Señoras y Señores,

Bienvenidos a Circus Day

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Hola,

Soy Caty y dirijo este circo

Foodie, diseñadora gráfica, cuentacuentos y aficionada a la fotografía es un resumen de lo que encontrarás aquí, un circo lleno de recetas, historias y espectáculo. Señoras y señores, mesdames et messieurs, ladies and gentlemen, bienvenidos a Circus day, espero que te guste el show.

The Show

En el blog

Mostrando entradas con la etiqueta Pista Central. Mostrar todas las entradas
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Espagueti Scarparo

No recordaba cómo había ido a parar dentro de aquel autocar repleto de turistas; solo recordaba que no quería estar sola. ¡En fin! Ya estaba allí. Al no haber sitio libre, me senté al lado de una joven con pañuelo en la cabeza que no hacía más que mirarme. Al otro lado iban dos chicos discutiendo sin tregua sobre la madre de uno de ellos. En el asiento de delante roncaba un señor solitario, profundamente dormido. Y detrás, un grupo de señoras no paraba de maravillarse con cada detalle que desfilaba tras el cristal.

Junto al conductor viajaba el guía: un abuelete con camisa floreada, devoto confeso de Enrico Caruso, pues cada vez que empuñaba el micrófono nos señalaba y arrancaba con «’O sole mio». Cuando comprobó que la ópera no era lo nuestro, cambió el tercio y pasó al «Dimmi quando tu verrai». Venir, venir… Más bien éramos nosotros los que íbamos hacia alguna parte; pero le pillé el gusto a la tonadilla, tanto que, cuando el pasaje entero le hacía los coros al son de «dimmi quando, quando, quando», el «’O sole mio» quedó sepultado en el olvido.

Hicimos un alto en el camino por ahí, entre Posillipo y Mergellina, para estirar las piernas, espabilarnos, llenar los pulmones de brisa marina, comernos un buen plato de pasta y dejarnos acariciar por el sol de Nápoles. La joven que viajaba a mi lado dejó por fin de clavar sus ojos en mí para contemplar el golfo; la pareja que antes discutia acabó sentada en la terraza de un pequeño café, besándose. Los demás contemplaban embobados cuanto los rodeaba. ¿Por qué será que esta ciudad produce siempre ese hechizo en quien la pisa?

 
Espagueti típico de Nápoles con tomatitos cherry y albahaca

Espagueti napolitano con tomates cherry y albahaca



La historia de esta salsa se sitúa originalmente en la primera mitad del siglo XIX, entre los callejones de los famosos Quartieri Spagnoli (Barrios Españoles) de Nápoles, una zona obrera con una alta concentración de artesanos y remendones. Los zapateros de la época solían trabajar en talleres diminutos o directamente en plena calle. Al tener jornadas laborales agotadoras y muy poco tiempo para comer, necesitaban un plato contundente que pudiera prepararse con rapidez o que se pudiera despachar directamente sobre el banco de trabajo.

El lunes era tradicionalmente el día de descanso del gremio. Ese día, sus esposas preparaban la comida aprovechando las sobras del emblemático ragú napolitano del copioso almuerzo dominical. Como casi toda la carne del ragú ya se había consumido la víspera, la salsa restante se estiraba y enriquecía añadiendo abundante queso rallado para hacerla más saciante.

La abundancia de queso en la despensa de un zapatero tiene una explicación histórica de lo más curiosa. En aquellos tiempos de escasez, muchos de los clientes —sobre todo campesinos llegados de los alrededores— carecían de dinero en efectivo para pagar el arreglo de sus botas o tacones. Por eso se volvió costumbre saldar las deudas mediante el trueque o pago en especie, entregando trozos de quesos curados como el pecorino romano o el parmesano (Parmigiano Reggiano). Al fundir todos estos excedentes lácteos con la salsa dominical y un puñado de albahaca fresca, nacía una emulsión increíblemente cremosa.

Con el paso del tiempo y la gradual desaparición del oficio tradicional, la receta experimentó una transición lógica: el denso y laborioso ragú dominical de los lunes fue sustituido por un sofrito rápido a base de tomates frescos, utilizando sobre todo variedades locales como el tomate del Piennolo o tomates cherry bien maduros.

Por la red encontrarás muchas versiones exprés de esta salsa, pero yo me he decantado por una fórmula un poco más mimada. Lleva una cantidad generosa de ajo, pero que eso no te eche para atrás a la hora de meterte en harina: la combinación de la mantequilla con la albahaca y el tomate convierte el plato en una auténtica delicia. Si la acompañas con pasta fresca no te vas a arrepentir; y si te animas a prepararla casera, mucho mejor, que es justo como la hice yo —aunque casi siempre me lío con los números de la máquina de pasta—.


Pasta fresca con salsa Scarparo


Ingredientes para 4 personas:
  • 350 g de pasta fresca (tipo espaguetis o tagliatelle)
  • 500 g de tomates maduros (tipo pera, datterini o cherry), lavados y cortados por la mitad
  • 3-4 dientes de ajo pelados y ligeramente aplastados
  • 50 g de queso Parmigiano Reggiano rallado fino
  • 50 g de queso Pecorino Romano rallado fino
  • 40 g de mantequilla (o una cucharada de manteca de cerdo, al estilo antiguo)
  • 4-5 cucharadas de aceite de oliva virgen extra
  • 1 ramillete generoso de albahaca fresca
  • 1 trocito de guindilla fresca o copos de peperoncino (opcional)
  • Sal y pimienta negra recién molida

Elaboración:
  1. En una sartén amplia y honda, vierte el aceite de oliva virgen extra y añade los dientes de ajo enteros y la guindilla si la usas. 
  2. Deja dorar a fuego medio-suave hasta que el ajo empiece a bailar y perfumar el aceite, con cuidado de que no se queme. 
  3. Si prefieres un sabor más suave, retira los ajos en este punto.
  4. Sube ligeramente el fuego y echa los tomates a la sartén. 
  5. Añade una pizca de sal y la mitad de las hojas de albahaca rotas con las manos. 
  6. Saltea durante unos 8 o 10 minutos a fuego vivo, aplastando algunos trozos con el envés de la cuchara de madera para que suelten su jugo pero sin deshacerlos del todo; deben conservar textura y frescura.
  7. Mientras la salsa coge cuerpo, pon a hervir abundante agua con sal en una olla grande. 
  8. Cuece la pasta fresca justo el tiempo necesario para dejarla bien al dente (suele bastar con 2 o 3 minutos). Importante: reserva un vaso del agua de cocción antes de colar.
  9. Con ayuda de unas pinzas, pasa la pasta directamente de la olla a la sartén con la salsa de tomate. 
  10. Añade la mantequilla y medio cucharón del agua de cocción que habías reservado. 
  11. Saltea a fuego medio durante un minuto, removiendo con energía para que el almidón empiece a emulsionar con el jugo del tomate y la grasa.
  12. Retira la sartén por completo del fuego. 
  13. Agrega la mezcla de quesos rallados (pecorino y parmesano) y el resto de la albahaca fresca. 
  14. Remueve o saltea de manera continua y enérgica: el calor residual fundirá los quesos con el agua de cocción, creando una crema sedosa, brillante y densa que envolverá cada hebra de pasta sin apelmazarse.
  15. Emplata de inmediato, rematando con un golpe de pimienta negra recién molida, unas hojas tiernas de albahaca fresca y, si te apetece, un poco más de queso rallado por encima.


Pasta fresca casera hecha con harina y huevo

Espagueti O'Scarpariello típico de Nápoles con tomates cherry


Y con esta receta participo en el concurso del blog Con las zarpas en la masa patrocinado por Homenaje a la cocina y Blume. Gané el premio aleatorio.



Relato y fotografías @catypol - Circus day.

Puré de patatas

Cinco estudiantes de intercambio se perdieron en una callejuela estrecha detrás de una conocida librería de Londres. Creían estar en camino hacia el Museo Británico, pero acabaron en una especie de mercado alternativo que parecía sacado de un libro raro.

¿Esto es el callejón Diagón? —preguntó Marta, riéndose.

Sí, claro, y yo soy Harry Potter —respondió Lucas, rodando los ojos.

En una esquina, junto a una tienda de libros viejos, había un carrito de comida con un cartel que decía:
“Puré de patatas profético — gratis hasta agotar existencias.”

Gratis —dijo Sofía—. ¿Qué puede salir mal?

El puré estaba increíble. Cremoso, caliente y con mucha mantequilla. Mientras comían, el dueño del carrito, un señor con un sombrero gigante con forma de embudo, los observaba con una sonrisa.

¿Sabían que este puré revela cosas sobre tu futuro? —les dijo, señalando su sombrero—. Yo no adivino con cartas ni bolas de cristal.

Los estudiantes rieron, pero Marta, por curiosidad, preguntó—¿Y qué ves en nosotros?

El hombre se acercó, los miró con aire teatral y dijo —Veo que habéis perdido algo importante… como la orientación, por ejemplo.

Eso ya lo sabemos —dijo Diego.—¿Y esto? —preguntó Inés, levantando una pequeña bolsa de tela que encontró en su bolsillo. Dentro había tres monedas de oro con un mapa dibujado en relieve.

¡Eso lo dejaste en el carrito! —le dijo el hombre—. Son monedas de cambio de la tienda de libros. Si las usas bien, te dan pistas para encontrar la salida__rió el señor.




Esta es mi versión de lo que considero el mejor puré de patata que he probado, el clásico puré francés del chef Joël Robuchon, quien dedicó un libro entero a las patatas. Su secreto: mucha mantequilla fresca y remover vigorosamente el puré. Para obtener un buen puré de patata, necesitas saber dos cosas: primero, la calidad de las patatas. Elige patatas amarillas con almidón, para un puré cremoso y suave, ya que tienen más humedad. El segundo consejo es nunca procesar las patatas. Usa un prensapatatas o un pasapurés manual. Ambas opciones trituran las patatas sin que queden pegajosas. Si procesas las patatas con una batidora de mano o un procesador de alimentos, el procesamiento libera más gluten y hace que el puré quede como pegamento. #diadelpuredepatatas


· PURÉ DE PATATAS ·

  • 500 g de patatas
  • 85 g de mantequilla, fría cortada a trozos pequeños
  • 235 ml de leche
  • 60 ml de nata
  • Sal al gusto

Elaboración
  1. Lava bien las patatas y córtalas por la mitad horizontalmente. Las mitades deben ser muy similares para que se cocinen uniformemente. 
  2. Colócalas en una olla grande y cúbrelas con agua fría, dejando unos 2,5 cm por encima de las patata. Añade media cucharada de sal gruesa por cada cuarto de agua de la olla. 
  3. Una vez que el agua alcance el punto de ebullición, baja el fuego a medio bajo y cocina a fuego lento las patatas sin tapar durante unos 20 minutos o hasta que la hoja de un cuchillo insertado en la patata la atraviese fácilmente.
  4. Trabaja rápidamente con las patatas aún calientes. 
  5. Escurre las patatas, pélalas y pásalas por el pasa purés o el prensapatatas. 
  6. Ponlas una sartén a fuego medio y remueve enérgicamente durante 4 minutos con una espátula de madera, dejando que se evapore el exceso de agua. 
  7. Empieza a añadir los trocitos de mantequilla fría, poco a poco, integrándolos bien y removiendo enérgicamente. 
  8. Hierve la leche y la nata y añádelas a la mezcla de patatas, en un chorro, hasta que se absorban por completo. 
  9. Dependiendo del nivel de humedad de las patatas, podría ser necesario ajustar la cantidad de leche, no querrás un puré sólido ni líquido. 
  10. Así que ve poco a poco al final para asegurarte de obtener la consistencia adecuada. 
  11. Si necesita añadir más leche, hazlo en caliente. 
  12. Prueba de sal y sirve.







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Pollo frito

En Shimoda, un pequeño pueblo costero, Haruki vivía una vida tranquila y rutinaria. Tenía veintitrés años, trabajaba a tiempo parcial en una tienda de manga y el resto del tiempo dibujaba el suyo propio, que llevaba años sin terminar. Su único lujo: un pollo frito de la combini los viernes por la tarde.

Todo habría seguido igual si no fuera por la llegada de Carmen. Carmen era su nueva vecina, una española de pelo rizado, voz alta y carácter muy entrometido. Había llegado al edificio con una bicicleta roja, una maleta gigante y una bola de discoteca bajo el brazo.

—¿Tú sabes dónde venden buen karaage? —le preguntó el primer día, asomándose por su ventana.

Haruki, que apenas hablaba con nadie que no fuera de papel o tinta, solo señaló hacia la combini de la esquina.

Carmen no se dio por vencida. A la semana siguiente, ya se había infiltrado en su rutina de viernes.

—Hoy lo compramos juntos, ¿vale? Y luego me enseñas ese manga tuyo que escondes.

El pollo frito crujía bien. El manga, según Carmen, «necesitaba más besos y menos peleas». Haruki se sonrojó. Ella se rió. Así empezó un verano raro.

Cada tarde salían en bicicleta. Carmen llevaba su bola de discoteca atada al manillar, diciendo que cualquier sitio podía ser una pista de baile si uno lo deseaba lo suficiente. Algunas noches subían al tejado del edificio, colgaban la bola con una cuerda de tender y la alumbraban con la linterna del móvil. Bailaban en silencio, con los grillos de fondo y la luna iluminando las vistas.

Un día, Carmen no tocó a su ventana. Ni al siguiente. Haruki esperó una semana antes de decidirse a subir al tejado con la bola de discoteca que ella había dejado olvidada. Allí, junto a la cuerda y un sobre con su nombre, encontró una nota:

«Me vuelvo a casa, pero tu historia no termina. Que tu manga tenga pollo frito, bicicletas y una bola brillante. Y también algún beso. Nos vemos en otra página».

Esa noche, Haruki dibujó hasta que salió el sol. El protagonista ya no peleaba tanto. Sonreía más. Y llevaba una bicicleta roja.




Considerada la Martha Stewart japonesa, Harumi Kurihara es, además de famosa en su país, una gran cocinera que ha traspasado fronteras y nos ha traído sus recetas. Ella se considera una ama de casa corriente pero con ocasión de viajar mucho y observar desde fuera su país, dice que una persona conoce verdaderamente su país cuando lo ha contemplado desde fuera, cuando conoce cómo lo ven los demás.

Yo tengo uno de sus libros, Harumi cada día, y sus recetas son deliciosas, y para que veáis que se puede disfrutar de un plato japonés con ingredientes que tenemos cerca, y que sabe deliciosamente bien, esta es una de las recetas que más me ha gustado de ese libro. Servido en un cuenco, o acompañando un poco de arroz japonés, o con fideos, según Harumi esta receta tiene mucho éxito entre sus lectores, y eso que tiene más de veinte años.

En el libro nos detalla una lista de ingredientes que suele tener en casa para cocinar, uno que me ha gustado mucho es la fécula de patata o Katakuriko. Ella dice que espesa los líquidos mejor que la harina o la fécula de trigo, además los fritos quedan más crujientes. Yo era un poco escéptica sobre ese punto, ¿más crujiente?, ¿harina de patata?, pues sí, así es, y en la primera foto se ve.

· POLLO FRITO CON SALSA DE PUERROS ·


Ingredientes para 4 personas (raciones pequeñas) 
  • 500 g de muslos de pollo, deshuesados con piel
  • 1/2 cucharada de salsa de soja
  • 1/2 cucharada de sake
  • Fécula de patata para rebozar el pollo
  • Aceite para freír

Para la salsa
  • 1 puerro
  • 100 ml salsa de soja
  • 1 cda. sake
  • 30 ml vinagre de arroz
  • 1 1/2 cdas. de azúcar
  • 1/2 cda. de aceite
  • 1 guindilla sin semillas picada

El pollo.
  1. Para el pollo, (perfora la piel con un tenedor, corta los trozos grandes por la mitad). 
  2. En mi caso corté las pechugas (usé pechugas pues era lo que tenía en casa) en trozos medianos, perforé igual para que el condimento entrara bien. 
  3. Deja la carne unos 10 minutos en la salsa de soja y el sake. 
  4. Ves removiendo para que se impregnen bien.

La salsa. 
  1. Pica muy fino el puerro. 
  2. Calienta el aceite en una sartén y cuando esté caliente saltea el puerro y la guindilla. 
  3. Yo sólo el puerro. 
  4. Aparte mezcla, la salsa de soja, el sake, el vinagre de arroz y el azúcar, en un cuenco. 
  5. Agrega esta preparación a la sartén, y remueve. 
  6. Cuando el azúcar se disuelva retira del fuego. 

El pollo. 
  1. Saca el pollo del adobo.  
  2. Rebózalo con la fécula de patata. 
  3. Mientras calienta aceite en una sartén y cuando esté caliente fríe el pollo. 
  4. Una vez hecho déjalo encima de papel de cocina para que absorba el exceso de aceite. 
  5. Pon el pollo en una fuente y cúbrelo con la salsa.




Relato y fotografías @catypol - Circus day.

Perrito caliente

Heredar la casa de tía Ana fue como si me hubieran dado un premio que creo no merezco.
De pequeño pasaba allí las vacaciones de verano, en un caserón grande, con servicio y casi siempre lleno de amigos y amigas. Mi tía era una mujer muy popular.

Desde luego, mis veranos en su casa fueron muy divertidos. Aunque durante el día no la veía mucho, siempre se encargaba de darme las buenas noches y apagar la luz de mi habitación.
Su cumpleaños caía en verano, así que, durante los días previos, iba y venía encargando tal o cual cosa para la fiesta. A esa fiesta yo también estaba invitado y podía acostarme tarde, tardísimo, y eso me encantaba.

Por la tarde me metía en la cocina y veía al personal correr de un lado a otro. Los hot dogs formaban parte del menú —cosa que me encantaba—, también el cava y el vino, que yo probaba a escondidas cuando los invitados dejaban sus copas.
Sentía entonces un mareo que me hacía sentir como si estuviera en un barquito en alta mar.
Al día siguiente, mi dolor de cabeza era notable, y mi tía me abrazaba… pero no me sermoneaba.
Y eso me hacía sentir el mejor sobrino del mundo, a pesar de todo.

Cuando crecí, se terminaron los veranos en su casa. Yo prefería ir con mis amigos; después, una cosa llevó a la otra, y no volví más… hasta hoy.
Sentado en la cocina del caserón, solo, recuerdo y veo a los fantasmas del personal ir y venir, ese hot dog que me comía con placer, y la tarta de cumpleaños.
Aún escucho las risas y la música del salón. Casi podría verla pasear por la casa, saludando a unos y a otros, recibiendo regalos, y vigilando que todo saliera bien.




Descubrir que puedo controlar lo que como en aquello que normalmente controlan otros me da alegría, poder elegir los ingredientes y que el resultado sea muy bueno me recuerda muchas veces a mi niñez. El olor que hacía la tienda de comestibles cuando para vender el café lo molían al momento y todo se inundaba de un aroma tan bueno que hasta yo que no había probado nunca el café me lo imaginaba. Ir a buscar la leche con una lechera cada tarde para luego ver como la hervían, y que buena la nata, ¿verdad?. Recuerdo el repartidor de bebidas, gaseosa, naranjada, limonada, y piña mallorquina, una bebida que parece cola pero no lo es.

No, no estoy nostálgica, al menos en este momento ya que la receta de hoy lo dice bien claro, hot dog casero y no tengo ningún recuerdo en mi niñez que mi madre hiciera salchichas, más bien las compramos frescas y bien hechas en una de las carnicerías del pueblo. Pero me recordó a otros tiempos, cuando controlamos bien lo que comíamos, pues era cercano o propio o sabíamos de su origen.

Para la receta de esta entrada descubrí algunas cosas, un chutney de Mango y un ketchup casero que vale la pena, además de unos envases de tubo muy divertidos para rellenarlos de la salsas y acompañar la salchicha que esta vez he querido que pareciese una salchicha tipo Frankfurt o vienesa para parecer un hot dog, pero casero. Un fast food que me apetecía mucho.

Con estos tubos rellenos de salsas presenté el plato. El abrelatas de la foto de abajo ya tiene unos años, tiene un accesorio que hace años se usaba para abrir las latas de conserva y que yo he usado para el cierre del tubo. Después hice unas pegatinas para colocar y distinguir el tipo de salsa que va dentro de cada tubo. Use una manga para rellenarlos y así de fácil es.

Las salchichas las cociné primero al vapor y después las marqué en la plancha, quedan perfectas. Usé un poco de pimentón de la Vera para darle el color y sabor ahumado. También hice un poco de cebolla caramelizada para acompañarla, ese punto dulce le da un sabor muy rico.


· SALCHICHA CASERA · HOT DOG ·


Rinde: 4 salchichas (de 80–90 g aprox.)

Para las salchichas:
  • 2 contramuslos de pollo (sin piel ni hueso)
  • 1/2 cebolla
  • 1 diente de ajo
  • 1/2 zanahoria (pelada)
  • 1 trocito pequeño de remolacha
  • 1 huevo
  • 1 cucharadita de pimentón de la Vera (si te gusta ahumado)
  • Sal al gusto
  • Pimienta negra molida al gusto
  • Film transparente
  • Hilo de cocina

Salchichas caseras
  1. En una picadora, tritura el huevo junto con la cebolla, el ajo, la zanahoria y la remolacha hasta obtener una mezcla homogénea. 
  2. Añade los contramuslos de pollo troceados, la sal, la pimienta y el pimentón, y vuelve a triturar hasta conseguir una masa compacta y bien integrada.
  3. Cortar trozos de film transparente, coloca porciones de la mezcla en el centro y forma cilindros del tamaño de una salchicha. 
  4. Enrolla bien el film haciendo presión y ata los extremos.
  5. Cuece las salchichas al vapor durante 7 minutos. 
  6. Deja templar unos minutos, retira el film con cuidado y dora en una plancha o sartén con un poco de aceite hasta que estén ligeramente tostadas por fuera.

Presentación
Sirve las salchichas en pan tipo hot dog, acompañar de cebolla caramelizada y tus salsas favoritas. 

Nota: Si prefieres la carne picada del supermercado, 300 - 350 gramos sería el equivalente más o menos.






*Los tubos se pueden encontrar por Internet en empresas que vendan utensilios de cocina y catering.

Receta y fotografía @catypol - Circus day.

Crema de zanahoria morada

Cuando la vi me pareció perfecta, preciosa, me enamoré, sí, estoy hablando de una receta, aunque podría hablar de una criatura, también, o de varias pues hoy es el día propicio para ello. Hoy es un día especial para los papis, recordemos aquellos maravillosos tiempos en los que nos armábamos de paciencia y le dábamos a nuestros bebes las primeras cremas, papillas, purés, y nos soplaban con la boca llena y terminábamos del color de la verdura de turno.

O cuando íbamos a alguna reunión y nos damos cuenta que teníamos una mancha, intentábamos camuflarla si podíamos con la chaqueta, para terminar sacando una foto de la cartera, ahora del móvil, y enseñar la foto, mi bebé__ nos justificamos. O cuando vamos a la compra, la criaturita en el carro y le da por llorar a viva voz, mocos, llanto, ruido, la gente te mira como si hubieras apaleado a la criatura, y tú sonríes, jeje tiene sueño__ replicas.

Nuestras pupilas destilan amor, puro, incomprensible, insomne amor. Nuestro vocabulario parece haber vuelto al paleolítico, es más gutural, y la ridiculez la dejamos plantada en la puerta de casa, pues cuando cruzamos el umbral nos convertimos en monos, cantantes, aviadores, princesas, modelos...y seguimos radiando amor, por que a pesar de todo nuestro cari, peque, rey, cuqui, moni...sabe perfectamente que a quién le cae la baba no es a él, sino a los papis, verdad?

Esta por papá...


· CREMA DE ZANAHORIA MORADA ·

Ingredientes
  • 500 g zanahoria morada
  • 1 cebolla grande
  • 2 patatas medianas
  • 1/2 l de caldo de pollo o verduras (un poco más por si tuvieramos que añadir)
  • Aceite de oliva
  • Sal
  • 1 pizca de chile en polvo
  • 1 cdta. de curry en polvo
  • Queso de cabra
  • Pipas de girasol
  • Pipas de calabaza

Elaboración
Pica la cebolla y rehoga con un poco de aceite en una olla. 
Añade las zanahorias moradas, limpias, peladas y cortadas en trozos pequeños. 
Añade también las patatas, peladas y cortadas a trozos del mismo tamaño que las zanahorias. 
Sala. 
Añade el chile y el curry, prueba y correge si fuera necesario, mezcla bien. 
Rehoga unos cinco minutos y añade el caldo. 
Deja cocer a fuego lento durante 30 minutos, o hasta que al pinchar la verdura esté cocida. 
Retira del fuego y tritura. 
Si el puré es muy espeso añade un poco más de caldo y mezcla o tritura.
Sirve en cuencos o platos con un poco de queso de cabra y una cucharada de pipas.




Con zanahoria morada también tenemos un bizcocho en este enlace.



· Feliz día del padre ·




Relato y fotografías @catypol - Circus day

Fabes con almejas

Era un viejo Citroën heredado de una benefactora que hacía mucho que no lo conducía. El vehículo estaba destinado a llevar a las hermanas al mercado del pueblo una vez por semana. Nadie sospechaba que aquello iba a convertirse en el acontecimiento más emocionante del convento.

El primer día que la hermana Teresa lo arrancó, el motor tosió, protestó… y luego rugió de una manera atronadora. Las gallinas salieron corriendo hacia el gallinero. La madre superiora se hizo la señal de la cruz tres veces seguidas.

—Hermana Teresa… ¿sabe usted conducir? —preguntó con voz temblorosa.

—Soy mejor que Bruce McLaren —respondió ella, serena.

A partir de entonces, los viajes al mercado dejaron de ser simples recados. El Citroën subía cuestas imposibles, adelantaba tractores y aparcaba como si fuera un milagro. El pueblo empezó a esperar los miércoles como si fueran fiestas patronales. Sor Teresa al volante era la nueva atracción.

Pero el clímax llegó el día en que la carretera quedó bloqueada por un rebaño de ovejas. El pastor observaba la escena comiendo unas fabes y no movió ni un dedo para apartarlas.

La hermana Teresa bajó del coche, miró la escena y murmuró:

—Esto requiere fe… y embrague.

Subió, rezó brevemente a san Pistón Bendito y aceleró. Las monjas pensaban que de esa no salían vivas, pero el rebaño decidió apartarse a tiempo. Casi se escuchó desde el monasterio el suspiro de alivio de las hermanas.

Desde entonces, en el convento nadie volvió a decir «Dios obra milagros de formas misteriosas» sin añadir en voz baja:

—… o a veces conduce un Citroën.



Hace 20 años que tengo esta receta, en ese momento coleccionaba recetas, extraño para mi pues no andaba mucho por la cocina y era una comensal horrorosa, pero la guardé. Así que es mi primera vez que hago este plato, ya sabes que a elección (@JosinhoSilva) cocinamos una receta eligiendo un tema en común, y por temporada, tiempo y por que nos gusta se ha elegido platos que se comen con cuchara.

· FABES CON ALMEJAS · 

Ingredientes 
  • 600 g de fabes
  • 500 g de almejas
  • 2 cebollas
  • 2 dientes de ajo
  • 2 vasos de agua
  • 1 vaso de vino blanco
  • 3 tomates
  • Aceite
  • 1 cda. perejil picado
  • 1/2 cda. pimentón dulce
  • Sal y pimienta blanca

Elaboración
  1. Pon las fabes en remojo el día anterior. 
  2. Al día siguiente pone una olla con agua fría y echa las fabes escurridas dentro, junto con 1 tomate partido en trozos, 1 cebolla troceada, los 2 dientes de ajo pelados y cortados a trozos y un chorro de aceite. 
  3. Deja cocer durante 1 hora y 45 minutos. 
  4. Tienes que "asustar" las fabes cada vez que rompa a hervir añadiendo agua fría.
  5. En una cazuela con un poco de aceite sofríe la otra cebolla picada, y cuando se dore añade los tomates restantes a trocitos y el pimentón. 
  6. Deja cocer y añade las almejas lavadas, el vaso de vino, el agua, el perejil picado y salpimienta. 
  7. Cuando se abran las almejas, añade las fabes escurridas. 
  8. Deja cocer 10 minutos y sirve en la misma cazuela.





Diseño logotipo y fotografías @catypol - Circus day.

Burguer de pavo y puré

En pleno febrero, con el viento frío y esa luz grisácea que parece querer entrar por las rendijas de las ventanas, don Manuel se paseaba por el barrio con su bicicleta roja. Pero no era una bicicleta cualquiera, tenía el manillar tan pulido que reflejaba los pocos rayos de sol que asomaban y una caja de cartón, vieja y remendada, con publicidad de hamburguesas, atada con una cuerda en la parte trasera.

Don Manuel era fácil de reconocer. Su gran bigote, espeso y orgulloso. Caminaba despacio, con esa solemnidad de quien sabe que su bigote era observado.

La caja de cartón, por su parte, contenía lo que para don Manuel era un tesoro, ¡cientos de cromos! Algunos viejos, arrugados, otros nuevos, como si acabaran de salir de la tienda. Todos ellos iban destinados a los niños del parque, que esperaban ansiosos el paseo semanal del señor del bigote.

Aquella tarde de febrero, mientras atravesaba la plaza, una ráfaga de viento hizo que la caja se moviera y, de repente, algunos cromos salieron volando como pequeñas mariposas de papel. Don Manuel, sin perder la compostura, soltó una carcajada profunda y dejó que los cromos volaran a donde fuera, él tenía destino.




· HAMBURGUESAS DE PAVO CON PURÉ ·


Ingredientes para la hamburguesa
  • 1 bulbo de hinojo
  • 1 zanahoria mediana
  • 1 cdta. de aceite de oliva
  • 2 hojas de acelga sin pencas
  • 1 cucharadita de perejil picado
  • 500 g carne picada de pavo o pollo
  • 1 cda. de soja
  • Semillas de sésamo para rebozar, opcional
Ingredientes para el puré
  • 1 cebolla 
  • 2 dientes de ajo
  • 1 cda. de aceite de oliva
  • 1 coliflor
  • 250 ml agua
  • Sal y pimienta al gusto
Para las hamburguesas:
Preparar las verduras:
  1. Lava y corta en trozos pequeños el bulbo de hinojo y la zanahoria.
  2. En una sartén, calienta una cucharadita de aceite de oliva y saltea el hinojo y la zanahoria durante unos 5-7 minutos, hasta que estén tiernos. Reserva y deja enfriar.
Preparar la acelga:
  1. Limpia las hojas de acelga, retirando las pencas más duras. Pícalas finamente.
Mezclar la carne:
  1. En un bol grande, mezcla la carne picada de pavo o pollo con el hinojo y la zanahoria salteados, la acelga picada, el perejil picado y la cucharada de salsa de soja.
Formar las hamburguesas:
  1. Mezcla bien todos los ingredientes hasta que estén integrados. Forma bolas con la mezcla y aplánalas ligeramente para dar forma de hamburguesa.
Rebozar:
  1. Si quieres, rebózalas ligeramente en semillas de sésamo para aportar textura y sabor.
Cocinar:
  1. Cocina las hamburguesas en una sartén antiadherente a fuego medio durante unos 5-6 minutos por cada lado, o hasta que estén bien cocidas y doradas por fuera.
Para el puré:
Preparar las verduras:
  1. Pela y pica la cebolla y los dientes de ajo.
Sofreír:
  1. En una olla, calienta una cucharada de aceite de oliva y sofríe la cebolla y el ajo hasta que estén transparentes y fragantes.
Cocinar el coliflor:
  1. Añade la coliflor cortada en ramilletes a la olla, junto con el agua, la sal y la pimienta al gusto. Cocina a fuego medio hasta que la coliflor esté tierna, aproximadamente 15-20 minutos.
Triturar:
  1. Una vez cocida la coliflor, tritura todo con una batidora hasta obtener un puré suave y cremoso.


Presentación:
Sirve las hamburguesas de pavo acompañadas con el puré de coliflor caliente. Puedes decorar con un poco de perejil fresco picado o unas semillas de sésamo por encima para dar un toque especial.



Para el concurso de recetas sanas del blog de Margot cosas de la vida, con la colaboración de Nútrim, Cook & World y Hoy del día.

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Ñoquis de espelta

En el pequeño pueblo de Pizzofalcone, encaramado en una colina de los Apeninos, el tiempo no pasaba; se quedaba sentado en un banco a ver quién cruzaba la plaza. Don Pasquale, el párroco, era tan sordo que el Vaticano le enviaba las instrucciones en letras de un palmo, pero él seguía convencido de que su oído era el de un lince.

Esa tarde entró en el confesionario Antonella, la «viuda alegre» del pueblo, famosa por sus escotes y por tener un jardín sospechosamente bien cuidado por todos los hombres solteros de la región.

—Padre, me acuso de haber caído en la tentación con el panadero —susurró Antonella, pegando los labios a la rejilla de madera.

—¿Qué dices del paradero? —gritó don Pasquale, cuya voz retumbaba en las vigas del siglo XII—. ¿Te has perdido en el monte? ¡A tu edad deberías conocer ya los caminos, hija!

Antonella suspiró y subió el volumen, consciente de que en el primer banco la señora Carmela estaba prácticamente metiendo la oreja por la cerradura.

—¡No, padre! ¡Que me he acostado con el panadero! ¡Con Giuseppe!

—¿Que te ha costado un euro el paquete? —replicó el cura, indignado—. ¡Es un robo! ¡Ese Giuseppe es un usurero! Yo le dije que la harina había bajado, pero ni caso. ¡Pecado de codicia!

—¡Que no es el dinero, don Pasquale! —bramó Antonella, ya con la cara del color de una salsa de tomate—. ¡Que hubo fuego! ¡Pasión! ¡Que el horno no era lo único que estaba caliente en esa tahona!

Hubo un silencio sepulcral en la iglesia. Don Pasquale se rascó la oreja con el dedo meñique, pensativo.

—Ah... que se te ha quemado el pan —concluyó con tono paternal—. Mira, Antonella, eso nos pasa a todos. Te pones a hablar con las vecinas y el horno hace lo que quiere. No hace falta que vengas aquí a llorar por cuatro hogazas chamuscadas; mejor come ñoquis. Dios perdona los descuidos culinarios, pero no la pérdida de tiempo.

Antonella, frustrada, se levantó del banco de madera haciendo crujir la estructura con fuerza.

—¡Padre, que soy una pecadora, no una mala cocinera!

—¡Y no me grites! —sentenció el cura desde detrás de la cortina—. Reza dos avemarías y dile a Giuseppe que, si vuelve a venderte el pan quemado, vendré yo mismo a cerrarle el negocio. ¡Vete en paz y mira por dónde caminas, no te vuelvas a perder en el paradero!

Antonella salió de la iglesia bufando, mientras la señora Carmela ya corría hacia la fuente para contarle a todo el pueblo que el pan de Giuseppe era caro, estaba quemado y que Antonella tenía «problemas de orientación».




En Italia, el término "gnocchi" se usa para señalar a una cantidad de pastas bastante amplia, aunque los más frecuentes son los de patata. Otros son preparados "alla romana", con sémola e incluso harina de maíz del tipo maicena, existiendo variaciones regionales y locales. Un antecedente de los ñoquis fueron los zanzarelli (‘mosquitos’) que se preparaban para los banquetes de la Lombardía renacentista, con una masa en la cual se mezclaban miga de pan, leche y almendras trituradas. En el Seicento (siglo XVII) los zanzarelli sufrieron un leve cambio en el nombre y la preparación. Se les llamó malfatti (‘mal-hechos’) y en lugar de las almendras y la miga de pan se usaba una masa simple de harina, agua y huevo.

Para cada variedad de zanzarelli existían por su parte variedades coloreadas, por ejemplo existían los zanzarelli verdes empastados con remolacha y espinaca, predominando para el color verde, la espinaca, así como los zanzarelli amarillos realizados con una mixtura de azafrán y calabaza. Luego aparecieron los malfatti blancos empastados con carne de pollo siendo su ingrediente principal la zanahoria. 

Los signori (señores feudales) solían ser los dueños de los molinos en donde los contadini (campesinos) molían el trigo para hacer harina de frumento (trigo) con la cual preparaban sus pastas, en cierto momento los signori decidieron aumentar las tasas de los precios que los contadini pagaban para poder moler el trigo. Ante el repentino encarecimiento de la harina de trigo, los campesinos italianos experimentaron exitosamente con un substituto de la harina; el puré de patatas.

Usualmente el puré de patata para ñoquis se prepara con añadido de leche e incluso manteca y una cantidad adecuada de harina de trigo (la mínima suficiente como para asegurar la cohesión del puré durante el hervor), más raramente con huevos. Este puré suele ser realizado con un elemento llamado prensapuré que hace más homogéneo y fino al puré sin necesidad de añadirle demasiada agua o leche (el puré para los ñoquis debe tener bastante consistencia), luego se hacen con esta «masa-puré» pequeños bollos (gnocchi) de casi una pulgada (se sabe que los ñoquis poseen la consistencia adecuada si al amasarlos no se pegan en las manos ni en la mesa o mesada ni se desarman en el agua), para facilitar su cocción homogénea en el agua hirviente a la cual deben ser arrojados.

Previamente se les producen unas pequeñas acanaladuras con un tenedor (aunque también existe un pequeño y sencillo instrumento de madera que produce tales acanaladuras al deslizar por encima la masa). Como se ha indicado, los ñoquis se arrojan en agua hirviendo y se retiran, mediante un colador grande, cuando estos flotan en el agua. En el área de la Toscana de Italia se suele ingerir con queso de ricota y espinacas, a esta variante la denominan strozzapreti, o ‘estrangulador de curas’.

· ÑOQUIS DE CALABAZA Y HARINA DE ESPELTA CON SALSA PESTO DE BROCOLI · 



Para los ñoquis:
500 g de calabaza (puede ser asada o cocida y escurrida)
200-250 g de harina de espelta (aproximadamente)
1 huevo (opcional, para dar más consistencia)
Sal al gusto
Nuez moscada (una pizca, opcional)

Para la salsa pesto de brócoli:
200 g de brócoli (solo las flores)
50 g de nueces o piñones
1 diente de ajo pequeño
50 g de queso parmesano rallado (puedes usar levadura nutricional para versión vegana)
100 ml de aceite de oliva virgen extra
Sal y pimienta al gusto


Preparar la calabaza:
  1. Pela la calabaza y córtala en trozos.
  2. Cocina la calabaza al vapor o ásala en horno a 180 °C durante 20-30 minutos hasta que esté tierna.
  3. Tritura la calabaza con un tenedor o procesador hasta obtener un puré fino. Déjala enfriar.

Hacer la masa de ñoquis
  1. En un bol grande, mezcla el puré de calabaza con el huevo (si lo usas), la sal y la nuez moscada.
  2. Añade la harina de espelta poco a poco mientras mezclas con las manos o una espátula.
  3. Amasa ligeramente hasta obtener una masa suave, que no se pegue a las manos.
  4. Si la masa queda demasiado pegajosa, añade un poco más de harina, con cuidado de no excederte para que los ñoquis queden tiernos.
Formar los ñoquis
  1. Divide la masa en porciones pequeñas.
  2. Sobre una superficie enharinada, haz rollos largos con la masa y córtalos en trozos de 2 cm aproximadamente.
  3. Si quieres, marca cada ñoqui con un tenedor para crear las clásicas rayas que ayudan a agarrar la salsa.
Cocinar los ñoquis
  1. Pon a hervir una olla grande con agua con sal.
  2. Cocina los ñoquis en tandas pequeñas. Estarán listos cuando floten en la superficie (unos 2-3 minutos).
  3. Retíralos con una espumadera y resérvalos en un recipiente.
Preparar la salsa pesto de brócoli
  1. Blanquea el brócoli en agua hirviendo con sal durante 2-3 minutos hasta que esté verde brillante y tierno.
  2. Escurre y enfría rápidamente en agua con hielo para mantener el color.
  3. En un procesador de alimentos, añade el brócoli, las nueces/piñones, el ajo, el queso parmesano, sal y pimienta.
  4. Tritura mientras añades el aceite de oliva poco a poco hasta obtener una salsa cremosa y homogénea. Ajusta de sal y pimienta al gusto.
Montaje
  1. Mezcla los ñoquis ya cocidos con la salsa pesto de brócoli, calentando ligeramente si hace falta.
  2. Sirve con un poco más de queso rallado por encima y unas hojas frescas de albahaca o perejil para decorar.




Relato, fotografías y rediseño del logo hecho @catypol - Circus day

Chuletas a la bechamel

El Rey Sol, Luis XIV, paseaba por la Galería de los Espejos con un humor de perros. Las guerras contra la Gran Alianza le estaban costando una fortuna y, lo peor de todo, el estrés le estaba quitando el apetito por las chuletas.

A su lado, tratando de mantener el ritmo de las zancadas reales, iba Louis de Béchameil, su jefe de casa y un financiero que sabía más de salsas que de asedios.

—¡Béchameil! —tronó el rey, deteniéndose ante un ventanal—. Guillermo de Orange me está tocando las narices en los Países Bajos. Necesito más oro para los cañones. ¡Fundid la vajilla de plata! ¡Toda!

Béchameil palideció. Para un hombre que vivía por y para la etiqueta de la mesa, fundir la plata era como pedirle a un ángel que se cortara las alas.

Majesté, por favor —suplicó Béchameil con una reverencia que casi hizo que su peluca tocara el suelo—. Si fundimos la plata, ¿en qué serviremos el rodaballo? ¿En platos de barro como si fuéramos campesinos? ¡El prestigio de Francia está en su salsa, no solo en su pólvora!

—¡El prestigio de Francia está en que mis fronteras no retrocedan un palmo! —rugió Luis XIV—. Si tengo que comer con las manos sobre una tabla de madera para pagar a mis mosqueteros, lo haré. ¡Es una guerra total!

Béchameil suspiró. Sabía que discutir con el Rey Sol cuando estaba en modo «conquistador» era inútil, pero su mente de maestro no descansaba.

—Está bien, Sire. Fundiremos la plata. Pero tengo una condición —dijo Béchameil con audacia—. Si vamos a comer en loza barata, necesito que la comida sea tan sublime que nadie se fije en el plato. He estado experimentando con una mezcla de velouté y crema, algo suave, blanco, perfecto...

El rey lo miró de reojo, impaciente. —¿Y cómo piensas llamar a ese invento mientras mis soldados pasan hambre en el Rin?

—La llamaré salsa bechamel, mon Roi. Así, aunque Francia esté en bancarrota por vuestras gloriosas batallas, mi nombre sobrevivirá, al menos, en los libros de cocina.


[RETO TIA ALIA]
Algo que me gusta mucho de éste reto mensual es el libre albedrío a la hora de hacer la receta, no hay que pesar ingredientes, a veces muy genérico y siempre divertido. En el caso de éste mes, pasa lo mismo, nos habla de chuletas, pero chuletas ¿de qué? ¿de cerdo? ¿de cordero?, ninguna cantidad específica por lo que en mi caso poca cantidad y de cordero, y servir acompañado, ¿sí o no?, por eso es la entrada más gustosa, y la hago como se hacía antes, sin peso, sin cantidades y a ojo, esa licencia me la permito en este reto y me gusta mucho. 



Las recetas escritas a máquina me recuerdan a cuando yo aprendí a escribir a máquina, usábamos una Olivetti línea 98, nos tapaban las teclas y debíamos seguir el texto de un libro de texto, no podíamos usar corrector y no debíamos mirar el texto que íbamos escribiendo, se notaba un montón la fuerza de algunos dedos y la debilidad de otros. ¿Y el ruido? tac, tac, tac...no puedo evitar remontarme a tiempos pasados cuando llega este reto, y es que las recetas de un tiempo pasado también forman parte de un presente estén escritas a máquina o no. 




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Garbanzos Ras el Hanout

En algún rincón polvoriento del desierto de Marruecos, dos camellos descansaban junto a un oasis diminuto, de esos que parecen una alucinación.

—Si no aparecen pronto, me como el sombrero del mercader —gruñó Omar.

—Tú no tienes dientes —le dijo Fabio riendo.

En eso, llegó un tratante de burros tirando de una carreta cargada con cuatro pollinos y una olla enorme, de la que emanaba un aroma celestial.

—¿Eso son… garbanzos? —preguntó Fabio.

—¡No cualquier garbanzo! ¡Es ras el hanout, receta secreta de mi bisabuela! —exclamó el mercader, mientras sacaba un plato humeante de su carreta.

Antes de que pudieran discutir sobre herencias culinarias, aparecieron del cielo cuatro cuervos. Uno llevaba en el pico una lámpara de aceite vieja y polvorienta, que dejó caer justo entre los camellos.

—¿Esto es lo de Aladino? —preguntó Omar—. ¿Tú crees que sale un genio?

Por supuesto, la frotaron. En lugar de un genio, salió una nube de humo que tosió, estornudó y formó la figura de un tipo desaliñado con ojeras.

—¡Ay, otra vez! ¿Qué quieren ahora? ¿Riqueza, amor, wifi? —preguntó enfadado.

—Solo queríamos saber si los garbanzos llevan comino —dijo Omar.

—Y si podemos repetir —añadió Fabio.

El genio los miró. Luego miró al mercader. Luego a los cuervos, que empezaban a picotear la olla.

—Me voy —dijo—. Esto es demasiado surrealista incluso para mí.

Y, ¡puf!, desapareció dejando una lluvia de purpurina y olor a canela. Esa noche, bajo las estrellas y rodeados de animales, compartieron el mejor plato de garbanzos al ras el hanout que se haya cocinado jamás en un oasis perdido. Y la lámpara... la usaron para calentar el té.



Garbanzos ras el hanout con yogur natural

Garbanzos ras el hanout


El garbanzo es una de las legumbres más antiguas del mundo, con registros de su cultivo que se remontan a unos 7500 años en el Creciente Fértil. Su introducción en el Magreb y la cuenca mediterránea occidental ocurrió hace aproximadamente 2300 años a través de los pueblos fenicios y cartagineses, quienes lo consolidaron como un alimento básico de supervivencia debido a su resistencia a las sequías y a su alto valor nutricional.

Por otro lado, la mezcla de especias conocida como ras el hanout nació en Marruecos y se extendió con rapidez por todo el Magreb como consecuencia del florecimiento del comercio caravanero medieval, que conectaba África con las rutas de la seda y de las especias de Asia. El nombre proviene del árabe y significa literalmente «la cabeza de la tienda», un término comercial que hacía referencia a la combinación de mayor calidad y prestigio que el mercader de un zoco podía ofrecer. El origen específico de este preparado se asocia históricamente a la ciudad medieval de Siyilmasa, un enclave comercial clave en el Sáhara donde los mercaderes comenzaron a unificar múltiples especias exóticas e importadas (como pimienta, canela, clavo, comino y jengibre) en un solo producto para optimizar su venta y demostrar su estatus.

La unión de los garbanzos con el ras el hanout no responde a una receta de autor contemporánea, sino a una evolución culinaria de carácter doméstico y popular en la cocina magrebí. Las familias y cocineros locales integraron de manera natural esta mezcla en los potajes cotidianos de legumbres y en la preparación de los tradicionales tayines y cuscús para realzar el sabor de ingredientes humildes y económicos. Con el paso de los siglos, las corrientes migratorias y la globalización gastronómica trasladaron esta combinación tradicional del ámbito rural del norte de África hacia las cocinas de Europa y el resto del mundo, donde hoy en día se reconoce como una fórmula emblemática de la identidad cultural del Magreb.

No existe una receta única de ras el hanout: cada vendedor o cocinero lo elabora de una forma especial. La mía no la preparé yo: la compré hecha y me gustó por lo suave que es. Combinada con legumbres y un toque de limón me encantó; no sé si tanto como para pedirle al genio de la lámpara lo mismo que ellos, pero sí para repetir.


Garbanzos Ras el Hanout


Ingredientes para 2:

  • 2 cdas. de aceite de oliva
  • 1 cebolla picada
  • 2 dientes de ajo picados
  • 1/2 cdta. chile picado
  • 1 cdta. de Ras el Hanout
  • Sal y pimienta al gusto
  • 1/2 taza de pasta de tomate
  • 2 tazas de hojas de espinaca, picada
  • 400 g de garbanzos, enjuagados y escurridos
  • El jugo de medio limón
  • 1 puñado de hojas de cilantro para adornar
  • Para servir (opcional) con pan marroquí y una cucharadita de yogur.
Elaboración:
  1. Calienta el aceite en una sartén grande a fuego medio. 
  2. Cocina la cebolla, el ajo y el chile durante unos 5 minutos hasta que estén blandos.
  3. Añade el Ras el Hanout. Mezcla bien. 
  4. Añade la pasta de tomate. Cocina 1 minuto. 
  5. Añade las espinacas y garbanzos. Cocina y remueve ocasionalmente hasta que la espinaca se ha ablandado (alrededor de 3 a 4 minutos). 
  6. Retira del fuego. 
  7. Agrega el jugo de limón. 
  8. Sazona con sal y pimienta. 
  9. Adorna con cilantro.
  10. Sirve caliente con pan marroquí y una cucharada de yogur para acompañar.

Garbanzos con Ras el Hanout

Preguntas frecuentes

¿Por qué se tuesta el ras el hanout con la cebolla y el ajo antes de verter el tomate y los líquidos?

Muchas de las especias que componen el ras el hanout (como el comino, el cilantro, la canela o el clavo) contienen aceites esenciales liposolubles que permanecen latentes cuando están molidos y secos. Al sofreírlos brevemente en el aceite caliente junto con el sofrito aromático —técnica conocida en cocina como florecer las especias (blooming)—, el calor disuelve y libera esos compuestos volátiles en la grasa, multiplicando la profundidad aromática del guiso y evitando que las especias queden con una textura terrosa o cruda.

¿Por qué es fundamental añadir el zumo de limón justo al retirar la sartén del fuego?

El calor directo y prolongado degrada el ácido ascórbico (vitamina C) del limón y volatiliza sus aceites cítricos, transformando su frescor natural en un regusto amargo o metálico. Al incorporarlo al final en caliente pero fuera de la llama, la acidez permanece intacta y brillante, cumpliendo una doble función: cortar la densidad untuosa del garbanzo y equilibrar los tonos cálidos, terrosos y dulces de la mezcla de especias.

¿Qué papel juega la cucharada de yogur al servir frente a la potencia del chile y las especias?

El yogur no es solo un adorno visual; actúa como un contrapeso gustativo y térmico indispensable. Por un lado, la grasa láctea y la caseína calman la capsaicina del chile picante disolviéndola en el paladar. Por otro, su textura cremosa y su fermentación láctica refrescan la boca entre bocado y bocado, integrándose con el jugo especiado de los garbanzos para crear una salsa suave cuando se rebaña con el pan.



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Hamburguesa mix

Todo empezó cuando Teresa, la dueña del pequeño hostal «Sol y Sombra», encontró una piña sobre el mostrador de recepción. No era parte del desayuno ni un regalo de bienvenida. Simplemente… apareció.

—¿Y esto? —preguntó al aire, aunque solo estaba Paco, el recepcionista, medio dormido mientras escuchaba un tango en el viejo gramófono que alguien había donado años atrás.

—Igual la trajo algún huésped —dijo Paco, encogiéndose de hombros—. O es de los del autobús que llegó esta mañana.

En la plaza, justo enfrente del hostal, la única sombra que había era la de un raquítico árbol junto a la parada del autobús. Y allí, efectivamente, se habían apeado dos turistas: una pareja joven que cargaba con mochilas enormes y… una piña.

Teresa cruzó la calle con la fruta en alto como si llevara un trofeo.

—¡Oigan! ¿Esto es suyo?

Los alemanes se miraron desconcertados. Luego ella, con un inglés rudimentario pero resuelto, soltó:

Pineapple. Reception. You left.

No, no. Decoration for photo —respondió él mientras sacaba el móvil para enseñarle una foto de su novia con gafas de sol, un cóctel y la piña a modo de atrezo.

Teresa se dio por vencida. Volvió al hostal y colocó la piña junto al gramófono: formaban una estampa de lo más curiosa. Fue parte del mobiliario durante unas horas, pero su destino final estaba en los fogones, cortada en rodajas o integrada en algún plato elaborado. ¡Como si fuera un lechón cebado!

Hamburguesa con piña dentro y salsa agridulce por encima

Hamburguesa con piña y salsa agridulce


Mai está haciendo un libro de recetas de piñas y bananas que después será donado a la organización Frutas Justas. Su propuesta es que "donemos" una receta en la que uno de sus ingredientes sea o piña o banana, y así colaborar en buena acción para apoyar a los trabajadores y presionar a que haya un cambio en el sistema actual, por una vida y comercio justo. Puedes informarte mejor aquí.

Yo he elegido piña. Así que he hecho esto, una piña me ha servido para cocinar un plato que popularmente tomamos con pan, sí, una hamburguesa, pero un poco diferente: con piña, ternera y salsa agridulce, al estilo Hawai. En esta ocasión sin pan pero se puede poner, ¿el resultado? 


Hamburguesa mix agridulce



Ingredientes:
  • 1 piña pequeña
  • 500 g de carne picada ternera
  • La yema de 1 huevo
  • 1 cdta. de cebolla en polvo
  • 1 cdta. de ajo en polvo
  • 1 cdta. de sal y pimienta
  • Pimiento verde y rojo a trocitos pequeños
  • Cebolla y ajo a trocitos pequeños
  • 1 cdta. de tomate concentrado
Elaboración:
  1. Enciende el horno a 200º C. 
  2. Pela y quita el centro de la piña. 
  3. Corta a rodajas, ¿el grosor? a gusto de cada uno. 
  4. Reserva. 
  5. Pocha en una sartén los pimientos, la cebolla y el ajo, a fuego bajo. 
  6. Cuando empiecen a transparentar añade el tomate concentrado. 
  7. Remueve. 
  8. Deja pochar unos minutos más.
  9. Mezcla la yema, la cebolla en polvo, el ajo en polvo, y la sal y pimienta con la carne. 
  10. Cuando el sofrito esté pochado añádelo a la carne y mezcla bien.

Para formar las hamburguesas mix agridulce:
  1. Asegúrate que el círculo de la piña esté relleno de carne.
  2. Aplastar los extremos formando las bolas como las de la foto. 
  3. Hornea durante 40 minutos.
  4. Servir con la salsa agridulce por encima.


Salsa agridulce casera y fácil


Ingredientes:
  • 2 cdas. de azúcar glasé
  • 1 cda. de fécula de maíz
  • 2 cdas. de salsa de soja
  • 3 cdas. de ketchup
  • 3 cdas. de vinagre de arroz
  • 2 cdas. de vino de arroz o vino blanco
  • 100 ml de agua

Elaboración:
Mezcla todos los ingredientes y cocina a fuego lento en un cazo hasta que la salsa espese, no deben quedar grumos.

Cómo hacer las hamburguesas con la piña


Puedes colaborar con tus recetas con banana o piña y hay cinco reglas a tener en cuenta:
  1. consume local...compra más en fruterías y pequeños establecimientos evitando las grandes cadenas que están hundiendo los precios en origen.
  2. cuando tu bolsillo te lo permita, compra productos de precio justo... si no puedes siempre, ayuda de vez en cuando con pequeñas compras.
  3. piensa que ciertos productos bio no son ni mejores ni peores para tu salud pero sí lo son para quienes los trabajan.
  4. si los gobiernos y organizaciones internacionales no miran por el bienestar de la personas, hazlo tú... no los condenes al olvido.
  5. deseo una vida más justa y más sana, como la mía... ojalá algún día, todo el mundo tenga lo que yo tengo.... ni más ni menos.


Preguntas frecuentes

¿Por qué es preferible usar piña natural en lugar de piña en conserva para hornear con la carne?

La piña en almíbar contiene un exceso de líquido azucarado que aguaría la carne picada durante los 40 minutos de horno, ablandando la farsa e impidiendo que quede compacta. La fruta natural fresca, en cambio, ofrece una pulpa firme y tersa que tolera el horneado prolongado, caramelizando sus azúcares naturales por los bordes y aportando un contraste ácido vibrante que corta la grasa de la ternera.

¿Qué función cumple añadir la yema de huevo y el sofrito templado a la carne picada?

La yema actúa como un emulsionante natural rico en lecitina y grasa que amalgama las fibras de la carne sin aportar el exceso de humedad de la clara, garantizando que la hamburguesa mantenga su forma esférica alrededor del anillo de fruta. Por su parte, incorporar las verduras previamente pochadas con el concentrado de tomate distribuye jugosidad, aroma y dulzor por todo el interior sin soltar agua cruda dentro del horno.

¿Cómo conseguir que la salsa agridulce espese brillante y sin un solo grumo?

La clave técnica reside en disolver la fécula de maíz (maicena) en el agua fría o a temperatura ambiente antes de calentar el cazo; si se añade con los líquidos calientes, los gránulos de almidón se gelatinizan por fuera de golpe formando grumos imposibles de disolver. Al calentarse poco a poco a fuego suave mientras se remueve con unas varillas, la fécula alcanza los 80–85 °C, activando su capacidad espesante y dejando una textura traslúcida, densa y satinada lista para napar.


Receta y fotografías @catypol - Circus day.

Ribollita de la Toscana

*Per te

Oggi farò una zuppa, forse toscana, con il suo pane ricco e un po’ di parmigiano. Sedetevi e godetevela con me, avete voglia?


Estábamos en un pequeño restaurante: yo en la entrada y él detrás de la barra. No había nadie más; era la hora de comer allí, aunque en mi país todavía no. Mi estómago protestaba y no me apetecía almorzar sola.

Un aroma delicioso me envolvió y me transportó sin darme cuenta: la calidez del lugar, el perfume que escapaba de los fogones y su presencia, que me dejó clavada en el umbral. Cuando escuché su voz, salí del trance y solo acerté a asentir. Me acerqué y tomé asiento a su lado. Sus manos pulcras se movieron con destreza y, como por arte de magia, sacó una cuchara.

—Adivina —me soltó.

No respondí; solo le sostuve la sonrisa.

No sabía qué esperar; mi mente estaba en blanco. Necesitaba algo distinto, estaba cansada de la rutina, y no me defraudó. Una copa de buen vino y aquella compañía superaban con creces cualquier expectativa.

Cuando posó el plato humeante frente a mí, se me iluminó la mirada y el corazón me dio un vuelco. Me acaricié las mejillas encendidas con la punta de los dedos mientras una oleada de felicidad me recorría entera.

Él se levantó, me miró un instante y se esfumó. Jamás volví a verlo ni a revivir la magia que embriagó mis sentidos aquel día. No puedo aseguraros que vayáis a sentir lo mismo, pero, si cerráis los ojos, vislumbraréis aquel pequeño rincón… y él os estará esperando.


*(Traducción) Hoy tomaré una sopa, si es posible que sea de la Toscana, acompañada de su rico pan y con un poquito de parmesano, siéntate y disfruta conmigo ¿te apetece?.


Ribollita de la Toscana italiana con alubias blancas

Ribollita italiana con queso y pan toscano


La ribollita es uno de los platos más emblemáticos de la cocina de la Toscana, en especial de la comarca de Florencia. Se trata de un guiso espeso y reconfortante cuyo nombre en italiano significa literalmente «hervida de nuevo» o «vuelta a hervir», lo que define a la perfección el método tradicional de su elaboración: recalentar el potaje de la víspera para concentrar su sabor y densidad.

El origen de esta receta se remonta a la Edad Media, época en la que los sirvientes feudales recogían las rebanadas de pan ácimo que los nobles utilizaban a modo de platos durante los banquetes. Esas sobras empapadas en los jugos de las carnes se cocían después con las verduras de la huerta para alimentar a las familias campesinas. Con el paso de los siglos, la preparación se consolidó como uno de los grandes estandartes de la cucina povera (la cocina humilde tradicional), una cultura gastronómica basada en el aprovechamiento absoluto de los recursos, en particular del pan duro.

La base de una auténtica ribollita exige tres ingredientes indispensables: el pan toscano rústico desmigado (elaborado tradicionalmente sin sal), las alubias blancas (generalmente de la variedad cannellini) y el cavolo nero (la col negra o col rizada toscana), una verdura invernal muy resistente a las heladas. Todo ello se estofa a fuego suave a partir de un sofrito clásico de cebolla, zanahoria y apio, junto a otras hortalizas de temporada.

Al reposar y hervirse por segunda vez al día siguiente con el pan integrado, la miga se deshace por completo, absorbe el caldo y transforma la sopa primitiva en un potaje denso, aterciopelado y casi cremoso. Lo que nació como una comida de subsistencia se sirve hoy con orgullo tanto en las mesas familiares como en afamadas trattorias, coronado siempre con un generoso hilo de aceite de oliva virgen extra toscano.

Mi versión lleva producto español, difícil encontrar aquí el pan toscano, las alubias y la col negra. No es 100% toscano pero está rico, rico.


Guiso ribollita de la Toscana



Ingredientes para 4 personas:
  • 4 cdas. aceite de oliva
  • 80 g de cebolla picada
  • 1 diente de ajo picado
  • 250 g de alubias blancas cocidas
  • 150 g de jamón serrano a taquitos
  • 1 guindilla seca pequeña o 1/2 grande
  • Tomillo y romero (fresco o seco)
  • 100 g de zanahoria cortada a cuadrados
  • 80 g de apio cortado a rodajas
  • 100 g de puerro cortado aros
  • 150 g de acelgas cortadas en tiras
  • Sal y pimienta
  • 2 l de agua
  • 4 rebanadas tostadas de pan 
  • 50 g de parmesano recién rallado

Elaboración:
  1. Calienta el aceite en una olla, rehoga la cebolla y el ajo sin que lleguen a dorarse, y añade el puerro. Remueve bien para que se integren los sabores, incorpora la zanahoria y, seguidamente, el apio. 
  2. Mezcla de nuevo y rehoga unos minutos.
  3. Añade el agua, remueve y espera a que hierva. 
  4. Cuando rompa a hervir, incorpora la guindilla, el romero, el tomillo, pimienta negra y sal. 
  5. Deja que continúe la cocción.
  6. Mientras tanto, tritura una parte de las alubias blancas y reserva.
  7. Pasados unos cinco minutos de hervor, añade las alubias enteras, la pasta de alubias que has triturado, el jamón y las acelgas. 
  8. Mezcla todo con suavidad y deja hervir unos 20 minutos más.
  9. Sirve la sopa en un cuenco, coloca una rebanada de pan encima y espolvorea con parmesano rallado justo antes de llevarla a la mesa.

Ribollita de la Toscana italiana con queso y alubias


Clara, espero que a la Mamma y a A. les guste, por mi parte he descubierto un plato estupendo que se repetirá en casa, seguro, con esta receta participo en el concurso Italia; mucho más que pasta y pizza.


Logotipo del concurso mucho más que pasta y pizza


Preguntas frecuentes

¿Por qué se tritura una porción de las alubias antes de sumarlas a la olla?

Es el recurso clásico de la cocina toscana para trabar el caldo sin recurrir a harinas ni espesantes artificiales. Al triturar una fracción de las legumbres cocidas y devolverla a la cazuela, su almidón se disuelve de forma homogénea durante los últimos 20 minutos de hervor, transformando un caldo ligero en una sopa densa, reconfortante y con cuerpo aterciopelado.

¿De dónde procede el nombre ribollita y cuál es su origen histórico?

Ribollita significa literalmente «rehervida» en italiano. Nació como un plato humilde de origen campesino (cucina povera) en el que las familias reutilizaban la sopa de verduras y alubias sobrante del día anterior. Al recalentarla o hervirla de nuevo al día siguiente junto con trozos de pan toscano duro y rancio (pane sciocco), el pan absorbía el caldo espeso, logrando un guiso aún más sabroso y contundente sin desperdiciar comida.

¿Por qué en la tradición italiana se sirve con pan duro y col negra (cavolo nero)?

El pilar vegetal canónico de la receta toscana es el cavolo nero (col negra o col rizada toscana), de hoja oscura, firme y ligeramente amarga; las acelgas de esta receta son el sustituto doméstico perfecto cuando no está de temporada. Tradicionalmente, además, el pan no se tuesta solo para colocarlo encima, sino que se alternan capas de pan blanco sin sal del día anterior y sopa en la cazuela, dejándolo reposar para que las rebanadas se empapen por completo y el guiso adquiera consistencia casi de pudin rústico.


Relato y fotografías @catypol - Circus day.

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