Señoras y Señores,

Bienvenidos a Circus Day

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Hola,

Soy Caty y dirijo este circo

Foodie, diseñadora gráfica, cuentacuentos y aficionada a la fotografía es un resumen de lo que encontrarás aquí, un circo lleno de recetas, historias y espectáculo. Señoras y señores, mesdames et messieurs, ladies and gentlemen, bienvenidos a Circus day, espero que te guste el show.

The Show

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Mostrando entradas con la etiqueta Festival de Piruetas. Mostrar todas las entradas
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Mousse de atún

Todo empezó cuando la tía Clotilde, en bata, con rulos en la cabeza y katiuskas moradas, decidió que el mundo estaba a punto de acabarse porque su horóscopo advertía: «Prepárate para lo inesperado».

—¡Hay que construir un arca de Noé! —gritó mientras untaba mousse de atún en galletitas, convencida de atraer así a animales con buen gusto.

Encendió el fuego de la chimenea, desplegó sobre la mesa sus dibujos del arca y reclutó a su tripulación: tres nietos, un gato regordete y un robot aspirador llamado Carlitos.

En cuanto cayeron las primeras gotas —tres mal contadas—, Clotilde se encaramó a la bañera y clamó: «¡Al arca, todos!», cargando con los bocetos como señal de partida. Nadie osó detenerla.

Cenaron mousse, contemplaron los dibujos y terminaron durmiéndose al calor de las brasas. Fin del diluvio. O del delirio. Lo que llegara primero.


Mousse de atún en limón como recipiente

Mousse de atún dentro de un limón fresco



La historia de la mousse de atún aúna la técnica de la alta cocina francesa, el auge de la industria conservera del siglo XX y la cultura del aperitivo rápido de posguerra. Aunque el concepto culinario de la mousse —«espuma» en francés— nació en el siglo XVIII vinculado a la repostería de autores como Menon, pronto dio el salto al recetario salado para aportar ligereza y untuosidad a carnes, mariscos y pescados.

A comienzos de la pasada centuria, los cocineros galos empezaron a servir la mousse de thon en los banquetes más selectos. Elaboraban la farsa batiendo el pescado con mantequilla en pomada, nata, mayonesa y un toque de gelatina para darle estructura antes de encajarla en moldes decorativos. Al mismo tiempo, la irrupción masiva de la conserva de atún en las décadas de 1910 y 1920 democratizó el producto: lo que antes era un ingrediente exclusivo pasó a ser un básico asequible en cualquier despensa doméstica.

El gran auge popular de la mousse de atún estalló entre los años sesenta y setenta. Durante esas décadas, la receta cruzó el Atlántico y se coronó reina de las fiestas y cócteles en Estados Unidos y Europa. La moda de la época rendía culto a los entremeses vistosos y fáciles de compartir, lo que disparó el uso de los icónicos moldes metálicos con silueta de pez. Aquellas versiones caseras se preparaban en minutos mezclando atún en lata, queso crema, mayonesa, salsa Worcestershire y gelatina neutra, decorando el lomo con finas rodajas de pepino a modo de escamas y aceitunas en los ojos.

En el Mediterráneo, especialmente en Italia bajo el nombre de spuma di tonno, la receta se consolidó como un clásico atemporal para untar sobre crostini o rellenar hortalizas de verano. Hoy, la mousse de atún ha desterrado las formas escultóricas de los setenta, pero conserva intacto su trono en el aperitivo gracias a su textura sedosa, su frescura y su insuperable practicidad.

«La naturaleza es sabia», «tiempo al tiempo», «al mal tiempo, buena cara», «año nuevo, vida nueva», «mañana será otro día»… Decimos, escuchamos y sentenciamos con estas u otras fórmulas parecidas para zanjar una charla, retratar un estado de ánimo o darnos ánimos, casi siempre sin darles mayor trascendencia: las hemos convertido en un comodín automático, casi despojado de significado por pura costumbre.

Son frases populares y corrientes que lo mismo suelta un político que un publicista o Clotilde, la vecina, cuando te cuenta que fulanito es como el perro del hortelano —que ni come ni deja comer—, pero que «tiempo al tiempo, que a cada cerdo le llega su san Martín».

Llevémoslo ahora al terreno gastronómico, porque ya te estarás preguntando qué pinta todo esto entre fogones. Pues bien: hoy el protagonismo es para el limón. Es una delicia en repostería, el toque maestro para infinidad de platos, el comodín perfecto para sustituir el vinagre en las ensaladas y el eterno remedio mañanero con agua templada para «depurar» el… ¿estómago?, ¿hígado?, ¿nada? Pero «en ayunas y templadita sienta de maravilla», insiste Clotilde. En fin: un cítrico humilde y cotidiano que nunca falta en la despensa y que siempre está listo para aliñar, realzar o redondear una receta.

Y como una servidora también recurre a los clásicos cuando toca, hoy le doy una vuelta al limón y lo convierto en un vistoso cuenco natural para servir una mousse de atún. Un aperitivo fresco, resultón y perfecto tanto para vestir una mesa de fiesta como para darse un homenaje cualquier día.

Actualizada 2026.


Mousse de atún

Ingredientes:
  • 2 limones grandes
  • 160 g de atún 
  • 1 cda. de limón
  • 1 cda. de alcaparras
  • 1 cda. de aceite de oliva
  • 1 cda. de mayonesa
  • 1 ramitas de perejil
  • 100 g de mozzarella
  • 100 ml de caldo de pescado
  • 2 sobres Agar Agar (4 gr.)
  • Sal al gusto


Elaboración:
  1. Limpia los limones, corta la punta y con un cuchillo afilado vacíalos, guarda un poco de pulpa para sacar la cucharada de limón que después usarás. 
  2. Limpia y seca bien los limones, por fuera y por dentro, reserva.
  3. Añade el Agar Agar al caldo, en frío, y ponlo en un cazo a fuego moderado. 
  4. Lleva a ebullición, baja el fuego y deja cocer 2 minutos. 
  5. Pon todos los ingredientes en una túrmix, incluido el caldo. 
  6. Pica todo hasta que te quede una pasta homogénea. 
  7. Rectifica de sal. 
  8. Rellena los limones con la pasta obtenida y  lleva al frigorífico hasta que solidifiquen. 
  9. Al estar sólido pues cortarlo a rodajas o servirlo tal cual para untar directamente del limón.

Si te gustan las mousses de pescado para aperitivo, también te encantará la tapa de mousse de bonito — otra presentación original para sorprender a tus invitados.




Preguntas frecuentes

¿Cómo se vacía el limón sin romperlo?

El truco está en cortar primero una pequeña tapa en la punta del limón — solo la punta, no más — y después trabajar con un cuchillo afilado de punta fina pegado a la piel interior, girando el limón sobre sí mismo. Una cucharilla de postre ayuda a extraer la pulpa restante. Lo importante es no presionar la piel desde fuera para que mantenga la forma cilíndrica que necesita para sostenerse en el plato.

¿Se puede hacer la mousse sin agar-agar?

Sí, con gelatina neutra en la misma proporción. La diferencia es que el agar-agar cuaja a temperatura ambiente y es apto para veganos, mientras que la gelatina necesita frío para solidificar y es de origen animal. En ambos casos el resultado es una mousse compacta que mantiene la forma al cortarla en rodajas.

¿Por qué lleva mozzarella en lugar de queso crema?

La mozzarella aporta una cremosidad más suave y ligera que el queso crema, con menos grasa y sabor más neutro que no compite con el atún. Al triturarla junto con el caldo caliente y el agar-agar se integra perfectamente en la masa. El queso crema también funciona si no tienes mozzarella, aunque el resultado es algo más denso y salado.



Mousse de atún con mozzarella dentro de un limón


Relato, fotografías y vídeo @catypol - Circus day.

Tapa de mousse de bonito

Isabel iba y venía de la cocina; corría, casi volaba, para terminar el pedido de un cliente a tiempo. Unos minibocaditos de mousse de bonito debían salir ya rumbo a la fiesta de «independencia» de Bari. Y, si no fuera porque los gatos callejeros habían olido el bonito y le habían montado la marimorena, ya estarían de camino.

Bari era un chico estupendo que, después de estudiar largo y tendido en la universidad, al fin se graduó y volvió a casa de sus padres. Su madre lo adoraba, y aunque su carácter había cambiado con los años —volviéndose un poco casquivano, cosa que a ella la sacaba de quicio—, seguía creyendo que aún quedaba algo de aquel jatorra que tanto quería.

Cuando se independizó y quiso montar una fiesta para celebrarlo con su cuadrilla, su madre se ofreció a encargarse de la comida.

—¡Epa, amá! No quiero nada pitiminí —le dijo él, conociéndola bien—. Unos pintxos y kalimotxo y vamos servidos —le aconsejó.

Y así quedó la cosa.

Pero la cosa se agrandó. La familia también quería ir a la fiesta… y allá que fueron todos. Al final, ocuparon la casa y la calle. Los pintxos y el kalimotxo fueron un éxito, incluidos los bocaditos de bonito de Isabel. ¿Y Bari? Bari pensó que, menos mal, aquello no era una fiesta anual… o tendría que volver a casa de su madre.

¡Aupa, Bari!

Tapa de mousse de bonito hecho con el aceite de la conserva

Pintxo de mousse de bonito para el concurso de conservas Isabel



En el País Vasco, las tradicionales tapas españolas se transformaron en una seña de identidad única conocida como pintxos. Esta historia comenzó en la primera mitad del siglo XX en San Sebastián, una ciudad que entonces era el destino vacacional de la aristocracia y la alta sociedad. Para satisfacer los paladares exigentes de estos visitantes, los bares locales empezaron a elaborar pequeños bocados que iban más allá de la simple aceituna o rodaja de embutido que se servía en el resto de España.

El nacimiento del pintxo propiamente dicho ocurrió en la década de 1940 en el bar Casa Vallés de San Sebastián. Allí, unos clientes habituales empezaron a ensartar en un palillo una aceituna, una guindilla y una anchoa. Esta combinación ácida y salada recibió el nombre de gilda, en honor a la famosa y provocativa película de Rita Hayworth de la época. El éxito de sujetar los ingredientes sobre una rebanada de pan con un palillo o «pincho» revolucionó la hostelería vasca, dando origen al verbo pintxear o ir de bar en bar probando estas delicias en miniatura.

Con el paso de las décadas y el estallido de la nueva cocina vasca en los años setenta y ochenta, los pintxos evolucionaron de banderillas frías a complejas creaciones de alta cocina en miniatura. Hoy en día, las barras de los bares vascos exhiben una variedad infinita de opciones que combinan pescados frescos del Cantábrico, carnes y verduras de la huerta local, convirtiendo esta costumbre culinaria en un fenómeno social y cultural reconocido a nivel mundial. 

Formar parte de un concurso siempre es una fiesta, encontrar la receta ideal apropiada y realizarla es en mi caso entretenimiento del bueno. Y en este caso podía elegir de entre las conservas Isabel la que yo quisiera, y me decidí por el bonito, porqué bonito no es sólo el nombre de un pescado, bonito es lo que tú quieras que sea.

Así empezó mi particular Culinary experience con Isabel y aquí la receta que presento para el concurso con el paso a paso, tanto del mousse como del pan. ¿Cuántas veces has cantado, hoy comemos con Isabel?, seguro que como yo, muchas. Mi agradecimiento a todos las personas que habéis votado mi receta, por que os gusta o simplemente por simpatía, de corazón gracias, no gané pero aún así me regalaron un lote surtido de conservas. 

Actualizada en 2026.


Tapa de mousse de bonito con mayonesa del aceite de conserva


Ingredientes
  • 1 bote (220 g) bonito Isabel
  • 1 cda. de alcaparras
  • 1 cda. de mostaza
  • 1 cda. de tomate frito (casero o Bio)
  • 2 sobres de Agar o 1 sobre de gelatina neutra
  • 50 ml de agua
Para la mayonesa
  • 1 huevo + el aceite de oliva del bonito Isabel
Utensilios
  • Molde de silicona de 15 cavidades de 3 centímetros de diámetro x 4 centímetros de alto
Presentación en mesa
  • Rebanadas de pan cortadas muy finas 
  • Tiras de pimiento rojo asadas
Nota: Casi todos los ingredientes llevan sal, por lo que creo que es suficiente en su conjunto, pero probar y rectificar de sal si hiciera falta.

Elaboración
La mayonesa. Cuela el aceite de oliva del bote del bonito Isabel, con ese aceite más el huevo hacer la mayonesa con la túrmix. Reserva. 

La gelatina. Lleva a ebullición 2 minutos el agua más el Agar Agar (o la gelatina neutra). Reserva.

La mousse. En un vaso de túrmix incorpora, 2 cucharadas de mayonesa que has hecho con el aceite del bonito, el bonito, las alcaparras, la mostaza y el tomate, bate, cuando tenga consistencia de crema añade el agua con la gelatina y sigue batiendo hasta conseguir que todo quede homogéneo. 

Llena una manga pastelera y vierte la mousse en los moldes. 
Deja en el frigorífico al menos media mañana, o toda la tarde o toda la noche. 

El pan: el pan debe ser muy fino, tostado unos minutos al horno, con cuidado que no se queme. 

Saca la mousse con cuidado de los moldes, decora con una tira de pimiento rojo y coloca sobre el pan. 

Para comerlo, esparce la mousse por toda la rebanada.

Nota: no tires la mayonesa que te sobre, úsala en cualquier preparación que te guste, tiene un ligero sabor a bonito y para una ensalada de patata o acompañar un pescado va genial.


La ensaladilla rusa también es una receta que forma parte del tapeo nacional, en Mallorca el pica pica también de nuestro variat mallorquín.


Paso a paso para el hacer la mousse de bonito

Pan para tapas de mousse de bonito


Preguntas frecuentes

¿Cómo conseguir que la mousse quede compacta y se desmolde bien?

La clave está en tres puntos: usar la cantidad correcta de agar-agar o gelatina para la textura que quieres conseguir, dejar reposar la mousse en el molde el tiempo suficiente — mínimo media mañana o toda la tarde — y desmoldar con cuidado cuando esté completamente fría y sólida. Si la mousse no cuaja suficientemente, la próxima vez aumenta ligeramente la cantidad de gelificante.

¿Se puede sustituir el agar-agar por gelatina neutra?

Sí, la propia receta lo indica como alternativa. La diferencia principal es que el agar-agar es de origen vegetal y apto para veganos, mientras que la gelatina neutra es de origen animal. En cuanto a resultado, ambas dan una textura similar aunque el agar-agar cuaja a temperatura ambiente y la gelatina necesita frío para solidificar.

¿Por qué usar el aceite de la conserva para la mayonesa?

Porque ese aceite ya ha absorbido todo el sabor del bonito durante la conserva. Al usarlo para hacer la mayonesa se transfiere ese sabor marino directamente a la salsa, intensificando el sabor del conjunto sin añadir ningún ingrediente extra. Es el truco que diferencia esta mousse de cualquier otra versión convencional.

Tapas de mousse de bonito para concurso de Isabel


Relato, receta y fotos @catypol - Circus day.

Conos rellenos de ensaladilla

Las cuatro brujas habían viajado durante tres días para llegar al valle. No era un viaje que ninguna hubiera emprendido por gusto. La recomendación había llegado durante un aquelarre celebrado hacía poco. Eran Morgana, de poca paciencia; Circe, elegante incluso cuando estaba enfadada; Agnes, la más irónica, y Tituba, que llevaba siempre un pequeño gato negro con una sola mancha blanca en la oreja. El gato se llamaba Björk y respondía solo cuando le convenía, como un artista pop.

La casa de la pitonisa apareció al final de un sendero estrecho, entre cipreses retorcidos y rosales demasiado perfectos para ser naturales. Fue un mayordomo quien les abrió la puerta. Un hombre alto, impecablemente vestido y completamente despistado.

—¡Ah! ¡Las cuatro directoras del coro! —anunció con alegría—. Pasen, pasen, el ensayo es en el salón principal.

—No somos directoras de coro —corrigió Circe con una sonrisa amable.

—Ya, bueno... La señora del fondo —dijo señalando a Morgana—, ¿no es el «do soprano»?

Morgana lo miró.

—Curiosamente, no se equivoca del todo; cuando me pongo, me pongo.

Agnes soltó un suspiro.

—Si seguimos así, acabamos siendo responsables de una ópera que no hemos ensayado.

El mayordomo, encantado consigo mismo, las condujo por un pasillo lleno de retratos hasta una sala circular. Allí estaba la pitonisa recomendada. Las cuatro repararon en lo mismo al instante. Las gafas tenían unos cristales tan gruesos que parecían capaces de ver el futuro por adelantado, seguramente no necesitara una bola de cristal. La pitonisa las observó unos segundos.

—Soy la adivina del valle —anunció.

Hizo una pausa solemne.

—Pero no adivino. Yo solo... acierto cuando acierto.

Otra pausa.

—Es decir, no predigo. Me limito a decir lo que digo.

Las cuatro brujas se miraron. La duda fue casi simultánea: quizá habían acudido al lugar equivocado. Tituba acarició a Björk, que maulló con desgana.

—Nos han dicho que usted puede ayudarnos con un problema delicado —dijo.

La pitonisa levantó un dedo.

—Claro. Ese problema... con el cono de...

—¡No diga el nombre! —gritaron las cuatro.

En ese momento, el mayordomo volvió a aparecer.

—¿Va a venir más gente del coro? —preguntó el mayordomo con interés.

—¿Qué coro? —dijo la pitonisa, frunciendo el ceño.

El mayordomo parpadeó, desconcertado.

—¿El cono?… ¿Qué cono? ¿Hay un cono en el coro?

Silencio. Las cuatro brujas se miraron lentamente.

—No hay coro —dijo Circe con paciencia.

—Ni cono en el coro —añadió Morgana.

—Aunque, visto lo visto —murmuró Agnes—, tampoco me sorprendería.

—¡Excelente! —exclamó el mayordomo, anotando algo en una libreta invisible—. Entonces apunto tres sopranos, una contralto y un cono solista...

Levantó la vista, orgulloso.

—El público va a enloquecer.

Cono salado hecho con barquillera

Cono salado con ensaladilla de aguacate


Por una razón que ahora no viene al caso se me ocurrió que podía hacer unos conos de masa salada para unos entrantes, y rellenarlos de alguna ensaladilla, y claro, necesitaba que la masa no contuviera azúcar, pues la mezcla no me parecía la más apropiada. Soy consciente que se pueden hacer cucuruchos de pan de molde, de hojaldre, o pizza, solamente horneándolos, pero me siento aventurera y quería ir más allá.

Así que me puse a ello, saqué la barquillera (que no había usado nunca) y leí la receta que había en el manual, pero, haciendo los cambios necesarios para que el resultado fuera el que buscaba. Así que quité el azúcar de la receta, y realicé los demás pasos. Para mi sorpresa, cuando debía formar los conos; no podía, le faltaba elasticidad para formar el cono. ¡cachis!

Se ve que el azúcar da elasticidad a la masa cuando esta está dorada haciendo que podamos dar forma cónica sin problema, pero sin ella, la masa se quiebra. Yo no quería una masa tipo hojaldre o pizza, yo quería la misma textura que la masa de barquillo para conos dulces pero que fueran salados. Hasta que encontré el ingrediente perfecto para darle elasticidad a la masa y poder darle la forma cónica que quería. ¿Adivinas cuál es ese ingrediente*? ¿no?, pues lee la receta.


Cono salado con ensaladilla


Originalmente, el barquillo nació en los monasterios del siglo IX como una evolución de las obleas litúrgicas. Durante la Edad Media, los panaderos utilizaban pesadas planchas manuales de hierro calentadas al fuego para prensar una masa fina a base de harina y azúcar. Estas herramientas evolucionaron hasta convertirse en las tradicionales barquilleras: moldes de metal con relieves estriados usados para cocinar la masa justo antes de enrollarla en caliente.

El formato del cucurucho como galleta cónica comenzó a documentarse en Francia a principios del siglo XIX. El libro de cocina de Julien Archambault, publicado en 1825, ya mencionaba el uso de barquillos enrollados en forma de cono. Años más tarde, en 1887, la escritora culinaria británica Agnes B. Marshall incluyó en sus recetarios una galleta llamada «Cornet with Cream», la cual consistía en un cono horneado que servía como base comestible para cremas y postres.

La verdadera revolución comercial e industrial del cono moderno ocurrió en los Estados Unidos a comienzos del siglo XX. El inmigrante italiano Italo Marchioni producía obleas hechas con moldes manuales en Nueva York desde 1896, y en diciembre de 1903 patentó una máquina para fabricar recipientes comestibles para helado.

El impulso definitivo y popular del formato actual sucedió por casualidad durante la Exposición Universal de San Luis de 1904. En este evento, un vendedor de helados se quedó sin recipientes de vidrio para atender a sus clientes. El panadero sirio Ernest Hamwi, quien operaba una barquillera contigua vendiendo zalabia (un gofre crujiente muy delgado), decidió enrollar sus obleas calientes en forma de cono para ofrecérselas al heladero. La combinación se convirtió en un éxito inmediato y masivo que transformó la industria global del helado.

A partir de 1928, inventores como J. T. «Stubby» Parker desarrollaron tecnologías para congelar el cono de barquillo junto con el helado sin que la galleta perdiera su textura crujiente. Esto permitió la producción en masa de los conos industriales que consumimos en la actualidad.

Y ahora vengo yo y me invento la versión salada… ¿Te lo puedes creer?

Actualizada en 2026



Conos salados de barquillo rellenos de ensaladilla de aguacate



Ingredientes para 6 conos en barquillera
  • 60 g de aceite o mantequilla
  • 1 huevo grande
  • 125 ml de agua caliente
  • 100 g de harina 
  • 25 g de harina de arroz
  • 1 pizca de sal
  • 1 pizca de pimienta negra ( pueden ser otras especias en polvo)
  • 1 cda. de glicerina alimentaria líquida
  • Una barquillera eléctrica o una sartén
Elaboración
  1. Mezcla bien los ingredientes. 
  2. Forma una masa. 
  3. Pon dos cucharadas de esa masa en la barquillera eléctrica. 
  4. Cierra y deja cocinar 3 minutos. 
  5. Usa el cono de la barquillera para formar los cucuruchos de barquillo. 
  6. Deja que se enfríen.
En este caso, hice una ensaladilla con aguacate y decore algunos conos con macarrones de arroz fritos. Si no tienes barquillera usa una sartén. No tendrás los dibujos en relieve que tiene la barquillera pero puedes formar los conos igual. Si eres cocinillas sobra decirte que salpimientes o que adereces con las especias que más te gusten para darle sabor a la masa. Y seas cocinillas o no, recuerda que es una oblea que si humedeces con rellenos más bien líquidos el barquillo no aguantará tanto tiempo pues bañarlo se terminará rompiendo, piensa bien en el relleno que quieras usar. 

*El ingrediente es: Glicerina líquida.

Me gustaría añadir que si usas la receta cuéntamelo, me encantará saberlo 😜 

Nota actualizada: en los comentarios hay un desconocido que ha usado la receta y ha dicho: Genial tu receta! La he usado ya un montón de veces. A veces la he tuneado un poco usando mitad agua mitad puré de tomate o puré de espinacas y el resultado es fantástico! Gracias por tus recetas...

Así que no sé quien es pero gracias a ti por contármelo.

Cono salado en barquillera

Preguntas frecuentes

¿Dónde comprar glicerina líquida alimentaria?

La glicerina líquida alimentaria se encuentra en tiendas de repostería creativa, herbolarios y en Amazon. Busca la marca Wilton o cualquier glicerina apta para uso alimentario. Es el ingrediente clave para conseguir que los conos salados sean elásticos y no se rompan al enrollarlos.

¿Se pueden hacer los conos salados sin barquillera?

Sí, con una sartén antiadherente funciona perfectamente. No tendrán los dibujos en relieve característicos del barquillo pero la textura y el sabor son idénticos. Extiende la masa muy fina, cocínala y enróllala en caliente sobre un cono de papel o un molde cónico.

¿Qué rellenos funcionan mejor en los conos salados?

Los mejores son los que no contienen aceite ni vinagre, ya que reblandecen el barquillo rápidamente. La ensaladilla rusa con mayonesa, la ensaladilla de aguacate, el queso crema con salmón o el paté son opciones perfectas. Monta los conos justo antes de servir para que mantengan el crujiente.


Receta, relato y fotografías @catypol - Circus day.

Crystal Snowball

Cuando llegaban las vacaciones de Navidad me gustaba visitar la tienda de antigüedades del señor Erwin, respiraba historia y polvo de años mejores pero a mi realmente me gustaba. Solía ir a ayudar a mi abuela mientras mis padres trabajaban y ella fue la que me llevó a descubrir este rincón de la calle Viena, y fue el mejor descubrimiento de mi corta vida.

Cada vez que cruzaba la puerta sonaba una campanilla pequeña, __tilín, y el señor Erwin miraba hacía mi y sonreía, nos gustamos desde la primera vez que nos vimos, era un señor rechoncho, calvo y con gafas minúsculas que le colgaban de su pequeña nariz, sus ojos guardaban secretos y eso hacía que yo tuviera curiosidad por todo.

Las antigüedades que allí se vendían eran verdaderas reliquias y todas tenían una historia relacionada con el señor Erwin, un espejito que perteneció a Hedy Lamarr, una batuta de Mozart, o unos binoculares de Friedrich Voigtländer, pero lo que me atraía con intensidad eran las bolas de nieve que reposaban en una vitrina justo en el centro de la tienda.

En ellas podía reconocer la Torre Eiffel, la Torre de Londres o la Estatua de la libertad, en otras había figuras y casas navideñas, Papá Noel o una bailarina a punto de girar sobre sí misma. Pero la que más me gustaba era la de un pequeño muñeco de nieve con la nariz de zanahoria, una bufanda a rayas y un gorro negro.

El señor Erwin me contaba que esa era especial. Había pertenecido a un rey del desierto que murió sin ver la nieve y que creía que mientras estuviera dentro de la bola nunca nevaría en su país, y guardaba la bola como el mayor tesoro, la volteaba todos los días y le hacía sonreír. A mi eso también me hacía sonreír, yo también vivía en un lugar sin nieve, seguramente, como pensaba el rey, debía estar toda en la bola.


Nota: Erwin Perzy, mientras experimentaba para crear una lámpara para un hospital, accidentalmente descubrió el efecto de la nieve en el agua dentro de una esfera de cristal. Inicialmente, su intención era mejorar la iluminación, pero el efecto de la nieve que caía en el agua dentro de la esfera lo fascinó. Su hijo, Erwin Perzy II, continuó con la tradición familiar y popularizó la bola de nieve como regalo navideño con motivos como Santa Claus, árboles de Navidad y muñecos de nieve.


    En diciembre de 2103 hice un taller de estas cupcakes en Snack Market, no sé por qué no las había publicado con anterioridad, y aunque lo bueno se hace esperar nunca pensé esperar tanto, jajajaja, en fin! ahora ya tenéis la receta que usé para hacer estas cupcakes, espero os guste. La gelatina se come, sí, pero no sabe a nada. Intenta al hinchar los globos que queden lo más redonditos posible o tendrás esferas alargadas en vez de redondas. ¡Espero te guste!

    · CUPCAKES BOLAS DE NIEVE ·

    Ingredientes para 6
    Bolas de "cristal"
    • 6 globos para agua
    • Brochetas de madera
    • Una base de corcho para poder pinchar las brochetas
    • 100 mililitros de agua
    • 50 gramos de gelatina neutra en polvo
    Cupcakes de vainilla
    • 100 gramos de mantequilla, a temperatura ambiente
    • 80 gramos de azúcar
    • 1 pizca de sal
    • Las semillas de 1/2 vaina de vainilla
    • 2 huevos M
    • 100 gramos de harina con levadura
    Decoración
    • Crema de chocolate y avellanas
    • Coco rallado para la nieve
    • Cápsulas de cupcakes doradas o rojas
    • Cupcake wrappers dorado o rojo
    • Muñequitos de nieve de chocolate o Papá Noel de chocolate
    Elaboración 
    1. 24 horas antes preparar las bolas de "cristal": Hincha los globos (con aire), al ser de agua no nos permitirá hinchar mucho pues explotan, no hace falta que sean bolas muy grandes, lo suficiente para poder llevar dentro una figurita. Intenta que queden redonditos para que se asemejen mejor a una bola de cristal.  Ata los globos a las brochetas de madera. Hidrata durante 5 minutos la gelatina con el agua, remueve y lleva 20 segundos al micro, remove y cuela la gelatina dentro de un cuenco. Moja los globos bien de gelatina y deja secar pinchados en el corcho durante 24 horas o hasta que estén bien secos. Para quitarle el globo a la bola de gelatina, sólo hay que pincharla y tirar poco a poco de ella. Tranquilos, si se rompe el globo, dejar reposar unas horas y saldrán solos. Recorta un poco la base de las bolas para hacer la boca un poco más grande y así poder poner bien encima las cupcakes.
    2. Cupcakes: Pon la mantequilla, el azúcar, la sal y las semillas de vainilla en el cuenco de la batidora. Bate hasta que la preparación esté pálida y esponjosa. Bate ligeramente los huevos en otro cuenco y agrégalos lentamente a la mezcla anterior, sin dejar de batir. Tamiza la harina y añade poco a poco a la mezcla. Utilizando una manga pastelera o cuchara rellena los moldes de los cupcakes a dos tercios de su capacidad. Hornea 15 minutos a 180 ºC o hasta que al insertar un palillo salga limpio. 
    3. Decoración: Si las cupcakes han hecho copete, cortárselo para que queden planas. Unta por encima de la cupcake la crema de chocolate, y sobre la crema esparcir coco rallado como si fuera nieve, y tiene que estar bien nevado. Pon la cupcake dentro de una cápsula de cupcake roja o dorada, y esta a la vez dentro del wrapper. Pon el muñequito de chocolate sobre la nieve, haciendo un poco de presión para que no se caiga, y termina con la bola de gelatina. 





     

    Con esta receta participo en el Reto de "Christmas Time" de la comunidad Cocineros del Mundo en G+ Reto ChristmasTime CdM 2016 



    Relato, receta y fotografías @catypol - Circus day.

    Paella de papel

    Cuando yo era pequeño, conocí a una niña con unos grandes ojos negros. Íbamos juntos a clase y ella siempre me miraba, pero yo nunca le decía nada porque era muy tímido. Un día, cuando volví del recreo, ella había dejado un avioncito de papel encima de mi pupitre. Yo la miré, ella ya me miraba y sonrió, pero no le dije nada porque era muy tímido. Pero el segundo día había dejado dos avioncitos de papel. La volví a mirar, me volvió a sonreír, pero nada, seguí sin poder decirle nada.

    ¿Al tercer día? Al tercer día el pupitre estaba lleno de aviones de papel. ¿La clase? La clase estaba llena de aviones de papel. ¿El colegio? El colegio lleno de aviones de papel. Entonces no tuve más remedio que buscarla, y la busqué y cuando la encontré le dije: "¿Por qué?, ¿Por qué me regalas tantos aviones de papel?". Y ella me contestó:"Porque tú, Tú eres mi cielo".
    "Avioncitos de papel", de Jairo Anibal Niño.

    El sabio es quien quiere asomar su cabeza al cielo; y el loco es quien quiere meter el cielo en su cabeza (Gilbert Keith Chesterton).




    Hace ya bastantes meses se realizó en Madrid el Big Food Grrrreat Market, y estuve invitada junto con Juana y Cristina, fue un viaje un poco disparatado pero nos reímos mucho. En ese evento, fue cuando conocí a María Navascués, una madrileña, arquitecta y emprendedora en su primera empresa gastrocreativa. Y conociéndome, yo pensé que María debía estar en mi circo, así que medio avergonzada y poco esperanzada, le preguntamos si nos diría la receta de su famosa Paella de Papel, qué alegría cuando nos dijo que sí, así que la grabé, allí probamos la paella de papel negra que nos gustó mucho. Y por primera vez que no será la última empiezan los Podcats de Circus day, espero os gusté el show. Escucha el podcats si quieres saber cómo hace María la Paella negra de papel que como ves, ella lo hace muy bonito.



    El plato es una fusión entre el rollito de primavera y la paella, donde el arroz toma forma de papel que envuelve a las verduras salteadas al wok o sartén. Es muy versátil ya que podemos elaborarlo con la paella que más nos guste, negra, con pollo, pescado, marisco... María usa una troqueladora de 8 cm. para darle el tamaño que ella quiere, yo he usado las obleas más pequeñas que he encontrado, pero no las he troquelado, aunque si lo queremos de un bocado nos conviene hacerlo. He elaborado mi versión, tengo que seguir practicando para que me salga tan bonito como a María, y si hay una próxima lo cocinaré al horno.

    · PAELLA DE PAPEL ·

    Ingredientes

    • 1 zanahoria, pelada y cortada a bastones finos
    • 1/4 pimiento rojo cortado a tiras
    • 3 cdas. habas frescas
    • 50g corazón de alcachofas cortadas a tiras
    • 1 tomate pequeño rallado
    • 1 ajo cortado a tiras finas
    • Caldo de verduras
    • Obleas de arroz
    • Sal y pimienta
    • Pimentón dulce
    Elaboración
    1. Corta las verduras en bastones finos y pequeños de unos 3 cm de largo. 
    2. Saltéala al wok o sartén unos 5 minutos con aceite de oliva. 
    3. Salpimienta y condimenta también con un poco de pimentón.
    4. Calienta el caldo de verduras. 
    5. Se remoja en este caldo no muy caliente el papel de arroz, unos 10 segundos, se seca con un paño de cocina y se repite la operación con otro papel. 
    6. En la base de un papel coloca las verduras, no mucha cantidad, y sobre las verduras coloca el otro papel.
    7. Calienta una paella a fuego medio con aceite de oliva.
    8. Cuando esté caliente coloca el papel de arroz relleno y fríe, con cuidado, hasta que quede tostado. 
    9. Saca de la paella y coloca en el plato o inserta en una brocheta, decora con un poco de alloli.
    10. Sirve.

    Nota: Si quieres colorear el papel de arroz, poned un poco de cúrcuma en el caldo, yo no lo he hecho por eso queda transparente. 
    Si quieres añadir otra verdura como brócoli o cebolla, etc, córtala muy pequeña, no a bastoncillos. 
    Sirve con diferentes salsas, si haces con otros sabores.



    Fotografías @catypol - Circus day.

    Rabanitos rellenos

    Ver todo desde otra perspectiva siempre es algo incómodo, mi mamá me dice que no me preocupe que ya creceré, ¡claro qué sí! pero mientras mi altura me va mostrando esa parte del mundo a una vista de ombligo siempre y cuando no alce la cabeza.

    Cuando eres muy pequeño y acompañas a mamá a la compra vas sentado en la sillita del carro, cuando pesas demasiado pero sigues siendo pequeño vas caminando al lado de ella, y sí, todo lo que nos gusta está a nuestra altura, en algo teníamos que tener ventaja.

    Ya no es lo mismo cuando vamos a comprar verdura, en eso ni carro ni ná y bueno esa parte no nos interesa tanto, aunque al menos me sirve para entretenerme cosa que a mi madre no le gustó mucho cuando usé el rábano para que me sirviera de espada y luchaba contra "Mr. Potato" del saco de patatas, ella me quitó la "espada" y me dio un manojo de rabanitos: .__¡Maaamá, con esto no puedo luchar!__, y ella me responde muy graciosa: .__imaginación hijo mío, imaginación__.




    Ya sé, quizás no sea la mejor semana para traer esta receta, pero podéis apuntarla para la operación bikini que pronto muy pronto estará de habitual en las casas, así que en vez de contribuir a la lista de deliciosos platos de Semana Santa, os propongo una manera más primaveral de comer rabanitos, también deliciosos, ¡ea!

    · RABANITOS RELLENOS ·

    Ingredientes
    • 1 manojo rabanitos (intentar que haya bastantes de mayor tamaño)
    • Cremas de verduras, o salsa de tomate, o pisto, o hummus... (las que más nos guste)
    Para decorar:
    • Flores
    • Pimienta
    • Sésamo
    Elaboración
    Corta los tallos a los rabanitos dejándoles un poquito.
    Límpialos bien, si fuera necesario usa un cepillo para limpiar vegetales, y quítales bien la tierrecilla que pudieran tener. 
    Corta una pequeña base para que el rabanito, al posar sobre le plato, no vuelque. 
    En la parte contraria donde has cortado la base corta otra base pero esta vez más grande casi a la mitad. 
    Con un sacacorazones de manzana, marca el agujero que posterior terminas de hacer con una puntilla. 
    Cuidado no agujerées completamente o al verter el relleno se saldrá.
    Con los rabanitos más pequeños haces el agujero con la puntilla directamente. 
    Cuando todos los rabanitos tengan su cavidad hecha, rellena con la crema que más te guste. 
    Pon sobre un plato bonito, espolvorea unas flores o pimienta negra o sésamo...
    Sirve.

    Nota: con los trocitos de los rabanitos que quitas puedes añadirlos a la ensalada.

    Y así quedan:




    Y además Con esta receta participo en el 2º Aniversario del Reto de Cocineros del Mundo. ¡FELICIDADES FAMILIA!.

    Relato, fotografías y receta @catypol - Circus day.

    Canelón de rabanitos relleno

    Isabella encontró en el desván de la casa de su abuelo un antiguo libro lleno de secretos sobre las criaturas mágicas y los métodos ancestrales para volar. Con ojos brillantes y una determinación inquebrantable, comenzó a estudiar el arte de volar con la ayuda de las antiguas enseñanzas.

    En un pequeño pueblo rodeado de campos verdes y un vasto cielo azul, vivía Isabella, que soñaba con volar. Desde que era una niña, miraba maravillada a las aves que surcaban el cielo, deseando poder unirse a ellas algún día. Sin embargo, su familia estaba preocupada por la seguridad de sus sueños y la instaba a abandonar esas ideas fantasiosas. Pero Isabella tenía un aliado incondicional: su querido abuelo, don Emilio. Vivía en una acogedora casa cerca del campo de rabanitos que cultivaba con amor.

    Don Emilio, al enterarse de la búsqueda de su nieta, decidió unirse a ella en su aventura. Recordando las historias que le contaban de su propia juventud, conocía algunos secretos que podrían ayudarla a cumplir su sueño. Juntos comenzaron a experimentar con diferentes métodos, desde cometas hasta planeadores improvisados hechos con tela y palos.

    La familia seguía preocupada, pero cada día Isabella y su abuelo se sumergían más en su búsqueda compartida. Pasaban horas entre risas y desafíos, explorando las maravillas del campo de rabanitos mientras perfeccionaban sus creaciones. Los días se convirtieron en una mezcla de magia y aprendizaje, con el abuelo alentándola a seguir sus instintos y a no tener miedo de caer.

    Finalmente, después de muchas pruebas y errores, llegó el día en que Isabella sintió que estaba lista para volar. Con un artefacto peculiar, una mezcla de ingenio y magia, se elevó en el cielo junto a las aves que tanto admiraba. El abuelo, desde abajo, aplaudió con lágrimas en los ojos al ver el éxito de su nieta.

    A partir de ese día, Isabella se convirtió en la leyenda del pueblo: una joven que desafió la gravedad y encontró la libertad en el cielo. La familia, inicialmente preocupada, comenzó a comprender la importancia de seguir los sueños y permitir que cada individuo experimente la vida a su manera.

    La historia de Isabella se convirtió en un cuento que los abuelos del pueblo contaban a sus nietos antes de dormir, recordándoles la importancia de la determinación, el amor y la libertad para perseguir sus sueños, incluso cuando parecían imposibles. Y en el campo de rabanitos, donde Isabella aprendió a volar, las risas y el amor perduraron en cada rincón, contagiando la magia de un sueño que se hizo realidad.


    Canelón de rabanitos en rodajas finas relleno de paella

    Canelón grande de rabanitos relleno de arroz

    Aunque los botánicos sitúan el origen silvestre de la especie en el sudeste de Asia debido a la presencia de variedades verdaderamente salvajes en esa región, la planta se domesticó y transformó rápidamente al extenderse hacia el oeste. Las hipótesis principales señalan a la antigua China como la gran cuna donde comenzó su selección agrícola. Desde allí, su viaje por las rutas comerciales la llevó hasta Oriente Próximo, donde hace más de 4000 años los egipcios y los babilonios ya la habían incorporado plenamente a su dieta habitual. De hecho, se tiene constancia arqueológica de su relevancia gracias a representaciones pictóricas halladas en los muros interiores de la pirámide de Keops. En el Egipto faraónico, los rabanitos, junto con los ajos y las cebollas, se consideraban alimentos esenciales para aportar energía y protección inmunitaria a las grandes masas de constructores. 

    Durante el primer milenio antes de Cristo, el cultivo llegó al Mediterráneo. Los griegos y los romanos adoptaron la hortaliza con entusiasmo, valorando enormemente sus propiedades medicinales y digestivas. Su propio nombre científico, Raphanus, proviene de un vocablo griego que se traduce como «rápido en aparecer», una clara alusión al brevísimo ciclo de crecimiento de la planta, que permite cosecharla apenas unas semanas después de la siembra. Los agrónomos del Imperio romano describieron con detalle la existencia de múltiples variedades, diferenciando ya los tipos pequeños y alargados de los redondos, y extendieron su producción a todas las provincias conquistadas del continente europeo. 

    En los siglos posteriores, la evolución del rabanito continuó ligada a la gastronomía europea. Durante los siglos XVII y XVIII, países como Alemania e Inglaterra impulsaron su popularidad al consumirlos como acompañamiento para la cerveza, y fue precisamente en esta época cuando los cocineros comenzaron a valorar su toque amargo y picante para equilibrar recetas complejas. Con la llegada de los colonos europeos a América, la hortaliza cruzó el océano Atlántico. En el nuevo continente, el rabanito no solo se integró en la agricultura alimentaria, sino que dio pie a manifestaciones culturales sorprendentes. Un ejemplo icónico es la Noche de Rábanos de Oaxaca, en México: una festividad oficializada en 1897 donde los artesanos tallan intrincadas esculturas empleando variedades gigantes de esta raíz. Hoy en día, gracias a su asombrosa adaptabilidad ecológica y a su rapidez, el rabanito se mantiene como un ingrediente universal en ensaladas de todo el mundo y como el cultivo de iniciación predilecto en los huertos urbanos del planeta.

    Descubrimientos simples que me hacen vibrar de emoción tanto como las recetas antiguas, experimentando después en mi cocina para ver si el hallazgo es posible en los fogones de todos o solamente en los de algunos. Y es evidente que en este caso vale la pena: el resultado me gustó mucho; el descubrimiento viene de la mano del chef Wylie Dufresne y funciona.

    Uno de mis platos preferidos es s'arròs sec, y bueno, recuerdo que los domingos (todos) eran día de arroz, y en tiempo de rabanitos lo acompañábamos con ellos. Pues bien, cuando descubrí que fácilmente podía hacer una plancha de rabanitos gracias a la gelatina —¡ya ves qué fácil!—, no tuve duda de que los rellenaría. Pero en esta entrada la importancia no la tiene el arroz; en esta entrada lo que de verdad importa es la simplicidad de unos ingredientes para llegar a un sorprendente resultado.



    Canelón de rabanitos relleno de paella


    Plancha de rabanitos:
    • Rabanitos
    • 2 g de Agar agar
    • 150 ml de agua

    Utensilios:
    • Mandolina
    • Pinzas o palillos
    • Papel de horno

    Para el relleno:
    • Arroz tipo paella de verduras

    Elaboración:
    1. Corta con una mandolina en rodajas muy muy finas los rabanitos, si no las cortas tan finas la gelatina no nos hará de pegamento. 
    2. Diluye el Agar agar en el agua, en frío, y lleva a ebullición, cuando hierva saca del fuego.
    3. Con unas pinzas, introduce rodajas de rabanitos dentro de la gelatina, remójalas bien. 
    4. Sácalas y colócalas superpuestas sobre papel de hornear formando un rectángulo. 
    5. Trabaja rápido con la gelatina, a medida que se enfría no podrás usarla. 
    6. Además de todo esto yo he terminado pincelando un poco de gelatina sobre la plancha de rabanitos una vez colocados.
    7. Una vez que la plancha de rabanitos se ha solidificado bien, puedes cortar a medida para hacer el canelón que quieras para rellenar.

    Collage del canelón de rabanitos relleno de arroz de verduras

    Preguntas frecuentes

    ¿Por qué es indispensable cortar los rabanitos en láminas casi transparentes con la mandolina?

    Si las rodajas quedan gruesas, la rigidez natural del rabanito vencerá la resistencia del gel: las piezas no se solaparán en plano, no se adherirán entre sí y se romperán al enrollar el canelón. Al cortarlas extrafinas (alrededor de 1 mm o menos), las láminas pierden tensión mecánica, se vuelven completamente maleables y permiten que la película de agar-agar actúe como un auténtico adhesivo continuo y flexible sin agrietarse.

    ¿Por qué hay que llevar a ebullición el agar-agar y montar la lámina con tanta rapidez?

    A diferencia de la gelatina neutra tradicional (que se activa a unos 60 °C), el agar-agar necesita alcanzar obligatoriamente los 85–100 °C (hervir al menos 1 o 2 minutos) para disolverse e hidratarse por completo. Su particularidad física es que gelifica muy deprisa en cuanto desciende a unos 40–35 °C, incluso a temperatura ambiente. Si no se trabaja con agilidad mojando y disponiendo las rodajas mientras el líquido sigue humeante, la mezcla cuajará en el cuenco y formará grumos inservibles para pegar.

    ¿El canelón resiste el calor del arroz de paella al rellenarlo?

    Sí, y esa es la gran ventaja técnica del agar-agar frente a las gelatinas de origen animal. Mientras que la gelatina de cola de pescado se derrite a la temperatura corporal (37 °C), el agar-agar presenta termoirreversibilidad hasta alcanzar los 85 °C una vez cuajado. Esto significa que puedes rellenar la plancha con el arroz caliente o templado sin miedo a que la lámina de rabanitos se disuelva o pierda su firmeza.

    Canelón de rabanitos con un relleno de arroz de verduras


    Ahora podré experimentar con otros vegetales: imagino esa remolacha tan linda, o con zanahorias, o también con frutas, ¿por qué no? Ya que estamos, se abren muchas variantes deliciosas y muy sanas. En esta, para darle más sabor, le puse unas gotas de limón al agua del agar-agar y aportar el toque que le solemos dar al arroz, completando así el plato.

    ¿Y qué haces con los rabanitos que nos queden, con esos trocitos que nos sobren? A mí me gustan mucho en ensaladas, encurtidos o al natural: no me importa, son deliciosos. Yo los puse en vinagre para las ensaladas; solo tuve que hervir un poco de vinagre de manzana (unos 100 ml con 200 ml de agua). No le puse bolitas de pimienta negra ya que no tenía, y después lo añadí todo junto con los trocitos de rabanito a un bote esterilizado.


    Rabanitos en vinagre de manzana

     
    Relato y fotografías @catypol - Circus day.

    Empanada barco

    Buscaba entre las rocas mis ganas de volver a entrar en el mar. A lo lejos se veían los barquitos navegando. Yo los veía pequeños, como barquitos de juguete, pero seguro que eran grandes.

    Habíamos ido en familia a pasar el día a la playa. Una playa llena de rocas y algas secas, nada de arena. Pero estaba casi desierta, y eso la hacía especial. A mamá no le gustaban las playas llenas de gente; como aquella zona se había vuelto famosa por salir tantas veces en las redes sociales, ya no era lo mismo.

    Mamá solía cocinarnos unas empanadas de atún y huevo que nos dejaban una sonrisa en la cara durante todo el día. Gracias a ellas, se nos pasaban las protestas por las piedras y las rocas de la orilla.

    —¡Unos escarpines lo solucionan todo! —decía ella. Eso… y sus empanadas. Y tenía razón.

    El mar azul turquesa, un viento ligero y mucha crema solar hacían que la sonrisa más brillante fuera siempre la de mamá. Y eso nos gustaba tanto como jugar a pescar cangrejos, bucear para ver peces de colores o subirnos a la tabla de paddle surf para librar batallas y ver quién se iba antes al agua.

    Ese día no era el mío. Había caído tantas veces que se me quitaron las ganas de seguir jugando. Mis hermanos se reían, y yo, malhumorada, me fui a buscar entre las rocas, por si alguna sirena tenía ganas de jugar conmigo. Nunca tuve la suerte de encontrarla, pero yo sabía que estaba ahí.


    Empanada de pollo con forma de barco versión individual

    Empanada de pollo casera en forma de barco con vela

    Aunque hoy asociamos la estructura de gran formato al estilo gallego, esta forma de hornear viandas
    envueltas en masa constituyó una práctica compartida por diversas regiones españolas desde la Edad Media. En su origen, el concepto hispánico de la empanada nació de la costumbre de pastores y caminantes de vaciar hogazas de pan para rellenarlas con guisados, una usanza que evolucionó con presteza hacia el horneado directo de la masa con el condumio en su interior para asegurar que el alimento resistiera las largas jornadas de viaje sin echarse a perder.

    El verdadero punto de inflexión en la historia de la empanada española sobrevino durante los siglos de presencia islámica en al-Ándalus. Los cocineros andalusíes introdujeron en la península técnicas avanzadas de repostería y tahona, popularizando las masas hojaldradas y el empleo de mantecas y aceites para lograr cubiertas más sutiles y quebradizas. Asimismo, revolucionaron los rellenos al asentar el contraste dulce y salado, combinando carnes con frutos secos, pasas, canela y especias exóticas. Esta impronta transformó la rústica empanada de pan de los reinos cristianos en un bocado señorial que pronto hicieron suyo las cortes reales y los recetarios de toda la geografía peninsular.

    A medida que declinaba el medievo y despuntaba el Renacimiento, la empanada se erigió en pilar de la literatura y de la identidad culinaria de España, arraigando con fuerza en territorios como Cataluña, Castilla o la actual Comunidad Valenciana. Un testimonio documental capital de esta difusión es el Libre del coch (1520), del maestro catalán Robert de Nola, donde se pormenorizan fórmulas de empanadas que no solo acogían pescados, sino también piezas de montería y volatería aderezadas según el refinamiento palaciego. Igualmente, en las letras del Siglo de Oro, plumas como la de Miguel de Cervantes retratan con frecuencia las empanadas como el viático arquetípico de los caminos castellanos, testimonio de que cruzar la meseta con una empanada al hombro en el zurrón constituía la norma para cualquier viajero de la época.

    Con el transcurso de las centurias, este acervo común se bifurcó en fecundas variantes comarcales que preservan la noción primigenia del pastel grande o de piezas medianas para compartir. En la tradición castellana florecieron los hornazos, empanadas rotundas colmadas de chacina y lomo para celebrar el término de la Cuaresma; entretanto, en la ribera mediterránea se consolidaron las panades mallorquinas, la espinagada y las empanadas murcianas, que acomodaron la masa a las verduras de la huerta y a las capturas locales. De este modo, la empanada en España bebe de una misma raíz histórica de subsistencia y mestizaje cultural, donde el molde de generosas proporciones —que hoy solemos adscribir a la usanza gallega— fue en verdad el estándar con el que el país entero aprendió a trajinar y a alimentarse durante siglos.

    Ya sé que salimos de fiestas, pero para nosotros queda una más todavía y hoy la celebramos así, con mucho amor, pues es un día especial. Después de seis años, hemos pasado por querer ser piloto, conductor de tren, héroe que se traslada en el tiempo, y creo que lo último es sobre un chico que quiere ser maestro, quiere viajar al espacio en una gran nave y luchar contra la fuerza oscura. Lo dicho: hoy es un día especial, por lo que aceptamos barco…

    Lo que más me gusta es la imaginación usada en la realidad; a él le chifla hacer fotos (no sé a quién se parece) y ahora le gusta dibujar (además lo hace realmente bien). También siente pasión por el baloncesto —eso ya es hereditario (creo)—, el trabajo en equipo es su fuerte y divertirse es su misión: es lo que toca, ¿verdad? Y, para colmo de sorpresas, le gusta la cocina, a su manera.

    ¡En fin! Quizás un día quiera ser marinero; de momento le han parecido unos barquitos muy divertidos para una fiesta y me ha dado un gran beso (solo por eso vale la pena). No es fácil sorprender a un niño cuando su imaginación no tiene límites, ¿no crees? Y eso que estos barquitos causan sorpresa, aunque lo que más asombra es lo fáciles que resultan de hacer.



    Empanada de pollo en forma de barco


    Ingredientes:
    • 2 láminas de masa para empanada 
    • 500 g de pollo asado desmenuzado 
    • 300 g de tomate frito 
    • 1 trozo de pimiento rojo de los de asar 
    • 1 cebolla mediana 
    • 3 huevos
    • 5 cdas.de aceite de oliva
    • Sal y pimienta al gusto
    Utensilios:
    • Moldes aluminio 14 cm. x11,5 cm. 
    • Papel aluminio
    • Papel hornear
    • Pajitas de papel (para el mástil)
    • Cartulinas triangulares (para las velas)
    Precalentar el horno a 200º C

    Elaboración:
    1. Pon un cazo con agua a calentar. 
    2. Cuando hierva el agua añade 2 huevos (reserva el otro para pintar la empanada) y deja que se cuezan durante 10 minutos. 
    3. Cuando estén saca del agua y deja enfriar antes de pelarlos.
    4. Mientras se cuecen los huevos trocea en trozos muy pequeños la cebolla y el pimiento rojo. 
    5. Pon una sartén mediana a fuego medio con 5 cucharadas de aceite de oliva. 
    6. Añade las verduras troceadas y una pizca de sal para que suden y se pochen bien. 
    7. Deja a fuego medio hasta que la cebolla está bien blanda y pochada.
    8. En un cuenco grande pon el pollo desmenuzado y añade el tomate frito, los huevos duros bien picados, las verduras pochadas, salpimienta. 
    9. Mezcla bien y prueba y si lo ves necesario añade más sal y pimienta al gusto.

    Montaje:
    1. Tirar del centro de un lado del molde de aluminio. 
    2. Forrar con papel de aluminio dando a la punta (proa) más superficie, así nos aseguramos que la proa se note cuando formemos la empanada. 
    3. Extender la masa preparada y cortar una parte (sólo la que necesitaremos para cada barco) y colocar sobre papel para hornear dentro del molde. 
    4. Darle la forma del barco recortando con una tijera y modelando la proa. 
    5. Llenar el barco con el relleno de pollo, no llegando arriba del todo pues lo tenemos que tapar. 
    6. Con un poco más de masa formar la tapa de la empanada. 
    7. Hacer un agujero central para que respire en la cocción, aunque después usaremos el agujero para clavar el mástil. 
    8. Recortar la tapa con la forma del barco y unir a la base rellena. 
    9. Con un tenedor le hacemos muescas y con un poco de masa hacer un círculo para el agujero del centro de la masa, pintar la superficie con huevo. 
    10. Hornear durante 30 minutos. 
    11. Sacar los barcos del horno, sacar del molde y hornear 15 minutos más sin molde para que los lados cojan color.

    Nota: 
    Para hacer el mástil, lo que hice fue cortar con cuidado y por el centro de la pajita de papel (con un cúter) una línea lo más recta que pude, pero sin llegar arriba, pues la pajita se abre y después hay que sujetarla con celo. Imprimí unas velas triangulares con el número 6 y un texto bonito. Las recorté y las introduje por la ranura que había hecho en la pajita de papel. ¡Y listo, a navegar!



    Collage de la empanada en forma de barco rellena de pollo


    Preguntas frecuentes

    ¿Por qué hay que dejar enfriar el sofrito y el relleno antes de ponerlo sobre la masa?

    Si viertes el relleno caliente o templado directamente sobre la masa cruda, el calor fundirá la grasa (mantequilla, manteca o aceite) que lleva la masa antes de entrar al horno. Eso hará que la base se ablande, se vuelva pegajosa, pierda la forma de barco y quede cruda o pastosa por abajo. Dejar que la mezcla de pollo, tomate y verduras esté a temperatura ambiente garantiza que la masa conserve su firmeza y se hornee crujiente.


    ¿Para qué sirve hacer el agujero central en la tapa y cómo ayuda después con el mástil?

    Ese agujero actúa como chimenea durante el horneado: permite que el vapor del relleno salga al exterior libremente. Si no se hace, la presión del vapor hinchará la tapa, deformará el barco y terminará rompiendo los bordes sellados, haciendo que el relleno se desborde. Además, dejar ese orificio ya hecho y reforzado con el circulito de masa sirve como guía perfecta para clavar la pajita con la vela sin romper la cubierta una vez fría la empanada.


    ¿Por qué se hornea primero dentro del molde y luego otros 15 minutos fuera?

    El molde de aluminio forrado mantiene la forma puntiaguda de la proa y las paredes del barco firmes mientras la masa se cocina y se asienta con el peso del relleno. Sin embargo, el aluminio impide que el calor directo dore los laterales del casco. Al desmoldar los barcos a los 30 minutos (cuando la masa ya está cocida y no se deforma) y devolverlos a la bandeja, las paredes reciben aire caliente directo y consiguen ese tono dorado y crujiente por todos lados.




    Empanada barco de pollo con pimiento y cebolla



    Relato y fotografías @catypol - Circus day.

    Molinetes de brioche

    En esto descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo, y así como Don Quijote los vio, dijo a su escudero: la ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos a desear; porque ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta o poco más desaforados gigantes con quien pienso hacer batalla, y quitarles a todos las vidas, con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer: que esta es buena guerra, y es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra.
    __¿Qué gigantes? __dijo Sancho Panza.
    Don Quijote de la Mancha



    Brioche en forma de molinetes con mermelada rellena

    Mermelada de zanahoria y naranja para los molinetes de brioche


    Si don Quijote fuera un personaje de nuestro tiempo, nadie vería con malos ojos que vislumbrara gigantes; tal vez, en lugar de cabalgar en pos de aventuras a lomos de un rocín, surcaría las redes, rastreando a Dulcinea en Instagram en compaña de Sancho.

    Quizás, en vez de aquel yelmo de Mambrino (que no era sino una humilde bacía encantada), calzaría unos auriculares para aislarse con lo último de las listas de éxitos, quedando él mismo bajo el influjo del hechizo.

    Acaso su apodo digital fuera Rocinante y fijara su residencia en El Toboso; o tal vez no.

    Yo no pude evitar acordarme de él al dar forma a estos molinetes; se me metió entre ceja y ceja, hasta el punto de que en las fotografías asoma su silueta. La ocurrencia me pareció de lo más divertida.

    Además, deseaba presentarte de un modo especial la primorosa mermelada que nos regaló Raúl, de El Oso con Botas, durante nuestra última escapada a Madrid. «Hijo nuestro»: ha sido facilísimo acogerte en el seno de la «familia»; eres una persona entrañable.

    Descuida: no perderás el juicio por leer esta entrada ni hace falta que me condenes a la hoguera de los libros. Tómate estas líneas con buen humor, que venimos a hablar del ingenioso hidalgo sin más títulos ni pretensiones, y a endulzarte el día, aunque el bocado no proceda de su sinpar dama.



    Molinetes de brioche


    Ingredientes:
    • 500 g de harina de fuerza
    • 100 g de leche 
    • 100 g de mantequilla o aceite de oliva suave
    • 50 g de azúcar
    • 3 huevos medianos
    • 30 g de levadura prensada
    • 1 cdta. de sal
    • Mermelada (opcional)
    • 1 huevo para pincelar la masa antes de hornearla

    Elaboración:
    1. Calienta la leche, no la hiervas, unos 20 segundos en el micro va bien. 
    2. En un cuenco grande o en una amasadora mezcla la harina, los huevos, la sal y la mantequilla o el aceite. 
    3. Mezcla un poco y seguidamente añade la leche con la levadura. 
    4. Amasa hasta que todos los ingredientes estén bien integrados. 
    5. Deja levar hasta que doble el volumen. 
    6. Para hacer los molinetes tienes que formar cuadrados con la masa, aplanarlos con un rodillo, rellena un poco con la mermelada si los quieres rellenos y darle forma con las puntas para formar el molinete (como en el vídeo).
    7. Pincela los molinetes con huevo y deja levar un poco más.
    8. Precalienta el horno a 200º C y hornea los molinetes durante 15 - 20 minutos.

    Nota: 
    Usa toda la masa para hacer los molinetes o simplemente haz unos cuantos y el resto úsalo para un solo brioche.



    Preguntas frecuentes

    ¿Por qué es indispensable calentar la leche solo de forma tibia (en torno a 30–35 °C) y evitar a toda costa que supere los 45–50 °C al disolver la levadura prensada?

    La levadura fresca prensada está constituida por colonias vivas del microorganismo Saccharomyces cerevisiae. Una temperatura templada suave (en torno a 32–37 °C) estimula la permeabilidad de su membrana celular y acelera la fermentación enzimática de los azúcares. Si la leche hierve o supera los 45 °C —un riesgo habitual al excederse con el microondas—, las proteínas estructurales de las levaduras sufren una desnaturalización térmica irreversible, aniquilando el fermento. Sin levadura activa, la red de gluten no recibirá dióxido de carbono y los molinetes quedarán densos, planos y apelmazados tras el horneado.

    ¿Qué técnica de corte y plegado requiere el cuadrado de masa para ensamblar los cuatro aspas del molinete sin que se desprendan ni desborden la mermelada en el horno?

    Una vez estirado el cuadrado con el rodillo, se practican cuatro cortes diagonales desde cada una de las esquinas hacia el punto central, deteniéndose a un par de centímetros antes de llegar al núcleo para dejar una base firme e intacta. Se deposita una cucharadita comedida de mermelada en el centro y se pliega hacia el medio solo una de las dos puntas triangulares de cada vértice (siempre en el mismo sentido, horario o antihorario). Para evitar que el empuje del gas durante la cocción desmonte la figura o proyecte la mermelada hirviente, es fundamental presionar con firmeza las cuatro puntas unidas en el corazón del bollo, sellándolas con una gota de agua o huevo batido antes del segundo levado.

    ¿Cómo influye la elección entre mantequilla o aceite de oliva suave en la elasticidad del amasado y en la textura final de la miga del brioche?

    La mantequilla aporta grasas sólidas saturadas que se funden paulatinamente durante el amasado en frío y la fermentación, lubricando las cadenas de gluten sin ahogarlas y aportando los característicos aromas lácteos y la clásica textura hojaldrada, blanda y que se deshace en hebras al enfriar. Por el contrario, el aceite de oliva suave aporta lípidos en estado líquido que recubren las proteínas del gluten de forma inmediata y reducen la absorción de humedad de la harina de fuerza; la masa resulta más resbaladiza de trabajar y requiere un amasado más atento, pero a cambio produce una miga con mayor retención de humedad, lo que permite que los molinetes se mantengan tiernos y frescos durante más días sin resecarse.


    Molinetes de brioche con mermelada de zanahoria y naranja



    Fotografías y vídeo @catypol - Circus day.

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