Señoras y Señores,

Bienvenidos a Circus Day

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Hola,

Soy Caty y dirijo este circo

Foodie, diseñadora gráfica, cuentacuentos y aficionada a la fotografía es un resumen de lo que encontrarás aquí, un circo lleno de recetas, historias y espectáculo. Señoras y señores, mesdames et messieurs, ladies and gentlemen, bienvenidos a Circus day, espero que te guste el show.

The Show

En el blog

Mostrando entradas con la etiqueta Pista Central. Mostrar todas las entradas
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Garbanzos Ras el Hanout

En algún rincón polvoriento del desierto de Marruecos, dos camellos descansaban junto a un oasis diminuto, de esos que parecen una alucinación.

—Si no aparecen pronto, me como el sombrero del mercader —gruñó Omar. 
—Tú no tienes dientes —le dijo Fabio riendo.

En eso, llegó un mercader de burros. Tiraba de una carreta cargada con cuatro burros y una olla enorme. De ella emanaba un aroma celestial.

—¿Eso son… garbanzos? —preguntó Fabio. 
—¡No cualquier garbanzo! ¡Es Ras el Hanout, receta secreta de mi bisabuela! —exclamó el mercader, mientras sacaba un plato humeante de su carreta.

Antes de que pudieran discutir sobre herencias culinarias, aparecieron del cielo cuatro cuervos. Uno llevaba en el pico una lámpara de aceite vieja y polvorienta, que dejó caer justo entre los camellos.

—¿Esto es lo de Aladino? —preguntó Omar—. ¿Tú crees que sale un genio?

Por supuesto, la frotaron. En lugar de un genio, salió una nube de humo que tosió, estornudó y formó la figura de un tipo desaliñado con ojeras.

—¡Ay, otra vez! ¿Qué quieren ahora? ¿Riqueza, amor, wifi? —preguntó enfadado. 
—Solo queríamos saber si los garbanzos llevan comino —dijo Omar. 
—Y si podemos repetir —añadió Fabio.

El genio los miró. Luego miró al mercader. Luego a los cuervos, que empezaban a picotear la olla.

—Me voy —dijo—. Esto es demasiado surrealista incluso para mí.

Y, ¡puf!, desapareció dejando una lluvia de purpurina y olor a canela. Esa noche, bajo las estrellas y rodeados de animales, compartieron el mejor plato de garbanzos al Ras el Hanout que se haya cocinado jamás en un oasis perdido. Y la lámpara... la usaron para calentar el té.





El nombre de esta mezcla de especias en árabe significa literalmente la cabeza de la tienda, haciendo referencia a la mejor mezcla de especias que el mercader puede ofrecer. No existe una receta única del ras el hanout, cada vendedor o cocinero lo elabora de una forma especial. La mía no la elaboré yo, la compré hecha y me gustó por lo suave que es, mezclada con legumbres y un toque de limón me gustó mucho, no sé si tanto como para pedir al genio de la lámpara lo mismo que ellos pero si para repetir.

· GARBANZOS RAS EL HANOUT ·

Ingredientes para 2

  • 2 cdas. de aceite de oliva
  • 1 cebolla picada
  • 2 dientes de ajo picados
  • 1/2 cdta. chile picado
  • 1 cdta. de Ras el Hanout
  • Sal y pimienta al gusto
  • 1/2 taza de pasta de tomate
  • 2 tazas de hojas de espinaca, picada
  • 400 g de garbanzos, enjuagados y escurridos
  • El jugo de medio limón
  • 1 puñado de hojas de cilantro para adornar
  • Para servir (opcional) con pan marroquí y una cucharadita de yogur.
Elaboración
  1. Calienta el aceite en una sartén grande a fuego medio. 
  2. Cocina la cebolla, el ajo y el chile durante unos 5 minutos hasta que estén blandos.
  3. Añade el Ras el Hanout. Mezcla bien. 
  4. Añade la pasta de tomate. Cocina 1 minuto. 
  5. Añade las espinacas y garbanzos. Cocina y remueve ocasionalmente hasta que la espinaca se ha ablandado (alrededor de 3 a 4 minutos). 
  6. Retira del fuego. 
  7. Agrega el jugo de limón. 
  8. Sazona con sal y pimienta. 
  9. Adorna con cilantro.
  10. Sirve caliente con pan marroquí y una cucharada de yogur para acompañar.


Relato y fotografías @catypol - Circus day.

Espagueti all'arancia

Mi vecina italiana vino a vivir a nuestro país por amor, dijo que cuando vio a su hombre su corazón latió deprisa y no podía dejar de mirarlo; así que, sin pensarlo, se lo ligó y se vinieron a vivir al lado de casa. Él era técnico de telefonía, por lo que viajaba mucho por todo el territorio nacional, mientras ella se dedicaba a sus cosas. Decía que no quería ser ama de casa, eso era parecido a ser como una ama de llaves vieja y sin estilo, y que no, lo suyo eran sus cosas.

Cocinar, cocinaba… ¡hummm! Bueno, lo intentaba, al menos con la pizza y la pasta, pero poco más allá de eso no la sacaban, así que venía a casa para que mi madre la enseñara. Mientras cocinaban, hablaba sin parar, gesticulaba, decía tacos y bebía vino. A mi madre no le importaba, pero por su cara parecía que hubiera preferido tener menos ruido en la cocina, sobre todo por la risa de su aprendiz. Cuando mi madre la "graduó", hizo tal escándalo que pensamos que hasta su marido la había oído desde donde fuera que estuviera.

No nos extrañó que quisiera invitarnos a comer para agradecernos la atención, e incluyó al marido. Allí fuimos un domingo al mediodía. A su favor diré que olía muy bien cuando entramos en su casa. Dijo que nos había cocinado all’arancia —la palabra no nos sonaba bien, por lo que mi madre, por si acaso, tenía plan B.

Cuando nos sentamos a la mesa de la italiana, todo estaba delicioso. Por la cara que puso mi madre, podemos decir que estaba feliz, así que le pidió a la vecina que le enseñara a cocinar italiano, o eso que ella sabía hacer. Un mes después, mi madre hablaba sin parar, gesticulaba, decía tacos y bebía vino, y cocinar, cocinaba… ¡hummm! Bueno, lo intentaba.



Esta entrada es para Carmen, una bloguera que tuve la suerte de conocer en la kedada de Madrid hace ya un año, ahora ella cumple su segundo cumpleblog y nos invita a celebrarlo con recetas en las que uno de sus ingredientes sean las naranjas. Parece fácil, ¿eh? pero no creas, yo he tenido que rebuscar para encontrar algo que no fuese dulce, que no quería yo, que fuese fácil y claro que fuese Circus, que es donde yo me divierto más.

Supongo que muchos ya conocen esta receta, yo no, la desconocía totalmente, he tenido que visitar algunos blogs italianos para enterarme bien de la composición y después adaptarla a mi gusto. Y bien, he aquí el resultado, al que yo he añadido trocitos de jamón de pato por lo del pato a la naranja pero es un ingrediente cosa mía, los italianos le ponen desde anchoa, hasta aceitunas.

La idea es presentarlo dentro de una naranja debidamente limpia, es solo una idea de presentación ya que es más fácil comerlo dentro de un plato, pero como es un cumple hay que ponerlo bonito. Carmen espero que te guste la receta de cumple, la hice con mucha ilusión y ganas, el resultado sorprendentemente muy rico, no es ácida para nada y con el queso la mezcla está muy buena. Lo del jamón de pato le da un toque extra.

 · SPAGHETTI ALL'ARANCIA ·


Ingredientes para 4
  • 350 g de espagueti
  • 2 naranjas 
  • 1 cebolla pequeña (o mediana, cortada en brunoise)
  • 4 cdas. de aceite de oliva
  • Sal al gusto
  • 1 vaso de caldo (aprox. 200 ml)
  • 2 chorritos de brandy o vino blanco seco
  • Queso Parmesano rallado, al gusto
  • Jamón de pato a dados, opcional
Elaboración
  1. Exprime el zumo de una naranja y resérvalo.
  2. Pela la naranja con cuidado de no llevarte la parte blanca amarga y corta la piel en tiras finas y daditos pequeños (aproximadamente 2 cdas.). Reserva.
  3. En una sartén, sofríe la cebolla en el aceite de oliva hasta que esté transparente.
  4. Añade la piel de naranja en tiras y los daditos, sofríe un poco más.
  5. Agrega el zumo de naranja, remueve bien.
  6. Añade el brandy, remueve y luego incorpora el caldo y la sal. 
  7. Deja reducir a fuego medio hasta que la salsa espese un poco.
  8. Cocina los espaguetis según las instrucciones del paquete hasta que estén al dente.
  9. Sirve los espaguetis con la salsa por encima y, si quieres, añade los dados de jamón de pato. Espolvorea con queso parmesano rallado al gusto.

Con esta receta participo en el concurso de recetas con naranjas del blog Rezetas de Carmen.




Fotografías @catypol - Circus day.

Sopa de gambas

Malee vive en Chiang Mai, que significa literalmente “la nueva ciudad”. Ella es muy curiosa e imaginativa, la única chica en la familia Suwanwimolkul, una familia numerosa que se dedica a las flores, por lo que viven a las afueras de la ciudad, donde tienen los viveros. Somchai también vive en la misma ciudad. De carácter tranquilo y simpático, es el único hijo de la familia Choochaimangkhala. Ellos se dedican a la agricultura, por lo que también viven a las afueras de la ciudad. Aunque no cerca de la familia Suwanwimolkul, sí siguen el mismo camino para repartir lo que cada familia cosecha.

Malee está enamorada de Somchai. ¿Y Somchai? Él parece muy ocupado y no suele hacerle caso a Malee, pero no la pierde de vista cuando se encuentran en el festival Yi Peng. Si la ve rodeada de muchos chicos, le compra un tom yam kung y espanta a todos con solo mirarlos. Eso hace que Malee no deje de sonreír. ¡Cuántas noches imaginándose pasear con él cogidos de la mano! Pero él nunca le ha mostrado interés en cogérsela. Ella cree que no se atreve por sus hermanos; él piensa que ella es demasiado atrevida. Y entre una y otro, la historia se va tejiendo poco a poco.

Con ganas de avanzar, Malee le escribe cartas y las esconde debajo de las piedras del camino que separa a las dos familias. Después, le hace un mapa a Somchai indicándole cómo encontrarlas. Somchai le gruñe sin asustarla; ella se ríe, esperanzada. Somchai espera la última hora de la tarde para hacer el recorrido y quedarse con las cartas; ella espera al amanecer para asegurarse de que las ha recogido. Y así, entre tarde y temprano, el cortejo empieza y acaba: él, latiéndole el corazón al compás de cada palabra leída; ella, deseando una respuesta de sus labios; él, sonriendo con la lectura; ella, suspirando por ganar la batalla.




Tom Yam Kung es una sopa originaria de Tailandia y uno de los platos más representativos del país.
"Tom" significa hervido o sopa. "Yam" se refiere a una mezcla, a menudo utilizada para describir ensaladas picantes y ácidas. "Kung" (o goong) significa gambas o langostinos.
Por tanto, Tom Yam Kung es literalmente una “sopa hervida, ácida y picante con gambas”.

Es muy popular no solo en Tailandia, sino también en Laos y en otros países del sudeste asiático. Suele servirse como entrada o plato principal, a menudo acompañada de arroz jazmín. Se considera una sopa que estimula el apetito y el metabolismo, ideal para climas cálidos y húmedos. En Tailandia es habitual encontrarla en festivales, comidas familiares e incluso en puestos callejeros.

¡Voy al grano! Su elaboración es muy sencilla. Lo más complicado, quizás, sea encontrar algunos ingredientes como el lemongrass o la pasta de curry rojo. Yo los encontré en el supermercado chino, y si tienes alguno asiático cerca, probablemente tú también los encuentres sin problema. Por lo demás, no tiene misterio.

Puedes acompañarla con arroz, o tomarla tal cual. Eso sí: tiene un punto picante —no llega a adormecer la lengua, pero se nota— y está realmente deliciosa.

· SOPA DE GAMBAS CON CURRY Y COCO · 

Ingredientes para 4
  • 2 cdas. de aceite de oliva virgen extra
  • 1/2 cebolla, picada en brunoise
  • 3 dientes de ajo, picados
  • 1/2 cdta. de comino molido
  • 1 cda. de pasta de curry rojo
  • 1 l de caldo de verduras
  • 1 trozo de jengibre fresco, pelado
  • 1 lemongrass, a trozos
  • 1 jalapeño, troceado
  • Granos de pimienta
  • Cilantro
  • 2 cdas. de salsa de pescado
  • 1 lata de leche de coco (400 ml aprox.)
  • 350 g de gambas, sin cáscara y desvenadas
  • 2 champiñones, en rodajas
  • El zumo de 1 lima
  • Cilantro picado para decorar
Elaboración
  1. En una olla grande, calienta el aceite a fuego medio. Añade la cebolla y sofríe hasta que esté transparente.
  2. Incorpora el ajo picado, el comino y la pasta de curry rojo. Remueve bien y cocina durante 1 minuto para que se liberen los aromas.
  3. Añade el caldo de verduras, el jengibre, el lemongrass, el jalapeño, los granos de pimienta, las ramas de cilantro y la salsa de pescado. Remueve y lleva a ebullición.
  4. Reduce el fuego y deja cocinar durante 20 minutos para que el caldo se infusione con todos los sabores.
  5. Cuela el caldo y vuelve a ponerlo en la olla, desechando los sólidos.
  6. Añade la leche de coco, las gambas, los champiñones y el zumo de lima. Cocina a fuego medio durante unos 5 minutos, hasta que las gambas estén hechas.
  7. Sirve caliente, decorado con cilantro fresco picado.



Relato, fotos, ilustración y vídeo @catypol - Circus day.

Spaghetti Western

El verano hacía tiempo que había quedado atrás: los baños en la piscina, las siestas al mediodía, los juegos por la tarde-noche que llenaban la casa de una banda sonora especial, las cenas al aire libre y las películas proyectadas sobre una sábana blanca en el patio interior. ¡Oh! Esa parte era, sin duda, la mejor manera de terminar la noche.

Mamá y papá, cogidos de la mano; mis hermanas, alborotadas cuando salía un actor guapo —o eso decían ellas, porque a mí todos me parecían del montón—; mi nonna, limpiándose las lágrimas cuando la historia lo requería... Entonces se giraba hacia mí y me decía con dulzura:

—Mi niño bonito, no crezcas rápido.

Y a mí me desconcertaba. De todas formas, tenía que crecer, así que no le prestaba mucha atención cuando se ponía así de emocionada.

El día que mamá me dijo que esa noche veríamos un spaghetti western, me maravilló. A mí me gustaban mucho, mucho los espaguetis, pero no entendía lo de «occidental».

—¿Hay una película de espaguetis... occidentales?

No sabía qué pensar, así que me pasé el día persiguiendo a la nonna para que me contara el plan. Ella, muy reservada, solo me decía que la película me iba a gustar mucho.

—Hay caballos, disparos y vaqueros —me decía—. No en ese orden... pero los hay.

Y eso me dejó chof. Aunque bueno, si había todo eso, seguro que me gustaría. Sobre todo si, antes de la película, el espagueti estaba en mi plato.




¡Yiiiijaaaa!

Cuando era pequeña, recuerdo que en La 2 hacían ciclos de cine con mucha frecuencia. A veces eran de películas de baile con Fred Astaire y Ginger Rogers; otras veces, de cine negro... y otras, de westerns. Algunos eran americanos, pero también los había rodados en España —los llamados chorizo western— o en Italia, conocidos como spaghetti western. Aunque, al final, creo que ese término acabó aplicándose a todos los westerns hechos en Europa.

A mí, particularmente, no es un género que me entusiasme, pero sí gustaba mucho a nuestros mayores. Recuerdo a mi abuela o a mi padre viendo este tipo de películas con auténtica devoción.

Por lo visto, los estudios donde se rodaban muchos de estos spaghetti western estaban en Roma. Curiosamente, en los restaurantes italianos también puedes encontrar un plato muy típico: los spaghetti all’amatriciana. Aunque no son originarios de Roma, sino de Amatrice. Un poco como los westerns, ¿no crees?

La amatriciana —o matriciana, en dialecto romano— es una salsa para pasta que toma su nombre de Amatrice, una ciudad de la provincia de Rieti, en Abruzos (hasta 1927). Sus ingredientes principales son: tocino (guanciale), queso pecorino y tomate.

Durante el siglo XIX y principios del XX, la popularidad de la amatriciana en Roma creció muchísimo, gracias a los estrechos vínculos entre ambas ciudades. En esa época, muchos posaderos en Roma eran originarios de Amatrice, y el término matriciano pasó a usarse para referirse a una «posada con cocina». La amatriciana fue tan bien recibida que se convirtió en un clásico indiscutible de la cocina romana.

Y tú, ¿con cuál te quedas: con el espagueti… o con el western?


· SPAGHETTI ALL'AMATRICIANA ·


Ingredientes
  • 400 g de espaguetis
  • 200 g de guanciale (o tocino)
  • 120 g de Pecorino
  • 500 g de tomates pelados

    Elaboración
  1. Pon el agua a hervir en una cacerola, con una pizca de sal gorda. 
  2. Engrasa una sartén de hierro con manteca de cerdo, pero si tienes una sartén antiadherente no la necesitas. Corta el tocino en tiras y no en dados, añádelo a la sartén y déjalo sofreír en su propia grasa, a fuego lento. El tocino debe volverse transparente en la parte grasa, luego empezando a dorarse, y cuando esté crujiente y tostado ( con cuidado de no quemarlo ) recogerlo con una espumadera y reservarlo en un plato, pero dejar su grasa dentro del sartén .
  3. Vierte los tomates pelados en la sartén y cocina durante 10/15 minutos. 
  4. Una vez cocidos, tritúralos con un tenedor reduciéndolos a pulpa y añadir 20 gramos de queso pecorino rallado. 
  5. Escurre los espaguetis y añádelos a la salsa de la sartén, salteándolos a fuego fuerte durante 2 minutos y mezclando todo bien. 
  6. Agrega el tocino y el resto de queso pecorino, mezcla rápidamente y sirve la amatriciana bien caliente.


Relato y fotografías @catypol - Circus day.

Mix agridulce

Todo empezó cuando Teresa, la dueña del pequeño hostal “Sol y Sombra”, encontró una piña sobre el mostrador de recepción. No era parte del desayuno ni un regalo de bienvenida. Simplemente… apareció.

—¿Y esto? —preguntó en voz alta, aunque solo estaba Paco, el recepcionista, medio dormido escuchando un tango en el viejo gramófono que alguien había donado años atrás.

—Igual la trajo algún huésped —dijo Paco, encogiéndose de hombros—. O es de los del autobús que llegó esta mañana.

En la plaza, justo enfrente del hostal, la única sombra que había era la de un raquítico árbol junto a la parada de autobús. Y ahí, efectivamente, se habían bajado dos turistas, una pareja joven, cargando mochilas enormes y… una piña.

Teresa cruzó la calle con la piña en la mano como si llevara un trofeo.

—¡Oigan! ¿Esto es suyo?

Los alemanes se miraron confundidos. Luego ella, con un inglés limitado pero convincente, explicó:

—Pineapple. Reception. You left.

—Ah! No, no. Decoration for photo —dijo él, y sacó el móvil para mostrar una foto de su novia con gafas de sol, un cóctel, y la piña como atrezo.

Teresa se rindió. Volvió al hostal y colocó la piña junto el gramófono. Hacían un curioso Mix. Fue parte del mobiliario durante unas horas, al final, acabaría en la cocina, cortada a rodajas o formando parte de un plato elaborado. ¡Cómo si fuera un cerdito engordado!.




Mai está haciendo un libro de recetas de piñas y bananas que después será donado a la organización Frutas Justas. Su propuesta es que "donemos" una receta en la que uno de sus ingredientes sea o piña o banana, y así colaborar en buena acción para apoyar a los trabajadores y presionar a que haya un cambio en el sistema actual, por una vida y comercio justo. Puedes informarte  mejor aquí. Yo he elegido piña.  Así que he hecho esto, una piña me ha servido para cocinar un plato que popularmente tomamos con pan, sí, eso una Burger, y aquí lo he servido con piña, ternera y salsa agridulce, ¿el resultado? así quedó:

· MIX AGRIDULCE ·

Ingredientes 
  • 1 piña pequeña
  • 500 gramos de carne picada ternera
  • La yema de 1 huevo
  • 1 cucharadita de cebolla en polvo
  • 1 cucharadita de ajo en polvo
  • 1 cucharadita de sal y pimienta
  • Pimiento verde y rojo a trocitos pequeños
  • Cebolla y ajo a trocitos pequeños
  • 1 cucharadita de tomate concentrado
Elaboración
  1. Enciende el horno a 200º C. (También se puede hacer con la airfryer como en el vídeo).
  2. Pela y quita el centro de la piña. 
  3. Corta a rodajas, ¿el grosor? a gusto de cada uno. 
  4. Reserva. 
  5. Pocha en una sartén los pimientos, la cebolla y el ajo, a fuego bajo. 
  6. Cuando empiecen a transparentar añade el tomate concentrado. 
  7. Remueve. 
  8. Deja pochar unos minutos más.
  9. Mezcla la yema, la cebolla en polvo, el ajo en polvo, y la sal y pimienta con la carne. 
  10. Cuando el sofrito esté pochado añádelo a la carne y mezcla bien.

Para formar los mix. 
  1. Asegúrate que el círculo de la piña esté relleno de carne.
  2. Aplastar los extremos formando las bolas como las de la foto. 
  3. Hornea durante 40 - 45 minutos (depende del grosor y del punto de cocción que guste a cada uno). 
  4. Si se hace con la airfryer, cocinar a 180 ºC durante 15/20 minutos.
  5. Servir con la salsa agridulce por encima.

· SALSA AGRIDULCE ·

Ingredientes
  • 2 cucharadas de azúcar glasé
  • 1 cucharada de fécula de maíz
  • 2 cucharadas de salsa de soja
  • 3 cucharadas de ketchup
  • 3 cucharadas de vinagre de arroz
  • 2 cucharadas de vino de arroz o vino blanco
  • 100 mililitros de agua
Elaboración
Mezcla todos los ingredientes y calienta en un cazo hasta que la salsa espese, no deben quedar grumos.




Podéis colaborar con vuestras recetas, ya sabéis banana o piña? y 5 reglas a tener en cuenta:

  1. consume local...compra más en fruterías y pequeños establecimientos evitando las grandes cadenas que están hundiendo los precios en origen.
  2. cuando tu bolsillo te lo permita, compra productos de precio justo... si no puedes siempre, ayuda de vez en cuando con pequeñas compras. 
  3. piensa que ciertos productos bio no son ni mejores ni peores para tu salud pero sí lo son para quienes los trabajan.
  4. si los gobiernos y organizaciones internacionales no miran por el bienestar de la personas, hazlo tú... no los condenes al olvido.
  5. deseo una vida más justa y más sana, como la mía... ojalá algún día, todo el mundo tenga lo que yo tengo.... ni más ni menos. 


Receta y fotografías @catypol - Circus day.

Ribollita

*Per te
Oggi farò una zuppa, forse toscana, con il suo pane ricco e un po’ di parmigiano. Sedetevi e godetevela con me, avete voglia?

Estábamos en un pequeño restaurante. Yo en la entrada, y él sentado en la barra. No había nadie más; era la hora de comer aquí, aunque en mi país todavía no. Mi estómago protestaba y no quería comer sola.

Un delicioso aroma me alcanzó y me transportó, sin darme cuenta, a ese lugar pequeño: la decoración, el olor que salía de la cocina, y él, que me dejó clavada en la puerta. Cuando oí su voz, salí de mi trance y solo pude asentir. Me acerqué y me senté. Sus pulcras manos se movieron, y como por arte de magia sacó una cuchara.

—Adivina —me dijo.

No dije nada y le sonreí.

No sé qué esperaba; mi mente no podía pensar. Quería algo diferente, estaba cansada de lo mismo, y no me decepcionó. Una copa de vino y buena compañía era más de lo que podía imaginar.

Cuando puso el plato delante de mí, mis ojos se iluminaron y mi corazón latió con fuerza. Las yemas de mis dedos rozaron mis mejillas ruborizadas, y todo mi ser se llenó de felicidad.

Él se levantó, me miró un instante y desapareció. Nunca más volví a verle ni a sentir la magia que ese día respiraron todos mis sentidos. No les puedo asegurar que la sientan igual, pero si cierran los ojos, verán el pequeño restaurante… y él les estará esperando.



Algo nos transportará a la Toscana italiana, mejor nombrar la sopa en italiano pues en realidad en castellano significa recocida (cocinada 2 veces) y no suena muy bien, ¿no? , pero volvamos a todo lo que nos suena bien, a su pan toscano delicioso, y a una mezcla de ingredientes humildes pero muy sabrosos, así es esta sopa, y sabe mejor si se toma el día siguiente.


· RIBOLLITA ·

Ingredientes para 4 personas
  • 4 cucharadas aceite de oliva
  • 80 gramos de cebolla picada
  • 1 diente de ajo picado
  • 250 gramos de alubias blancas cocidas
  • 150 gramos de jamón serrano a taquitos
  • 1 guindilla seca pequeña o 1/2 grande
  • Tomillo y romero (fresco o seco)
  • 100 gramos de zanahoria cortada a cuadrados
  • 80 gramos de apio cortado a rodajas
  • 100 gramos de puerro cortado aros
  • 150 gramos de acelgas cortadas en tiras
  • Sal y pimienta
  • 2 litros de agua
  • 4 rebanadas tostadas de pan 
  • 50 gramos de parmesano recién rallado

Elaboración
  1. Calienta el aceite en una olla, rehoga la cebolla y el ajo sin que lleguen a dorarse, y añade el puerro. Remueve bien para que se integren los sabores, incorpora la zanahoria y, seguidamente, el apio. 
  2. Mezcla de nuevo y rehoga unos minutos.
  3. Añade el agua, remueve y espera a que hierva. 
  4. Cuando rompa a hervir, incorpora la guindilla, el romero, el tomillo, pimienta negra y sal. 
  5. Deja que continúe la cocción.
  6. Mientras tanto, tritura una parte de las alubias blancas y reserva.
  7. Pasados unos cinco minutos de hervor, añade las alubias enteras, la pasta de alubias que has triturado, el jamón y las acelgas. 
  8. Mezcla todo con suavidad y deja hervir unos 20 minutos más.
  9. Sirve la sopa en un cuenco, coloca una rebanada de pan encima y espolvorea con parmesano rallado justo antes de llevarla a la mesa.




Clara, espero que a la Mamma y a A. les guste, por mi parte he descubierto un plato estupendo que se repetirá en casa, seguro, con esta receta participo en el consurso Italia; mucho más que pasta y pizza.


*(Traducción de inicio de página) Hoy tomaré una sopa, si es posible que sea de la Toscana, acompañada de su rico pan y con un poquito de parmesano, siéntate y disfruta conmigo ¿te apetece?.



Relato y fotografías @catypol - Circus day.

Zongzi

La barcaza avanzaba lenta por el río, cortando el reflejo de las linternas como si navegara sobre fuego líquido. Era el Festival del Dragón en el pueblo de Qingshui, y las orillas vibraban con tambores, risas y el aroma envolvente de los zongzi, esos triángulos de arroz glutinoso envueltos en hojas de bambú. Meilin, de pie junto a su abuela en la barcaza, sostenía una taza de té que apenas podía beber por los nervios. Era su primer festival desde que cumplió dieciocho… y la primera vez que sentía los latidos de su otra herencia.

—Esta noche puede despertar en ti —le dijo la abuela con su voz de pétalo arrugado—. Lo de los cambiaformas no es leyenda. Es memoria. Sangre antigua.

Meilin quiso reír, pero algo en la mirada de su abuela, fija en el río oscuro, la detuvo. Mientras la procesión seguía, con dragones de papel danzando en la orilla y fuegos artificiales como flores salvajes en el cielo, sintió un calor subir por su espalda. No era el té. No era el verano. Era algo más. Algo que olía a bosque mojado y a luna llena. La abuela la miró con ternura y puso un zongzi caliente en su mano.

—Come, niña. La forma necesita ancla.

Al primer bocado, Meilin cerró los ojos. Y allí estaba: una pasión salvaje por correr, por saltar entre ramas, por cazar el viento. Se vio a sí misma con garras, con ojos dorados, con un lomo que brillaba bajo la luna como si fuera parte del río. Gritó, pero nadie la oyó. O tal vez sí. Porque cuando abrió los ojos, su abuela le sonreía y a su lado había una gran grulla blanca, serena, majestuosa.

—No temas, Meilin. Esta también soy yo.

La barcaza flotaba ahora en silencio, como si el mundo se hubiera detenido para que el linaje olvidado despertara. Esa noche, bajo el rugido de los dragones de papel, Meilin aprendió a volar sin alas y a volver sin miedo. Aprendió que la pasión no es solo amor, sino fuego que arde desde dentro. Y que el té compartido con una abuela sabia puede ser más poderoso que cualquier hechizo.

Por la mañana, la barcaza regresó vacía. Pero en la orilla del río, sobre una roca, alguien había dejado un zongzi aún tibio, envuelto con cuidado. Como promesa. Como señal.




En el quinto día del mes lunar se celebra el Festival del Bote del Dragón. El zongzi, o pastel de arroz glutinoso envuelto en hojas de caña, es el alimento conmemorativo por excelencia. Esta costumbre es común en toda China y cuenta con más de 2000 años de historia.

Por tradición, la gente coloca retratos de Zhong Kui y cuelga hojas de artemisa en las puertas y paredes de sus casas. Los adultos disfrutan del vino amarillo, mientras los niños juegan con "bolsas de fragancia", que actúan como amuletos de protección.

El zongzi existe tanto en el norte como en el sur de China, aunque con diferentes sabores y formas. En el norte, suelen rellenarlo con azufaifas, pasta de judías azucarada, frutas en conserva y otros dulces, cubiertos con una gruesa capa de arroz glutinoso y envueltos en hojas de caña en forma triangular. En el sur, también hay zongzi cuadrados y planos, con rellenos más abundantes que incluyen huevos y carnes.

Aunque esta es una receta cetogénica y no era mi intención hacerla así, porque me encanta el arroz, por un tiempo no puedo comerlo. Cuando visité el supermercado chino y vi las hojas de bambú para hacer zongzi me emocioné, pensando en todas las maneras de rellenarlos. No consideré que no podía usar arroz, ni siquiera el glutinoso que lleva normalmente esta preparación. Aun así, las compré y las llevé a casa.

Cuando recordé que no podía hacer el relleno con arroz me decepcioné, sí, un rato. Luego recordé que suelo sustituir el arroz por coliflor, y hasta ahora me había gustado, así que ¿por qué no probarlo con esta receta? ¿Verdad?

Para que la coliflor quede con una textura “glutinosa” parecida al arroz, le añadí psyllium durante la cocción, lo que la volvió más pegajosa. Me gustó el resultado, aunque no queda tan pegajoso como con arroz.

Mi relleno es un poco particular, usando cerdo, champiñones y manzana, nada que ver con el tradicional. Aunque parezca laborioso o difícil, es una receta fácil. Lee la receta antes para no confundirte con los pasos. No olvides que si las hojas son secas deben estar en remojo toda la noche para ganar elasticidad. Los cordeles solo hay que remojarlos en el momento de preparar los paquetitos.

Por supuesto, sobra decir que mi destreza haciendo los paquetitos es de novata total, pero por ser mi primera vez estoy satisfecha.


· ZONGZI de colirroz ·

Ingredientes 

Preparación de las hojas:
  • 40 hojas de bambú secas (cada zongzi lleva 4 hojas)
  • 1 cucharada de aceite de oliva
  • Agua

Preparación de la colirroz:
  • 1/2 cebolla picada
  • 2 ajos picados
  • 1 coliflor pequeña
  • 50 gramos de psyllium
  • Sal y pimienta
  • Aceite de oliva virgen extra

Preparación del relleno:
  • Aceite de oliva
  • 150 gramos de cerdo (carne de la costilla), cortada a cuadritos
  • 100 gramos de champiñones, cortados pequeños
  • 1 manzana, pelada y sin corazón, cortada a cuadritos pequeños
  • 3 cdas. salsa hoisin

Elaboración

Primero ponemos los cordeles a remojo para cuando tengamos que formar los zongzi no se rompan.

Preparación de las hojas:
  1. Enjuaga y frota las hojas muy suavemente para limpiarlas. 
  2. Colócalas dentro de una olla profunda y agrega agua suficiente para cubrirlas. 
  3. Añade una cucharada de aceite de oliva al agua; esto ayudará a que las hojas sean más flexibles y menos propensas a romperse.
  4. Tapa la olla y caliéntala a fuego alto hasta que hierva. 
  5. Apaga el fuego inmediatamente y mantén la tapa puesta, dejando que las hojas se empapen durante toda la noche.

Preparación de la colirroz:
  1. Corta las coliflores en pequeños floretes. 
  2. Pica los tallos y las hojas en trozos más pequeños. 
  3. Enjuágalos con agua corriente, escurre y seca con papel de cocina.
  4. Coloca los trozos de coliflor en un procesador de alimentos o licuadora y pulsa hasta que tengan el tamaño del arroz. 
  5. Pon el “arroz” de coliflor en un recipiente grande y reserva.
  6. Pica los dientes de ajo y la cebolla en trozos pequeños, del tamaño del arroz o más pequeños.
  7. Calienta una cucharada de aceite de oliva en una sartén grande a fuego medio-alto.Saltea el ajo y la cebolla, y luego agrega el arroz de coliflor.
  8. Cocina durante unos 3 minutos, removiendo.
  9. Sazona con sal y pimienta al gusto.
  10. Espolvorea la cáscara de psyllium de manera uniforme sobre el arroz de coliflor y saltea hasta que se mezclen bien y el “arroz” se compacte un poco, sin que se pegue a la sartén.
  11. Reserva.

Preparación del relleno:
  1. Saltea el cerdo en una sartén con aceite de oliva.
  2. Cuando esté dorado, añade los champiñones y la manzana y sigue salteando hasta que los champiñones se reduzcan y la manzana esté pochada.
  3. Añade la salsa y mezcla bien.
  4. Reserva.

Formar los zongzi:
  1. Has sacado las hojas de la olla y las has secado con papel de cocina.
  2. Para cada zongzi, necesitas 4 hojas.
  3. Primero, coloca dos hojas en forma de cruz. 
  4. Dobla la parte superpuesta para formar un cono. 
  5. Rellena el cono con colirroz. 
  6. Añade encima el relleno de cerdo y cubre con más colirroz.
  7. Coloca dos hojas más, una a cada lado del cono. 
  8. Usa una mano para cerrar el paquete y dóblalo por completo. 
  9. Apreta bien la bola de masa con un hilo y cierra con el cordel. 
  10. Corta la parte sobrante de las hojas.
  11. Repite el proceso con las demás hojas.

Cocinar los zongzi:
  1. En una olla, hierve abundante agua.
  2. Coloca encima una vaporera con los zongzis y tapa. 
  3. Cocina durante 15 minutos.
  4. Saca los zongzi, corta el cordel y desdobla las hojas para comer.

Conservación:
  1. En una olla, hierve abundante agua. 
  2. Coloca encima una vaporera con los zongzi y tapa. 
  3. Cocina durante 15 minutos.
  4. Retira los zongzi, corta el cordel y desdobla las hojas para servir y disfrutar.




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Pollo Korma

Un cuento muy, pero que muy particular...

Una vez encontré una lámpara, y yo pensé: "¡Maravillosa!", así que froté y froté, y aparte de sacarle brillo, nada más de ella saqué.
“Le preguntaré al espejito”, pensé, y entonces hasta él me trasladé.
—Espejito, espejito, dime tú: ¿por qué de la lámpara nada salió?
Y por más cara de súplica que puse, ni el espejito me sonrió.

Pataditas sobre la alfombra di, pero ni un centímetro moverla conseguí.
—¡Aargh! ¿Qué debo hacer para que nadie me ignore? ¿Quizás correr detrás de los cuarenta ladrones?

Mejor iré al palacio, me vestiré de princesa y haré una fiesta. Invitaré al sultán para que no trame ningún plan, y le contaré un cuento (porque si no lo hago, ¡reviento!).
O mejor: le cocinaré pollo y no tendré que soltarle el rollo.
Lo haré con pistachos, que les gustan mucho a estos ricachos.
También llevará yogur —muy apropiado y con mucho glamour—,
para terminar descansando… y desaparecer volando.




Korma se originó al sur de Asia y tiene raíces en la cocina de Mongolia. El término inglés Korma se deriva de la palabra urdu "qorma" que significa estofar. Básicamente, korma es un plato en el que la carne se cuece en grasas como la manteca, aceite y yogur. Basado en esta técnica de estofado, hay muchísimas versiones en los países del sur de Asia, elaborados con especias, nueces, semillas, yogur y coco. 

· POLLO KORMA ·
 
Ingredientes para 4 
  • 40 gramos de pistachos (o nueces o anacardos)
  • 750 gramos de pollo, troceado
  • 1 yogur natural de coco sin azúcar (o un yogur natural)
  • 1 cucharada de jengibre fresco, rallado
  • 2 ajos, picados
  • 1 cucharadita de cúrcuma en polvo
  • 1/2 cucharadita de cayena en polvo
  • 1 cucharadita de garam masala
  • Sal. al gusto
  • Aceite de oliva 
  • 100 gramos de cebolla picada
  • 1 cucharadita de cardamomo en polvo
  • 1 cucharadita de canela de Ceylan en polvo
  • 1 cucharadita de comino en polvo
  • 1 o 2 hojas de laurel
  • 1 lata de leche de coco
  • Cilantro fresco picado
Acompañar con arroz y con pan indio.

Elaboración
  1. Coloca los pistachos en un bol y cúbrelos con agua hirviendo. Deja reposar durante al menos media hora para que se ablanden.
  2. En un bol, mezcla el pollo con la mitad del yogur de coco, el jengibre, el ajo, la cúrcuma, la cayena, el garam masala y la sal. Tapa y deja macerar una hora.
  3. En una sartén con aceite, pocha la cebolla. Apaga el fuego y mezcla la cebolla pochada con el cardamomo, la canela, el comino y los pistachos. Añade la leche de coco y licúa todo hasta obtener una pasta.
  4. En una sartén con un poco de aceite, saltea a fuego medio el pollo marinado. Agrega la pasta de la cebolla y la hoja de laurel. Mezcla y cocina a fuego bajo hasta que el pollo esté listo. Añade el cilantro fresco picado al servir.


Con esta receta participo en el concurso recetas con yogur en Canal Cocina (2011).

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Lasaña en sartén

Septiembre, mes de vino, de vendimia y de fiesta, como no podía ser de otra manera. Por la mañana, cuando el sol aún no ha aparecido con su luz, pero sí con claridad, todos vamos desperezándonos y bostezando hasta llegar a los viñedos. El desayuno se sirve muy temprano, casi dormidos, con poca charla y mucho dolor de huesos; esos de los días llenos de nervios, pendientes de saber qué buena uva tenemos. La recogida no es fácil cuando se hace a mano, como antes de que las máquinas se encargaran de la recolección.

Al principio reina el silencio, roto solo por algún bostezo monumental o por el inevitable vecino que asegura, año tras año, que esta será la mejor cosecha de la historia. Entre cepa y cepa van apareciendo las bromas, las canciones de siempre y alguna pequeña competición para ver quién llena antes el capazo. Aunque, siendo sinceros, más de uno dedica más tiempo a vigilar el almuerzo que a contar racimos.

Cuando los primeros rayos de sol asoman sobre nosotros, ya estamos bien despiertos y a toda faena para terminar antes del medidía. Las manos trabajan rápidas y los remolques se llenan poco a poco de uvas brillantes y maduras. Sonreímos, pues es el último día de recogida y después todo será fiesta y jolgorio, vino y risas.

Es tradición, cuando termina la vendimia, vestirnos bonitos y hacer una gran celebración en la plaza. Allí desaparecen los cansancios, se cuentan anécdotas de la campaña y nadie recuerda quién fue el que acabó sentado sobre una caja de uvas por accidente. Septiembre es nuestro mes, mes del vino y la alegría, pues todo indica que este año será una buena cosecha.

Y al final, quien brinde con nuestro vino notará sus notas perfectas para acompañar una buena... ¿lasaña? ¿De carne, de pescado, de verduras? ¡Qué más da! Si es en buena compañía, entre risas y amigos, cualquier mesa se convierte en una fiesta.





Nací en un pueblo donde hay viñedos. Cada año reclutaban a gente del pueblo para la vendimia. A mí me pilló pequeña, pero mis hermanos mayores sí fueron algún que otro año.

En cambio, sí trabajé en una tienda de vinos, pequeña y muy selecta. Empecé allí sirviendo cava en Navidad y me quedé una temporada más. ¿Gustarme el vino? Pues no. No soy bebedora de alcohol; quizás me guste más el blanco que el tinto, puede que sí, pero sin exagerar y no para acompañar todos los platos. Y eso, cuando se trabaja en una tienda de vinos, pues... ¡Mmmm!, mola poco, decía el jefe.

Sin embargo, me leí todos los libros, me sabía las mejores añadas y aprendí sobre vinos y maridajes para poder aconsejar a los clientes. Así que, aunque en las catas no era la mejor por puro gusto personal, para vender lo daba todo, todo, todo.

¡Ah! Y tengo que decir que me gustó mucho trabajar en ello. Ese silencio de la tienda era tan único y cautivador... Nada parecido a una celebración entre amigos, aunque a veces resultaba igual de placentero.

De la mezcla de diferentes tipos de uva y de un buen enólogo, para qué engañarnos, surgen deliciosos caldos que suelen acompañar nuestras mejores recetas. Esta, en concreto, es un poco como el vino: una receta de lasaña que tenía guardada y que, ¡sorpresa!, está hecha en una sartén.

Así salió, y la probaron en casa unos comensales muy especiales que, además de vino, tomaron mojito (era una excusa perfecta para prepararlo), aunque no junto con la lasaña. 😉


· LASAÑA DE POLLO A LA SARTÉN ·

Ingredientes 
  • 1 paquete de placas de canelones o lasaña de cocción rápida.
  • Pollo cocido desmenuzado (como medio pollo)
  • 1/2 cebolla picada
  • 1 ajo picado
  • Un manojo de espinacas (pueden ser congeladas)
  • Salsa de tomate frito
  • Orégano seco
  • Sal y pimienta negra
  • Mozzarella rallada y 1 en bola
  • 2 cucharadas de aceite

Elaboración
  1. Pon las placas de canelones o lasaña en agua muy caliente y déjalas ablandar mientras preparas el resto del plato.
  2. En una sartén con unas cucharadas de aceite, pocha la cebolla y el ajo. A fuego bajo, añade las espinacas (si son congeladas, bien escurridas) y remueve.
  3. Incorpora el pollo desmenuzado o cortado en trocitos y mezcla todo bien.
  4. Añade una cucharada de orégano, sal y pimienta al gusto. Echa la salsa de tomate y remueve bien.
  5. Aparta más de la mitad de la mezcla de la sartén; la usaremos para hacer las capas de la lasaña.
  6. Deja una parte del pollo en la sartén y, siempre a fuego bajo, cubre esa parte con placas de canelones o lasaña.
  7. Pon encima otra parte del pollo y añade mozzarella rallada.
  8. Cubre con más placas, añade la última parte del pollo, más mozzarella, y vuelve a cubrir con placas.
  9. En la última capa, pon mozzarella en bola cortada en trozos y espolvorea con más mozzarella rallada.
  10. Cubre la sartén y deja cocinar a fuego bajo durante 10 minutos.
  11. Apaga el fuego y sirve.

Nota: Puedes usar placas de canelones o lasaña que requieran cocción previa. Simplemente hiérvelas según las instrucciones del fabricante y luego continúa la receta como está indicada.



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