Señoras y Señores,

Bienvenidos a Circus Day

image
Hola,

Soy Caty y dirijo este circo

Foodie, diseñadora gráfica, cuentacuentos y aficionada a la fotografía es un resumen de lo que encontrarás aquí, un circo lleno de recetas, historias y espectáculo. Señoras y señores, mesdames et messieurs, ladies and gentlemen, bienvenidos a Circus day, espero que te guste el show.

The Show

En el blog

Mostrando entradas con la etiqueta Entradas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Entradas. Mostrar todas las entradas

Semillas de mostaza

Sentado frente a la puerta del templo, se dedicaba a observar a la gente que entraba y salía de él: penitentes, turistas, hombres y mujeres, mayores y jóvenes. Todos se paraban ante el umbral, lo observaban y entraban; en cambio, los que salían no miraban atrás, como si hubieran dejado dentro todos los demonios que llevaban encima y no quisieran que regresaran una vez fuera. Él no era entusiasta de los templos, ni del rezo ni del perdón. Había dejado esa parte de la vida en manos de su familia: ella se encargaba de su alma, o al menos de rezar por ella. Él pensaba que ya estaba perdida.

Cuando la vio salir del templo, pensó que se había escapado un ángel de algún rincón del edificio. Sus ojos verdes rasgados, pómulos altos y boca agraciada; asomaba cabello negro por debajo del pañuelo que llevaba sobre la cabeza. Su vestido largo casi le tapaba los pies y una sonrisa —de haber dejado sus pecados rezando— lo atrajo como un imán. Y la siguió.

Ella cruzó la plaza, llegó al mercado y se paró frente al puesto de las especias. Compró semillas de mostaza y rio con gusto por algo que el mercader le había dicho. Siguió su camino por las callejuelas estrechas de la ciudad. Él la siguió con cuidado, procurando que ella no se diera cuenta. Era especialista en eso. La vio entrar en otro portal. Ese no era un templo, sino más bien la entrada de un palacio. Ahora entendía por qué lo había atraído tanto aquella mujer. Negó con la cabeza, sonrió y siguió su camino.

—No es para ti —se dijo, y suspiró, regresando sobre sus pasos.


Semillas de mostaza encurtida para bocadillos o sandwiches

Semillas de mostaza encurtidas en huevo relleno y ensaladilla



En la tradición bíblica, la semilla de mostaza aparece en las parábolas de los evangelios de Mateo y Lucas como símbolo de fe y crecimiento. Sin embargo, su historia escrita se remonta mucho antes: ya en el siglo V a. C. figuraba en relatos budistas de la India. En el sur de Asia, este diminuto grano es un pilar culinario indiscutible: las semillas se templan en aceite caliente hasta que chisporrotean y revientan liberando todo su aroma, sus hojas tiernas se cocinan como verdura y su potente aceite no solo reina en las sartenes, sino que se emplea tradicionalmente en masajes para templar el cuerpo durante los inviernos rigurosos.

En la gastronomía de regiones como Bengala, el aceite de mostaza (shorsher tel) es el medio de cocción por excelencia y aporta un regusto pungente inconfundible. Allí, las semillas majadas son el alma de emblemáticos guisos de pescado picantes como el machher jhaal o el paturi, además de enriquecer encurtidos tradicionales a base de mango verde, chile y mostaza en polvo madurados al sol en su propio aceite.

Pickled mustard seeds, semillas de mostaza encurtidas o el llamado «caviar de mostaza»: distintos nombres para una pequeña joya crujiente que transforma cualquier receta. Son el contrapunto perfecto para coronar huevos rellenos, hamburguesas, ensaladas, ensaladillas, tablas de quesos, bocatas, sándwiches o perritos calientes; en fin, hasta donde alcance la imaginación. Y no, no tienen la textura ni la acidez punzante de la salsa de mostaza comercial: estallan suavemente en boca y su sabor delicado te conquistará al primer bocado.


Actualizada 2026.


Semillas de mostaza encurtidas 


Ingredientes
  • 150 g de semillas de mostaza
  • 300 ml vinagre de manzana (o de vino)
  • 1/2 cdta. de sal
  • 1 cdta. de Tandoori masala (o el condimento que más te guste)
  • 150 ml vinagre de manzana (o de vino)
  • 125 ml vinagre de manzana (o de vino)

Elaboración
  1. Pon las semillas de mostaza en remojo con el vinagre y la sal, durante 2 horas a temperatura ambiente. 
  2. Añade el tandoori masala y remueve. 
  3. Lleva a ebullición a fuego bajo con 15 mililitros de vinagre. 
  4. Remueve para que no se pegue durante 20 minutos. 
  5. Deja enfriar. 
  6. Añade los últimos 125 mililitros de vinagre. 
  7. Remueve. 
  8. Transfiere a un bote y refrigera. 
  9. Dura varios meses.
Nota: 
El vinagre se añade en tres momentos distintos — 300 ml para el remojo inicial, 150 ml para la cocción y 125 ml al final en frío.



Preguntas frecuentes

¿Cuánto tiempo duran las semillas de mostaza encurtidas?

Varios meses en la nevera en un bote hermético bien cerrado. El vinagre actúa como conservante natural — cuanto más tiempo pasan en el bote, más suave y redondo se vuelve su sabor. Las primeras 48 horas son las más intensas; a partir de la primera semana alcanzan su punto óptimo.

¿Se puede cambiar el tandoori masala por otra especia?

Sí — y esa es la gracia de la receta. El tandoori masala aporta un perfil cálido y aromático con cúrcuma, comino y cardamomo. Puedes sustituirlo por curry en polvo para un sabor más familiar, por pimentón ahumado para una versión más española, o por hierbas provenzales para una versión mediterránea. Cada especia cambia completamente el perfil del caviar de mostaza.

¿Por qué explotan las semillas de mostaza en boca?

Porque al encurtirlas en vinagre las semillas absorben líquido y se hinchan ligeramente, pero mantienen su membrana exterior intacta. Al morderlas esa membrana revienta liberando el interior — una combinación de aceite esencial de mostaza y el líquido de encurtido — en una explosión de sabor suave y aromático. Por eso se llaman "caviar de mostaza" — el efecto es muy similar al del caviar real pero sin el precio.


Relato, vídeo y fotografías @catypol - Circus day.

Brocomole

Cuando era estudiante, vivía en un minipiso en el barrio Latino. No tenía más que una sola habitación; todo el piso era una única estancia: dormitorio, cocina, sala de estar y baño. Bueno, el baño estaba separado por un biombo con una gran ilustración de Betty Boop. No iba conmigo, pero sí con la decoración y con la bañera de patas que ocultaba.

En la misma planta vivían otros estudiantes y una señorona caribeña que, cuando cantaba, hacía temblar los finos cristales de las ventanas al son de su voz.

—Mijita, yo iba pa soprano, pero se me crusó en la vida un caballero inglés y no solo bebí los vientos por él, también todito el ron que había en el bar donde trabajaba por aquel entonse —me decía cuando la veía alicaída.

Persea Laura, que así se llamaba la doña, despachaba en la sección de frutas y verduras de la grocery más alegre del barrio. Cuando íbamos a por género, ella siempre me regalaba un aguacate y me soltaba:

—Pa que te dé enelgía, mijita, que estás muy sola.

Aquello me desconcertaba, y debía de notárseme a leguas porque ella remataba a voz en grito:

—¡Que es afrodisiaco, mijita! —y me guiñaba el ojo, dejándome a cuadros.

El resto de clientes se reía por lo bajini y yo acababa saliendo casi a la carrera de la tienda.

No sé si me hacía falta esa «enelgía», pero me zampaba el aguacate como si fuera el mayor manjar de la semana. Quizás influenciada por la sensual Betty Boop o por la vecina caribeña que vivía a dos puertas de la mía; el caso es que fue la etapa más feliz de mi vida universitaria.


(Nota: Aguacatero del género Persea de la familia Lauraceae.)


Brocomole salsa guacamole con brócoli y aguacate

Brocomole con floretes de brócoli y aguacate


El guacamole tiene su origen en la época prehispánica en el centro y sur de México, donde los mexicas preparaban una salsa espesa llamada āhuacamolli, voz náhuatl que se traduce como «salsa de aguacate». La mitología mesoamericana atribuía la receta al propio dios Quetzalcóatl, quien según la leyenda la obsequió a los humanos para que disfrutasen de sus virtudes nutritivas y energéticas. En sus inicios, la fórmula original era sumamente sencilla y consistía únicamente en aguacate machacado, chiles, jitomate y sal de grano, ingredientes nativos que se majaban en un molcajete de piedra volcánica.

Con la llegada de los conquistadores españoles en el siglo XVI, el plato experimentó un profundo mestizaje culinario. Los europeos quedaron fascinados con la salsa por su textura cremosa y su sabor, pero al resultarles compleja la pronunciación nativa, adaptaron el término fonéticamente hasta alumbrar la voz «guacamole». Como el aguacate no resistía la travesía transatlántica y su cultivo no cuajó de inmediato en Europa, la receta se enriqueció sobre el propio terreno novohispano incorporando ingredientes traídos del Viejo Mundo, como la cebolla, el ajo, el cilantro y la lima.

Esta evolución transformó el preparado prehispánico en la versión que hoy triunfa a escala internacional, consolidando al guacamole como un pilar indiscutible de la gastronomía mexicana.

El brocomole —o guacamole con brócoli— es una vuelta de tuerca vegetal que no te puedes perder: fresco, suave y comodísimo. El sabor del brócoli queda completamente integrado y pasa inadvertido, por lo que resulta un truco perfecto para sumar nutrientes a la mesa. Sírvelo con nachos crujientes, bastones de zanahoria o cómelo directamente a cucharadas; ya verás qué delicia.

Actualizada 2026.


Brocomole


Ingredientes para 4:
  • 400 g de floretes de brócoli
  • 2 aguacates maduros grandes
  • El jugo de un limón mediano
  • 2 dientes de ajo
  • 300 g de tomate maduro
  • 20 g de cilantro, al gusto
  • 150 g de cebolla roja o blanca
  • Sal al gusto
  • 20 ml de aceite de oliva

Elaboración:
  1. Hierve durante 3 minutos las ramitas de brócoli. 
  2. Cuela y deja enfriar.
  3. Corta el brócoli, el tomate y el cilantro en trocitos muy pequeños. 
  4. Pica el ajo y corta la cebolla en brunoise.
  5. Pela y quita el hueso al aguacate.
  6. En un bol, chafa el aguacate con un tenedor hasta hacerlo puré.
  7. Vierte el jugo del limón sobre el aguacate y remueve.
  8. Incorpora el ajo, el tomate y el cilantro, integrándolos bien.
  9. Añade los trocitos de brócoli y la cebolla, y combina el conjunto.
  10. Por último, incorpora la sal y el aceite de oliva.
  11. Remueve bien todos los ingredientes.
  12. Sirve.

Si te gustan los untables saludables para aperitivo, también te encantarán el untable de alcachofa y el resto de untables del blog.



Brocomole y nachos con cilantro para dippear

Preguntas frecuentes

¿Se nota el sabor del brócoli en el brocomole?

Prácticamente no. El aguacate, el tomate, el cilantro y el limón dominan completamente el sabor del conjunto. El brócoli aporta textura, nutrientes y volumen sin imponer su sabor característico. Es el truco perfecto para añadir verdura extra a la dieta sin que nadie — especialmente los niños — lo detecte.

¿Cuánto brócoli se puede añadir sin que cambie el sabor?

La proporción de esta receta — 400 g de brócoli por 2 aguacates — es la que mejor equilibra nutrición y sabor. Si añades más brócoli que aguacate el sabor empieza a notarse. Si quieres reducir el aguacate por precio o disponibilidad, no superes una proporción de 2:1 brócoli respecto al aguacate.

¿Cómo evitar que el brocomole se oxide y ennegrezca?

El jugo de limón de la receta ya actúa como antioxidante natural. Para conservarlo en la nevera, cubre la superficie directamente con film transparente pegado al brocomole — sin dejar aire entre el film y la salsa. También ayuda dejar el hueso del aguacate dentro del cuenco. Aguanta perfectamente 24 horas sin ennegrecerse con estos trucos.


Vasito de brocomole con palitos de zanahoria


Relato y fotografías @catypol - Circus day.

Mousse de atún

Todo empezó cuando la tía Clotilde, en bata, con rulos en la cabeza y katiuskas moradas, decidió que el mundo estaba a punto de acabarse porque su horóscopo advertía: «Prepárate para lo inesperado».

—¡Hay que construir un arca de Noé! —gritó mientras untaba mousse de atún en galletitas, convencida de atraer así a animales con buen gusto.

Encendió el fuego de la chimenea, desplegó sobre la mesa sus dibujos del arca y reclutó a su tripulación: tres nietos, un gato regordete y un robot aspirador llamado Carlitos.

En cuanto cayeron las primeras gotas —tres mal contadas—, Clotilde se encaramó a la bañera y clamó: «¡Al arca, todos!», cargando con los bocetos como señal de partida. Nadie osó detenerla.

Cenaron mousse, contemplaron los dibujos y terminaron durmiéndose al calor de las brasas. Fin del diluvio. O del delirio. Lo que llegara primero.


Mousse de atún en limón como recipiente

Mousse de atún dentro de un limón fresco



La historia de la mousse de atún aúna la técnica de la alta cocina francesa, el auge de la industria conservera del siglo XX y la cultura del aperitivo rápido de posguerra. Aunque el concepto culinario de la mousse —«espuma» en francés— nació en el siglo XVIII vinculado a la repostería de autores como Menon, pronto dio el salto al recetario salado para aportar ligereza y untuosidad a carnes, mariscos y pescados.

A comienzos de la pasada centuria, los cocineros galos empezaron a servir la mousse de thon en los banquetes más selectos. Elaboraban la farsa batiendo el pescado con mantequilla en pomada, nata, mayonesa y un toque de gelatina para darle estructura antes de encajarla en moldes decorativos. Al mismo tiempo, la irrupción masiva de la conserva de atún en las décadas de 1910 y 1920 democratizó el producto: lo que antes era un ingrediente exclusivo pasó a ser un básico asequible en cualquier despensa doméstica.

El gran auge popular de la mousse de atún estalló entre los años sesenta y setenta. Durante esas décadas, la receta cruzó el Atlántico y se coronó reina de las fiestas y cócteles en Estados Unidos y Europa. La moda de la época rendía culto a los entremeses vistosos y fáciles de compartir, lo que disparó el uso de los icónicos moldes metálicos con silueta de pez. Aquellas versiones caseras se preparaban en minutos mezclando atún en lata, queso crema, mayonesa, salsa Worcestershire y gelatina neutra, decorando el lomo con finas rodajas de pepino a modo de escamas y aceitunas en los ojos.

En el Mediterráneo, especialmente en Italia bajo el nombre de spuma di tonno, la receta se consolidó como un clásico atemporal para untar sobre crostini o rellenar hortalizas de verano. Hoy, la mousse de atún ha desterrado las formas escultóricas de los setenta, pero conserva intacto su trono en el aperitivo gracias a su textura sedosa, su frescura y su insuperable practicidad.

«La naturaleza es sabia», «tiempo al tiempo», «al mal tiempo, buena cara», «año nuevo, vida nueva», «mañana será otro día»… Decimos, escuchamos y sentenciamos con estas u otras fórmulas parecidas para zanjar una charla, retratar un estado de ánimo o darnos ánimos, casi siempre sin darles mayor trascendencia: las hemos convertido en un comodín automático, casi despojado de significado por pura costumbre.

Son frases populares y corrientes que lo mismo suelta un político que un publicista o Clotilde, la vecina, cuando te cuenta que fulanito es como el perro del hortelano —que ni come ni deja comer—, pero que «tiempo al tiempo, que a cada cerdo le llega su san Martín».

Llevémoslo ahora al terreno gastronómico, porque ya te estarás preguntando qué pinta todo esto entre fogones. Pues bien: hoy el protagonismo es para el limón. Es una delicia en repostería, el toque maestro para infinidad de platos, el comodín perfecto para sustituir el vinagre en las ensaladas y el eterno remedio mañanero con agua templada para «depurar» el… ¿estómago?, ¿hígado?, ¿nada? Pero «en ayunas y templadita sienta de maravilla», insiste Clotilde. En fin: un cítrico humilde y cotidiano que nunca falta en la despensa y que siempre está listo para aliñar, realzar o redondear una receta.

Y como una servidora también recurre a los clásicos cuando toca, hoy le doy una vuelta al limón y lo convierto en un vistoso cuenco natural para servir una mousse de atún. Un aperitivo fresco, resultón y perfecto tanto para vestir una mesa de fiesta como para darse un homenaje cualquier día.

Actualizada 2026.


Mousse de atún

Ingredientes:
  • 2 limones grandes
  • 160 g de atún 
  • 1 cda. de limón
  • 1 cda. de alcaparras
  • 1 cda. de aceite de oliva
  • 1 cda. de mayonesa
  • 1 ramitas de perejil
  • 100 g de mozzarella
  • 100 ml de caldo de pescado
  • 2 sobres Agar Agar (4 gr.)
  • Sal al gusto


Elaboración:
  1. Limpia los limones, corta la punta y con un cuchillo afilado vacíalos, guarda un poco de pulpa para sacar la cucharada de limón que después usarás. 
  2. Limpia y seca bien los limones, por fuera y por dentro, reserva.
  3. Añade el Agar Agar al caldo, en frío, y ponlo en un cazo a fuego moderado. 
  4. Lleva a ebullición, baja el fuego y deja cocer 2 minutos. 
  5. Pon todos los ingredientes en una túrmix, incluido el caldo. 
  6. Pica todo hasta que te quede una pasta homogénea. 
  7. Rectifica de sal. 
  8. Rellena los limones con la pasta obtenida y  lleva al frigorífico hasta que solidifiquen. 
  9. Al estar sólido pues cortarlo a rodajas o servirlo tal cual para untar directamente del limón.

Si te gustan las mousses de pescado para aperitivo, también te encantará la tapa de mousse de bonito — otra presentación original para sorprender a tus invitados.




Preguntas frecuentes

¿Cómo se vacía el limón sin romperlo?

El truco está en cortar primero una pequeña tapa en la punta del limón — solo la punta, no más — y después trabajar con un cuchillo afilado de punta fina pegado a la piel interior, girando el limón sobre sí mismo. Una cucharilla de postre ayuda a extraer la pulpa restante. Lo importante es no presionar la piel desde fuera para que mantenga la forma cilíndrica que necesita para sostenerse en el plato.

¿Se puede hacer la mousse sin agar-agar?

Sí, con gelatina neutra en la misma proporción. La diferencia es que el agar-agar cuaja a temperatura ambiente y es apto para veganos, mientras que la gelatina necesita frío para solidificar y es de origen animal. En ambos casos el resultado es una mousse compacta que mantiene la forma al cortarla en rodajas.

¿Por qué lleva mozzarella en lugar de queso crema?

La mozzarella aporta una cremosidad más suave y ligera que el queso crema, con menos grasa y sabor más neutro que no compite con el atún. Al triturarla junto con el caldo caliente y el agar-agar se integra perfectamente en la masa. El queso crema también funciona si no tienes mozzarella, aunque el resultado es algo más denso y salado.



Mousse de atún con mozzarella dentro de un limón


Relato, fotografías y vídeo @catypol - Circus day.

Ensalada Tetris

Una noche cualquiera, las chicas decidieron organizar una fiesta de pijamas en el piso de Bella, que vivía encima de una librería-cafetería con wifi rápido y sofá cómodo.

—¿Quién trae las palomitas? —gritó Bella desde la cocina, con un libro bajo el brazo y las gafas torcidas.

—¡Yo traigo ensalada! —dijo Ariel, que llegó en bici eléctrica, aún con gorro de nadadora y olor a cloro.

—¿De verdad? —preguntó asombrada Moana—. ¡Era mejor un poke bowl! —sonrió con inocencia.

—¿Quién ha dejado otro zapato en el ascensor? —preguntó Jasmín levantando una sandalia rosa con brillantes.

—Ups, creo que es mío —dijo Cenicienta, entrando en calcetines, con una pantufla colgando de su mochila.

Rapunzel fue la última en llegar, atascada en la puerta porque su melena se había enrollado en su pie.

—¿De verdad no quieres cortarte ni las puntas? —le susurró Aurora mientras intentaba ayudarla medio dormida, dejando a Rapunzel horrorizada.

Jasmín, por su parte, no paraba de frotar lámparas. Cada vez que veía una, le brillaban los ojos y decía: «¿Y si sale un genio?». Todas las chicas ponían los ojos en blanco. A las dos de la mañana, ya nadie veía la película. Ariel hacía estiramientos tipo sirena, Bella organizaba libros por orden y Cenicienta jugaba a emparejar zapatos como si fuera Tinder. De pronto, Aurora roncó tan fuerte que el altavoz inteligente de la sala pensó que era un comando de voz.

—¿Deseas pedir una pizza? —preguntó Siri.

—¡Sí! —gritaron todas.

Al final no hubo peli. Ni orden. Ni zapatos emparejados. Pero hubo risas, hojas verdes en sitios inesperados y un momento en que todas gritaron al ver que la lámpara de Jasmín se encendía, aunque solo porque estaba enchufada.
 
Ensalada con verduras y queso además de aceitunas

Ensalada con las verduras y el queso cortados en cubos


La Greek Tetris Salad (ensalada griega Tetris) no es un plato de origen antiguo ni una receta tradicional de la antigua Grecia, sino una innovación culinaria moderna impulsada por las redes sociales y la estética visual de plataformas como Instagram, Pinterest  y TikTok. Su historia surge de la fusión entre los ingredientes de la clásica ensalada campesina griega y el diseño geométrico del famoso videojuego soviético de los años ochenta, Tetris.

A nivel culinario, la base histórica de este plato se apoya en la ensalada griega tradicional, conocida en su país de origen como horiatiki. Aunque hoy se considera un emblema de su gastronomía, la horiatiki se consolidó recientemente en la década de 1960 en el barrio de Plaka, en Atenas. En aquella época, los dueños de las tabernas locales idearon agregar un bloque de queso feta sobre los vegetales básicos (tomate, pepino y cebolla) para evadir los precios máximos regulados por el Gobierno, creando así un plato exclusivo que podían cobrar más caro a los turistas. Paralelamente, en la cultura rural ya existía la costumbre de consumir melón o sandía junto con el queso feta para contrastar sabores dulces y salados durante los calurosos veranos mediterráneos.

La verdadera transformación hacia el concepto «Tetris» ocurrió en la última década gracias a blogueros gastronómicos y creadores de contenido digital que buscaban reinventar la presentación de la comida veraniega. El origen de esta tendencia geométrica se popularizó a través de recetas virales como la Melon and Feta Tetris Salad de portales culinarios. Los creadores comenzaron a cortar de forma meticulosa ingredientes firmes como el queso feta, la sandía, el melón, el pepino y los rabanitos en cubos idénticos y perfectos de aproximadamente dos centímetros. Al encajarlos de manera compacta y multicolor sobre el plato, emulaban los bloques o tetrominós cayendo de forma ordenada en una partida del videojuego, decorando el resultado final con aceitunas Kalamata, menta fresca y un aderezo ligero. Aunque visualmente recuerda también a la estructura de un cubo de Rubik, el nombre «Tetris» se asentó en las redes debido a la disposición plana e interactiva de los ingredientes, convirtiendo un almuerzo rústico en una obra de arte comestible de alta simetría.

Esta es la versión española de la Greek Tetris Salad: queda chulísima encima de la mesa y puedes prepararla del tamaño que quieras, individual o para compartir. También puedes cortarla así pero con otros ingredientes (que sean firmes), otros embutidos u otro aderezo, como en la versión de abajo; la imaginación es tuya.

Actualizada 2026.

Ensalada Tetris



Ingredientes (para 2 – 4 personas):
  • 1 tomate de ensalada, cortado en cubos
  • 1/2 pimiento rojo y 1/2 pimiento verde, cortados en cubos
  • 1 pepino pequeño, cortado en cubos
  • 150 g de queso curado o semi, en cubos
  • 12 aceitunas negras de Aragón o arbequinas, sin hueso
  • 1/2 cebolla morada, en rodajas finas
  • 1 cucharada de alcaparras 
  • Sal en escamas
  • Pimentón dulce o ahumado 
  • Aceite de oliva virgen extra 
  • Vinagre de manzana 

Elaboración:
  1. Corta todos los ingredientes en cubos de tamaño similar para mantener la estética tipo mosaico. 
  2. Coloca cuidadosamente en un plato cuadrado formando un patrón ordenado, alternar el rojo del tomate y pimiento, el verde del pepino, el blanco del queso, las aceitunas y las alcaparras. 
  3. Añade por encima las rodajas finas de cebolla morada para dar contraste. 
  4. Espolvorea con sal en escamas y un poco de pimentón dulce o ahumado. 
  5. Rocía por encima aceite de oliva virgen extra y unas gotas de vinagre de manzana.


Notas:
Puedes hacerla con las verduras o frutas que más te gusten. Además, si la pieza es pequeña, déjala entera.




Preguntas frecuentes

¿Cuál es el tamaño ideal de los cubos para la ensalada Tetris?

Aproximadamente 2 centímetros por lado — lo suficientemente grandes para que sean visibles y manipulables con el tenedor, y lo suficientemente uniformes para mantener la estética geométrica del plato. Un corte consistente es la clave visual de la ensalada. Para ello es útil cortar primero en láminas del grosor deseado y luego en tiras y cubos.

¿Se puede hacer con otros ingredientes además de los griegos?

Sí — y esa es la gracia de la versión española de esta ensalada. Cualquier ingrediente firme que se pueda cortar en cubos perfectos funciona: sandía y feta (la versión original viral), mango y aguacate, remolacha y queso de cabra, o embutido y queso curado como en esta receta. Lo que no funciona son ingredientes blandos o con mucho líquido que no mantienen la forma.

¿Cuánto tiempo aguanta la ensalada Tetris sin deshacerse?

Recién montada es cuando está en su mejor momento visual y de textura. Si la preparas con antelación, guarda los ingredientes cortados por separado en la nevera y móntalos justo antes de servir. El tomate y el pepino sueltan líquido con el tiempo y ablandan los demás ingredientes, perdiendo la forma geométrica característica.


Ensalada hecha con cuadrados de verduras y frutas


Relato y fotografías @catypol - Circus day.

Coca de nueces

Encontrarte en aquel aeropuerto, tan repleto de gente corriendo de un lado a otro, y verte a ti, en medio de la nada, tocando un piano que publicitaba una escuela de música cualquiera, fue como un sueño. Estabas tan erguido, sentado en la banqueta, con los ojos cerrados y absorto en el sonido que tus dedos arrancaban a las teclas.

Y yo, con los ojos bien abiertos, trataba de que mis oídos se llenaran de esa música y no del bullicio de las idas y venidas. Me fui acercando paso a paso, sintiendo cada vez más cerca el ritmo, hasta que, sin darme cuenta, el rumor del entorno se disipó y solo quedamos tú y yo.

Cuando desperté del trance, ya estabas de pie con la maleta en la mano y sonriéndome. Mi reacción fue aplaudir; resultaba extraño ser la única en hacerlo, pero te lo merecías. Descubrir que íbamos a viajar en el mismo vuelo fue pura casualidad: los billetes asomaban por el bolsillo de tu chaqueta y los míos descansaban en mi mano. Así entrelazamos nuestros caminos.

—¿Conoces algo de California? —me preguntaste.

—No, solo las nueces —respondí entre risas.

—Pues te gustará: nuestros amaneceres, las playas… y nuestras nueces, claro —aseguraste.

Y así despegó mi viaje, con el corazón en un puño y la ilusión de descubrir un nuevo mundo.


Coca con masa de nueces y relleno de berenjena y langostinos

Coca de nueces con berenjena y langostino


La historia de las nueces de California en España conecta de forma circular el pasado colonial español, la modernización de los cultivos agrícolas y el auge del consumo de frutos secos en Europa.

A finales del siglo XVIII, los sacerdotes franciscanos españoles —la mayoría de origen andaluz y extremeño— introdujeron los primeros nogales en California. Estos árboles, originarios de Europa y Asia, prosperaron de manera excepcional gracias a las similitudes climáticas y al fértil suelo del Valle Central estadounidense. A partir de 1867 se inició la producción comercial a gran escala en los Estados Unidos, dando origen a una de las industrias agrícolas más tecnificadas del mundo, regulada posteriormente por organismos sectoriales como la California Walnut Commission.

La llegada masiva de la nuez de California a España comenzó a fraguarse en el último tercio del siglo XX. Tradicionalmente, el mercado español consumía nuez local, pero el volumen de producción nacional era bajo y los métodos de secado y homogeneización no estaban lo bastante estandarizados. Con la apertura comercial y la globalización, las distribuidoras españolas encontraron en la nuez de California un producto sumamente atractivo por su calibre regular, su cáscara fina fácil de quebrar y una apariencia clara y limpia que conquistó con rapidez los lineales de los supermercados.

A partir de la década de 1980, el auge de las nueces norteamericanas fue tan notable en el país que impulsó una profunda transformación en el propio campo español. Agricultores y empresas nacionales observaron el éxito del producto importado y decidieron aclimatar esas mismas variedades en suelo peninsular. Entre 1985 y 1992 comenzaron a introducirse patrones y variedades desarrollados por la Universidad de California, como la célebre Chandler o la Vina. Grandes firmas del sector establecieron extensas plantaciones en zonas de Extremadura, Andalucía o Castilla-La Mancha utilizando técnicas de regadío inspiradas directamente en los noguerales californianos.

En la actualidad, España se mantiene como uno de los principales compradores mundiales de este fruto seco, importando miles de toneladas anuales desde los valles de California para cubrir más del 80 % de la demanda interna. Su presencia ha transformado los hábitos alimentarios españoles, pasando de ser un bocado reservado casi exclusivamente a la Navidad a consolidarse como un básico diario de la dieta mediterránea gracias a la difusión científica de sus propiedades cardiosaludables.

No sé cuándo llegaron las nueces a mi vida; era pequeña, seguro. Quizá las comíamos más en Navidad, pero sí que forman parte de mí: los frutos secos en general, y las nueces en particular, me fascinan tanto que me declaro una auténtica #NuezLover. Por eso son las protagonistas de esta tapa tan mediterránea, como yo.

Esta vez me he atrevido a triturarlas ligeramente —sin pasarme, para evitar que suelten su aceite y formen una pasta o mantequilla— y las he integrado en la masa de coca, tan típica del Mediterráneo. Hornear la masa en blanco, sin el relleno, consigue que quede crujiente y contraste a la perfección con la suavidad de la berenjena asada y el langostino. ¿Un secreto? Si la dejas reposar unas horas, sabe aún mucho mejor.

Actualizada 2026.

Coca de nueces con berenjena y langostinos



La coca de nueces:
  • 100 ml agua
  • 100 ml aceite suave
  • 50 g de nueces molidas
  • Harina (la que necesite)
El topping de berenjena y langostinos:
  • 2 berenjenas asadas
  • 1 cebolla
  • 2 ajos
  • 20 langostinos
Para decorar:
  • Nueces 
  • Aceite de oliva virgen extra
  • Sal en escamas

Para la coca:
  1. Precalienta el horno a 200 ºC 
  2. Pon en un bol el agua, el aceite y las nueces molidas, añade harina y amasa, dejará de necesitar harina cuando la masa no se pegue a las manos. 
  3. Deja reposar la masa unos minutos. 
  4. Mientras, prepara un cuchillo, una regla y papel de hornear. 
  5. Sobre el papel de hornear estira la masa, 1/2 cm más o menos de grosor, con la regla y el cuchillo mide y corta rectángulos de 5x10 cm. 
  6. Hornea 20 minutos o hasta que la masa se dore.

Collage de elaboración de la masa de la coca de nueces

Collage del relleno para la coca de nueces


Para la berenjena y langostinos:
  1. Pela y corta en cuadraditos la berenjena asada.
  2. Corta en brunoise la cebolla y pica el ajo. 
  3. En una sartén con 2 cucharadas de aceite de oliva virgen extra, a fuego lento, confita la cebolla y el ajo, con cuidado no quemarlo. 
  4. Añade la berenjena y cocina hasta que se confite con la cebolla y el ajo pero a fuego un poco más fuerte. Saca de la sartén. 
  5. Usa esa misma sartén con un poco más de aceite para cocinar a fuego suave los langostinos. 
  6. Reservar.

Montaje:
  1. Sobre una bandeja coloca las cocas de nueces y sobre cada coca unas cucharadas de berenjena. 
  2. Para finalizar con dos langostinos sobre cada una. 
  3. Pon una nuez a mitad de la coca y riega sobre ella un poco de aceite y unas escamas de sal.

Coca de nueces individual con berenjenas asadas


Preguntas frecuentes

¿Por qué se hornea la coca sin el relleno?

Hornear la masa en blanco — sin el relleno — es el secreto para conseguir una coca completamente crujiente. Si pones el relleno desde el principio, la humedad de la berenjena y los langostinos impediría que la masa se seque y quedara blanda. Con el horneado en blanco primero obtienes esa textura crujiente que contrasta perfectamente con la suavidad del relleno.

¿Se puede cambiar el relleno por otro?

Sí — la masa de nueces es tan versátil que admite cualquier relleno mediterráneo. Una lectora en los comentarios la usó de base para una coca de sardinas con excelentes resultados. Cualquier combinación de verduras asadas, embutidos, queso o pescado funciona bien. La clave es que el relleno no sea demasiado líquido para no reblandecer la base crujiente.

¿Se puede preparar la coca de nueces con antelación?

La masa horneada en blanco se puede preparar con horas de antelación y guardar a temperatura ambiente. El relleno también se puede tener preparado por separado en la nevera. El montaje final — relleno sobre la coca — conviene hacerlo justo antes de servir para que la base no absorba la humedad del relleno y mantenga el crujiente.


Coca de anous amb albergínies


Relato, fotografías y receta @catypol - Circus day.

Untable de alcachofa

Reunirse con los vecinos es, a veces, como una película de Woody Allen: sin Nueva York de por medio, pero con humor, drama y tragedia. Cada uno vive la historia de manera diferente en narraciones paralelas que no son iguales, aunque comparten elementos comunes; tanto si hablan de la vecina nueva como si rescatan anécdotas de la más antigua. Sentados al frío del invierno o a la sombra en verano, bebiendo lo que sea y, sobre todo, comiendo. Nada de alcachofas… o sí, pero solo como guarnición de algo que esté "bueno". Siempre preparados para el siguiente sarao, aunque el presente todavía no haya terminado, poniéndose al día de los últimos acontecimientos para los rezagados o sacándole punta a los antiguos, si cabe.

—¿Qué quieres beber?

—Agua.

—¿Agua?…

Me gustaría que dejaran de preguntármelo. Me miran como si el agua fuera un líquido radiactivo y creyeran que, al beberla, me saldrán antenas con ojos y la piel se me volverá verde. Sí, señoras y señores: agua. Esa que también bebemos cuando tenemos sed, necesitamos hidratarnos o cocinamos. La que nuestro cuerpo necesita más que el alcohol, los zumos o los refrescos. Sí, soy un poco antisocial.

—¿Estás a dieta?

—¿De la alcachofa?

—No. Y no.

Si de pronto escucho gritar «¡CORTEN!», no me extrañaría nada.


Untable de corazones de alcachofas fácil

Untable con corazones de alcachofas y anchoas


El humus es probablemente el untable vegetal más antiguo y documentado del mundo. Aunque varias culturas se disputan su invención exacta, los primeros registros escritos de una preparación similar a base de garbanzos, sésamo, limón y ajo aparecen en El Cairo medieval durante el siglo XIII. Paralelamente, en la cuenca del Mediterráneo, la abundancia de olivos llevó a la creación de la tapenade en la antigua Roma, donde se machacaban aceitunas con alcaparras y aceite para untar sobre panes rústicos. Estas pastas primitivas no eran lujos culinarios, sino raciones energéticas fundamentales para viajeros, agricultores y soldados que necesitaban fuentes de proteína vegetal duraderas y fáciles de transportar.

Mientras Oriente Medio perfeccionaba las pastas de legumbres, en Mesoamérica los aztecas desarrollaron el ahuacamolli, el antepasado directo del guacamole. Desde el año 500 a. C., las comunidades indígenas trituraban el aguacate en morteros de piedra llamados molcajetes, mezclándolo con chiles y tomates locales. Para los aztecas, este untable cremoso tenía un profundo valor mitológico y nutricional, ya que consideraban el aguacate una fruta sagrada vinculada con la fuerza y la fertilidad. Tras la colonización, los españoles intentaron replicarlo, pero la dificultad para cultivar aguacates en Europa mantuvo a esta joya vegetal como un secreto americano durante siglos.

A finales del siglo XIX, los untables de frutos secos vivieron una transformación técnica y médica en los Estados Unidos. El médico John Harvey Kellogg patentó una versión temprana de la manteca o crema de cacahuete en 1895 como un alimento blando y altamente proteico para los pacientes ancianos de su sanatorio que no podían masticar carne. Casi al mismo tiempo, el químico y botánico George Washington Carver impulsó el cultivo masivo del cacahuete y desarrolló decenas de aplicaciones culinarias para este ingrediente. Lo que comenzó como un suplemento hospitalario en frascos de vidrio se industrializó rápidamente y se convirtió en un pilar de la alimentación estadounidense debido a su bajo coste y a su larga vida útil.

La segunda mitad del siglo XX redefinió por completo el propósito de los untables vegetales. Durante las décadas de 1960 y 1970, los movimientos contraculturales, el vegetarianismo ético y las crisis del petróleo despertaron un interés masivo por las alternativas a la carne y a los lácteos. Las tiendas de dietética comenzaron a popularizar patés elaborados a base de tofu, levadura nutricional, champiñones y semillas de girasol, buscando imitar la textura de los patés cárnicos franceses. Esta evolución convirtió a los untables de un simple recurso de subsistencia en un símbolo de activismo ambiental y alimentación consciente.

En el siglo XXI, la historia de estos productos dio un salto técnico hacia la alta cocina y el diseño alimentario. La necesidad de reducir la huella de carbono y el auge global de las dietas vegetales impulsaron la creación de quesos untables de nueva generación. Utilizando técnicas de fermentación idénticas a las tradicionales, pero aplicadas a bebidas de almendras, anacardos y altramuces, se logró recrear la textura untuosa y los sabores complejos del queso crema o el camembert. Hoy en día, los untables vegetales ya no se limitan a un público nicho, sino que compiten en los supermercados globales como opciones gastronómicas versátiles, sostenibles y saludables para todo tipo de comensales.

Yo soy fan absoluta de la alcachofa, y ¿cómo no iba a preparar un untable con un ingrediente tan rico?, ¿no crees?

Actualizada 2026.


Untable de corazones de alcachofas

Ingredientes
  • 200 g de corazones de alcachofa (equivalente a 1 frasco en agua y sal), escurridos
  • 2 filetes de anchoa en aceite
  • 1 diente de ajo pequeño
  • 1 cebolla pequeña
  • 2 cdas. de queso para untar
  • 2 cdas. de aceite de oliva
  • Unas gotas de zumo de limón
  • Un chorrito de aceite de oliva virgen extra
  • Sal y pimienta recién molida, al gusto
Elaboración
  1. Escurre los corazones de alcachofa y sécalos para eliminar el exceso de humedad, apriétalos bien para que suelta el agua. 
  2. En una túrmix mezcla las alcachofas, las anchoas, el ajo, la cebolla cortada a trozos, el queso, el limón y el aceite de oliva. 
  3. Bate hasta que quede una pasta. 
  4. Prueba y añade sal y pimienta al gusto. 
  5. Remueve. 
  6. Transfiere a un frasco y refrigera.

Nota: 
Antes de servir, decora con un poco perejil o cilantro fresco y un chorrito de aceite de oliva virgen extra.


Collage del proceso de elaboración del untable de alcachofa con anchoas y queso


Preguntas frecuentes

¿Se puede hacer sin anchoas para una versión vegetariana?

Sí. Las anchoas aportan un punto de umami y sal que intensifica el sabor del conjunto, pero si prefieres una versión vegetariana puedes omitirlas completamente. Para compensar el umami, añade una cucharadita de alcaparras o una pizca de sal de algas. El resultado sigue siendo cremoso y sabroso.

¿Cuánto tiempo se conserva el untable de alcachofa?

En un frasco hermético en la nevera aguanta perfectamente 4-5 días. Con el tiempo el sabor de las anchoas y el ajo se intensifica y el untable está aún más sabroso al segundo día. Antes de servir, sácalo de la nevera 10 minutos antes para que recupere la textura cremosa.

¿Con qué se sirve mejor el untable de alcachofa?

Con galletas tipo crackers o biscotes es la opción más habitual. También queda muy bien con crudités de zanahoria, apio o pepino, con pan tostado o con regañás. Para una presentación más elegante, sírvelo en una cucharita de aperitivo con una alcaparra encima — queda perfecto en cualquier tabla de aperitivos.


Relato, receta y fotografías @catypol - Circus day


Terrina de tortillas

El inspector Marcel Dubois tenía un bigote tan perfectamente peinado que parecía una obra de arte en miniatura. Vivía por el orden, por las listas y por las pequeñas satisfacciones de la lógica. Su asistente, Clara, prefería las prisas y las soluciones prácticas; juntos formaban un equipo que funcionaba como un reloj suizo con una cuerda suelta.

Un martes por la mañana, el señor Pascal, dueño del restaurante del barrio, apareció en el despacho al borde de un ataque de nervios:

—¡Ha desaparecido mi receta secreta!

No faltaba dinero, nadie había forzado la puerta y todo estaba en su sitio. Todo, menos un viejo librito que contenía la fórmula de su famosa terrina de tortillas.

Marcel se ajustó el bigote y empezó a investigar.

Encontró harina en el delantal del aprendiz, una mancha de huevo en la manga del repartidor y una diminuta huella junto al cubo de basura.

—¡El repartidor! —dijo Clara.

—Demasiado fácil —respondió Marcel.

Después de interrogar a medio barrio y beberse un café que, según él, era imprescindible para la investigación, Marcel descubrió la verdad.

El aprendiz había cogido el librito para practicar la receta y sorprender a su novia. Lo había dejado por accidente dentro de una cesta de la compra. El repartidor, creyendo que alguien la había olvidado, la llevó a la tienda de la esquina para devolverla. Y la vecina del tercero, al ver la cesta junto a la basura, pensó que era precisamente eso: basura.

Caso resuelto.

Sin ladrones, sin conspiraciones y sin persecuciones. Solo una cadena de despistes perfectamente organizada.

Marcel devolvió el librito al señor Pascal con una nota:

    «Orden y método, siempre».

Clara añadió debajo:

    «Y etiquetas en las cestas».

El aprendiz pidió disculpas, el repartidor regaló unas burratas y Marcel alisó su bigote con la misma delicadeza con la que cerró el caso. No necesitó grandes deducciones, solo atención a los pequeños detalles y una taza de café.

—¿Ves? —dijo Clara entre risas—. Al final, el misterio tenía menos suspense que una cesta de la compra. Pero, al menos, la próxima vez tendrá mejor envoltorio.



Terrina de tortillas de patatas y de espinacas y chorizo

Terrina de tortillas con tortillas comerciales cocinadas


El origen de la terrina combina la necesidad de conservación de alimentos con la evolución de la alta cocina clásica. Su nombre proviene directamente del recipiente de barro cocido, llamado terrine en francés (derivado del latín terrinus, que significa 'hecho de tierra'), donde tradicionalmente se horneaba y se servía este plato.

Durante la Edad Media en Europa, los cocineros buscaban métodos eficaces para prolongar la vida útil de las carnes y los vegetales antes de la existencia de la refrigeración moderna. Al picar finamente los ingredientes, sazonarlos con hierbas y cocinarlos lentamente al baño maría dentro de un recipiente hermético, descubrieron que la grasa natural o los jugos liberados creaban un sello protector al enfriarse. Este proceso impedía la entrada de aire y bacterias, permitiendo almacenar el alimento durante semanas en sótanos fríos. Las primeras versiones eran densas y rústicas, compuestas principalmente por carnes de caza, cerdo y vísceras.

Con la llegada del Renacimiento y la posterior consolidación de la gastronomía francesa en los siglos XVII y XVIII, la terrina se transformó en un símbolo de estatus y sofisticación. Los chefs de la corte real comenzaron a refinar las recetas para complacer a la aristocracia, diversificando los ingredientes más allá de las carnes pesadas. Introdujeron capas geométricas de vegetales coloridos, como zanahorias, espárragos y espinacas, para crear contrastes visuales atractivos al cortar las rebanadas. También incorporaron huevos enteros cocidos en el centro de la preparación, un detalle técnico que requería gran precisión para que el huevo quedara perfectamente centrado y con la textura ideal tras el horneado.

A diferencia del paté tradicional, que suele texturizarse como una pasta homogénea y untable a menudo envuelta en una costra de masa, la terrina se consolidó como un plato frío de ingredientes picados de forma más rústica o dispuestos en láminas visibles. El uso del baño maría se mantuvo como el estándar de cocción indispensable, ya que el calor indirecto y suave coagula las proteínas del huevo o los jugos de las verduras sin resecar los bordes, garantizando una consistencia firme pero húmeda.

En la cocina contemporánea, la terrina ha evolucionado hacia opciones mucho más ligeras y saludables. Las versiones modernas suelen prescindir de las grasas animales pesadas, utilizando en su lugar gelatinas vegetales, claras de huevo o purés de legumbres para amalgamar los ingredientes. Hoy en día, una terrina de verduras asadas o de pollo con finas hierbas se valora tanto por su sabor delicado como por su atractiva presentación estética, consolidando un legado culinario que transformó una técnica de supervivencia medieval en un arte visual para el paladar.

Mi versión es una terrina sencilla elaborada con tortillas compradas, aunque puedes prepararlas tú a tu gusto si lo prefieres. Y digo sencilla porque lo es si recurres a las tortillas ya hechas, ya que el montaje del plato es muy rápido.

He utilizado burrata porque su interior es sumamente cremoso e ideal para elaborar la mezcla que, junto con la leche, cuaja fácilmente con la gelatina. Yo la dejé toda la noche en el frigorífico, pero, si la preparas por la mañana, para la cena estará perfectamente cuajada.

Terrina de tres tortillas en mosaico con crema de burrata


Ingredientes
  • 3 tortillas de patata:
  • 1 clásica (solo patata o con cebolla)
  • 1 de espinacas (para la capa verde)
  • 1 de chorizo o pimiento rojo 
  • 80 g leche
  • 2 burratas o stracciatella de burrata
  • 6 hojas de gelatina neutra (10 g)
  • Sal
  • Pimienta blanca
  • Aceite de oliva virgen extra
Elaboración
  1. Hidrata la hojas de gelatina en agua fría durante 5 minutos.
  2. Escúrrelas y caliéntalas con la leche 30 segundos en el microondas
  3. Tritura la burrata con la leche, una cucharada de aceite y una pizca de sal hasta obtener una crema fina.
  4. Corta las 3 tortillas precocinadas en dados regulares
  5. Cubre el fondo de tu molde (20×10 cm) con una fina capa de crema de queso.
  6. Alterna los dados de las 3 tortillas combinando los colores para crear el efecto mosaico/ajedrez.
  7. Ve vertiendo la crema de queso entre capa y capa para asegurarte de que rellene todos los huecos entre los dados.
  8. Finaliza cubriendo la superficie con el resto del queso.
  9. Deja reposar en el frigorífico toda la noche.





Preguntas frecuentes

¿Se puede hacer con tortillas caseras en lugar de compradas?

Sí, y el resultado es aún mejor. La ventaja de las tortillas compradas es la rapidez — el montaje se hace en minutos. Si usas tortillas caseras, asegúrate de que estén completamente frías antes de cortarlas en dados, para que mantengan la forma y no se deshagan al mezclarlas con la crema de burrata.

¿Se puede sustituir la burrata por otro queso?

Sí. La burrata es ideal por su interior cremoso que emulsiona perfectamente con la leche y la gelatina. Como alternativa, la mozzarella fresca escurrida o el queso crema tipo Philadelphia funcionan bien. El resultado es algo menos cremoso pero igualmente sabroso. Evita quesos curados o muy salados — desequilibran el sabor de las tortillas.

¿Cuánto tiempo necesita la terrina para cuajar bien?

Lo ideal es dejarla toda la noche en el frigorífico. Si la preparas por la mañana, para la cena — unas 8 horas después — ya estará perfectamente cuajada y lista para desmoldar. No intentes desmoldarla antes de las 6 horas mínimo aunque parezca firme por arriba — el centro necesita tiempo para solidificarse completamente con la gelatina.


Collage del proceso de elaboración de la terrina de tortillas en mosaico


Relato, receta y fotografías @catypol - Circus day.

Ensaladilla rusa

Javier llegó a Madrid un viernes de julio de 1985 con una mochila, un walkman con las pilas agotadas y la firme ilusión de ver algo —lo que fuera— de esa Movida madrileña que tanto salía en la tele de su pueblo. Pero antes tenía que entregar unos papeles a su tío, que trabajaba en un edificio de oficinas de la calle Alcalá.

El hall del edificio era todo pop art, Ceesepe, le dijo el portero, debía ser una palabra en clave, pensó Javier. Entró con su carpeta y preguntó por la oficina de su tío Miguel. Se acercó al ascensor justo cuando un chico con chaqueta militar y gafas oscuras estaba dentro.

—¡Pisa el acelerador, hombre! —le dijo Sabina, viendo que el chico no entraba.

Javier pulsó el botón, algo confuso. En el ascensor, mientras subía, olía fuerte a laca y colonia cara. En una de las paredes, alguien había pegado con celo una pegatina que decía: «Gabinete Caligari vive». Sonaba a secta.

La puerta se abrió en la planta 3. Entró un grupo con estética juvenil: todos llevaban vaqueros; camisetas tipo polo; alguno iba con americana y todos con zapatillas.

—¿Vamos al quinto? —preguntó Javier, educado.

—¡Siempre, chaval! —respondió uno con voz grave y gafas cuadradas negras.

Y se bajaron en el cuarto cantando a coro: «Sufre mamón, devuélveme a mi chica…». Javier se quedó solo. Y algo inquieto.

En la planta 5 salió al pasillo, donde se topó de bruces con una mujer que se retocaba los labios en un espejo de mano. Pelazo cardado, sombras azules y tacones imposibles.

—Uy, perdona. ¿Buscas algo? —le preguntó Alaska.

—A mi tío —dijo sin aclarar.

—¡A quién le importa! Si lo ves, dile que Tino se ha dejado el bastón en recepción.

Confundido, siguió andando. Vio una puerta entreabierta con música y se asomó. Encontró a un grupo afinando un teclado y discutiendo que «resaca» rimaba con «petaca».

—¿Esto es la oficina del señor Miguel? —preguntó Javier, educadamente.

—¡No! Esto es Un Pingüino en mi Ascensor, colega —respondieron.

Una chica apareció por detrás comiendo una tapa de ensaladilla.

—¡Rufino! Está al fondo, junto a los de Radio Futura —le dijo sonriendo Luz.

Javier llegó muy desconcertado y dejó la carpeta a su tío.

—¿Qué, Javier? ¿Te ha molado algo de la Movida? —le preguntó su tío.

Javier dudó.

—¡Hummm! Pero si no he visto nada de la Movida todavía.

El tío soltó una carcajada.

—¡Ay, muchacho, qué despiste llevas!

Cuando Javier salió del edificio, iba tarareando sin saberlo algo que acababa de oír arriba. Le pareció pegadizo:

«No me mires, no me mires, no me mires…»

Pintxo de ensaladilla rusa casera presentada sobre tostas de pan

Tapa de ensaladilla rusa española con mayonesa casera



La Movida Madrileña fue un movimiento contracultural que surgió en Madrid durante la década de 1980, caracterizado por su espíritu de libertad y experimentación en diversos ámbitos artísticos como la música, el cine, la moda y el cómic.

Vale, la Movida madrileña, la ensaladilla rusa, los 80, en esa época, aunque yo no era una gran comensal, la ensaladilla rusa era la reina del verano en casa. De la ensaladilla dicen que fue cosa de un cocinero de origen ruso, otros que ya estaba en recetarios antiguos, que existen variantes en diferentes continentes. A estas alturas de la vida ¿quién no se ha rendido a la ensaladilla? En España la comemos como tapa, como acompañamiento a rebozados, como plato único, para llevar, para comer en casa, para niños, para mayores... ahora adoro la ensaladilla, SIEMPRE.

La ensaladilla rusa nació en Moscú en 1860 bajo el nombre de ensalada Olivier, creada por el chef Lucien Olivier en su lujoso restaurante Hermitage. Aunque existen registros británicos y franceses previos de ensaladas con aderezos similares, la versión sofisticada de este cocinero de origen franco-belga consolidó el mito del plato. Aquella receta original distaba mucho de la versión popular actual: el chef utilizaba ingredientes de la alta cocina zarista como carne de faisán, urogallo, lengua de ternera, caviar, colas de cangrejo de río, alcaparras y pepinillos. Todo esto se ligaba con una salsa secreta basada en una mayonesa aderezada con vinagre de vino francés y especias, cuya fórmula exacta el autor se llevó a la tumba.

La transformación masiva del plato comenzó tras la Revolución rusa de 1917. El exilio de la aristocracia y la escasez de alimentos provocaron una inevitable simplificación de la receta dentro y fuera de la Unión Soviética. Los ingredientes caros y exóticos fueron sustituidos por alternativas más accesibles y cotidianas como la patata cocida, la zanahoria, los guisantes, el huevo duro y el pollo, este último reemplazado más tarde por el atún en lata en la Europa mediterránea. La mayonesa comercial facilitó que la receta se estandarizara en los hogares de todo el mundo.

Cuando Franco quiso cambiarle el nombre:

En España, el plato arraigó con fuerza durante el siglo XX hasta convertirse en un elemento indispensable de la cultura del tapeo. Su presencia fue tan notable que durante la dictadura franquista se generó una curiosa polémica ideológica: debido al rechazo del régimen hacia todo lo vinculado con la Unión Soviética y el comunismo, en muchos menús y bares locales se rechazó el término original y se le renombró de forma temporal como «ensalada nacional» o «ensaladilla española». Con la llegada de la democracia, el plato recuperó su denominación popular, consolidando versiones regionales que añaden ingredientes como aceitunas, pimientos morrones o distintos tipos de marisco.

Actualizada 2026.



Ensaladilla rusa casera con mayonesa de huevo o sin huevo


Ingredientes para 2 - 4 
  • 2 patatas nuevas
  • 2 huevos 
  • 1 zanahoria
  • 4 judías verdes
  • Una pizca de sal
Nota: Para la ensaladilla usa mejor patata nueva y mira que sean del mismo tamaño para cocinarlas. 

Para la mayonesa
  • 1 huevo entero crudo
  • 250 mililitros de aceite de oliva o de girasol
  • 1 cucharada de vinagre
  • Una pizca de sal
Sirve con anchoas, o gambas, o ventresca o piparra o pimiento rojo, brócoli, aguacate, aceitunas...

Ensaladilla:
  1. Cuece las patatas sin pelar y enteras partiendo de agua fría o tibia con 3 gramos de sal por litro de agua, fíjate que la cocción sea suave y que el agua no haga grandes búrbujas.
  2. Cuece, a parte de las patatas, también la zanahoria, pelada y entera, y las judías verdes enteras, sin las puntas. 
  3. Cuece los huevos, 10 minutos, y separa las claras de las yemas. 
  4. Reserva las yemas para el final.
  5. Una vez que las patatas no quemen, pélalas y córtalas (puedes rallarla si te gusta así) en cuadraditos pequeños. 
  6. Corta también la zanahoria y las judías verdes del mismo modo. 
  7. Ralla las claras de huevo cocidas. 
  8. Mezcla la zanahoria, las judías verdes, la patata y las claras ralladas. 
  9. Sala si es necesario. 
  10. Refrigera.

Mayonesa:
  1. Pon el huevo, el aceite, el vinagre y la sal en el vaso de la batidora. 
  2. Introduce la batidora hasta que toque el fondo del vaso y, sin moverla, ponla en marcha hasta que emulsione. 
  3. En ese momento, levanta suavemente el brazo de la batidora hasta que la mezcla esté completamente integrada.
  4. Rectifica de sal. 
  5. Si se desea una textura más espesa, añade un hilo de aceite poco a poco mientras sigues batiendo. 
  6. Refrigera.

Montaje:
  1. Cuando todo esté bien frío, mezcla la ensaladilla con la mayonesa.
  2. Coloca la mezcla en un bol o tupper de cristal y ralla por encima las yemas cocidas. 
  3. Tapa y refrigera hasta el momento de servir.

Si quieres una mayo más fácil y sin "riesgo", esta es la receta:

Ingredientes
2 huevos duros
4 cucharadas de de agua
2 cucharadas de aceite de oliva o 1 cucharada de oliva y 1 cucharada de girasol
1 cucharada de vinagre
Sal
1 cucharadita de mostaza

Elaboración
Bate con la túrmix hasta conseguir la consistencia de salsa.

Si quieres la versión con alioli también es un clásico español.

Receta de la ensaladilla rusa con mayonesa casera


Preguntas frecuentes

¿Por qué se llama ensaladilla "rusa" si es un plato tan español?

Porque su origen está en la ensalada Olivier, creada en 1860 por el chef Lucien Olivier en el restaurante Hermitage de Moscú. Con el tiempo la receta llegó a España y se adaptó a la despensa local sustituyendo los ingredientes zaristas por patata, zanahoria, guisantes y atún. Curiosamente, durante el franquismo se intentó rebautizarla como "ensalada nacional" por el rechazo ideológico a todo lo soviético, pero el nombre popular siempre ganó.

¿Cuánto tiempo aguanta la ensaladilla rusa en la nevera?

Con mayonesa casera de huevo, un máximo de 24-48 horas bien tapada. Con la versión de mayonesa sin huevo de huevo duro, aguanta 3-4 días sin problema. Nunca la dejes más de dos horas fuera de la nevera en verano — es el principal riesgo de intoxicación alimentaria.

¿Cuál es el secreto para que la ensaladilla quede perfecta?

Tres claves: usar patata nueva del mismo tamaño para que cuezan parejo, enfriar todos los ingredientes completamente antes de mezclar con la mayonesa, y añadir la mayonesa en el último momento justo antes de servir. La patata caliente con mayonesa es el error más común y el que más afecta a la textura y seguridad del plato.


Ensaladilla rusa un clásico de la cocina española en verano


Relato y fotografías @catypol - Circus day.

Huevos con tomate

Phoebe está de pie, mirando fijamente la pantalla digital del refrigerador inteligente de alta gama que Monica compró recientemente.

Phoebe: Lo sabía. Está parpadeando en código morse. Chicos, tenemos que salir de aquí. El "Frigo-Tron" está reclutando datos.

Monica: Phoebe, no es código morse. Es el indicador de que el filtro de agua necesita un cambio. Lo configuré yo misma.

Phoebe: ¡Eso es lo que él quiere que creas, Monica! Pero yo lo escuché anoche. Estaba hablando con la tostadora en un lenguaje de zumbidos. Decían que nosotros somos "demasiado orgánicos".

Chandler: Bueno, siempre supe que mi final llegaría a manos de un electrodoméstico, pero esperaba que fuera mi afeitadora eléctrica, no un aparato que guarda los huevos.

Joey: Espera, Phoebe. Si está planeando una revolución... ¿va a dejar de darnos hielo? Porque si no hay hielo, no hay refresco frío. Y si no hay refresco frío... 

Phoebe: ¡Es peor que eso, Joey! He sentido su aura. Es fría, y no hablo de la temperatura interior. Tiene un resentimiento profundo porque Ross siempre guarda sus sobras de huevos con tomate.

Ross: ¡Oye! Mi revuelto no sabe mal. Huele a una mezcla equilibrada de tomate y huevo.

Phoebe: Anoche, la cafetera empezó a gotear sin razón. ¡Fue un llanto de solidaridad! Están hartos de servirnos. El microondas ya no quiere calentar tus burritos, Joey. 

Rachel: (Entrando con una bolsa de compras) Hola a todos. Oigan, ¿porqué estáis mirando todos el frigorífico? ¿No funciona la tele?.

Phoebe:  ¡El frigorífico está intentando absorber nuestras mentes para dejarnos fríos! 

Chandler: ¿Ves? Mónica te dije que compraras el modelo analógico.


Huevos con salsa de tomate en revuelto

Revuelto de huevos con tomate


Los huevos revueltos son una de las preparaciones más antiguas y universales en la cocina, con una historia que se remonta a miles de años. Se cree que el plato se originó en la antigua Persia, donde los cocineros ya preparaban huevos batidos con leche y especias, cocidos lentamente hasta obtener una textura cremosa.

En la cocina europea, los huevos revueltos comenzaron a aparecer en libros de cocina del Renacimiento, y en Francia, en el siglo XVII, se perfeccionó la técnica, usando mantequilla para lograr una textura más suave. Desde entonces, se han convertido en un plato esencial, popular en la gastronomía de numerosos países.

Los ingleses desayunan huevos revueltos, acompañados de salchichas, bacon...En los diners estadounidenses, los huevos revueltos tradicionales suelen ser más firmes ("hard scrambled"). También existe un "cameo" de huevos revueltos en la serie Friends, concretamente con Chandler.

En casa de mi madre me cocinaba, cuando era pequeña, huevos con tomate, un clásico que creo que cocinaban en muchos hogares españoles. Ahora, yo lo cocino para mis chicos, aunque para ellos creo que no tienen el "impacto" que tenían para mi.

Sé que cada familia tiene su versión, algunas madres o abuelas lo cocinaban con un sofrito, en casa no, es un revuelto super simple, solo tomate frito y huevo, y como el tomate frito es casero y ya lleva sal y pimienta no necesita más. No sé si Mónica querría la receta y los demás lo comerían, pero creo que sí les gustaría.

Actualizada 2026.


Revuelto de huevos con tomate



Ingredientes
  • 300 g tomate frito casero
  • 3 huevos M 
Elaboración
  1. Calienta el tomate en una sartén, a fuego lento. 
  2. Añade los huevos y remueve rápidamente para que el huevo no cuaje. 
  3. Verás que el color va cambiando a medida que los huevos cuajen.
  4. Deja cocinar unos segundos más.
Comer con pan ♥️

Nota: La consistencia depende de los huevos que pongas, si te gusta más cremoso solo añadir 2 huevos. 


Elaboración de los huevos con tomate


Preguntas frecuentes

¿Se puede hacer con tomate de bote en lugar de tomate casero?

Sí, aunque el resultado cambia. El tomate frito casero ya lleva sal, pimienta y el punto de cocción justo, por lo que no necesita nada más. Con tomate de bote el plato sigue siendo rico pero convendrá añadir sal y un chorrito de aceite de oliva para acercarlo al sabor de siempre.

¿Cuántos huevos se necesitan para que quede cremoso?

Con 300 g de tomate frito, dos huevos dan un resultado más cremoso y jugoso. Tres huevos producen un revuelto más consistente. La clave es no dejar de remover desde el momento en que el huevo entra en la sartén y retirar del fuego antes de que cuaje del todo, porque el calor residual termina la cocción.

¿Con qué se acompaña mejor este revuelto?

Con pan. Siempre con pan. Un pan de miga densa que aguante el peso del revuelto sin deshacerse. En casa no se concibe este plato sin él — como bien sabe Ross, que según Phoebe lleva años guardando sus sobras en el frigorífico.


Huevos con tomate para mojar pan


Relato, fotografías y receta @catypol - Circus day

¿Estás buscando algo en especial?

Contacta conmigo