pueblo costero, Haruki vivía una vida tranquila y rutinaria. Tenía veintitrés años, trabajaba a tiempo parcial en una tienda de manga y el resto del tiempo dibujaba el suyo propio, que llevaba años sin terminar. Su único lujo: un pollo frito de la combini los viernes por la tarde.

Todo habría seguido igual si no fuera por la llegada de Carmen. Carmen era su nueva vecina, una española de pelo rizado, voz alta y carácter muy entrometido. Había llegado al edificio con una bicicleta roja, una maleta gigante y una bola de discoteca bajo el brazo.

—¿Tú sabes dónde venden buen karaage? —le preguntó el primer día, asomándose por su ventana.

Haruki, que apenas hablaba con nadie que no fuera de papel o tinta, solo señaló hacia la combini de la esquina.

Carmen no se dio por vencida. A la semana siguiente, ya se había infiltrado en su rutina de viernes.

—Hoy lo compramos juntos, ¿vale? Y luego me enseñas ese manga tuyo que escondes.

El pollo frito crujía bien. El manga, según Carmen, «necesitaba más besos y menos peleas». Haruki se sonrojó. Ella se rió. Así empezó un verano raro.

Cada tarde salían en bicicleta. Carmen llevaba su bola de discoteca atada al manillar, diciendo que cualquier sitio podía ser una pista de baile si uno lo deseaba lo suficiente. Algunas noches subían al tejado del edificio, colgaban la bola con una cuerda de tender y la alumbraban con la linterna del móvil. Bailaban en silencio, con los grillos de fondo y la luna iluminando las vistas.

Un día, Carmen no tocó a su ventana. Ni al siguiente. Haruki esperó una semana antes de decidirse a subir al tejado con la bola de discoteca que ella había dejado olvidada. Allí, junto a la cuerda y un sobre con su nombre, encontró una nota:

«Me vuelvo a casa, pero tu historia no termina. Que tu manga tenga pollo frito, bicicletas y una bola brillante. Y también algún beso. Nos vemos en otra página».

Esa noche, Haruki dibujó hasta que salió el sol. El protagonista ya no peleaba tanto. Sonreía más. Y llevaba una bicicleta roja.




Considerada la Martha Stewart japonesa, Harumi Kurihara es, además de famosa en su país, una gran cocinera que ha traspasado fronteras y nos ha traído sus recetas. Ella se considera una ama de casa corriente pero con ocasión de viajar mucho y observar desde fuera su país, dice que una persona conoce verdaderamente su país cuando lo ha contemplado desde fuera, cuando conoce cómo lo ven los demás.

Yo tengo uno de sus libros, Harumi cada día, y sus recetas son deliciosas, y para que veáis que se puede disfrutar de un plato japonés con ingredientes que tenemos cerca, y que sabe deliciosamente bien, esta es una de las recetas que más me ha gustado de ese libro. Servido en un cuenco, o acompañando un poco de arroz japonés, o con fideos, según Harumi esta receta tiene mucho éxito entre sus lectores, y eso que tiene más de veinte años.

En el libro nos detalla una lista de ingredientes que suele tener en casa para cocinar, uno que me ha gustado mucho es la fécula de patata o Katakuriko. Ella dice que espesa los líquidos mejor que la harina o la fécula de trigo, además los fritos quedan más crujientes. Yo era un poco escéptica sobre ese punto, ¿más crujiente?, ¿harina de patata?, pues sí, así es, y en la primera foto se ve.

· POLLO FRITO CON SALSA DE PUERROS ·


Ingredientes para 4 personas (raciones pequeñas) 
  • 500 g de muslos de pollo, deshuesados con piel
  • 1/2 cucharada de salsa de soja
  • 1/2 cucharada de sake
  • Fécula de patata para rebozar el pollo
  • Aceite para freír

Para la salsa
  • 1 puerro
  • 100 ml salsa de soja
  • 1 cda. sake
  • 30 ml vinagre de arroz
  • 1 1/2 cdas. de azúcar
  • 1/2 cda. de aceite
  • 1 guindilla sin semillas picada

El pollo.
  1. Para el pollo, (perfora la piel con un tenedor, corta los trozos grandes por la mitad). 
  2. En mi caso corté las pechugas (usé pechugas pues era lo que tenía en casa) en trozos medianos, perforé igual para que el condimento entrara bien. 
  3. Deja la carne unos 10 minutos en la salsa de soja y el sake. 
  4. Ves removiendo para que se impregnen bien.

La salsa. 
  1. Pica muy fino el puerro. 
  2. Calienta el aceite en una sartén y cuando esté caliente saltea el puerro y la guindilla. 
  3. Yo sólo el puerro. 
  4. Aparte mezcla, la salsa de soja, el sake, el vinagre de arroz y el azúcar, en un cuenco. 
  5. Agrega esta preparación a la sartén, y remueve. 
  6. Cuando el azúcar se disuelva retira del fuego. 

El pollo. 
  1. Saca el pollo del adobo.  
  2. Rebózalo con la fécula de patata. 
  3. Mientras calienta aceite en una sartén y cuando esté caliente fríe el pollo. 
  4. Una vez hecho déjalo encima de papel de cocina para que absorba el exceso de aceite. 
  5. Pon el pollo en una fuente y cúbrelo con la salsa.




Relato y fotografías @catypol - Circus day.

Hot Dog

Heredar la casa de tía Ana fue como si me hubieran dado un premio que creo no merezco.
De pequeño pasaba allí las vacaciones de verano, en un caserón grande, con servicio y casi siempre lleno de amigos y amigas. Mi tía era una mujer muy popular.

Desde luego, mis veranos en su casa fueron muy divertidos. Aunque durante el día no la veía mucho, siempre se encargaba de darme las buenas noches y apagar la luz de mi habitación.
Su cumpleaños caía en verano, así que, durante los días previos, iba y venía encargando tal o cual cosa para la fiesta. A esa fiesta yo también estaba invitado y podía acostarme tarde, tardísimo, y eso me encantaba.

Por la tarde me metía en la cocina y veía al personal correr de un lado a otro. Los hot dogs formaban parte del menú —cosa que me encantaba—, también el cava y el vino, que yo probaba a escondidas cuando los invitados dejaban sus copas.
Sentía entonces un mareo que me hacía sentir como si estuviera en un barquito en alta mar.
Al día siguiente, mi dolor de cabeza era notable, y mi tía me abrazaba… pero no me sermoneaba.
Y eso me hacía sentir el mejor sobrino del mundo, a pesar de todo.

Cuando crecí, se terminaron los veranos en su casa. Yo prefería ir con mis amigos; después, una cosa llevó a la otra, y no volví más… hasta hoy.
Sentado en la cocina del caserón, solo, recuerdo y veo a los fantasmas del personal ir y venir, ese hot dog que me comía con placer, y la tarta de cumpleaños.
Aún escucho las risas y la música del salón. Casi podría verla pasear por la casa, saludando a unos y a otros, recibiendo regalos, y vigilando que todo saliera bien.




Descubrir que puedo controlar lo que como en aquello que normalmente controlan otros me da alegría, poder elegir los ingredientes y que el resultado sea muy bueno me recuerda muchas veces a mi niñez. El olor que hacía la tienda de comestibles cuando para vender el café lo molían al momento y todo se inundaba de un aroma tan bueno que hasta yo que no había probado nunca el café me lo imaginaba. Ir a buscar la leche con una lechera cada tarde para luego ver como la hervían, y que buena la nata, ¿verdad?. Recuerdo el repartidor de bebidas, gaseosa, naranjada, limonada, y piña mallorquina, una bebida que parece cola pero no lo es.

No, no estoy nostálgica, al menos en este momento ya que la receta de hoy lo dice bien claro, hot dog casero y no tengo ningún recuerdo en mi niñez que mi madre hiciera salchichas, más bien las compramos frescas y bien hechas en una de las carnicerías del pueblo. Pero me recordó a otros tiempos, cuando controlamos bien lo que comíamos, pues era cercano o propio o sabíamos de su origen.

Para la receta de esta entrada descubrí algunas cosas, un chutney de Mango y un ketchup casero que vale la pena, además de unos envases de tubo muy divertidos para rellenarlos de la salsas y acompañar la salchicha que esta vez he querido que pareciese una salchicha tipo Frankfurt o vienesa para parecer un hot dog, pero casero. Un fast food que me apetecía mucho.

Con estos tubos rellenos de salsas presenté el plato. El abrelatas de la foto de abajo ya tiene unos años, tiene un accesorio que hace años se usaba para abrir las latas de conserva y que yo he usado para el cierre del tubo. Después hice unas pegatinas para colocar y distinguir el tipo de salsa que va dentro de cada tubo. Use una manga para rellenarlos y así de fácil es.

Las salchichas las cociné primero al vapor y después las marqué en la plancha, quedan perfectas. Usé un poco de pimentón de la Vera para darle el color y sabor ahumado. También hice un poco de cebolla caramelizada para acompañarla, ese punto dulce le da un sabor muy rico.


· SALCHICHA CASERA · HOT DOG ·


Rinde: 4 salchichas (de 80–90 g aprox.)

Para las salchichas:
  • 2 contramuslos de pollo (sin piel ni hueso)
  • 1/2 cebolla
  • 1 diente de ajo
  • 1/2 zanahoria (pelada)
  • 1 trocito pequeño de remolacha
  • 1 huevo
  • 1 cucharadita de pimentón de la Vera (si te gusta ahumado)
  • Sal al gusto
  • Pimienta negra molida al gusto
  • Film transparente
  • Hilo de cocina

Salchichas caseras
  1. En una picadora, tritura el huevo junto con la cebolla, el ajo, la zanahoria y la remolacha hasta obtener una mezcla homogénea. 
  2. Añade los contramuslos de pollo troceados, la sal, la pimienta y el pimentón, y vuelve a triturar hasta conseguir una masa compacta y bien integrada.
  3. Cortar trozos de film transparente, coloca porciones de la mezcla en el centro y forma cilindros del tamaño de una salchicha. 
  4. Enrolla bien el film haciendo presión y ata los extremos.
  5. Cuece las salchichas al vapor durante 7 minutos. 
  6. Deja templar unos minutos, retira el film con cuidado y dora en una plancha o sartén con un poco de aceite hasta que estén ligeramente tostadas por fuera.

Presentación
Sirve las salchichas en pan tipo hot dog, acompañar de cebolla caramelizada y tus salsas favoritas. 

Nota: Si prefieres la carne picada del supermercado, 300 - 350 gramos sería el equivalente más o menos.






*Los tubos se pueden encontrar por Internet en empresas que vendan utensilios de cocina y catering.

Receta y fotografía @catypol - Circus day.

Crema de zanahoria morada

Cuando la vi me pareció perfecta, preciosa, me enamoré, sí, estoy hablando de una receta, aunque podría hablar de una criatura, también, o de varias pues hoy es el día propicio para ello. Hoy es un día especial para los papis, recordemos aquellos maravillosos tiempos en los que nos armábamos de paciencia y le dábamos a nuestros bebes las primeras cremas, papillas, purés, y nos soplaban con la boca llena y terminábamos del color de la verdura de turno.

O cuando íbamos a alguna reunión y nos damos cuenta que teníamos una mancha, intentábamos camuflarla si podíamos con la chaqueta, para terminar sacando una foto de la cartera, ahora del móvil, y enseñar la foto, mi bebé__ nos justificamos. O cuando vamos a la compra, la criaturita en el carro y le da por llorar a viva voz, mocos, llanto, ruido, la gente te mira como si hubieras apaleado a la criatura, y tú sonríes, jeje tiene sueño__ replicas.

Nuestras pupilas destilan amor, puro, incomprensible, insomne amor. Nuestro vocabulario parece haber vuelto al paleolítico, es más gutural, y la ridiculez la dejamos plantada en la puerta de casa, pues cuando cruzamos el umbral nos convertimos en monos, cantantes, aviadores, princesas, modelos...y seguimos radiando amor, por que a pesar de todo nuestro cari, peque, rey, cuqui, moni...sabe perfectamente que a quién le cae la baba no es a él, sino a los papis, verdad?

Esta por papá...


· CREMA DE ZANAHORIA MORADA ·

Ingredientes
  • 500 g zanahoria morada
  • 1 cebolla grande
  • 2 patatas medianas
  • 1/2 l de caldo de pollo o verduras (un poco más por si tuvieramos que añadir)
  • Aceite de oliva
  • Sal
  • 1 pizca de chile en polvo
  • 1 cdta. de curry en polvo
  • Queso de cabra
  • Pipas de girasol
  • Pipas de calabaza

Elaboración
Pica la cebolla y rehoga con un poco de aceite en una olla. 
Añade las zanahorias moradas, limpias, peladas y cortadas en trozos pequeños. 
Añade también las patatas, peladas y cortadas a trozos del mismo tamaño que las zanahorias. 
Sala. 
Añade el chile y el curry, prueba y correge si fuera necesario, mezcla bien. 
Rehoga unos cinco minutos y añade el caldo. 
Deja cocer a fuego lento durante 30 minutos, o hasta que al pinchar la verdura esté cocida. 
Retira del fuego y tritura. 
Si el puré es muy espeso añade un poco más de caldo y mezcla o tritura.
Sirve en cuencos o platos con un poco de queso de cabra y una cucharada de pipas.




Con zanahoria morada también tenemos un bizcocho en este enlace.



· Feliz día del padre ·




Relato y fotografías @catypol - Circus day

Fabes con almejas

Era un viejo Citroën heredado de una benefactora que hacía mucho que no lo conducía. El vehículo estaba destinado a llevar a las hermanas al mercado del pueblo una vez por semana. Nadie sospechaba que aquello iba a convertirse en el acontecimiento más emocionante del convento.

El primer día que la hermana Teresa lo arrancó, el motor tosió, protestó… y luego rugió de una manera atronadora. Las gallinas salieron corriendo hacia el gallinero. La madre superiora se hizo la señal de la cruz tres veces seguidas.

—Hermana Teresa… ¿sabe usted conducir? —preguntó con voz temblorosa.

—Soy mejor que Bruce McLaren —respondió ella, serena.

A partir de entonces, los viajes al mercado dejaron de ser simples recados. El Citroën subía cuestas imposibles, adelantaba tractores y aparcaba como si fuera un milagro. El pueblo empezó a esperar los miércoles como si fueran fiestas patronales. Sor Teresa al volante era la nueva atracción.

Pero el clímax llegó el día en que la carretera quedó bloqueada por un rebaño de ovejas. El pastor observaba la escena comiendo unas fabes y no movió ni un dedo para apartarlas.

La hermana Teresa bajó del coche, miró la escena y murmuró:

—Esto requiere fe… y embrague.

Subió, rezó brevemente a san Pistón Bendito y aceleró. Las monjas pensaban que de esa no salían vivas, pero el rebaño decidió apartarse a tiempo. Casi se escuchó desde el monasterio el suspiro de alivio de las hermanas.

Desde entonces, en el convento nadie volvió a decir «Dios obra milagros de formas misteriosas» sin añadir en voz baja:

—… o a veces conduce un Citroën.



Hace 20 años que tengo esta receta, en ese momento coleccionaba recetas, extraño para mi pues no andaba mucho por la cocina y era una comensal horrorosa, pero la guardé. Así que es mi primera vez que hago este plato, ya sabes que a elección (@JosinhoSilva) cocinamos una receta eligiendo un tema en común, y por temporada, tiempo y por que nos gusta se ha elegido platos que se comen con cuchara.

· FABES CON ALMEJAS · 

Ingredientes 
  • 600 g de fabes
  • 500 g de almejas
  • 2 cebollas
  • 2 dientes de ajo
  • 2 vasos de agua
  • 1 vaso de vino blanco
  • 3 tomates
  • Aceite
  • 1 cda. perejil picado
  • 1/2 cda. pimentón dulce
  • Sal y pimienta blanca

Elaboración
  1. Pon las fabes en remojo el día anterior. 
  2. Al día siguiente pone una olla con agua fría y echa las fabes escurridas dentro, junto con 1 tomate partido en trozos, 1 cebolla troceada, los 2 dientes de ajo pelados y cortados a trozos y un chorro de aceite. 
  3. Deja cocer durante 1 hora y 45 minutos. 
  4. Tienes que "asustar" las fabes cada vez que rompa a hervir añadiendo agua fría.
  5. En una cazuela con un poco de aceite sofríe la otra cebolla picada, y cuando se dore añade los tomates restantes a trocitos y el pimentón. 
  6. Deja cocer y añade las almejas lavadas, el vaso de vino, el agua, el perejil picado y salpimienta. 
  7. Cuando se abran las almejas, añade las fabes escurridas. 
  8. Deja cocer 10 minutos y sirve en la misma cazuela.





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Burguer de pavo y puré

En pleno febrero, con el viento frío y esa luz grisácea que parece querer entrar por las rendijas de las ventanas, don Manuel se paseaba por el barrio con su bicicleta roja. Pero no era una bicicleta cualquiera, tenía el manillar tan pulido que reflejaba los pocos rayos de sol que asomaban y una caja de cartón, vieja y remendada, con publicidad de hamburguesas, atada con una cuerda en la parte trasera.

Don Manuel era fácil de reconocer. Su gran bigote, espeso y orgulloso. Caminaba despacio, con esa solemnidad de quien sabe que su bigote era observado.

La caja de cartón, por su parte, contenía lo que para don Manuel era un tesoro, ¡cientos de cromos! Algunos viejos, arrugados, otros nuevos, como si acabaran de salir de la tienda. Todos ellos iban destinados a los niños del parque, que esperaban ansiosos el paseo semanal del señor del bigote.

Aquella tarde de febrero, mientras atravesaba la plaza, una ráfaga de viento hizo que la caja se moviera y, de repente, algunos cromos salieron volando como pequeñas mariposas de papel. Don Manuel, sin perder la compostura, soltó una carcajada profunda y dejó que los cromos volaran a donde fuera, él tenía destino.




· HAMBURGUESAS DE PAVO CON PURÉ ·


Ingredientes para la hamburguesa
  • 1 bulbo de hinojo
  • 1 zanahoria mediana
  • 1 cdta. de aceite de oliva
  • 2 hojas de acelga sin pencas
  • 1 cucharadita de perejil picado
  • 500 g carne picada de pavo o pollo
  • 1 cda. de soja
  • Semillas de sésamo para rebozar, opcional
Ingredientes para el puré
  • 1 cebolla 
  • 2 dientes de ajo
  • 1 cda. de aceite de oliva
  • 1 coliflor
  • 250 ml agua
  • Sal y pimienta al gusto
Para las hamburguesas:
Preparar las verduras:
  1. Lava y corta en trozos pequeños el bulbo de hinojo y la zanahoria.
  2. En una sartén, calienta una cucharadita de aceite de oliva y saltea el hinojo y la zanahoria durante unos 5-7 minutos, hasta que estén tiernos. Reserva y deja enfriar.
Preparar la acelga:
  1. Limpia las hojas de acelga, retirando las pencas más duras. Pícalas finamente.
Mezclar la carne:
  1. En un bol grande, mezcla la carne picada de pavo o pollo con el hinojo y la zanahoria salteados, la acelga picada, el perejil picado y la cucharada de salsa de soja.
Formar las hamburguesas:
  1. Mezcla bien todos los ingredientes hasta que estén integrados. Forma bolas con la mezcla y aplánalas ligeramente para dar forma de hamburguesa.
Rebozar:
  1. Si quieres, rebózalas ligeramente en semillas de sésamo para aportar textura y sabor.
Cocinar:
  1. Cocina las hamburguesas en una sartén antiadherente a fuego medio durante unos 5-6 minutos por cada lado, o hasta que estén bien cocidas y doradas por fuera.
Para el puré:
Preparar las verduras:
  1. Pela y pica la cebolla y los dientes de ajo.
Sofreír:
  1. En una olla, calienta una cucharada de aceite de oliva y sofríe la cebolla y el ajo hasta que estén transparentes y fragantes.
Cocinar el coliflor:
  1. Añade la coliflor cortada en ramilletes a la olla, junto con el agua, la sal y la pimienta al gusto. Cocina a fuego medio hasta que la coliflor esté tierna, aproximadamente 15-20 minutos.
Triturar:
  1. Una vez cocida la coliflor, tritura todo con una batidora hasta obtener un puré suave y cremoso.


Presentación:
Sirve las hamburguesas de pavo acompañadas con el puré de coliflor caliente. Puedes decorar con un poco de perejil fresco picado o unas semillas de sésamo por encima para dar un toque especial.



Para el concurso de recetas sanas del blog de Margot cosas de la vida, con la colaboración de Nútrim, Cook & World y Hoy del día.

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Ñoquis de espelta

En el pequeño pueblo de Pizzofalcone, encaramado en una colina de los Apeninos, el tiempo no pasaba; se quedaba sentado en un banco a ver quién cruzaba la plaza. Don Pasquale, el párroco, era tan sordo que el Vaticano le enviaba las instrucciones en letras de un palmo, pero él seguía convencido de que su oído era el de un lince.

Esa tarde entró en el confesionario Antonella, la «viuda alegre» del pueblo, famosa por sus escotes y por tener un jardín sospechosamente bien cuidado por todos los hombres solteros de la región.

—Padre, me acuso de haber caído en la tentación con el panadero —susurró Antonella, pegando los labios a la rejilla de madera.

—¿Qué dices del paradero? —gritó don Pasquale, cuya voz retumbaba en las vigas del siglo XII—. ¿Te has perdido en el monte? ¡A tu edad deberías conocer ya los caminos, hija!

Antonella suspiró y subió el volumen, consciente de que en el primer banco la señora Carmela estaba prácticamente metiendo la oreja por la cerradura.

—¡No, padre! ¡Que me he acostado con el panadero! ¡Con Giuseppe!

—¿Que te ha costado un euro el paquete? —replicó el cura, indignado—. ¡Es un robo! ¡Ese Giuseppe es un usurero! Yo le dije que la harina había bajado, pero ni caso. ¡Pecado de codicia!

—¡Que no es el dinero, don Pasquale! —bramó Antonella, ya con la cara del color de una salsa de tomate—. ¡Que hubo fuego! ¡Pasión! ¡Que el horno no era lo único que estaba caliente en esa tahona!

Hubo un silencio sepulcral en la iglesia. Don Pasquale se rascó la oreja con el dedo meñique, pensativo.

—Ah... que se te ha quemado el pan —concluyó con tono paternal—. Mira, Antonella, eso nos pasa a todos. Te pones a hablar con las vecinas y el horno hace lo que quiere. No hace falta que vengas aquí a llorar por cuatro hogazas chamuscadas; mejor come ñoquis. Dios perdona los descuidos culinarios, pero no la pérdida de tiempo.

Antonella, frustrada, se levantó del banco de madera haciendo crujir la estructura con fuerza.

—¡Padre, que soy una pecadora, no una mala cocinera!

—¡Y no me grites! —sentenció el cura desde detrás de la cortina—. Reza dos avemarías y dile a Giuseppe que, si vuelve a venderte el pan quemado, vendré yo mismo a cerrarle el negocio. ¡Vete en paz y mira por dónde caminas, no te vuelvas a perder en el paradero!

Antonella salió de la iglesia bufando, mientras la señora Carmela ya corría hacia la fuente para contarle a todo el pueblo que el pan de Giuseppe era caro, estaba quemado y que Antonella tenía «problemas de orientación».




En Italia, el término "gnocchi" se usa para señalar a una cantidad de pastas bastante amplia, aunque los más frecuentes son los de patata. Otros son preparados "alla romana", con sémola e incluso harina de maíz del tipo maicena, existiendo variaciones regionales y locales. Un antecedente de los ñoquis fueron los zanzarelli (‘mosquitos’) que se preparaban para los banquetes de la Lombardía renacentista, con una masa en la cual se mezclaban miga de pan, leche y almendras trituradas. En el Seicento (siglo XVII) los zanzarelli sufrieron un leve cambio en el nombre y la preparación. Se les llamó malfatti (‘mal-hechos’) y en lugar de las almendras y la miga de pan se usaba una masa simple de harina, agua y huevo.

Para cada variedad de zanzarelli existían por su parte variedades coloreadas, por ejemplo existían los zanzarelli verdes empastados con remolacha y espinaca, predominando para el color verde, la espinaca, así como los zanzarelli amarillos realizados con una mixtura de azafrán y calabaza. Luego aparecieron los malfatti blancos empastados con carne de pollo siendo su ingrediente principal la zanahoria. 

Los signori (señores feudales) solían ser los dueños de los molinos en donde los contadini (campesinos) molían el trigo para hacer harina de frumento (trigo) con la cual preparaban sus pastas, en cierto momento los signori decidieron aumentar las tasas de los precios que los contadini pagaban para poder moler el trigo. Ante el repentino encarecimiento de la harina de trigo, los campesinos italianos experimentaron exitosamente con un substituto de la harina; el puré de patatas.

Usualmente el puré de patata para ñoquis se prepara con añadido de leche e incluso manteca y una cantidad adecuada de harina de trigo (la mínima suficiente como para asegurar la cohesión del puré durante el hervor), más raramente con huevos. Este puré suele ser realizado con un elemento llamado prensapuré que hace más homogéneo y fino al puré sin necesidad de añadirle demasiada agua o leche (el puré para los ñoquis debe tener bastante consistencia), luego se hacen con esta «masa-puré» pequeños bollos (gnocchi) de casi una pulgada (se sabe que los ñoquis poseen la consistencia adecuada si al amasarlos no se pegan en las manos ni en la mesa o mesada ni se desarman en el agua), para facilitar su cocción homogénea en el agua hirviente a la cual deben ser arrojados.

Previamente se les producen unas pequeñas acanaladuras con un tenedor (aunque también existe un pequeño y sencillo instrumento de madera que produce tales acanaladuras al deslizar por encima la masa). Como se ha indicado, los ñoquis se arrojan en agua hirviendo y se retiran, mediante un colador grande, cuando estos flotan en el agua. En el área de la Toscana de Italia se suele ingerir con queso de ricota y espinacas, a esta variante la denominan strozzapreti, o ‘estrangulador de curas’.

· ÑOQUIS DE CALABAZA Y HARINA DE ESPELTA CON SALSA PESTO DE BROCOLI · 



Para los ñoquis:
500 g de calabaza (puede ser asada o cocida y escurrida)
200-250 g de harina de espelta (aproximadamente)
1 huevo (opcional, para dar más consistencia)
Sal al gusto
Nuez moscada (una pizca, opcional)

Para la salsa pesto de brócoli:
200 g de brócoli (solo las flores)
50 g de nueces o piñones
1 diente de ajo pequeño
50 g de queso parmesano rallado (puedes usar levadura nutricional para versión vegana)
100 ml de aceite de oliva virgen extra
Sal y pimienta al gusto


Preparar la calabaza:
  1. Pela la calabaza y córtala en trozos.
  2. Cocina la calabaza al vapor o ásala en horno a 180 °C durante 20-30 minutos hasta que esté tierna.
  3. Tritura la calabaza con un tenedor o procesador hasta obtener un puré fino. Déjala enfriar.

Hacer la masa de ñoquis
  1. En un bol grande, mezcla el puré de calabaza con el huevo (si lo usas), la sal y la nuez moscada.
  2. Añade la harina de espelta poco a poco mientras mezclas con las manos o una espátula.
  3. Amasa ligeramente hasta obtener una masa suave, que no se pegue a las manos.
  4. Si la masa queda demasiado pegajosa, añade un poco más de harina, con cuidado de no excederte para que los ñoquis queden tiernos.
Formar los ñoquis
  1. Divide la masa en porciones pequeñas.
  2. Sobre una superficie enharinada, haz rollos largos con la masa y córtalos en trozos de 2 cm aproximadamente.
  3. Si quieres, marca cada ñoqui con un tenedor para crear las clásicas rayas que ayudan a agarrar la salsa.
Cocinar los ñoquis
  1. Pon a hervir una olla grande con agua con sal.
  2. Cocina los ñoquis en tandas pequeñas. Estarán listos cuando floten en la superficie (unos 2-3 minutos).
  3. Retíralos con una espumadera y resérvalos en un recipiente.
Preparar la salsa pesto de brócoli
  1. Blanquea el brócoli en agua hirviendo con sal durante 2-3 minutos hasta que esté verde brillante y tierno.
  2. Escurre y enfría rápidamente en agua con hielo para mantener el color.
  3. En un procesador de alimentos, añade el brócoli, las nueces/piñones, el ajo, el queso parmesano, sal y pimienta.
  4. Tritura mientras añades el aceite de oliva poco a poco hasta obtener una salsa cremosa y homogénea. Ajusta de sal y pimienta al gusto.
Montaje
  1. Mezcla los ñoquis ya cocidos con la salsa pesto de brócoli, calentando ligeramente si hace falta.
  2. Sirve con un poco más de queso rallado por encima y unas hojas frescas de albahaca o perejil para decorar.




Relato, fotografías y rediseño del logo hecho @catypol - Circus day

Chuletas a la bechamel

El Rey Sol, Luis XIV, paseaba por la Galería de los Espejos con un humor de perros. Las guerras contra la Gran Alianza le estaban costando una fortuna y, lo peor de todo, el estrés le estaba quitando el apetito por las chuletas.

A su lado, tratando de mantener el ritmo de las zancadas reales, iba Louis de Béchameil, su jefe de casa y un financiero que sabía más de salsas que de asedios.

—¡Béchameil! —tronó el rey, deteniéndose ante un ventanal—. Guillermo de Orange me está tocando las narices en los Países Bajos. Necesito más oro para los cañones. ¡Fundid la vajilla de plata! ¡Toda!

Béchameil palideció. Para un hombre que vivía por y para la etiqueta de la mesa, fundir la plata era como pedirle a un ángel que se cortara las alas.

Majesté, por favor —suplicó Béchameil con una reverencia que casi hizo que su peluca tocara el suelo—. Si fundimos la plata, ¿en qué serviremos el rodaballo? ¿En platos de barro como si fuéramos campesinos? ¡El prestigio de Francia está en su salsa, no solo en su pólvora!

—¡El prestigio de Francia está en que mis fronteras no retrocedan un palmo! —rugió Luis XIV—. Si tengo que comer con las manos sobre una tabla de madera para pagar a mis mosqueteros, lo haré. ¡Es una guerra total!

Béchameil suspiró. Sabía que discutir con el Rey Sol cuando estaba en modo «conquistador» era inútil, pero su mente de maestro no descansaba.

—Está bien, Sire. Fundiremos la plata. Pero tengo una condición —dijo Béchameil con audacia—. Si vamos a comer en loza barata, necesito que la comida sea tan sublime que nadie se fije en el plato. He estado experimentando con una mezcla de velouté y crema, algo suave, blanco, perfecto...

El rey lo miró de reojo, impaciente. —¿Y cómo piensas llamar a ese invento mientras mis soldados pasan hambre en el Rin?

—La llamaré salsa bechamel, mon Roi. Así, aunque Francia esté en bancarrota por vuestras gloriosas batallas, mi nombre sobrevivirá, al menos, en los libros de cocina.


[RETO TIA ALIA]
Algo que me gusta mucho de éste reto mensual es el libre albedrío a la hora de hacer la receta, no hay que pesar ingredientes, a veces muy genérico y siempre divertido. En el caso de éste mes, pasa lo mismo, nos habla de chuletas, pero chuletas ¿de qué? ¿de cerdo? ¿de cordero?, ninguna cantidad específica por lo que en mi caso poca cantidad y de cordero, y servir acompañado, ¿sí o no?, por eso es la entrada más gustosa, y la hago como se hacía antes, sin peso, sin cantidades y a ojo, esa licencia me la permito en este reto y me gusta mucho. 



Las recetas escritas a máquina me recuerdan a cuando yo aprendí a escribir a máquina, usábamos una Olivetti línea 98, nos tapaban las teclas y debíamos seguir el texto de un libro de texto, no podíamos usar corrector y no debíamos mirar el texto que íbamos escribiendo, se notaba un montón la fuerza de algunos dedos y la debilidad de otros. ¿Y el ruido? tac, tac, tac...no puedo evitar remontarme a tiempos pasados cuando llega este reto, y es que las recetas de un tiempo pasado también forman parte de un presente estén escritas a máquina o no. 




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Garbanzos Ras el Hanout

En algún rincón polvoriento del desierto de Marruecos, dos camellos descansaban junto a un oasis diminuto, de esos que parecen una alucinación.

—Si no aparecen pronto, me como el sombrero del mercader —gruñó Omar. 
—Tú no tienes dientes —le dijo Fabio riendo.

En eso, llegó un mercader de burros. Tiraba de una carreta cargada con cuatro burros y una olla enorme. De ella emanaba un aroma celestial.

—¿Eso son… garbanzos? —preguntó Fabio. 
—¡No cualquier garbanzo! ¡Es Ras el Hanout, receta secreta de mi bisabuela! —exclamó el mercader, mientras sacaba un plato humeante de su carreta.

Antes de que pudieran discutir sobre herencias culinarias, aparecieron del cielo cuatro cuervos. Uno llevaba en el pico una lámpara de aceite vieja y polvorienta, que dejó caer justo entre los camellos.

—¿Esto es lo de Aladino? —preguntó Omar—. ¿Tú crees que sale un genio?

Por supuesto, la frotaron. En lugar de un genio, salió una nube de humo que tosió, estornudó y formó la figura de un tipo desaliñado con ojeras.

—¡Ay, otra vez! ¿Qué quieren ahora? ¿Riqueza, amor, wifi? —preguntó enfadado. 
—Solo queríamos saber si los garbanzos llevan comino —dijo Omar. 
—Y si podemos repetir —añadió Fabio.

El genio los miró. Luego miró al mercader. Luego a los cuervos, que empezaban a picotear la olla.

—Me voy —dijo—. Esto es demasiado surrealista incluso para mí.

Y, ¡puf!, desapareció dejando una lluvia de purpurina y olor a canela. Esa noche, bajo las estrellas y rodeados de animales, compartieron el mejor plato de garbanzos al Ras el Hanout que se haya cocinado jamás en un oasis perdido. Y la lámpara... la usaron para calentar el té.





El nombre de esta mezcla de especias en árabe significa literalmente la cabeza de la tienda, haciendo referencia a la mejor mezcla de especias que el mercader puede ofrecer. No existe una receta única del ras el hanout, cada vendedor o cocinero lo elabora de una forma especial. La mía no la elaboré yo, la compré hecha y me gustó por lo suave que es, mezclada con legumbres y un toque de limón me gustó mucho, no sé si tanto como para pedir al genio de la lámpara lo mismo que ellos pero si para repetir.

· GARBANZOS RAS EL HANOUT ·

Ingredientes para 2

  • 2 cdas. de aceite de oliva
  • 1 cebolla picada
  • 2 dientes de ajo picados
  • 1/2 cdta. chile picado
  • 1 cdta. de Ras el Hanout
  • Sal y pimienta al gusto
  • 1/2 taza de pasta de tomate
  • 2 tazas de hojas de espinaca, picada
  • 400 g de garbanzos, enjuagados y escurridos
  • El jugo de medio limón
  • 1 puñado de hojas de cilantro para adornar
  • Para servir (opcional) con pan marroquí y una cucharadita de yogur.
Elaboración
  1. Calienta el aceite en una sartén grande a fuego medio. 
  2. Cocina la cebolla, el ajo y el chile durante unos 5 minutos hasta que estén blandos.
  3. Añade el Ras el Hanout. Mezcla bien. 
  4. Añade la pasta de tomate. Cocina 1 minuto. 
  5. Añade las espinacas y garbanzos. Cocina y remueve ocasionalmente hasta que la espinaca se ha ablandado (alrededor de 3 a 4 minutos). 
  6. Retira del fuego. 
  7. Agrega el jugo de limón. 
  8. Sazona con sal y pimienta. 
  9. Adorna con cilantro.
  10. Sirve caliente con pan marroquí y una cucharada de yogur para acompañar.


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Espagueti all'arancia

Mi vecina italiana vino a vivir a nuestro país por amor, dijo que cuando vio a su hombre su corazón latió deprisa y no podía dejar de mirarlo; así que, sin pensarlo, se lo ligó y se vinieron a vivir al lado de casa. Él era técnico de telefonía, por lo que viajaba mucho por todo el territorio nacional, mientras ella se dedicaba a sus cosas. Decía que no quería ser ama de casa, eso era parecido a ser como una ama de llaves vieja y sin estilo, y que no, lo suyo eran sus cosas.

Cocinar, cocinaba… ¡hummm! Bueno, lo intentaba, al menos con la pizza y la pasta, pero poco más allá de eso no la sacaban, así que venía a casa para que mi madre la enseñara. Mientras cocinaban, hablaba sin parar, gesticulaba, decía tacos y bebía vino. A mi madre no le importaba, pero por su cara parecía que hubiera preferido tener menos ruido en la cocina, sobre todo por la risa de su aprendiz. Cuando mi madre la "graduó", hizo tal escándalo que pensamos que hasta su marido la había oído desde donde fuera que estuviera.

No nos extrañó que quisiera invitarnos a comer para agradecernos la atención, e incluyó al marido. Allí fuimos un domingo al mediodía. A su favor diré que olía muy bien cuando entramos en su casa. Dijo que nos había cocinado all’arancia —la palabra no nos sonaba bien, por lo que mi madre, por si acaso, tenía plan B.

Cuando nos sentamos a la mesa de la italiana, todo estaba delicioso. Por la cara que puso mi madre, podemos decir que estaba feliz, así que le pidió a la vecina que le enseñara a cocinar italiano, o eso que ella sabía hacer. Un mes después, mi madre hablaba sin parar, gesticulaba, decía tacos y bebía vino, y cocinar, cocinaba… ¡hummm! Bueno, lo intentaba.



Esta entrada es para Carmen, una bloguera que tuve la suerte de conocer en la kedada de Madrid hace ya un año, ahora ella cumple su segundo cumpleblog y nos invita a celebrarlo con recetas en las que uno de sus ingredientes sean las naranjas. Parece fácil, ¿eh? pero no creas, yo he tenido que rebuscar para encontrar algo que no fuese dulce, que no quería yo, que fuese fácil y claro que fuese Circus, que es donde yo me divierto más.

Supongo que muchos ya conocen esta receta, yo no, la desconocía totalmente, he tenido que visitar algunos blogs italianos para enterarme bien de la composición y después adaptarla a mi gusto. Y bien, he aquí el resultado, al que yo he añadido trocitos de jamón de pato por lo del pato a la naranja pero es un ingrediente cosa mía, los italianos le ponen desde anchoa, hasta aceitunas.

La idea es presentarlo dentro de una naranja debidamente limpia, es solo una idea de presentación ya que es más fácil comerlo dentro de un plato, pero como es un cumple hay que ponerlo bonito. Carmen espero que te guste la receta de cumple, la hice con mucha ilusión y ganas, el resultado sorprendentemente muy rico, no es ácida para nada y con el queso la mezcla está muy buena. Lo del jamón de pato le da un toque extra.

 · SPAGHETTI ALL'ARANCIA ·


Ingredientes para 4
  • 350 g de espagueti
  • 2 naranjas 
  • 1 cebolla pequeña (o mediana, cortada en brunoise)
  • 4 cdas. de aceite de oliva
  • Sal al gusto
  • 1 vaso de caldo (aprox. 200 ml)
  • 2 chorritos de brandy o vino blanco seco
  • Queso Parmesano rallado, al gusto
  • Jamón de pato a dados, opcional
Elaboración
  1. Exprime el zumo de una naranja y resérvalo.
  2. Pela la naranja con cuidado de no llevarte la parte blanca amarga y corta la piel en tiras finas y daditos pequeños (aproximadamente 2 cdas.). Reserva.
  3. En una sartén, sofríe la cebolla en el aceite de oliva hasta que esté transparente.
  4. Añade la piel de naranja en tiras y los daditos, sofríe un poco más.
  5. Agrega el zumo de naranja, remueve bien.
  6. Añade el brandy, remueve y luego incorpora el caldo y la sal. 
  7. Deja reducir a fuego medio hasta que la salsa espese un poco.
  8. Cocina los espaguetis según las instrucciones del paquete hasta que estén al dente.
  9. Sirve los espaguetis con la salsa por encima y, si quieres, añade los dados de jamón de pato. Espolvorea con queso parmesano rallado al gusto.

Con esta receta participo en el concurso de recetas con naranjas del blog Rezetas de Carmen.




Fotografías @catypol - Circus day.

Sopa de gambas

Malee vive en Chiang Mai, que significa literalmente “la nueva ciudad”. Ella es muy curiosa e imaginativa, la única chica en la familia Suwanwimolkul, una familia numerosa que se dedica a las flores, por lo que viven a las afueras de la ciudad, donde tienen los viveros. Somchai también vive en la misma ciudad. De carácter tranquilo y simpático, es el único hijo de la familia Choochaimangkhala. Ellos se dedican a la agricultura, por lo que también viven a las afueras de la ciudad. Aunque no cerca de la familia Suwanwimolkul, sí siguen el mismo camino para repartir lo que cada familia cosecha.

Malee está enamorada de Somchai. ¿Y Somchai? Él parece muy ocupado y no suele hacerle caso a Malee, pero no la pierde de vista cuando se encuentran en el festival Yi Peng. Si la ve rodeada de muchos chicos, le compra un tom yam kung y espanta a todos con solo mirarlos. Eso hace que Malee no deje de sonreír. ¡Cuántas noches imaginándose pasear con él cogidos de la mano! Pero él nunca le ha mostrado interés en cogérsela. Ella cree que no se atreve por sus hermanos; él piensa que ella es demasiado atrevida. Y entre una y otro, la historia se va tejiendo poco a poco.

Con ganas de avanzar, Malee le escribe cartas y las esconde debajo de las piedras del camino que separa a las dos familias. Después, le hace un mapa a Somchai indicándole cómo encontrarlas. Somchai le gruñe sin asustarla; ella se ríe, esperanzada. Somchai espera la última hora de la tarde para hacer el recorrido y quedarse con las cartas; ella espera al amanecer para asegurarse de que las ha recogido. Y así, entre tarde y temprano, el cortejo empieza y acaba: él, latiéndole el corazón al compás de cada palabra leída; ella, deseando una respuesta de sus labios; él, sonriendo con la lectura; ella, suspirando por ganar la batalla.




Tom Yam Kung es una sopa originaria de Tailandia y uno de los platos más representativos del país.
"Tom" significa hervido o sopa. "Yam" se refiere a una mezcla, a menudo utilizada para describir ensaladas picantes y ácidas. "Kung" (o goong) significa gambas o langostinos.
Por tanto, Tom Yam Kung es literalmente una “sopa hervida, ácida y picante con gambas”.

Es muy popular no solo en Tailandia, sino también en Laos y en otros países del sudeste asiático. Suele servirse como entrada o plato principal, a menudo acompañada de arroz jazmín. Se considera una sopa que estimula el apetito y el metabolismo, ideal para climas cálidos y húmedos. En Tailandia es habitual encontrarla en festivales, comidas familiares e incluso en puestos callejeros.

¡Voy al grano! Su elaboración es muy sencilla. Lo más complicado, quizás, sea encontrar algunos ingredientes como el lemongrass o la pasta de curry rojo. Yo los encontré en el supermercado chino, y si tienes alguno asiático cerca, probablemente tú también los encuentres sin problema. Por lo demás, no tiene misterio.

Puedes acompañarla con arroz, o tomarla tal cual. Eso sí: tiene un punto picante —no llega a adormecer la lengua, pero se nota— y está realmente deliciosa.

· SOPA DE GAMBAS CON CURRY Y COCO · 

Ingredientes para 4
  • 2 cdas. de aceite de oliva virgen extra
  • 1/2 cebolla, picada en brunoise
  • 3 dientes de ajo, picados
  • 1/2 cdta. de comino molido
  • 1 cda. de pasta de curry rojo
  • 1 l de caldo de verduras
  • 1 trozo de jengibre fresco, pelado
  • 1 lemongrass, a trozos
  • 1 jalapeño, troceado
  • Granos de pimienta
  • Cilantro
  • 2 cdas. de salsa de pescado
  • 1 lata de leche de coco (400 ml aprox.)
  • 350 g de gambas, sin cáscara y desvenadas
  • 2 champiñones, en rodajas
  • El zumo de 1 lima
  • Cilantro picado para decorar
Elaboración
  1. En una olla grande, calienta el aceite a fuego medio. Añade la cebolla y sofríe hasta que esté transparente.
  2. Incorpora el ajo picado, el comino y la pasta de curry rojo. Remueve bien y cocina durante 1 minuto para que se liberen los aromas.
  3. Añade el caldo de verduras, el jengibre, el lemongrass, el jalapeño, los granos de pimienta, las ramas de cilantro y la salsa de pescado. Remueve y lleva a ebullición.
  4. Reduce el fuego y deja cocinar durante 20 minutos para que el caldo se infusione con todos los sabores.
  5. Cuela el caldo y vuelve a ponerlo en la olla, desechando los sólidos.
  6. Añade la leche de coco, las gambas, los champiñones y el zumo de lima. Cocina a fuego medio durante unos 5 minutos, hasta que las gambas estén hechas.
  7. Sirve caliente, decorado con cilantro fresco picado.



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