Foodie, diseñadora gráfica, cuentacuentos y aficionada a la fotografía es un resumen de lo que encontrarás aquí, un circo lleno de recetas, historias y espectáculo. Señoras y señores, mesdames et messieurs, ladies and gentlemen, bienvenidos a Circus day, espero que te guste el show.
La iglesia abandonada sobre el acantilado llevaba décadas cerrada, hasta que alguien —no se sabía quién— colocó una mesa larga de madera en el altar y abrió un pequeño restaurante de temporada. No tenía nombre, solo un cartel que decía: “Comida casera. Buenas vistas. No garantizamos salvación.”
Clara y Julián, veinteañeros con poco presupuesto y muchas ganas de historias, llegaron allí siguiendo un rumor de mochileros: “El sitio con el mejor pollo escabechado del litoral. Cerca de un faro.” Se sentaron junto a la mesa, con el viento marino colándose por los vitrales rotos y el océano rompiendo justo debajo del acantilado. El camarero les sirvió el escabeche como si formara parte del ritual eclesiástico.
—¿Siempre fue un restaurante? —preguntó Clara, curiosa.
—No. Antes aquí la gente venía a buscar respuestas —dijo el camarero—Ahora vienen por la curiosidad.
Julián alzó la copa improvisada con vino, brindó por lo absurdo y murmuró: —A veces las mejores vistas están justo donde nadie pensó en poner un mantel.
El faro, por cierto, seguía ahí. Solo que ahora alumbraba a los que se atrevían a subir a comer.
Aunque es mucho más conocido el escabeche de perdices que otras carnes, es igual de rico. Además de acompañar ensaladas u otras elaboraciones su jugo está para mojar pan, o aderezar platos. Los tarros pueden ser de rosca o a presión. También se puede cocinar en olla exprés pero yo no lo he hecho nunca, así que no puedo aconsejarte sobre ello. El escabeche me ha durado hasta 6 meses, no tengo tarros de más tiempo porque no hago muchos y siempre se terminan antes. Si te gusta, añade zanahoria y cebolla, yo a veces lo hago, en esta ocasión para el blog no lo hice, así que no sale en la foto, pero con estas verduritas está top también.
· ESCABECHE DE POLLO ·
500 gramos de pollo o pavo (Pechuga o contramuslos)
20 granos de pimienta
2 hojas de laurel
4 dientes de ajo, pelados
4 cucharadas de aceite de oliva virgen extra
6 cucharadas vinagre de vino, de Jerez o de manzana
2 botes de cristal, limpios
Olla ancha y alta
Elaboración.
Corta el pollo en trozos, sala.
Introduce el pollo (en crudo) y el resto de ingredientes dentro de los botes de cristal.
Cierra bien el bote.
Vas a cocinar los botes al baño maría, con su propio jugo.
Para ello, pon los botes bien cerrados en una olla ancha y alta.
Añade agua hasta un dedo por debajo de la tapa y lleva a ebullición (el agua NO debe llegar a cubrir la tapa o la goma naranja en caso de usar botes a presión).
Cuando el agua empiece a hervir, cocina durante 1 hora 15 minutos (como el agua se llega a evaporar, yo hiervo agua y se la voy añadiendo a medida que veo que el agua de la olla va bajando de nivel).
Apaga el fuego.
Deja enfriar los botes antes de manipularlos o usa protección si lo haces.
En un pequeño restaurante de barrio en Seúl, Min-jun trabajaba como ayudante de cocina. Su especialidad no eran los platos complicados, sino el kimchi de pepino. Lo preparaba con tanta devoción que los clientes decían que sus platos tenían más drama que el final de temporada de una serie.
Un día entró Hye-jin, una estudiante de arquitectura que llegó sin aliento porque su gato acababa de tirar todos sus planos al suelo de un solo zarpazo. Agitada y con prisa, pidió lo primero que vio en el menú:
—Un plato de kimchi de pepino, por favor.
—¡No pienso soltarte la mano, no después de todo lo que hemos pasado juntos! —gritó Min-jun, alzando la cuchara de madera como si fuera la espada de un príncipe de época.
Hye-jin se quedó congelada, pensando si por error había pedido algún plato secreto fuera de carta. En realidad, el chico solo estaba ensayando sus líneas para una audición. Desde esa tarde, Hye-jin empezó a ir al restaurante solo para ver cómo Min-jun le servía el kimchi recitando frases sacadas de dramas románticos:
—Aquí tienes tu kimchi… tan fresco como mi primer amor.
—Este pepino y tú estabais predestinados a encontraros… ¿Aceptas tu destino?
—¡Cuidado! El picante de este bocado no es nada comparado con el fuego que quema mi corazón.
La historia del kimchi de pepino coreano, conocido tradicionalmente como oi sobagi (오이소박이), está profundamente ligada a la evolución de las técnicas de conservación y a los ciclos agrícolas de la península de Corea. Aunque hoy en día el kimchi de col china sea el más célebre en todo el mundo, las primeras versiones de verduras fermentadas en el país no contenían esta hortaliza ni el característico chile rojo.
Durante la Antigüedad, el concepto original del kimchi surgió hace más de dos mil años como una necesidad extrema para subsistir a los gélidos inviernos peninsulares, donde la escasez de cosechas frescas obligaba a conservar los vegetales en salmuera. Sin embargo, el pepino, gracias a su alto contenido hídrico y a su frescura natural, se erigió en el protagonista indiscutible del verano. A diferencia de las variedades pensadas para el almacenamiento invernal, la preparación con pepino nació como una variante estacional, ligera y de consumo inmediato que no demandaba meses de fermentación bajo tierra.
Un punto de inflexión decisivo tuvo lugar durante la dinastía Joseon, en concreto tras las invasiones japonesas de finales del siglo XVI. Fue en ese periodo cuando los comerciantes portugueses introdujeron el pimiento picante en Asia, un hecho que transformó la gastronomía coreana con la llegada del gochugaru (chile en copos o en polvo). A partir de entonces, la receta del pepino en salmuera incorporó ajo, jengibre y picante, consolidando el perfil de sabor vibrante que disfrutamos hoy.
La técnica específica del oi sobagi forjó asimismo su prestigio técnico y estético. El vocablo sobagi alude a la acción de rellenar. Tradicionalmente, los cocineros practican un corte longitudinal en cruz a lo largo del pepino, manteniendo intactos los extremos para introducir con destreza un aderezo aromático de cebollino picado, zanahoria, ajo y salsa de pescado. Este diseño no solo facilita que la salmuera penetre de manera uniforme y preserve una mordida firme y crujiente, sino que además viste la mesa con una presentación geométrica y refinada.
En la actualidad, esta receta sigue siendo el bocado estival por excelencia en los hogares coreanos: un acompañamiento (banchan) insustituible para limpiar el paladar y aligerar platos más grasos.
¿Listos para transformar unos sencillos pepinos en un festival de sabor? Este kimchi rápido y refrescante es el aliado perfecto para los días calurosos, ya sea como entrante o como contrapunto crujiente de guisos y carnes contundentes.
Kimchi de pepino
Ingredientes:
2 pepinos para encurtir u otros pepinos pequeños
1 cdta. de sal
2 dientes de ajo picados
2 cebolletas, solo las partes blancas y verdes claras picadas
Trozo de jengibre fresco de 1¼ de pulgada , pelado y picado
2 cdas. de vinagre de arroz
1/2 cdta. de chile coreano en polvo (si te gusta mucho el picante ponle más)
2 cdtas. de azúcar
½ cdtas. de salsa de pescado
Elaboración:
Corta 2 pepinos a rodajas de 3 mm de grosor.
Colócalos en un bol mediano y mézclalos bien con 1 cucharadita de sal.
Déjalos reposar a temperatura ambiente durante unos 30 minutos.
Mientras tanto, mezcla el ajo, las cebolletas, el jengibre picado, el vinagre, el chile en polvo, el azúcar y la salsa de pescado en un bol.
Escurre los pepinos (desecha el líquido).
Incorpora los pepinos a la mezcla de vinagre.
Cubre y refrigera de 12 a 24 horas antes de servir.
Preguntas frecuentes
¿Por qué es imprescindible salar y reposar el pepino antes de añadir el aliño?
El pepino está compuesto por más de un 95 % de agua. El salado previo activa un proceso de ósmosis que extrae el exceso de líquido vegetativo en apenas 30 minutos; si se omitiera este paso, el pepino soltaría toda su agua dentro del aliño, aguando la mezcla y dejándola sin sabor. Además, esta técnica rompe ligeramente la turgencia inicial de la verdura, logrando esa textura elástica pero sumamente crujiente al morder.
¿Se puede sustituir el chile coreano (gochugaru) por pimentón picante o cayena?
No es lo ideal. El gochugaru no es solo picante: posee un matiz afrutado, ligeramente dulce y ahumado, además de una molienda en copos gruesos que aporta color brillante sin disolverse del todo. El pimentón picante común resulta demasiado terroso y amargo para esta receta, mientras que la cayena o el chile en polvo occidental aportan un fuego excesivo y plano. Si no encuentras gochugaru, es preferible usar copos de guindilla suaves triturados o una punta de pasta gochujang disuelta en el vinagre.
¿Cuánto tiempo aguanta este kimchi rápido en la nevera?
A diferencia del kimchi tradicional de col china, que mejora con meses de fermentación lenta, este encurtido rápido de pepino (oi muchim) está pensado para un consumo casi inmediato. En el frigorífico se conserva en su punto óptimo durante 3 o 4 días. A partir del quinto día, la acidez continuará ablandando el pepino y perderá esa textura tersa y crujiente tan apreciada.
Siempre que teníamos que hablar sobre algún tema un poco peliagudo, lo hacíamos en la cocina, cocinando. En mi familia, gente muy pasional, las noticias de nuestras vidas iban regadas de aceite de oliva, alguna copa de vino e incluso, si la noticia era buena, alguna “aceitunita” para acompañar, o un poco de hummus.
Preparando una tortilla española fue cuando se anunció un embarazo. Debe ser por eso de que había que ponerle huevos… ¡digo yo! Con la paella vino el “me voy de casa”, y no, no estábamos embarazados ni pensábamos estarlo, pero quería volar, probar otra aventura. Que la paella llevara pollo, y que los pollos “vuelen” fuera del nido, debe ser la relación. ¡En fin!
La cosa es que nos acostumbramos así. Supongo que empezó con eso de “¿qué hay de nuevo, familia?” justo cuando empezábamos a hacer la cena, por eso de que en todo el día no te ves y quieres saber. Es un sello característico de la familia.
Todo ha ido evolucionando. Cuando era pequeña, las historias eran a la hora de comer, y solían ser sobre lo que pasaba en el pueblo o en el cole. Como cuando vino a vivir cerca de casa una familia de Oriente Medio… fue muy comentado, creo que incluso más que el “me voy de casa” y casi, casi, que el embarazo.
Concentradas todas delante de nuestro móvil, orquestando desde aquí y desde allí un viaje a un lugar que nos reuniera, quedamos en vernos seis de muchas pero todas dábamos nuestro punto de vista, vinieran o no, estaríamos juntas aunque la mayoría estuviera en alma y unas pocas en cuerpo.
Por un momento en la historia de Unidas por un click toda la energía que hace que nos movamos, nos saludemos, nos contemos, nos queramos, viajaría desde todas partes del Mundo para acunarnos en BILBAO, y las seis que estuvimos allí la sentimos así.
Este viaje es el primero, espero que de muchos más, con mis chicas de UNIDAS POR UN CLICK, España.
De izquierda a derecha: Matilde, Rosa, Mela, Fer, Isa y yo. (Foto prestada por Matilde)
Qué maravilloso ese sentimiento, una mezcla de nervios, ansia, cariño, se convierte como por arte de magia y con un simple abrazo en algo sólido en lo que apoyarte, en besos y cariños, confidencias de un pasado y de un presente que fluyen con naturalidad, como si fuésemos una familia alejada por kilómetros pero unida al fin y al cabo.
A mi regreso aterricé feliz de haber compartido no solo un photowalk con las mejores compis. Fotografías bonitas, comida deliciosa y aventura de tres días en un Bilbao que no deja indiferente a nadie.
Esta receta la elaboré para un concurso propuesto por una marca de supermercados Vasco y, no, no gané, pero me hizo recordar esos momentos bonitos que pasé con mis chicas, seguro que si estuviésemos juntas lo comeríamos con mucho gusto entre risas y aventuras.
El concurso nos pedía una receta con un queso de la zona, en mi caso mallorquín, no tiene mucho truco ni elaboración, es fácil y para comer reunidos con amigos o familia. Alguien me preguntó si no le pongo tahini, no, yo no, pero tú si quieres pónselo ;)
Hummus de queso
Ingredientes para 4 comensales
200 gramos de garbanzos cocidos
70 gramos de queso artesano de sabor fuerte, a trocitos
3 cucharadas de queso en crema
1 ajo
1/2 cucharadita de comino en polvo
1 chorrito de aceite de oliva
Para decorar (opcional):
Pimentón dulce
Semillas de sésamo (tostadas o negras)
Aceite de oliva virgen extra
Elaboración
Licúa todos los ingredientes en la túrmix o Thermomix hasta que esté hecho una pasta.
Para servir decora con pimentón dulce, semillas de sésamo y aceite de oliva virgen extra.
Acompáñalo de picos, pan, bastoncillos de verdura, etc.…
Nota: si no lo vas a comer al momento y lo refrigeras, atempéralo fuera del frigorífico antes de comerlo, así no estará tan frío y podrás untarlo mejor. Si lo quieres más untuoso siempre puedes añadir un poco de leche al licuado hasta conseguir la consistencia que te guste.
Si te perdiera en una gran ciudad, buscaría en cada calle, edificio o rincón que pudiera.
Si fuera en una montaña, los árboles y la tierra me hablarían de ti y hasta el viento se uniría en la búsqueda.
Tan lejos a veces de la realidad que creo que te he perdido, pero luego vuelves igual que un torbellino y alborotas cada paso que hemos dado.
Fragilidad quizás no sea la palabra, pues la fuerza sale de todos tus rincones; dulzura es la más apropiada si nos iluminas con una sonrisa.
Ahora has crecido, ya son cuatro los años, el uno ya no está solo y conseguiste formar una pequeña gran familia en donde las historias mejor contadas están aún por llegar, pues las que ya conocemos nos han dejado un delicioso sabor de boca y, cómo no, queremos más.
El amor es para siempre; pero su familia, también. Entre Cenicienta y los padres de ella en versión griega, pensé que sería la receta apropiada para esta familia —no la de la película, que sí, que lo es, sino más bien la vuestra—; por eso, de todas las recetas que tenéis, yo decidí que la que cocinaría para vosotros tenía que llevar una mezcla de todo ello.
Si estás leyendo esto y estás pensando que se me ha «ido la olla», que no, que no es así, si te diriges a la entrada que Cocinando con Catman hizo en su día verás que están relacionadas; y si has visto la película que anuncian en la entrada, lo comprenderás mejor.
También tiene tu ingrediente sorpresa, al que he cortado por la mitad y flambeado con un chorrito de brandy para que decore el pastel. En mi caso no es un pastel cuadrado, sino uno redondo pequeño y otros de tamaño más pequeñito, como una gran familia. ¡Feliz cuarto aniversario!
· KOLOUKYTHÁKIA ME FILLO ·
Ingredientes
3 patatas
2 cebollas
750 g de calabacines
Sal
Pimienta negra
Nuez moscada
1 cda. de pan rallado
400 g de queso feta
1 paquete de pasta filo
Aceite de oliva
1 huevo (para pintar)
3 higos maduros (opcional)
Un chorrito de brandy (opcional)
El relleno
Pela las patatas, las cebollas y los calabacines y hiérvelos en agua con sal.
Alcanzado el punto de cocción adecuado, escurre el agua y tritura las verduras con la batidora hasta obtener un puré bastante espeso.
Muele la nuez moscada y la pimienta negra y sazona el puré.
Añade el pan rallado y el queso, y mézclalo bien.
Precalienta el horno a 200 °C.
La masa
Corta una hoja de la pasta filo por la mitad y colócala en un molde.
Pinta la hoja con aceite de oliva.
Pon sobre esta hoja otra hoja de pasta filo, que volverás a pintar con aceite.
Pon otra hoja y así hasta 6.
Pon el relleno y repite la misma operación.
Las primeras 6 capas no recorto los sobrantes porque al poner el relleno lo doblo por encima.
Pero en las 6 capas restantes sí recorto para que la capa de arriba quede más bonita y sin zonas con demasiada masa.
Pinta la masa con huevo batido.
Hornea durante unos 20 minutos o hasta que esté dorado.
Deja enfriar.
Corta los higos por la mitad y flaméalos en una sartén con un chorrito de brandy.
Coloca los higos sobre el pastel filo.
Sirve.
Con esta receta participo en el concurso 4 años cocinando contigo de Cocinando con Catman y el concurso cocina griega de Canal Cocina.
En la cocina del restaurante de Mamma Campisi, el joven chef Angelo estaba teniendo un día para olvidar. El calor de Missouri era pegajoso, el jefe de cocina le gritaba en un dialecto que Angelo juraría que incluía insultos a sus tatarabuelos, y él acababa de recibir una carta de una novia que decía que se iba con un marinero.
Angelo sostenía una cesta llena de raviolis frescos, rellenos de carne y sueños rotos. Su cerebro estaba en otra parte, concretamente en un puerto de San Diego, cuando se acercó a la freidora industrial pensando que era la olla de agua hirviendo.
¡Chof!
El aceite saltó como un volcán en erupción. Angelo se quedó paralizado.
—¡Angelo, testa di cavolo! —rugió el jefe de cocina, asomándose—. ¿Qué has hecho? ¡Los raviolis se hierven, no se queman como tus neuronas!
Angelo miró el aceite. En lugar de convertirse en una masa pastosa y triste, los raviolis estaban flotando, hinchándose como pequeños cojines dorados y crujientes.
—Yo... yo quería probar una técnica de la Sicilia profunda, capo —mintió Angelo.
El jefe de cocina agarró el ravioli, que quemaba como el núcleo de la Tierra, lo sopló tres veces y le pegó un mordisco. El CRUNCH se oyó hasta en la mesa de los Soprano.
Cuando era muy pequeña escuché tantas veces la frase, vamos a tomar el aperitivo, que yo quería ser mayor para saber que era. Normalmente se tomaba después de misa de 12 en el bar, para unos eran tapas con algún vino o un espirituoso, llamémosle vermú, pero para mi era un incógnita.
No crecí más deprisa por eso, ni me regalaron puntos ni vidas para llegar a probarlo, de hecho cuando me hice mayor ni iba a misa, ni tomaba aperitivo/vermú. Con los años he seguido sin ir a misa pero he cambiado la costumbre, a veces cuando vives donde vives y te da la ocasión de probar los productos de la tierra, el aperitivo vuelve a surgir del pasado y esta vez se coloca en domingo, igual que antes, pero para hacer una excursión a un pueblo de montaña mallorquín, y llevarme a casa una botella de un vino que tiene su historia y que para saborearlo con el aperitivo de esta entrada es perfecto.
Aprovechando que Cocineros del Mundo este mes ha decidido que las recetas que debemos elaborar sean con la pasta rellena de la conocida marca Gionvanni Rana, mi opción fue aprovechar la deliciosa pasta para "retomar" el aperitivo igual que si fuera domingo y muy a mi manera.
Decidí que la pasta rellena sería con tomate, pues el pueblo que visité y sale en las fotos es conocido por sus tomates de ramillete mallorquín, y por eso elegí los raviolis con tomate y atún, pero mi duda fue el cómo los cocino para el aperitivo?, con salsa?, al final mi elección fueron los raviolis fritos que tanto se ven por la red y que yo no había probado.
Los acompañé de salsa de berenjena, así el aperitivo se convirtió en una charla animada, con unos raviolis fritos y un buen vino blanco para brindar por el verano y las cosas simples de la vida.
· RAVIOLIS FRITOS ·
Ingredientes
1 bolsa de Raviolis de tomate y atún de Giovanni Rana
AOVE Señorios de Relleu
Para la salsa (en Thermomix)
1 berenjena pequeña asada, pelada y escurrida
1 diente de ajo
30 gramos de cebolla
125 mililitros de nata para cocinar
2 cucharadas de AOVE Señorios de Relleu
1 cucharadita de sal y pimienta
La salsa.
Pon en el vaso de la Thermomix la cebolla y el ajo, 4seg. vel.4.
Baja con la espátula los trozos que hayan quedado arriba del vaso.
Añade el aceite y pocha durante 5min. varoma velocidad 1.
Añade la nata, 8min. 100º velocidad 1.
Añade la berenjena asada, la pimienta y la sal, picar, 4 seg. vel.4.
Saca y pon en una fuente.
Los raviolis.
Por otra parte poner el aceite en una sartén y cuando esté caliente fríe los raviolis, baja la potencia del fuego una vez que el aceite esté caliente o se quemarán.
Es muy rápido así que en nada de tiempo están cocinados.
Sácalos de la sartén y déjalos sobre papel absorbente.
Presentación. Sirve los raviolis con la salsa, cada uno en una fuente, con unos palillos para pincharlos y una copa de vino o si preferís de vermú.
Con esta receta participo en el reto de Julio de Cocineros del Mundo propuesto por Giovanni Rana.
Paseando por el pueblo nos encontramos un pajarito que cayó del nido, pobre! no sé si llegó a salvarse, lo dejamos en el mismo lugar esperanzados que lo recogiera la madre.
Además usamos los espejos para divertirnos, idea de Matilde, pero lo mejor del día fue la compañía, y el paseo por uno de los pueblos más bonitos de Mallorca. #recuperandotradiciones.
En la cima de una nube muy mullida que flotaba justo en la frontera del espacio aéreo divino, Zeus y Júpiter se habían citado para una "cumbre de identidad". Aunque técnicamente eran la misma persona, sus personalidades chocaban más que dos rayos en agosto.
—Mira, philosophe de pacotilla —dijo Júpiter, ajustándose una toga impecablemente planchada y rígida—. No puedes ir por ahí con el pelo alborotado y lanzando truenos a cualquiera que no te invite a un ouzo. Necesitas gravitas. Orden. Un poco de derecho civil.
Zeus, que estaba recostado con los pies descalzos y una jarra de ambrosía a medio terminar con una tapa de calamar, soltó una carcajada que hizo temblar el Partenón.
—¿Orden? ¡Por Cronos, Júpiter! Eres tan aburrido que hasta las estatuas bostezan cuando pasas. Yo soy la chispa, el drama, la tragedia poética. Tú pareces un senador que ha desayunado demasiado mármol.
—Se llama organización, Zeus —replicó Júpiter, sacando un papiro lleno de tablas y censos—. Mientras tú te transformas en cisne o en lluvia de oro para perseguir ninfas y crear caos dinástico, yo estoy construyendo acueductos y calzadas. ¡He sistematizado el Olimpo!
—Has "romanizado" el Olimpo —corrigió Zeus con un bostezo—. Le has puesto nombres de planetas a todo y ahora mis hijos parecen una lista de deberes de astronomía. ¿Marte? ¿En serio? Ares daba mucho más miedo, era un desastre con patas. Marte parece que va a pasarme una inspección de hacienda.
Júpiter suspiró y miró su rayo, que estaba pulido y guardado en una funda de cuero reglamentaria.
—Es que los tiempos cambian. La gente ya no quiere mitos raros sobre centauros borrachos. Quieren un Imperio. Quieren leyes.
—La gente quiere fiesta y un poco de misterio —dijo Zeus, guiñándole un ojo—. Pero oye, te reconozco una cosa: lo de los gladiadores es un puntazo. Un poco sangriento para mi gusto griego, pero muy entretenido.
—Sabía que te gustaría —asintió Júpiter con una sonrisa de suficiencia—. Hagamos un trato: tú te quedas con la poesía y los dramas de teatro, y yo me encargo de que el mundo funcione a las horas previstas.
—Hecho —dijo Zeus, levantando su jarra—. Pero si me vuelvo a transformar en toro, no me vengas con que necesito un permiso de circulación.
[RETO TIA ALIA]
Si no leí mal hoy es el último mes de reto de tía Alía hasta dentro de unos meses, o sea que ponemos vacaciones igual que las que tienen los niños en el cole. Para este mes de junio Carmen eligió dos de las recetas de tía Alia, igual que los meses pasados, sólo que últimamente yo no participé. Pero en esta ocasión tenía ganas, y también tiempo.
Los calamares rellenos que recuerdo que mi madre hacía en casa están rellenos de carne picada, deliciosos, aunque esta vez el relleno es otro y también nos han gustado mucho, tanto que los he repetido dos veces, y dos veces porque las fotos que les saqué a los primeros no me gustaron así que volví a repetir para sacar las fotos que veis aquí hoy.
Cómo siempre os dejo la receta que Carmen nos facilita, y yo no suelo adaptar los ingredientes a no ser que sea necesario, en este caso lo hice. Y por qué? pues porque yo no puse tinta del calamar, me parece de sabor muy fuerte y no la uso en la cocina, así que sustituí la tinta de calamar por tomates Cherry, esa es la única diferencia.
En una caja de lata, abollada por el tiempo, dormían los soldaditos de Pavía. No eran de plomo ni de estaño: estaban hechos de memoria. Cada uno lucía un uniforme diminuto, botones gastados y una mirada fija, como si aún aguardara una orden que jamás llegaría.
Cuentan que custodiaban una ciudad que ya no existe, de calles de mármol y pan caliente al amanecer. Cuando el mundo cambió y los mapas se redibujaron, alguien los arrinconó para que no estorbaran al porvenir. Desde entonces, solo despertaban al amparo de la noche.
Al sonar las doce, desfilaban en sigilo sobre la mesa del comedor. No combatían: recordaban. Formaban filas para conjurar el olvido de los nombres, las tonadas y las promesas empeñadas antes de la batalla. Sabían bien que su consigna no consistía en vencer, sino en perdurar.
Una mañana, la caja amaneció vacía. En su lugar, sobre la madera, reposaba un único vestigio: un botón dorado. Y en aquella casa, a partir de ese instante, nadie volvió a sostener que el pasado estuviese muerto.
Los soldaditos de Pavía constituyen una de las tapas más castizas y tradicionales de la gastronomía española, con un arraigo histórico formidable tanto en las tabernas de Madrid como en los freidurías y despachos de pescado frito de Andalucía. La receta consiste en tajadas de bacalao desalado envueltas en un rebozado crujiente teñido con azafrán, que se coronan de forma preceptiva con una tira de pimiento rojo asado. Su origen culinario se documenta a finales del siglo XIX y su singular denominación responde a una metáfora visual de inspiración militar cimentada en la policromía del bocado.
La hipótesis histórica más extendida atribuye la analogía al uniforme del Regimiento de Húsares de Pavía: una unidad de caballería cuya indumentaria de gala combinaba una guerrera roja —evocada por la tira de pimiento morrón— con elementos y pantalones en tono amarillo oro, fielmente reflejados en el dorado crujiente del rebozado. Al abrigo de este mismo contexto castrense, no pocos cronistas sostienen que el nombre se popularizó tras el golpe de Estado de 1874 protagonizado por el general Manuel Pavía. Al disolver las Cortes de la Primera República, sus tropas tomaron las calles madrileñas; el llamativo atuendo de los soldados en las esquinas recordó de inmediato a la parroquia de las tabernas las tajadas de pescado que se servían en el mostrador. Una tercera versión, de cuño andaluz, apunta a que las fuerzas del citado militar recurrieron al bacalao en salazón frito como rancho de intendencia durante la ocupación de Sevilla en 1873.
En el plano bibliográfico, la preparación quedó consagrada en la cultura culinaria española de la mano de Ángel Muro en su célebre recetario El practicón (1892), donde ya constataba que el plato gozaba de gran fama bajo ese apelativo en el sur peninsular. No obstante, el verdadero templo profano de esta tapa se erigió en el corazón de Madrid: la centenaria taberna Casa Labra, abierta en 1860 a un paso de la Puerta del Sol. En este establecimiento —célebre además por albergar en sus salones la fundación clandestina del PSOE en 1879— los soldaditos de Pavía alcanzaron la categoría de mito popular, despachando a diario y sin interrupción cientos de raciones doradas a vecinos y forasteros.
Soldaditos de Pavía de bacalao
Ingredientes (4 personas):
Para el bacalao: 500 g de bacalao salado Agua fría (para el remojo)
Para la masa del rebozado: 150 g de harina de trigo 200 ml de agua fría 6 g de sal 1 diente de ajo (5 g), muy picado 10 g de perejil fresco, muy picado 6 g de levadura química tipo en polvo 8–10 hebras de azafrán
Para freír: 500 ml de aceite de oliva suave o girasol alto oleico
Para acompañar: 2 pimientos rojos grandes (350–400 g) 10 ml de aceite de oliva virgen extra Sal al gusto
Para la salsa de pimiento asado y chile: 150 g de pimiento rojo asado 20 ml de aceite de oliva virgen extra 1 cucharada de agua o caldo suave (15 ml) 1 pizca de chile (al gusto) Sal
Elaboración:
Remoja el bacalao durante 24 horas, en frío, cambiando el agua 2–3 veces.
Retira piel y espinas, corta en tiras alargadas y sécalas muy bien.
Asa los pimientos enteros al horno a 200 °C hasta que la piel esté bien tostada.
Tápalos y deja sudar, pélalos y córtalos en tiras. Reserva parte para la salsa.
Tuesta ligeramente las hebras de azafrán y machácalas.
Mézclalas con 2 cucharadas del agua de la receta para extraer aroma y color.
Mezcla harina y sal. Añade el agua poco a poco hasta obtener una pasta ligera.
Incorpora el ajo, el perejil y el azafrán infusionado.
Justo antes de freír, añade la levadura.
Calienta el aceite a 180–190 °C.
Reboza el bacalao con ayuda de una cuchara y fríe en tandas pequeñas hasta dorar.
Escurre sobre papel absorbente.
Tritura el pimiento asado con el aceite, el agua o caldo, la sal y una pizca de chile.
Debe quedar una salsa sedosa, ligeramente picante y equilibrada.
Sirve los soldaditos bien calientes, acompañados de tiras de pimiento rojo asado y la salsa aparte o en la base del plato.
Preguntas frecuentes
¿Por qué es fundamental secar a conciencia las tiras de bacalao antes de pasarlas por la masa?
Si el bacalao desalado conserva agua en su superficie exterior, creará una barrera de vapor en cuanto entre en contacto con el aceite hirviendo. Ese vapor atrapado despega la masa del pescado, impidiendo que el rebozado quede adherido y volviéndolo blando o gomoso. Secar las tiras meticulosamente con papel de cocina asegura que la masa de azafrán quede perfectamente sellada a la carne, dando como resultado una costra uniforme, seca y muy crujiente.
¿Qué función cumplen el azafrán infusionado y el agua muy fría en el rebozado?
El agua muy fría retarda el desarrollo del gluten al mezclar la harina, lo que garantiza una fritura ligera, aérea y nada correosa. Por su parte, infusionar las hebras de azafrán tostadas no solo tiñe la masa de ese característico tono amarillo dorado tan representativo de los soldaditos, sino que aporta un fondo aromático terroso y noble que equilibra la salinidad natural del bacalao y el ajo fresco.
¿De dónde proviene el nombre «soldaditos de Pavía» y cuál es su origen histórico?
Es una de las tapas más castizas y emblemáticas de las tabernas de Madrid y Andalucía. Su origen se remonta al siglo XIX y debe su curioso nombre a una metáfora visual con los uniformes militares: el tono amarillo anaranjado del rebozado con azafrán recordaba a las guerreras de los húsares o soldados que combatieron en la batalla de Pavía (1525) o, según otra versión popular muy extendida, a las tropas del general Pavía tras su golpe de Estado en 1874. La clásica tira de pimiento rojo asado colocada encima emulaba el fajín o galón encarnado del uniforme militar.
Siempre que llegaba el final de un año no lo sentía como tal. Sí, se decía, de acuerdo: es lo que piensa la mayoría; pero en realidad —pensaba ella— mi año se acaba el día antes de mi cumpleaños. El año que termina para todo el mundo no tiene nada de especial, ni el primer día de enero es diferente, sino una simple continuación de lo mismo.
En cambio, «mi año» comienza con un beso de mi familia, un «¡Levántate, que hoy es tu día!», un desayuno especial con tortitas, una fiesta con mi tribu, soplando velas, cantando «Cumpleaños feliz» y regalándome un «¡Sí, cariño!» a cada instante, hasta que vuelvo a la cama y guardo como un tesoro esa jornada: con fotos, con dibujos, con recuerdos que, por más que pasen los días, siempre me arrancan una sonrisa.
Ese, ese es mi verdadero principio de año: el que no lleva etiquetas, ni propósitos de dietas, ni la promesa de que el año que viene será mejor; el que celebro con más amor.
Y para ti, ¿cuándo empieza tu año?
Las tortitas saladas tienen sus raíces en las civilizaciones antiguas, donde mezclar granos molidos con agua y cocinarlos sobre piedras calientes constituía la base del sustento diario. A diferencia de las versiones dulces americanas, popularizadas globalmente con sirope en el siglo XX, las tortitas originarias no llevaban azúcar y solían acompañarse de hierbas, grasas animales, quesos o carnes. Cada cultura desarrolló su propia variante adaptada a los cultivos de su entorno, convirtiendo esta preparación en un pilar de la cocina de aprovechamiento.
En el continente asiático, estas recetas alcanzaron gran arraigo a través de platos como el jeon coreano o el okonomiyaki japonés, este último nacido a principios del siglo pasado como un bocado callejero y económico elaborado con col y sobras del día. Por su parte, la cocina india perfeccionó desde hace siglos el uttapam y la dosa, a base de masas fermentadas ricas en arroz y legumbres, mientras que en Europa del Este el protagonismo recayó en los latkes y los draniki, tortitas crujientes preparadas con patata rallada y huevo.
La cocina contemporánea y las redes sociales rescataron este formato tradicional para adaptarlo al auge de los desayunos tardíos o brunches. Hoy, la masa clásica de harina de trigo, huevo y leche se enriquece a menudo integrando queso rallado, beicon picado o hierbas aromáticas directamente en la mezcla antes de pasar por la sartén. Su presentación actual suele emular las torres de tortitas americanas, coronadas con huevos a la plancha de yema fluida, aguacate o crema agria para lograr un contraste irresistible.
Se acabó. Se terminó el año y, con él, las vacaciones. Se acaban las tardes de pelis de dibujos comiendo palomitas mientras intento enterarme del diálogo a la vez que mi hijo me explica su propia versión de la trama, o lo de cocinar su plato favorito casi todos los días porque, como no hay cole, parece que es lo que «toca».
Se acabó el tiempo permitido para volver a ser niños sin desentonar; se terminaron los reencuentros, los brindis, los deseos y los buenos propósitos.
Pero no todo es drama: para hacer la vuelta más llevadera, estas tortitas saladas de espinacas son el acompañamiento perfecto para lo que quieras. Quedan especialmente bien con salmón ahumado o, si te sientes creativo, con unas gambitas salteadas.
Tortitas saladas de espinacas
Ingredientes:
240 ml de leche
2 porciones de espinacas congeladas
1 huevo
180 g de harina de garbanzo
1 cdta. de levadura en polvo
1/2 cdta. de bicarbonato
1/2 cdta. de sal
2 cdas. de Aceite de oliva virgen extra
Elaboración:
Pon la leche y las espinacas en una batidora. Yo lo he hecho con la Thermomix. Bate hasta obtener una mezcla líquida sin grumos.
Añade los demás ingredientes y vuelve a batir hasta que la masa sea más espesa y también sin grumos.
Calienta una sartén con un poco de aceite. Cuando esté caliente, vierte un cucharón de masa. Ten cuidado de no calentar demasiado la sartén para que las tortitas queden verdes y no se pongan marrones al cocinarlas.
Cocina las tortitas una a una, dándoles la vuelta y dejando que se hagan unos minutos por cada lado.
Sirve con lo que más te guste.
Preguntas frecuentes
¿Por qué es importante controlar el fuego para mantener el color verde brillante?
La clorofila de las espinacas es muy sensible al calor extremo prolongado. Si la sartén humea o se calienta en exceso, las reacciones de Maillard y la caramelización de los azúcares dorarán la superficie rápidamente, tornando el tono verde vivo en un pardo apagado. Mantener un fuego medio-bajo permite que la masa cuaje despacio hasta el centro conservando ese color esmeralda tan llamativo.
¿Qué ventajas aporta la harina de garbanzo frente a la harina de trigo común?
La harina de garbanzo no contiene gluten, lo que evita que la masa desarrolle una textura chiclosa al batirla enérgica y rápidamente en el robot de cocina. Además, aporta un extra notable de proteínas vegetales y fibra, una consistencia densa y saciante, y un ligero matiz a fruto seco tostado que combina a la perfección con la verdura.
¿Por qué se combinan levadura química y bicarbonato en la misma masa?
La levadura química aporta un primer impulso de aireado con el calor de la sartén, pero el bicarbonato reacciona de inmediato en contacto con el medio húmedo, liberando burbujas de dióxido de carbono que esponjan la densidad propia de la legumbre. Esta combinación es el secreto para que no queden como tortas pesadas o apelmazadas, sino mullidas y tiernas en el centro.
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Perdóname que te escriba ahora, después de tantos años de silencio voluntario y fidelidad administrativa a los Reyes Magos. En mi defensa diré que nadie me explicó el reparto de competencias en materia de magia navideña, y una hace lo que puede con la información que tiene.
Así que lo poco que te habrá llegado de mí hasta ahora serán, como mucho, las cartas que escribí para mis hijos cuando eran pequeños. Es decir: versiones bastante más optimistas de la realidad.
No voy a entretenerte con rodeos innecesarios, porque sé que en estas fechas tienes una logística compleja, renos con horarios imposibles y un nivel de estrés que no envidio en absoluto.
Voy al grano.
He estado intentando definirme. Ya sé lo que estás pensando: “otra adulta en crisis existencial justo antes de Navidad”. Y sí, exactamente eso.
En ese proceso he llegado a una petición bastante concreta: necesito un Control + Z.
No metafórico. No espiritual. No de los que vienen con “aprende de tus errores”. Uno operativo. De los que permiten deshacer decisiones, frases pronunciadas con exceso de sinceridad, y ese entusiasmo inicial que luego envejece mal.
Sé que no venía incluido en el paquete básico de vida. Lo sé porque he revisado el manual varias veces y sospecho que el mío venía con defectos de fábrica.
Así que, por pedir, que no quede.
A cambio, no te preocupes por mi lugar en tu ruta. Puedes dejarme para el final. Después de una noche entera de galletas secas, leche tibia y familias fingiendo que duermen, te vendrá bien un destino sin presión.
Aquí no habrá galletas. Sería demasiado obvio.
Te esperaré con una ensaladita ligera. No de las tristes: de las que se venden como ligeras pero tienen carácter. En brochetas, con alioli como declaración de intenciones. Si quieres compartirla con los renos, no me opongo. Tengo sospechas de que ellos también están cansados de tanto azúcar estructural.
P.D. La prepararé a mi manera, que ya es bastante riesgo por sí mismo. Pero si tu Control + Z celestial tiene capacidad de sugerencia, acepto mejoras, ajustes o directamente intervención divina sobre el aliño.
Con cordialidad, ironía y una ligera esperanza de que esta vez sí exista el botón de deshacer, [firma]
*Control + Z: atajo de teclado para deshacer la última acción.
Las ensaladas en brocheta reinventan el consumo de vegetales al transformar una elaboración clásica de plato y tenedor en un formato portátil e individual. Esta tendencia culinaria cobró fuerza en el sector del catering y los eventos sociales a principios del siglo XXI, impulsada por la creciente demanda de bocados saludables aptos para degustar de pie y sin cubiertos. Al ensartar los ingredientes en una brocheta de madera o bambú, se logra una presentación limpia y atractiva que facilita el control de las raciones.
La estructura de estas brochetas exige seleccionar ingredientes firmes que mantengan su consistencia al ser atravesados por la brocheta. La variante más extendida es la brocheta caprese, que alterna tomates cherry, hojas de albahaca fresca y perlas de queso mozzarella. Otras opciones populares adaptan la ensalada griega —con dados de queso feta, pepino y aceitunas negras— o la ensalada césar, intercalando hojas crujientes de lechuga romana con dados de pollo y costrones de pan.
El principal reto técnico radica en la aplicación del aliño o vinagreta para evitar que las hojas pierdan tersura o goteen. Los profesionales suelen resolver este inconveniente por dos vías: sumergir brevemente la brocheta justo antes de servirla o presentar las salsas en cuencos individuales para que cada comensal la unte a su gusto.
Ensalada en brocheta
Ingredientes para 4:
4 huevos de codorniz cocidos
Lechugas variadas
4 tomates cherry caramelizados
1 lomo de salmón cocinado en su punto, en cubos
Salsa alioli
4 brochetas de madera
Elaboración:
Ensarta los ingredientes en las brochetas alternando colores y texturas hasta completar cada una. Sirve inmediatamente con el alioli aparte.
Nota:
No cocines el salmón demasiado o se deshará en la brocheta.
VARIANTES:
Mediterránea clásica Más coherente y fresca, muy equilibrada
Ingredientes (4): Tomates cherry Mozzarella mini (bolitas) Aceitunas negras o verdes Pepino en cubos Hojas de albahaca Aceite de oliva + sal en escamas 4 brochetas
Idea: estilo ensalada caprese en versión brocheta.
Mar y cítricos Más sofisticada, tipo aperitivo de restaurante
Ingredientes (4): Salmón a la plancha en cubos Gambas cocidas Aguacate Tomate cherry Ralladura de limón o lima Salsa ligera de yogur o all i oli suave
Ingredientes (4): Queso feta o queso fresco Uvas Tomate cherry Jamón serrano en pliegues Hojas de rúcula Reducción de balsámico
Idea: equilibrio entre dulce, salado y ácido.
Vegetariana “crunch” Más ligera y vegetal
Ingredientes (4): Lechuga o espinaca baby Zanahoria en láminas o cubos Pepino Pimiento rojo Hummus como salsa Semillas de sésamo
Idea: textura crujiente + frescura total.
Preguntas frecuentes
¿Qué se puede poner en una ensalada en brocheta?
Cualquier ingrediente firme que aguante ensartado: tomates cherry,
mozzarella, aceitunas, pepino, salmón, gambas, huevos de codorniz
o queso feta. La clave es alternar colores y texturas.
¿Se puede preparar la ensalada en brocheta con antelación?
Puedes preparar los ingredientes con antelación y conservarlos
por separado en la nevera. Ensarta las brochetas justo antes de
servir para que no se ablanden.
¿Qué salsa acompaña mejor la ensalada en brocheta?
El alioli suave, la salsa de yogur con eneldo o una vinagreta
ligera de limón son las opciones más populares. Se sirven aparte
para que cada comensal se sirva a su gusto.
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Todo comenzó cuando el despistado Aric, un novio emocionado por su próxima boda, se encontró con una mariposa que llevaba un cartel que decía: "¡Sígueme para una boda aún más emocionante!". Sin pensarlo dos veces, Aric persiguió a la mariposa y, para sorpresa de todos, la ceremonia fue celebrada en la cima de un acantilado, debajo del árbol de los deseos. Todos los vecinos acudieron vestidos con colores vibrantes y sonrisas verdaderas: querían de todo corazón a Aric y sabían que haría feliz a Fiora.
Fiora era la heredera de una larga dinastía de hechiceros; en sus venas fluía la magia. Aunque no la había usado con Aric, él había caído rendido a sus pies nada más verla. Fue como sacado de un cuento o una fábula. Algunos de esos cuentos terminaban con una moraleja, y otros simplemente con un “colorín colorado”. Y aunque en su boda no comieron perdices, sí hubo muchas empanadas… y un final feliz.
La empanada española nació en la Edad Media como un método práctico para conservar y transportar alimentos, influenciada por tradiciones árabes y consolidada en la cultura ibérica, tal como atestiguan las esculturas del siglo XII en la Catedral de Santiago de Compostela. Con el tiempo, esta técnica de envolver alimentos en masa de pan evolucionó en diversas especialidades regionales, que van desde la icónica empanada gallega de atún o marisco y el contundente hornazo salmantino de carne, hasta las tradicionales panades mallorquinas de Semana Santa, la espinagadao los cocarrois. Finalmente, este concepto culinario viajó a América con los colonizadores españoles, donde se fusionó con ingredientes locales y dio origen a la rica variedad de empanadas que existen hoy en todo el continente americano.
A todos (o casi) nos gusta viajar, y aunque no podemos hacerlo siempre podemos viajar leyendo, maravillosas aventuras se puede vivir con un libro, aunque también se puede pasar las vacaciones cocinando ¿no crees?. Con esta empanada de brócoli que improvisé un día que no tenía ganas de cocinar pero sí de leer... y por supuesto de viajar, ¿lejos?, no sé, ¡dónde sea!, ¿y tú?.
Empanada de brócoli
Ingredientes:
1 láminas de masa de hojaldre
1/2 cebolla picada y 1 ajo picado
1/2 brócoli pequeño
50 g de champiñones limpios y troceados
1 bolsa de cuatro quesos
Sal al gusto
1 huevo para dar color a la masa
Aceite para pochar
Elaboración:
Precalienta el horno a 180 ºC.
Cocina el brócoli, ya sea hirviéndolo o al microondas si viene en bolsa.
Mientras tanto, en una sartén con un poco de aceite, sofríe la cebolla, el ajo y los champiñones.
Cuando esté todo cocinado, mezcla el brócoli (puedes cortar el brócoli en trozos más pequeños si prefieres) con la mezcla de la sartén en un cuenco.
Salpimienta al gusto y añade la bolsa de cuatro quesos rallados. Mezcla bien.
Sobre la mitad de una lámina de masa, esparce la mezcla preparada y cierra con la otra mitad, sellando los bordes con un tenedor.
Pinta la masa con huevo batido.
Hornea durante 30 minutos o hasta que la masa esté dorada.
Sirve caliente, cuando el queso esté completamente fundido.
Preguntas frecuentes
¿Por qué es crucial escurrir muy bien el brócoli y los champiñones antes de rellenar?
Tanto el brócoli hervido como los champiñones salteados retienen una gran cantidad de agua. Si se incorporan al relleno húmedos o calientes, ese vapor empapará la lámina inferior del hojaldre impidiendo que desarrolle sus capas de mantequilla, lo que dejaría una base blanda, cruda y gomosa en lugar de crujiente y laminada.
¿Se puede preparar con masa para empanada tradicional en lugar de hojaldre?
Sí, funciona a la perfección. La masa de empanada habitual (a base de harina, aceite o manteca y vino o agua) aporta una estructura más firme y menos grasa, ideal si buscas un corte limpio para llevarla de pícnic o comerla con las manos. Si optas por ella, puedes subir la temperatura del horno a 190 °C o 200 °C para asegurar un dorado rápido y parejo.
¿Qué quesos son los más adecuados para lograr un relleno cremoso e hilante?
Las mezclas comerciales de cuatro quesos suelen incluir variedades de buen fundido (como mozzarella, gouda o edam) combinadas con quesos más aromáticos como el emmental o el queso curado. Si prefieres hacer tu propia mezcla en casa, la clave está en combinar un queso elástico y suave (provolone o mozzarella) con uno de sabor más marcado (gorgonzola, cheddar curado o queso azul) para contrastar el dulzor vegetal del brócoli.
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Cuando Wei llegó al arrozal de la familia Chen tenía diecisiete años y más confianza que experiencia.
Había venido desde un pueblo vecino para aprender el oficio durante una temporada. Su madre lo había despedido con una recomendación sencilla:
—Escucha más de lo que hablas.
El consejo duró exactamente una mañana.
Al poco de llegar, la abuela Chen le mostró cómo abrir las compuertas que distribuían el agua entre las parcelas. Wei observó un momento y asintió con seguridad.
—Es fácil.
La anciana sonrió sin responder.
A mediodía, mientras todos almorzaban bajo un cobertizo de bambú, Wei decidió adelantarse al trabajo. Pensó que impresionaría a la familia si preparaba él solo el siguiente riego. Cuando los demás regresaron, encontraron el agua avanzando tranquilamente... hacia la parcela equivocada. No era una catástrofe. Tampoco un desastre. Simplemente significaba una hora extra de trabajo para corregir el error. Wei esperaba una reprimenda. Sin embargo, nadie pareció especialmente enfadado. El padre Chen cogió una pala. La hija mayor se remangó los pantalones. La abuela se limitó a señalar el camino del agua.
—Ven.
Durante la siguiente hora trabajaron juntos, levantando pequeños diques de barro y redirigiendo el cauce. Mientras lo hacían, hablaron de la lluvia del año anterior, de una boda próxima y de un vecino que llevaba veinte años prometiendo reparar su tejado. Nadie mencionó el error. Aquello desconcertó más a Wei que cualquier regaño. Al terminar, la abuela observó el agua fluir correctamente entre los arrozales.
—¿Sabes por qué trabajamos en familia? —preguntó.
Wei negó con la cabeza.
—Porque todos nos equivocamos cuando creemos que ya sabemos suficiente.
El anciano señaló los campos inundados que brillaban bajo la luz de la tarde.
—Y porque el arroz crece mejor cuando hay más de una persona vigilando el agua.
Muchos años después, cuando Wei ya dirigía sus propios campos, seguía recordando aquella jornada. No por el error. Sino porque fue el día en que dejó de sentirse un visitante y empezó a formar parte de una familia.
Históricamente, la península ibérica ha sido una gran productora y consumidora de arroz, pero su tradición culinaria se centró exclusivamente en las variedades locales de grano corto y medio, como el arroz bomba o el de tipo sénia, ideales para absorber los caldos de la paella y los arroces caldosos. El concepto de un arroz aromático, de grano largo y que quedara completamente suelto tras la cocción era ajeno a las cocinas domésticas y a los restaurantes tradicionales españoles.
Este panorama comenzó a cambiar de forma notable entre los años ochenta y noventa con el auge del turismo internacional y la proliferación de los primeros restaurantes de cocina asiática, especialmente indios y pakistaníes, en grandes capitales como Madrid y Barcelona. Estos establecimientos introdujeron el arroz basmati, cultivado tradicionalmente a los pies del Himalaya, como el acompañamiento indispensable para equilibrar la intensidad y el picante de los curris. Los comensales españoles descubrieron así una textura y un perfume a nuez completamente nuevos, lo que despertó una creciente curiosidad por replicar esos platos en sus propios hogares.
A medida que aumentaba la demanda popular, el mercado de la alimentación en España se adaptó con rapidez entre finales de la década de 1990 y principios de los años 2000. Los establecimientos especializados en productos de importación y las tiendas de alimentación asiáticas fueron los primeros en vender sacos de basmati, pero el verdadero punto de inflexión ocurrió cuando las grandes cadenas de supermercados e hipermercados lo incorporaron a sus lineales habituales. Las principales marcas arroceras españolas, atentas al cambio en las tendencias de consumo, no tardaron en lanzar sus propias líneas de arroz basmati envasado, facilitando el acceso al gran público.
En la actualidad, el arroz basmati ha perdido su estatus de producto exótico para convertirse en un básico de la despensa moderna. Su éxito definitivo se consolidó gracias al auge de la cultura de la alimentación saludable, el deporte y la cocina rápida o de conveniencia, ya que es una opción muy popular para preparar guarniciones, ensaladas y platos de estilo bowl. Hoy en día, convive en perfecta armonía con el arroz mediterráneo tradicional, demostrando la capacidad de la gastronomía española para adoptar e integrar ingredientes de culturas lejanas.
El arroz es uno de mis ingredientes preferidos, así que no le digo que no, incluso si la tortilla no lleva patata, sino arroz.
Si te digo que esta receta tiene muchos años…
Si te digo que formaba parte de un coleccionable de recetas de una revista (una de esas que ya han desaparecido)…
Si te digo que es la primera vez que la hago, pero no será la última…
Y que el resultado nos encantó…
Pues bien, esta es mi receta para el concurso de tortillas de Canal Cocina. Y aunque gané, no pude disfrutar del premio porque se celebraba en Madrid y, en ese momento, no podía viajar. Aun así, estoy muy feliz de haber ganado.
Tortillitas de arroz basmati
Ingredientes para tortillitas de arroz (4 unidades):
200 g de arroz hervido basmati o el que tengas
4 huevos
100 g de jamón cocido
50 g de pechuga de pollo (fiambre o pollo asado)
50 g de queso mozzarella rallado
Sal y pimienta al gusto
Aceite
Elaboración:
Corta el jamón cocido y la pechuga de pollo en trocitos pequeños.
Mezcla el arroz hervido con el jamón, el pollo y la mozzarella rallada.
Añade los huevos, salpimienta al gusto y remueve hasta integrar bien todos los ingredientes.
Calienta una sartén pequeña con un poco de aceite a fuego medio.
Forma pequeñas tortillitas con la mezcla y cocínalas durante unos minutos por cada lado, hasta que estén doradas y bien cuajadas.
Consejos para que las tortillitas de arroz queden perfectas
Utiliza arroz cocido del día anterior: tendrá menos humedad y la textura será mejor.
Puedes cocinarlas también en freidora de aire a 180 °C durante 10–12 minutos, volteándolas a mitad de cocción.
Variaciones de la receta:
Estas tortillitas de arroz caseras admiten muchísimas combinaciones:
Con verduras salteadas (calabacín, zanahoria, cebolla).
Con gambas o atún.
Con restos de arroz tres delicias.
En versión vegetariana, sustituyendo la carne por más verduras o queso o tofu...
Es una receta ideal de cocina de aprovechamiento y perfecta para no desperdiciar alimentos.
Preguntas frecuentes
¿Por qué es preferible utilizar arroz cocido del día anterior en lugar de recién hecho?
Al enfriarse en la nevera durante varias horas, el grano de arroz sufre un proceso de retrogradación del almidón: pierde humedad superficial, se vuelve más firme y no se apelmaza. Un arroz recién cocido y caliente desprenden vapor y exceso de agua, lo que ablandaría la mezcla, diluiría el huevo y dificultaría que la tortillita compacte y dore de manera uniforme en la sartén.
¿Se puede utilizar otro tipo de arroz que no sea basmati?
Por supuesto. El basmati aporta un grano suelto y un aroma tostado característico, pero al tratarse de una receta de aprovechamiento funciona cualquier variedad que haya sobrado. Si usas arroz redondo común, bomba o restos de arroz tres delicias, la tortillita quedará un poco más compacta y tierna por su mayor contenido en amilopectina, mientras que con arroces largos o integrales mantendrá una mordida más suelta.
¿Cómo evitar que las tortillitas se rompan o desarmen al darles la vuelta?
La clave reside en la temperatura del aceite y el reposo inicial. La sartén debe estar caliente a fuego medio antes de verter las porciones para que el huevo cuaje y selle la base al instante. No intentes moverlas ni darles la vuelta durante los primeros 2 o 3 minutos; espera a que los bordes se vean firmes y dorados antes de deslizar una espátula fina por debajo para voltearlas de un solo movimiento.
Relato, vídeo y fotografías @catypol - Circus day.
Con esta receta participo y soy ganadora en el concurso de tortillas de Canal cocina (año 2011).