Señoras y Señores,

Bienvenidos a Circus Day

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Hola,

Soy Caty y dirijo este circo

Foodie, diseñadora gráfica, cuentacuentos y aficionada a la fotografía es un resumen de lo que encontrarás aquí, un circo lleno de recetas, historias y espectáculo. Señoras y señores, mesdames et messieurs, ladies and gentlemen, bienvenidos a Circus day, espero que te guste el show.

The Show

En el blog

Mostrando entradas con la etiqueta Mallorca. Mostrar todas las entradas
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Mantegats mallorquins

Era invierno y en casa llevábamos tres días sin calefacción. Todos íbamos con más capas que una cebolla. Todos menos Sergi, claro, que insistía en caminar descalzo como si el suelo estuviera alfombrado de nubes y no de baldosas gélidas.

Aquel sábado por la mañana, la calma de la casa fue rota por un «¡A las armas!» que vino del cuarto de mi hermana pequeña. En cuestión de segundos se desató la guerra de almohadas. Mamá se unió sin preguntar y papá, que venía medio dormido, acabó atrapado en medio del pasillo, cubriéndose con una toalla como si fuera un escudo romano.

Fue entonces cuando apareció la genio. No es que saliera de una lámpara ni que flotara en el aire. La genio era María, envuelta en una bata de franela y con una bufanda hasta la nariz. —¡Pero qué espectáculo es este! —dijo alzando una ceja. La atacamos sin compasión hasta que salió de la habitación riendo. —¡Os voy a preparar mantecados! —gritó desde la entrada, y desató la locura familiar.

En menos de cinco minutos, la guerra se detuvo por completo. La promesa de mantecados tenía más poder de convocatoria que cualquier tratado de paz. Papá bajó la toalla, mamá rescató a Sergi del suelo helado y mi hermana desapareció misteriosamente justo cuando tocaba recoger las almohadas. En la cocina, María amasaba rápido, cantando bajito villancicos. El horno empezó a calentar la casa y, para cuando los primeros mantecados salieron del horno, el frío ya no importaba. —Yo no sé si el genio vive en una lámpara…, pero la nuestra hace los mejores mantecados del mundo. Y nadie me llevó la contraria.



Los mantecados mallorquines son dulces tradicionales estrechamente ligados a la repostería conventual y al aprovechamiento de la manteca de cerdo. Nacieron como producto de repostería de invierno —especialmente de Navidad— gracias al excedente de grasa generada durante la época de las tradicionales matanzas del cerdo.

Mantecados mallorquines


Esta receta no utiliza báscula. La regla de oro es usar la misma cantidad de azúcar que de manteca disuelta, y la harina que la masa te pida.

Preparación de la masa
  1. En un bol, vierte la manteca disuelta y añade exactamente la misma cantidad de azúcar. Mezcla bien.
  2. Ve agregando harina poco a poco mientras amasas. Sabrás que está lista cuando la masa deje de pegarse y tus manos salgan limpias del amasado.
Formado y Horneado
  1. Enciende el horno a 180 °C para que vaya tomando temperatura.
  2. Coloca la masa sobre la mesa de trabajo y estírala con un rodillo. Intenta que toda la masa quede con el mismo grosor para que se horneen de forma uniforme.
  3. Con un cortapastas redondo, ve dando forma a los mantecados.
  4. Colócalos en una bandeja de horno cubierta con papel de hornear. Llévalos al horno durante 8 - 10 minutos.
Enfriado y Toque Final
  1. Al sacarlos, estarán blanditos (es normal, no te asustes). 
  2. Déjalos enfriar en la bandeja; al perder calor, se endurecerán y tomarán su consistencia ideal.
  3. Una vez que estén completamente fríos, espolvoréalos con azúcar glasé.
Notas:
  • ¿No tienes cortapastas? Puedes usar la boca de un vaso del revés para cortar la masa.
  • Si quieres hacer una estructura en forma de árbol de Navidad, usa vasos o cortapastas de diferentes tamaños (de mayor a menor) y apílalos una vez horneados.




Fáciles y muy ricos, así que con esta receta participo en el concurso de recetas navideñas del blog Sweet and Sour, receta dulce.



Relato, receta y fotografías @catypol - Circus day.

Rosaris

Una tradición que, con el paso del tiempo y de las generaciones, hemos ido dejando de lado para dar paso a otras nuevas, pero que yo disfrutaba mucho de pequeña y que siempre llegaba con la festividad de Todos los Santos.

Los llamados rosaris ensucrats son collares hechos con bombones y calabazate (patena), y solían ser un regalo de los padrinos a sus ahijados. Cada año nos los traían por estas fechas, aunque también era habitual que los abuelos se los regalaran a sus nietos. Se compraban en colmados, panaderías o pastelerías.

Particularmente, nunca me entusiasmó el calabazate, y al final, cuando me lo regalaban, terminaba comiéndoselo mi madre. Hoy en día todo se adapta, incluso los rosarios: ahora son de chucherías. Aunque aún se pueden encontrar en algunos supermercados y pastelerías, la tradición ya no está tan viva como antes.

Esta entrada nació cuando un grupo de personas nos unimos para reivindicar el Día de Todos los Santos y mostrar al mundo nuestras tradiciones culinarias en estas fiestas. En mi caso, tuve que preguntarle a mi madre, porque no recordaba ningún dulce especial de esta fecha. ¿Un bizcocho? ¿Una tarta? He visto que muchos hablan de los panellets, pero en mi casa nunca los vi, ni en casa de mis amigas, ni siquiera en la panadería del pueblo. Por eso no forman parte de mi tradición, aunque eso no quiere decir que no lo sean en otras zonas de la isla, simplemente lo desconozco.

Mi madre me recordó los rosarios, y digo “me recordó” porque yo no seguí la tradición. Sí, mea culpa. Pero bueno, aquí os dejo unas fotos de los tradicionales rosarios y de los que ya no lo son tanto, porque el calabazate no suele gustar a los niños tanto como las golosinas, y ahora ya se venden con estos dulces. A veces, la necesidad hace que las tradiciones cambien, y en este caso así ha sido. 

No es una receta, pero forma parte de estas tradicionales fiestas en Mallorca y en mi casa cuando yo era pequeña, además de los buñuelos de las vírgenes.




Cocas de cebolla

Queda poco para que llegue el día. Tengo su regalo envuelto en colores, guardado dentro de mi mesita de noche. Metí toda mi ilusión de niña traviesa dentro, para que cuando lo abra se impregne de ella, y vuelva a cogerme entre sus brazos, me eleve hacia el cielo y vuelva a sonreír como cuando se acordaba, cuando me recordaba, como cuando no tenía que decirle nada, cuando con solo mirarnos sentíamos el revolotear de mariposas en su estómago y en el mío.

No creáis que estoy divagando ni penséis que todo esto es absurdo. Me lo prometió, me dijo que el amor, aun cuando se pierde en el pensamiento, deja marca en el corazón. Y si al verme sus ojos brillan, es la señal para darme por enterada de que todavía habito dentro de él, para darme paso a sentirlo, abrazarlo y decirle lo mucho que le quiero.

Dedicado a todos aquellos con demencia senil o Alzheimer y a sus familias. ♥️




Los últimos ocho años de vida de mi abuela los pasó con demencia senil. Empezó poco a poco, con detalles a veces sorprendentes en su conducta, hasta que poco a poco su memoria se fue borrando y, con ella, todos los demás recuerdos. Fue duro, siempre lo es. Esa mujer fuerte, luchadora y rebelde se convirtió en un cuerpo más que nada; aun así, vivió hasta los 95 años.

Ella fue una mujer importante en mi vida. Nacida en 1903, vivió momentos importantes de la historia española, y su historia me la contaba sentada en una silla baja de cuerdas —seguramente cordada por ella misma— junto al fuego de la chimenea. Siempre pensé que demostraba el amor luchando por lo suyo o por los suyos. No era demostrativa en besos, abrazos o palabras, pero sus ojos decían mucho.

Se llamaba María, y seguramente veréis pinceladas de su vida en mis relatos, algunas inventadas y otras reales. Un dato que sí era real: le encantaban las cocas, saladas o dulces, y aunque en casa las hacíamos en ocasiones especiales, y esta receta no es la tradicional, siempre había un buen trozo para ella.

Abuela, yo sé que con el abuelo fue: "contigo, pan y cebolla". ¡Va por vosotros!

· COCAS DE CEBOLLA ·

Ingredientes 
  • 1 plancha de hojaldre 
  • 1 cebolla roja
  • Aceite de oliva 
  • 1 huevo
  • Sal
  • Pimienta negra molida
Elaboración
  1. Precalienta el horno a 200 ºC.
  2. Corta la cebolla en juliana fina y pequeña.
  3. En un bol, mezcla la cebolla con una cucharada de aceite de oliva, sal y pimienta. 
  4. Añade el huevo y mezcla bien.
  5. Puedes usar toda la plancha de hojaldre o formar corazones, como he hecho yo. 
  6. En cualquier caso, pincha la masa con un tenedor y pincélala con aceite de oliva.
  7. Distribuye la mezcla de cebolla sobre la masa y hornea hasta que se dore. 
  8. Saca del horno y deja reposar antes de servir.




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Bizcochitos con albaricoques

La campana de la iglesia dio las siete mientras los últimos clientes abandonaban la terraza de la plaza.

—Demà plourà —sentenció Biel, mirando un cielo completamente despejado.

Nadie discutió. En el pueblo, las predicciones meteorológicas funcionaban igual que los rumores: no importaba si eran ciertas, sino quién las decía.

Clara acababa de llegar de Palma para vender la casa de su tía Margalida, fallecida hacía dos meses. Una casa antigua, cerrada desde entonces, con persianas verdes, un gran albaricoque en el jardín y vistas al mar. Aquella tarde encontró algo extraño. Dentro de un ejemplar amarillento de una guía inglesa de senderismo había una nota doblada cuatro veces. Solo contenía una frase:

"No vuelvas al faro después del 14 de octubre".

Sin firma. Sin fecha.

Clara preguntó discretamente en el café de la plaza.

—¿El faro? —dijo el camarero mientras secaba un vaso—. Hace años que nadie sube allí.

—¿Nadie?

—Bueno... nadie que quiera que lo vean.

La respuesta provocó algunas sonrisas alrededor. Sonrisas de esas que en Mallorca significan que la conversación no seguirá y que nadie piensa ayudarte. Al anochecer, Clara subió hasta el faro. La puerta estaba cerrada con un candado oxidado. O eso parecía. Porque cuando llegó, el candado solo parecía cerrado, pero estaba abierto. Y alguien había encendido una luz en el interior. Clara permaneció inmóvil unos segundos. Desde arriba, el mar golpeaba las rocas. Entonces oyó pasos. No detrás de ella. Dentro del faro. Y una voz que pronunció su nombre. La misma voz que había escuchado en el funeral de su tía. Aunque, según todo el pueblo, aquella persona llevaba veinte años muerta.

Coca de albaricoque mallorquina

Bizcocho de albaricoque mallorquín


Mallorca también se descubre a través de las historias. Entre recetas heredadas, tardes de verano y conversaciones de plaza, la isla ha inspirado a escritores que han encontrado aquí escenarios perfectos para el misterio. El breve relato que acompaña esta receta es una invitación a disfrutar de esa otra Mallorca: la de los secretos apenas susurrados, las casas cerradas frente al mar y las preguntas que quizá nunca encuentran respuesta. Porque pocas combinaciones resultan tan mallorquinas como una buena coca de albaricoque y una historia que nos haga pasar la página.

Mallorca ha sido, y sigue siendo, escenario de películas, series y novelas. Autores locales y extranjeros la han descrito como lugar de amor, drama y misterio. Sentarse a leer, a la sombra en verano o junto al fuego en invierno, acompañando a los protagonistas mientras buscan —o no— la solución a un enigma, también forma parte de la vida en la isla, aunque sea una de sus tradiciones menos conocidas.

Una receta bien mallorquina es la coca d'albercocs, a la que, a veces, añadimos sobrasada. Si bien mayo y junio son los meses del albaricoque mallorquín —rojizo, aromático y especialmente sabroso—, también son la época en la que llenamos nuestras cocas dulces con esta fruta tan esperada.

Las recetas tradicionales suelen elaborarse con masa fermentada y levadura panadera. Mi versión, más rápida y sencilla, está preparada en freidora de aire, aunque también puede hacerse en horno convencional. Así podrás disfrutar de un delicioso bizcocho de albaricoque con sobrasada en un plis plas.

Bizcochitos con albaricoque y sobrasada mallorquines 

Ingredientes
  • 110 g de harina
  • 8 g de levadura en polvo
  • 1 huevo
  • 100 g de azúcar
  • Una pizca de sal
  • 50 ml de aceite de oliva suave
  • 50 ml de leche
  • Albaricoques frescos de temporada (para decorar)
  • Sobrasada mallorquina (para decorar)
  • Azúcar glas (opcional, para espolvorear)
Elaboración
  1. Mezcla en un bol la harina, la levadura, el azúcar y la sal.
  2. Añade el huevo, el aceite y la leche, y bate hasta que la masa quede suave y sin grumos. 
  3. Rellena cápsulas o moldes individuales (que quepan en tu freidora de aire o en el horno).
  4. Deja reposar la masa en la nevera durante 30 minutos. 
  5. Sobre cada porción de masa, coloca medio albaricoque (presiona suavemente, sin hundirlo del todo) y una cucharadita de sobrasada.
  6. Si quieres, espolvorea un poco de azúcar glas por encima. 
  7. Hornea a 180 °C durante 20 minutos, o hasta que estén doraditos y bien cocidos.

Bizcochitos de albaricoque y sobrasada


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