Señoras y Señores,

Bienvenidos a Circus Day

image
Hola,

Soy Caty y dirijo este circo

Foodie, diseñadora gráfica, cuentacuentos y aficionada a la fotografía es un resumen de lo que encontrarás aquí, un circo lleno de recetas, historias y espectáculo. Señoras y señores, mesdames et messieurs, ladies and gentlemen, bienvenidos a Circus day, espero que te guste el show.

The Show

En el blog

Mostrando entradas con la etiqueta Mallorca. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mallorca. Mostrar todas las entradas

Sopes Mallorquines

Blanquerna quería ser ermitaño. Visualizaba una vida de contemplación, silencio y quizá alguna raíz hervida los domingos. Pero el destino (y el guion de Llull) tenía otros planes: lo habían nombrado Papa.

—Pero, señor —protestó Blanquerna ante un cardenal—, yo solo quiero estar en la montaña hablando con las cabras sobre la Primera Causa.

—Las cabras no pagan diezmos, Blanquerna —respondió el cardenal—. Además, el mundo está hecho un desastre. Necesitamos tu "Arte" para poner orden.

Blanquerna aceptó, pero con una condición: aplicaría la lógica matemática a la gestión del Vaticano. Al segundo día, el palacio papal parecía una oficina de ingeniería.

—A ver —dijo Blanquerna, sacando unos esquemas con letras {A, B, C...} que representaban las virtudes divinas—. Si la Bondad es mayor que la Magnificencia, ¿por qué este banquete tiene doce tipos de faisán? Matemáticamente, esto es un error de bulto. ¡Traedme un plato de sopas!

Los cocineros lloraban, los obispos no entendían las gráficas de círculos concéntricos y los embajadores estaban confundidos porque el Papa, en lugar de bendecirlos, les hacía un examen de lógica combinatoria sobre el amor divino.

—Santidad —le dijo su secretario—, la gente se queja. Dicen que su sistema es perfecto, pero que no entienden ni "papa", nunca mejor dicho.

Blanquerna suspiró. Miró su "Arte Breve", miró el trono de oro y luego miró por la ventana hacia una montaña lejana.

—Tenéis razón. El mundo es demasiado caótico para la lógica pura. Prefiero que mi vida sea un ejemplo y no una ecuación.

Y así, en un giro digno de la mejor novela de aventuras mística, Blanquerna hizo lo que todo trabajador estresado sueña: dimitió. Dejó la tiara sobre la mesa, se puso su túnica de lana y se escapó por la puerta de atrás hacia la montaña.

Cuando los cardenales entraron, solo encontraron una nota escrita con perfecta caligrafía:

"He calculado el ángulo de mi felicidad, y resulta que es proporcional a la distancia que me separa de este palacio. Atentamente, vuestro ermitaño favorito."

Inspirado en Blanquerna de Ramón Llull





No les puedo describir lo que sentí cuando Yolanda me propuso para seguir con el desafío, pero empecemos por el principio. Un día Patricia nos anuncia un nuevo juego, ¿Quién viene a cenar?, y de pronto se sentó en su mesa la mismísima Caperucita Roja, (roja estaba yo de envidia), pasó el testigo a Carmen, y ella cenó con la elegante Cocó Chanel, (con Nº5?), y al fin Yolanda, que nos descubrió una Sra. Merkel diferente hasta ese momento (yo me quedé con la boca abierta), y en esas fue cuando ella me notificó quién vendría a cenar a casa.

Verdaderamente desafiante y difícil reto el que me propuso hace hoy 20 días. Al principio me llevé las manos a la cabeza ¡qué sea lo que Dios quiera! pero después pensé ¿quién dijo miedo? será un honor para mi cocinar para uno de los mejores cocineros españoles. Modestamente, claro, no voy a convertirlo en una pesadilla y al final tenga que cerrar el "chiringuito", así que me puse a buscar un poco de información sobre mi invitado, que a estas alturas seguro ya sabéis que es Alberto Chicote

Y digo me puse a buscar un poco de información sobre mi invitado por que todos conocemos la parte más mediática de él, y a mi me gusta saber que preferencias tiene quien viene a comer a casa, si tienen intolerancias, o son vegetarianos, si prefieren carne o pescado y él no iba a ser una excepción. De entrada descubrí que no come huevos (los aborrece), come más pescado (es más pescadero, dice él) y le encanta el jamón; del bueno, eso sí, ¿yyy? que le gusta la gastronomía mallorquina, (¡uff, menos mal! no sé si me atrevería cocinarle unos callos con garbanzos). 

Alberto Chicote dejó el rugby por la cocina, cuando lo explicó la primera vez me quedé asombrada, después pensé que mirándolo bien me recordaba a un amigo escocés, pelirrojo que también jugaba al rugby, pero bueno igual estaba yo divagando. También es arquero, no de fútbol ni de balonmano, es de los que tiran con arco, vamos, ya veis que tiene ese punto diferente que gusta mucho, ¿eh?, además de ser un gran cocinero con muchos años de experiencia y mucho trabajo bien hecho (eso lo sabemos todos y no es peloteo), pero sobre todo se califica de gustos sencillos, habla bien de sus compañeros de oficio, visita a menudo a sus amigos mallorquines y es así de natural y abierto cuando cualquiera se le acerca y le pide una foto, espero que si algún día llega a esta entrada se sienta halagado pues yo estoy muy contenta de tenerlo como invitado. "Las cosas sencillas funcionan mejor que las cosas complejas" .- Alberto Chicote. 

Ahora os estaréis preguntando qué le he cocinado yo a Alberto Chicote, pues reuniendo un poco de aquí y un poco de allí, me he decantado por un plato tradicional mallorquín, algo que él ha comido ya en Mallorca, y que sé que le gusta. Lo quiero presentar bien, con todas las palabras y sentimientos que me han movido cocinar este plato. Decir que es una receta familiar, que en otras ocasiones he cocinado con mi madre, como él hace con su familia a veces, sobre todo en Nochebuena, y que los ingredientes son buenos buenos...



Las Sopes Mallorquines son un plato tradicional mallorquín, hecho con caldo de verduras y rebanadas finas de pa moreno o pan payés mallorquín. Se hace con verduras de temporada y se le añaden trozos de carne magra de cerdo, aunque este paso es opcional, además del "botifarró", que es un embutido mallorquín, y la sobrasada, por todos sobradamente conocida. Se cocina en una "greixonera" (cacerola de barro) y suele comerse acompañado de "olives trencades mallorquines" (aceitunas partidas mallorquinas), aunque esto puede ser un poco particular en cada casa mallorquina. Decir también que en Mallorca hay diferentes tipos de sopes, las sopes mallorquines de invierno, de verano, de carboner, de matanzas...


· SOPES MALLORQUINES ·


Ingredientes para 4 personas
  • 3 cebolletas
  • 1 tomate grande o 2 tomates de ramallet 
  • 1/2 col 
  • 1 manojo de acelgas
  • 1/2 coliflor
  • 1 manojito de perejil
  • 3 ajos
  • 1 pimiento rojo
  • 2 botifarrons mallorquins 
  • 1 poco de sobrasada mallorquina 
  • 200 g carne magra (en este caso, escalope de jamón)
  • 250 g pan de sopes mallorquines
  • 750 ml agua
  • 100 g  aceite de oliva
  • Sal
  • Pimienta negra
  • Olives trencades (hechas por mi mamá)
Mise en place: 
  1. Corta la cebolleta en brunoise. 
  2. Pela y trocea el tomate. 
  3. Pica los ajos y el perejil, por separado. 
  4. Corta el botifarrón en rodajas, y trocea la sobrasada y la carne magra. 
  5. Trocea el resto de verduras. 
  6. A la col le quítale el tronco.

Cocción
  1. Pon el agua a hervir. 
  2. Sofríe en una cacerola de barro con el aceite de oliva, la carne magra, hasta que se dore un poco. 
  3. Añade el ajo y la cebolleta. 
  4. Pasados unos minutos echa el tomate y el perejil. 
  5. Remueve. 
  6. Le vas añadiendo el resto de verdura troceada poco a poco. 
  7. Cuando todo el sofrito esté un poco hecho añade el agua hirviendo. 
  8. Remueve. 
  9. Cuando empiece a hervir otra vez, añade la sobrasada y el botifarrón. 
  10. Prueba una vez integrados, probablemente la sobrasada se deshará en la cocción pero te dejará ese color característico del pimentón, además del sabor. 
  11. Prueba antes de salpimentar. 
  12. Salpimienta al gusto si hace falta. 
  13. Y deja que termine la cocción hasta que la verdura esté blanda y la carne cocinada.
Servir:
  1. Finalizada la cocción retira todo el caldo (guárdalo en una olla) .
  2. Y la verdura de la cacerola (guárdala en un recipiente).
  3. En la cacerola pon una capa de rebanadas de "pa de sopes". 
  4. Sobre ellas vierte un cucharón de caldo. 
  5. Encima otra capa de rebanadas de pan y otra de verduras, pero sin caldo. 
  6. Ir formando capas hasta terminar toda la verdura. 
  7. Sirve enseguida y acompaña de aceitunas partidas.



Pero ésto sigue, ahora debo pasar el testigo a alguien y debo decirle quién va a cenar a su casa, no? así que lanzó el desafío a:

Ahora Juana tienes 20 días para prepararle una rica comida al Jorobado de Notre Dame, supongo que no tendrá que secuestrar a nadie para ello y celebrará el acontecimiento con campanadas de alegría. Esperamos ansiosos el día 26 para venir a ver el resultado.

Y yo me quedo con el precioso logo que Patricia nos diseñó y que con orgullo ya forma parte de este Circo, y agradecerle lo divertido y bonito que ha sido participar, además de agradecer también a Yolanda por hacerme partícipe. 

Y vosotros, qué receta le hubierais cocinado a Alberto Chicote? todo un reto, no creéis? 


Relato, receta y fotografías @catypol - Circus day.

Mantegats mallorquins

Era invierno y en casa llevábamos tres días sin calefacción. Todos íbamos con más capas que una cebolla. Todos menos Sergi, claro, que insistía en caminar descalzo como si el suelo estuviera alfombrado de nubes y no de baldosas gélidas.

Aquel sábado por la mañana, la calma de la casa fue rota por un «¡A las armas!» que vino del cuarto de mi hermana pequeña. En cuestión de segundos se desató la guerra de almohadas. Mamá se unió sin preguntar y papá, que venía medio dormido, acabó atrapado en medio del pasillo, cubriéndose con una toalla como si fuera un escudo romano.

Fue entonces cuando apareció la genio. No es que saliera de una lámpara ni que flotara en el aire. La genio era María, envuelta en una bata de franela y con una bufanda hasta la nariz. —¡Pero qué espectáculo es este! —dijo alzando una ceja. La atacamos sin compasión hasta que salió de la habitación riendo. —¡Os voy a preparar mantecados! —gritó desde la entrada, y desató la locura familiar.

En menos de cinco minutos, la guerra se detuvo por completo. La promesa de mantecados tenía más poder de convocatoria que cualquier tratado de paz. Papá bajó la toalla, mamá rescató a Sergi del suelo helado y mi hermana desapareció misteriosamente justo cuando tocaba recoger las almohadas. En la cocina, María amasaba rápido, cantando bajito villancicos. El horno empezó a calentar la casa y, para cuando los primeros mantecados salieron del horno, el frío ya no importaba. —Yo no sé si el genio vive en una lámpara…, pero la nuestra hace los mejores mantecados del mundo. Y nadie me llevó la contraria.



Los mantecados mallorquines son dulces tradicionales estrechamente ligados a la repostería conventual y al aprovechamiento de la manteca de cerdo. Nacieron como producto de repostería de invierno —especialmente de Navidad— gracias al excedente de grasa generada durante la época de las tradicionales matanzas del cerdo.

· MANTECADOS MALLORQUINES ·

Esta receta no utiliza báscula. La regla de oro es usar la misma cantidad de azúcar que de manteca disuelta, y la harina que la masa te pida.

Preparación de la masa
  1. En un bol, vierte la manteca disuelta y añade exactamente la misma cantidad de azúcar. Mezcla bien.
  2. Ve agregando harina poco a poco mientras amasas. Sabrás que está lista cuando la masa deje de pegarse y tus manos salgan limpias del amasado.
Formado y Horneado
  1. Enciende el horno a 180 °C para que vaya tomando temperatura.
  2. Coloca la masa sobre la mesa de trabajo y estírala con un rodillo. Intenta que toda la masa quede con el mismo grosor para que se horneen de forma uniforme.
  3. Con un cortapastas redondo, ve dando forma a los mantecados.
  4. Colócalos en una bandeja de horno cubierta con papel de hornear. Llévalos al horno durante 8 - 10 minutos.
Enfriado y Toque Final
  1. Al sacarlos, estarán blanditos (es normal, no te asustes). 
  2. Déjalos enfriar en la bandeja; al perder calor, se endurecerán y tomarán su consistencia ideal.
  3. Una vez que estén completamente fríos, espolvoréalos con azúcar glasé.
Notas:
  • ¿No tienes cortapastas? Puedes usar la boca de un vaso del revés para cortar la masa.
  • Si quieres hacer una estructura en forma de árbol de Navidad, usa vasos o cortapastas de diferentes tamaños (de mayor a menor) y apílalos una vez horneados.




Fáciles y muy ricos, así que con esta receta participo en el concurso de recetas navideñas del blog Sweet and Sour, receta dulce.



Relato, receta y fotografías @catypol - Circus day.

Ensaimadas

Catalina estaba sentada frente a un ordenador en la biblioteca. Iba a estudiar allí porque en su casa había tanto alboroto que ni el emperador Majencio —el perro— conseguía paz entre tanto ruido. Ladraba hasta quedarse sin voz y, agotado, salía al patio a dormir de lo exhausto que quedaba. Por eso, Catalina salía corriendo de casa y se refugiaba en la biblioteca. Demasiados hermanos pequeños.

Le gustaba tanto leer como aprender, de donde fuera, incluso a través de Internet. Era su "herramienta" nueva y, desde que la descubrió, la verdad es que no leía tanto como antes. Su padre decía que estaba enganchada, y su madre se enfadaba cuando, ante cualquier problema, Catalina tenía una solución según san Google. Aquello, al no ser comprendido, asustaba a su madre y acababa castigándola en su habitación… justo cuando empezaba su rato de televisión, el único permitido al día.

—¡Oh, porca misèria! —pensaba Catalina, toda enfurruñada.

Pero la verdad es que el enfado le duraba poco a su madre. Al rato, se presentaba en la habitación con una taza de chocolate caliente y una ensaimada, la animaba a comérselo y le pedía paciencia. Le explicaba que era de otra generación, y que con tanto niño en casa, tanto llanto, tanto ladrido, gritos y ruido, había perdido la santa paciencia hacía ya mucho.

—Si san Google pudiera proporcionarme un saco lleno, terminaría rezándole a él —sentenciaba su madre.
—Mamá, Google es un buscador —decía Catalina con la boca llena.
—Bueno, pues que me busque el saco de paciencia y lo alabaré —sonreía su madre.

Catalina la admiraba. No sabía cómo lo hacía, pero su madre era mejor que Internet. Sobre todo cuando le enseñaba a rectificar, a hacerse perdonar y a querer. Eso, eso sí que no lo buscaría en la red.



Actualizado: En 2014, tuve el privilegio de que mi querida amiga Cristina del blog 1000 antojos me llevara al horno de Ca'n Delante en la localidad mallorquina de Inca y allí me enseñaran como hacen ellos las ensaimadas, me gustó tanto, estoy tan agradecida de tener amigas como ella, la quiero un montón. Así dibujé los pasos que ellos me enseñaron:


25 de noviembre, Santa Catalina, sí, mi santo, aunque yo no soy muy del santoral suelo celebrar el día ya que mi madre también se llama así, pero no es un día especial, al menos no como otros lugares de España que Santa Catalina es la patrona y se celebra cada uno a su manera. Supongo que debido a la historia de esta Santa que está acompañada de una rueda, uno de los símbolos de su martirio, tiene un dulce, que no conozco, llamado las ruedas de Santa Catalina, y si va de ruedas o mejor dicho de círculo, el que sí conozco y amo, es la ensaimada mallorquina, redonda y con interior hecho a capas, que más que ser un martirio es una delicia que nadie debe perderse.

· ENSAIMADAS ·
Ingredientes
  • 1 huevo
  • 2 vasos de agua de 70 gramos cada uno
  • 110 g de azúcar
  • 15 g de levadura prensada
  • 400 g de harina de fuerza 
  • Sal (un pellizco)
  • Manteca de cerdo
  • Aceite (para untar la mesa donde se estira)
  • Azúcar glas (para espolvorear )

Prepara la base de la masa:
Romper el huevo dentro de un lebrillo (o bol grande) y bátelo bien.
Calienta 70 g de agua y disuelve el azúcar en ella. Vierte en el bol y mezcla. 

Activar la levadura:
Disuelve la levadura fresca en los otros 70 g de agua tibia. Añadir al bol. 

Forma la masa:
Incorpora la harina y la sal poco a poco, mezclando bien hasta conseguir una masa lisa.
Unta la masa con un poco de aceite por encima, cúbrela con un paño y déjala reposar dentro del bol hasta que doble su volumen. 

Dividir y estirar:
Cuando la masa haya levado, la desgasifica amasando ligeramente para sacar el aire.
Divídela en 6 porciones iguales.
Engrasa ligeramente la superficie de trabajo y estira cada porción con rodillo hasta que quede muy fina.
Unta con generosidad cada pieza con manteca de cerdo. Luego, estira aún más con las manos: lo más fino posible. Si se rompe un poquito, no pasa nada. 

Formar los rulos:
Enrolla cada pieza sobre sí misma hasta formar un rulo. Deja que reposen aproximadamente una hora, para que pierdan “nervio” y sea más fácil trabajarlos después.

Dar forma a las ensaimadas:
Estira cada rulo hasta que queden bien largos y finos.
Forra dos bandejas de horno con papel de hornear y forma una espiral con cada rulo, dejando espacio entre las vueltas para que la masa pueda crecer al levar. 

Leudado lento:
Coloca las bandejas dentro del horno apagado junto a un vaso de agua y deja levar las ensaimadas toda la noche.
Este paso es clave: la fermentación lenta es el secreto de una ensaimada ligera y aireada.

Horneado:
A la mañana siguiente, precalienta el horno a 200 °C.
Hornea las ensaimadas durante unos 10-12 minutos, hasta que estén ligeramente doradas por encima.

El toque final:
Una vez frías, espolvoreamos con azúcar glas… y listo.







Relato, fotografías y vídeo @catypol - Circus day.

Rosaris

Una tradición que, con el paso del tiempo y de las generaciones, hemos ido dejando de lado para dar paso a otras nuevas, pero que yo disfrutaba mucho de pequeña y que siempre llegaba con la festividad de Todos los Santos.

Los llamados rosaris ensucrats son collares hechos con bombones y calabazate (patena), y solían ser un regalo de los padrinos a sus ahijados. Cada año nos los traían por estas fechas, aunque también era habitual que los abuelos se los regalaran a sus nietos. Se compraban en colmados, panaderías o pastelerías.

Particularmente, nunca me entusiasmó el calabazate, y al final, cuando me lo regalaban, terminaba comiéndoselo mi madre. Hoy en día todo se adapta, incluso los rosarios: ahora son de chucherías. Aunque aún se pueden encontrar en algunos supermercados y pastelerías, la tradición ya no está tan viva como antes.

Esta entrada nació cuando un grupo de personas nos unimos para reivindicar el Día de Todos los Santos y mostrar al mundo nuestras tradiciones culinarias en estas fiestas. En mi caso, tuve que preguntarle a mi madre, porque no recordaba ningún dulce especial de esta fecha. ¿Un bizcocho? ¿Una tarta? He visto que muchos hablan de los panellets, pero en mi casa nunca los vi, ni en casa de mis amigas, ni siquiera en la panadería del pueblo. Por eso no forman parte de mi tradición, aunque eso no quiere decir que no lo sean en otras zonas de la isla, simplemente lo desconozco.

Mi madre me recordó los rosarios, y digo “me recordó” porque yo no seguí la tradición. Sí, mea culpa. Pero bueno, aquí os dejo unas fotos de los tradicionales rosarios y de los que ya no lo son tanto, porque el calabazate no suele gustar a los niños tanto como las golosinas, y ahora ya se venden con estos dulces. A veces, la necesidad hace que las tradiciones cambien, y en este caso así ha sido. 

No es una receta, pero forma parte de estas tradicionales fiestas en Mallorca y en mi casa cuando yo era pequeña, además de los buñuelos de las vírgenes.




Bizcocho de yogur

Era agosto de 1968, el asfalto hervía y las fiestas del barrio de San Martín estaban en su apogeo: luces de colores, banderines torcidos y altavoces que escupían música a todo volumen, como si se acabara el mundo. Toñi, con 19 años y pantalones de campana, iba muy a la moda de la época. Se ajustó el flequillo de cortina, se subió al SEAT 124 de su primo Dani y gritó:

—¡Pon a Serrat, que esta noche lo petamos!

Dani, que conducía como si estuviera esquivando ovnis, aparcó en la calle principal del barrio justo cuando los altavoces lanzaban el «La, la, la» de Massiel.

—¡Perfecto! ¡Entrada triunfal! —dijo Toñi, bajándose del coche como si llegara a Eurovisión.

La fiesta ya estaba hasta arriba de gente: niños jugando a las canicas, parejas arrimándose al bailar y abuelas comiendo bizcocho y despotricando a diestro y siniestro. No todas, claro. La estrella indiscutible de la noche era la señora Encarnita: viuda desde hacía 22 años, con 83 bien llevados y un moño tan firme que le quitaba las arrugas de la cara. Llevaba un vestido de lunares, unos tacones del 62 —el año, no el número de zapato— y una energía que desafiaba la ley de la gravedad.

A las diez, cuando la orquesta Maravella empezó con un disco-pop popular, Encarnita se plantó en el centro de la pista, levantó los brazos y empezó a girar como una peonza.

—¡Abuela, para! —le gritó su nieto, avergonzado—. ¡Que eso, más que un baile, parece un exorcismo!

Y Toñi, al volver a casa, solo pudo decir:

—Tía, qué noche. Flipé con Encarnita. Pensaba que yo era chachi... ¡A cucharadas nos la dio la vieja!



Hoy es un día especial para nosotros: es el cumpleaños de Tomás, mi marido. Así que todo lo que salga de aquí para él estará lleno de amor, sin ser empalagoso (porque no le gusta), ni dulce (él es más bien de salado), ni rimbombante (no va con su estilo). Tiene que ser divertido, porque aunque es informático (y dicen que los informáticos tienen fama de serios), le encanta la broma. Por eso, algunos bloggers y yo hoy le dedicamos una entrada especial… de la que él no sabe nada.

La historia del bizcocho de yogur, sí, tiene historia. Resulta que Tomás quería comer bizcocho de yogur, y como yo estaba ocupada con otras cosas, decidió hacerlo él. Le dejé la receta apuntada, que él siguió a su manera. Después de una hora de horno, el bizcocho no había subido. ¡Qué raro! Le pregunté qué ingredientes había usado y me los fue enumerando… hasta que llegó a la levadura.
—¿La levadura? ¿La que tenemos en el frigorífico, no?
Bueno, pues ahí estaba el porqué. No, no era levadura fresca de pan… era levadura en polvo. 
¡La próxima será mejor! 

Sí, querido, sí: ese bizcocho de yogur que te comiste esta semana, que tanto te gustó y que además te llevaste para compartir en la oficina, lo hice para esta entrada. Para ti, por supuesto, pero también para felicitarte el día de hoy.
¡Bienvenido a tu Circus day!

Estimat, només pensa a canviar el llevat 😜



 · BIZCOCHO DE YOGUR · 

  • 3 huevos
  • 1 yogur natural o de limón
  • 1 medida (del yogur) de aceite de girasol
  • 2 medidas (del yogur) de azúcar
  • 3 medidas (del yogur) de harina
  • La ralladura de un limón y su zumo
  • Un sobre de levadura química
Precalienta el horno a 180º C.

  1. Bate los huevos.
    En un cuenco amplio, bate los huevos con unas varillas hasta que espumen ligeramente.

  2. Añade el aceite y el yogur.
    Incorpóralos a los huevos y sigue batiendo hasta que la mezcla sea homogénea.

  3. Incorpora el limón y el azúcar.
    Agrega el zumo y la ralladura de limón junto con el azúcar, y mezcla bien hasta que todos los ingredientes estén completamente integrados.

  4. Tamiza y añade la harina con la levadura.
    Tamiza ambos ingredientes y añádelos a la mezcla anterior. Bate con suavidad hasta obtener una masa lisa y sin grumos.

  5. Prepara el molde.
    Engrasa y enharina el molde (o fórralo con papel de horno) para evitar que el bizcocho se pegue.

  6. Vierte la masa.
    Vuelca la mezcla en el molde y alisa ligeramente la superficie con una espátula.

  7. Hornea.
    Lleva al horno precalentado a 180 °C durante 40-45 minutos, o hasta que al pinchar el centro con un palillo, este salga limpio.

  8. Deja enfriar.
    Saca del horno y deja enfriar sobre una rejilla antes de desmoldar.




Feliç aniversari amor!



Relato y fotografías @catypol - Circus day.

Tumbet mallorquín

La última noche en la casa fue más suave de lo que Antonio esperaba. El cielo estaba claro, el aire olía a tierra húmeda y al romero del pequeño huerto, y Paloma cocinaba tumbet en la cocina como si nada fuera a cambiar.

—Lo he hecho como le gustaba a tu madre —dijo sin mirarlo.

Antonio asintió en silencio. No se atrevía a decir que aquella sería la última vez que comerían allí, en la vieja casa familiar con su jardín lleno de árboles frutales, donde había pasado todos los veranos de su infancia. La venta se firmaba al día siguiente. Una familia alemana convertiría la finca en un «retiro consciente», lo que fuera que eso significase.

Comieron fuera, en la mesa de madera bajo el albaricoquero, mientras los grillos cantaban y la radio rota del porche escupía un leve zumbido, incapaz de morir del todo. Paloma sirvió el vino sin apuro. Antonio comió despacio, como si cada bocado pudiera atrapar algo del pasado.

—¿Te acuerdas cuando nos escondíamos en el algarrobo para que no nos encontraran a la hora de la siesta? —preguntó ella con una sonrisa triste.

Antonio asintió. Pero lo que recordaba no era solo eso, sino la forma en que ella reía, la forma en que el sol le pintaba mechones dorados en el pelo y aquella vez, con quince años, en que le dijo que se iba a casar con ella. Y ella dijo que no, riendo, con esa seguridad cruel que tienen algunas chicas cuando aún creen que el mundo se puede controlar.

—¿Y tú te acuerdas del tocadiscos de tu madre? —dijo entonces Antonio, cambiando el rumbo del recuerdo—. Siempre ponía a Mari Trini cuando cocinaba tumbet.

—Mentira —dijo Paloma—. Ponía a Serrat. Tú estás inventando ya.

Rieron. La noche se volvió más densa. La despedida flotaba en el aire como un insecto que no se deja espantar. Cuando terminaron de recoger, Antonio miró la casa una última vez. Tocó el marco de la puerta, el que aún tenía una muesca con su altura a los doce años. Luego fue al porche, se agachó y desenchufó la radio rota.

—¿Para qué haces eso? Si ya no funciona.

—Porque si la dejo enchufada, va a seguir intentándolo.

Paloma no respondió. Solo se acercó, le dio un beso en la mejilla —uno lento, cálido, más largo que todos los anteriores— y se marchó sin mirar atrás. La casa quedó en silencio. Y el jardín, como siempre, siguió creciendo.




Si eres mallorquín o tienes relación con Mallorca conoces el tumbet, si lo buscas por la red encontrarás muchas referencias sobre el mismo, que es parecido al ratatouille o a la samfaina, que el mallorquín no lleva cebolla, que acompaña principalmente al lomo, aunque también al pescado o con huevos fritos, como plato de verduras, no solo para vegetarianos, es un entrante ideal y muy sabroso, y en este caso esta vez lo he puesto en un cestillo de masa de empanadilla, como una tapa o como quieras llamarlo.

¿Y porqué como tapa mallorquina en plan "festivo"?, es porque tengo algunas cosillas que celebrar, y el tumbet es un plato preferido por mi.

Clara me concede un segundo premio (un libro con unas estupendas recetas italianas) de su concurso de Italia mucho más que pasta y pizza, no sabéis la ilusión que me hizo, totalmente inesperado, me encantó.

Además hoy 25 soy el blog del día en Premios Blogdeldia.

Y las chicas de Sugartremens estrenaron revista esta semana, Sugartremens Magazine, y Circus day está en ella, gracias chicas, felicidades por vuestro recién estrenado número, es una revista maravillosa llena de color, pasión y mucha repostería además de otras cosas.



· TUMBET MALLORQUÍN · 

Ingredientes para 8 cestitas
  • 16 masa para empanadillas
  • 1 berenjena pequeña
  • 1 calabacín pequeño
  • 1 patata mediana
  • 1 pimiento verde pequeño
  • 1/2 pimiento rojo
  • 5 o 6 tomates de "ramellet" en su defecto tomates pera
  • Aceite de oliva virgen extra
  • Sal y pimienta para condimentar
  • Un poquito de azúcar para la salsa de tomate 
  • 1 hoja de laurel para la salsa
  • 2 ajos cortados en láminas 

La salsa.

  1. Haz la salsa de tomate rallando los tomates. 
  2. Pon un poquito de aceite de oliva virgen extra en una sartén. 
  3. Añade el tomate rallado. 
  4. Salpimienta. 
  5. Añádele la hoja de laurel y deja cocinar. 
  6. Prueba la salsa. 
  7. Añádele una pizca de azúcar si es muy ácida. 
  8. Remueve y termina de cocinar. 
  9. Pásala por el chino para eliminar cualquier semilla. 
  10. Reserva

La verdura.
  1. Pela la patata y córtala a rodajas finas. 
  2. Limpia y corta la berenjena a rodajas. 
  3. Sala las rodajas de berenjena y déjalas dentro de un colador para que suden y se vaya el amargor.  
  4. El calabacín también córtalo en rodajas. 
  5. Limpia y cortar a cuadraditos los pimientos. 
  6. Limpia las berenjenas en agua para que se vaya el exceso de sal. 
  7. Sécalas.
  8. Fríe toda la verdura, incluido el ajo, por separado. 
  9. Salar y déjala escurrir sobre un papel absorbente. 
  10. Reserva.

Para los cestillos. 
  1. Pon 2 capas de masa de empanadillas sobre flaneras. 
  2. Hornea a 180º C durante 10 minutos o hasta que se doren. 
  3. Saca y deja templar.

Montaje:
  1. Pon un poquito de salsa en la base de la cestita. 
  2. Una capa de patata frita. 
  3. Una capa de berenjena. 
  4. Una capa de calabacín.
  5. Una cucharada de pimientos fritos-
  6. Termina con una cucharada de salsa de tomate frito.


Para "rizar el rizo": cuando Inés me preguntó si quería participar en la II edición de @davantalposat acepté encantada. Esta edición va de entrantes y tapas de Mallorca y ella me preguntó por los cocarrois y el tumbet. Si, mi versión de mini cocarrois es una tapa que he servido en cumpleaños y que, creo, a todos les gusta por el diseño de la misma.

Estos mini cocarrois van acompañados de salsa en una pipeta de cocina, y que en esta ocasión para el libro hice de llampuga amb salsa de tomate, pero que en otras ocasiones he hecho de otros sabores, otros rellenos y otras salsas.

Gracias Inés por pensar en mi para esta ocasión ♥️, espero que el libro les guste a muchos, yo lo recomiendo por ser unas recetas (no solo la mía) muy ricas y diferentes, así que para el próximo #diadellibro o #regalopapanoel o #regaloreyes ya sabes que regalar ¿verdad?.





Relato, receta y fotografías @catypol - Circus day.

Cocas de cebolla

Queda poco para que llegue el día. Tengo su regalo envuelto en colores, guardado dentro de mi mesita de noche. Metí toda mi ilusión de niña traviesa dentro, para que cuando lo abra se impregne de ella, y vuelva a cogerme entre sus brazos, me eleve hacia el cielo y vuelva a sonreír como cuando se acordaba, cuando me recordaba, como cuando no tenía que decirle nada, cuando con solo mirarnos sentíamos el revolotear de mariposas en su estómago y en el mío.

No creáis que estoy divagando ni penséis que todo esto es absurdo. Me lo prometió, me dijo que el amor, aun cuando se pierde en el pensamiento, deja marca en el corazón. Y si al verme sus ojos brillan, es la señal para darme por enterada de que todavía habito dentro de él, para darme paso a sentirlo, abrazarlo y decirle lo mucho que le quiero.

Dedicado a todos aquellos con demencia senil o Alzheimer y a sus familias. ♥️




Los últimos ocho años de vida de mi abuela los pasó con demencia senil. Empezó poco a poco, con detalles a veces sorprendentes en su conducta, hasta que poco a poco su memoria se fue borrando y, con ella, todos los demás recuerdos. Fue duro, siempre lo es. Esa mujer fuerte, luchadora y rebelde se convirtió en un cuerpo más que nada; aun así, vivió hasta los 95 años.

Ella fue una mujer importante en mi vida. Nacida en 1903, vivió momentos importantes de la historia española, y su historia me la contaba sentada en una silla baja de cuerdas —seguramente cordada por ella misma— junto al fuego de la chimenea. Siempre pensé que demostraba el amor luchando por lo suyo o por los suyos. No era demostrativa en besos, abrazos o palabras, pero sus ojos decían mucho.

Se llamaba María, y seguramente veréis pinceladas de su vida en mis relatos, algunas inventadas y otras reales. Un dato que sí era real: le encantaban las cocas, saladas o dulces, y aunque en casa las hacíamos en ocasiones especiales, y esta receta no es la tradicional, siempre había un buen trozo para ella.

Abuela, yo sé que con el abuelo fue: "contigo, pan y cebolla". ¡Va por vosotros!

· COCAS DE CEBOLLA ·

Ingredientes 
  • 1 plancha de hojaldre 
  • 1 cebolla roja
  • Aceite de oliva 
  • 1 huevo
  • Sal
  • Pimienta negra molida
Elaboración
  1. Precalienta el horno a 200 ºC.
  2. Corta la cebolla en juliana fina y pequeña.
  3. En un bol, mezcla la cebolla con una cucharada de aceite de oliva, sal y pimienta. 
  4. Añade el huevo y mezcla bien.
  5. Puedes usar toda la plancha de hojaldre o formar corazones, como he hecho yo. 
  6. En cualquier caso, pincha la masa con un tenedor y pincélala con aceite de oliva.
  7. Distribuye la mezcla de cebolla sobre la masa y hornea hasta que se dore. 
  8. Saca del horno y deja reposar antes de servir.




Relato, vídeo y fotografías @catypol - Circus day.

Bizcochitos con albaricoques

La campana de la iglesia dio las siete mientras los últimos clientes abandonaban la terraza de la plaza.

—Demà plourà —sentenció Biel, mirando un cielo completamente despejado.

Nadie discutió. En el pueblo, las predicciones meteorológicas funcionaban igual que los rumores: no importaba si eran ciertas, sino quién las decía.

Clara acababa de llegar de Palma para vender la casa de su tía Margalida, fallecida hacía dos meses. Una casa antigua, cerrada desde entonces, con persianas verdes, un gran albaricoque en el jardín y vistas al mar. Aquella tarde encontró algo extraño. Dentro de un ejemplar amarillento de una guía inglesa de senderismo había una nota doblada cuatro veces. Solo contenía una frase:

"No vuelvas al faro después del 14 de octubre".

Sin firma. Sin fecha.

Clara preguntó discretamente en el café de la plaza.

—¿El faro? —dijo el camarero mientras secaba un vaso—. Hace años que nadie sube allí.

—¿Nadie?

—Bueno... nadie que quiera que lo vean.

La respuesta provocó algunas sonrisas alrededor. Sonrisas de esas que en Mallorca significan que la conversación no seguirá y que nadie piensa ayudarte. Al anochecer, Clara subió hasta el faro. La puerta estaba cerrada con un candado oxidado. O eso parecía. Porque cuando llegó, el candado solo parecía cerrado, pero estaba abierto. Y alguien había encendido una luz en el interior. Clara permaneció inmóvil unos segundos. Desde arriba, el mar golpeaba las rocas. Entonces oyó pasos. No detrás de ella. Dentro del faro. Y una voz que pronunció su nombre. La misma voz que había escuchado en el funeral de su tía. Aunque, según todo el pueblo, aquella persona llevaba veinte años muerta.

Coca de albaricoque mallorquina

Bizcocho de albaricoque mallorquín


Mallorca también se descubre a través de las historias. Entre recetas heredadas, tardes de verano y conversaciones de plaza, la isla ha inspirado a escritores que han encontrado aquí escenarios perfectos para el misterio. El breve relato que acompaña esta receta es una invitación a disfrutar de esa otra Mallorca: la de los secretos apenas susurrados, las casas cerradas frente al mar y las preguntas que quizá nunca encuentran respuesta. Porque pocas combinaciones resultan tan mallorquinas como una buena coca de albaricoque y una historia que nos haga pasar la página.

Mallorca ha sido, y sigue siendo, escenario de películas, series y novelas. Autores locales y extranjeros la han descrito como lugar de amor, drama y misterio. Sentarse a leer, a la sombra en verano o junto al fuego en invierno, acompañando a los protagonistas mientras buscan —o no— la solución a un enigma, también forma parte de la vida en la isla, aunque sea una de sus tradiciones menos conocidas.

Una receta bien mallorquina es la coca d'albercocs, a la que, a veces, añadimos sobrasada. Si bien mayo y junio son los meses del albaricoque mallorquín —rojizo, aromático y especialmente sabroso—, también son la época en la que llenamos nuestras cocas dulces con esta fruta tan esperada.

Las recetas tradicionales suelen elaborarse con masa fermentada y levadura panadera. Mi versión, más rápida y sencilla, está preparada en freidora de aire, aunque también puede hacerse en horno convencional. Así podrás disfrutar de un delicioso bizcocho de albaricoque con sobrasada en un plis plas.

Bizcochitos con albaricoque y sobrasada mallorquines 

Ingredientes
  • 110 g de harina
  • 8 g de levadura en polvo
  • 1 huevo
  • 100 g de azúcar
  • Una pizca de sal
  • 50 ml de aceite de oliva suave
  • 50 ml de leche
  • Albaricoques frescos de temporada (para decorar)
  • Sobrasada mallorquina (para decorar)
  • Azúcar glas (opcional, para espolvorear)
Elaboración
  1. Mezcla en un bol la harina, la levadura, el azúcar y la sal.
  2. Añade el huevo, el aceite y la leche, y bate hasta que la masa quede suave y sin grumos. 
  3. Rellena cápsulas o moldes individuales (que quepan en tu freidora de aire o en el horno).
  4. Deja reposar la masa en la nevera durante 30 minutos. 
  5. Sobre cada porción de masa, coloca medio albaricoque (presiona suavemente, sin hundirlo del todo) y una cucharadita de sobrasada.
  6. Si quieres, espolvorea un poco de azúcar glas por encima. 
  7. Hornea a 180 °C durante 20 minutos, o hasta que estén doraditos y bien cocidos.

Bizcochitos de albaricoque y sobrasada


Relato, receta y fotografías @catypol - Circus day.      

¿Estás buscando algo en especial?

Contacta conmigo