Había venido desde un pueblo vecino para aprender el oficio durante una temporada. Su madre lo había despedido con una recomendación sencilla:
—Escucha más de lo que hablas.
El consejo duró exactamente una mañana.
Al poco de llegar, la abuela Chen le mostró cómo abrir las compuertas que distribuían el agua entre las parcelas. Wei observó un momento y asintió con seguridad.
—Es fácil.
La anciana sonrió sin responder.
A mediodía, mientras todos almorzaban bajo un cobertizo de bambú, Wei decidió adelantarse al trabajo. Pensó que impresionaría a la familia si preparaba él solo el siguiente riego. Cuando los demás regresaron, encontraron el agua avanzando tranquilamente... hacia la parcela equivocada. No era una catástrofe. Tampoco un desastre. Simplemente significaba una hora extra de trabajo para corregir el error. Wei esperaba una reprimenda. Sin embargo, nadie pareció especialmente enfadado. El padre Chen cogió una pala. La hija mayor se remangó los pantalones. La abuela se limitó a señalar el camino del agua.
—Ven.
Durante la siguiente hora trabajaron juntos, levantando pequeños diques de barro y redirigiendo el cauce. Mientras lo hacían, hablaron de la lluvia del año anterior, de una boda próxima y de un vecino que llevaba veinte años prometiendo reparar su tejado. Nadie mencionó el error. Aquello desconcertó más a Wei que cualquier regaño. Al terminar, la abuela observó el agua fluir correctamente entre los arrozales.
—¿Sabes por qué trabajamos en familia? —preguntó.
Wei negó con la cabeza.
—Porque todos nos equivocamos cuando creemos que ya sabemos suficiente.
El anciano señaló los campos inundados que brillaban bajo la luz de la tarde.
—Y porque el arroz crece mejor cuando hay más de una persona vigilando el agua.
Muchos años después, cuando Wei ya dirigía sus propios campos, seguía recordando aquella jornada. No por el error. Sino porque fue el día en que dejó de sentirse un visitante y empezó a formar parte de una familia.
Históricamente, la península ibérica ha sido una gran productora y consumidora de arroz, pero su tradición culinaria se centró exclusivamente en las variedades locales de grano corto y medio, como el arroz bomba o el de tipo sénia, ideales para absorber los caldos de la paella y los arroces caldosos. El concepto de un arroz aromático, de grano largo y que quedara completamente suelto tras la cocción era ajeno a las cocinas domésticas y a los restaurantes tradicionales españoles.
Este panorama comenzó a cambiar de forma notable entre los años ochenta y noventa con el auge del turismo internacional y la proliferación de los primeros restaurantes de cocina asiática, especialmente indios y pakistaníes, en grandes capitales como Madrid y Barcelona. Estos establecimientos introdujeron el arroz basmati, cultivado tradicionalmente a los pies del Himalaya, como el acompañamiento indispensable para equilibrar la intensidad y el picante de los curris. Los comensales españoles descubrieron así una textura y un perfume a nuez completamente nuevos, lo que despertó una creciente curiosidad por replicar esos platos en sus propios hogares.
A medida que aumentaba la demanda popular, el mercado de la alimentación en España se adaptó con rapidez entre finales de la década de 1990 y principios de los años 2000. Los establecimientos especializados en productos de importación y las tiendas de alimentación asiáticas fueron los primeros en vender sacos de basmati, pero el verdadero punto de inflexión ocurrió cuando las grandes cadenas de supermercados e hipermercados lo incorporaron a sus lineales habituales. Las principales marcas arroceras españolas, atentas al cambio en las tendencias de consumo, no tardaron en lanzar sus propias líneas de arroz basmati envasado, facilitando el acceso al gran público.
En la actualidad, el arroz basmati ha perdido su estatus de producto exótico para convertirse en un básico de la despensa moderna. Su éxito definitivo se consolidó gracias al auge de la cultura de la alimentación saludable, el deporte y la cocina rápida o de conveniencia, ya que es una opción muy popular para preparar guarniciones, ensaladas y platos de estilo bowl. Hoy en día, convive en perfecta armonía con el arroz mediterráneo tradicional, demostrando la capacidad de la gastronomía española para adoptar e integrar ingredientes de culturas lejanas.
El arroz es uno de mis ingredientes preferidos, así que no le digo que no, incluso si la tortilla no lleva patata, sino arroz.
Si te digo que esta receta tiene muchos años…Si te digo que formaba parte de un coleccionable de recetas de una revista (una de esas que ya han desaparecido)…
Si te digo que es la primera vez que la hago, pero no será la última…
Pues bien, esta es mi receta para el concurso de tortillas de Canal Cocina. Y aunque gané, no pude disfrutar del premio porque se celebraba en Madrid y, en ese momento, no podía viajar. Aun así, estoy muy feliz de haber ganado.
Tortillitas de arroz basmati
- 200 g de arroz hervido basmati o el que tengas
- 4 huevos
- 100 g de jamón cocido
- 50 g de pechuga de pollo (fiambre o pollo asado)
- 50 g de queso mozzarella rallado
- Sal y pimienta al gusto
- Aceite
- Corta el jamón cocido y la pechuga de pollo en trocitos pequeños.
- Mezcla el arroz hervido con el jamón, el pollo y la mozzarella rallada.
- Añade los huevos, salpimienta al gusto y remueve hasta integrar bien todos los ingredientes.
- Calienta una sartén pequeña con un poco de aceite a fuego medio.
- Forma pequeñas tortillitas con la mezcla y cocínalas durante unos minutos por cada lado, hasta que estén doradas y bien cuajadas.
- Utiliza arroz cocido del día anterior: tendrá menos humedad y la textura será mejor.
- Puedes cocinarlas también en freidora de aire a 180 °C durante 10–12 minutos, volteándolas a mitad de cocción.
- Estas tortillitas de arroz caseras admiten muchísimas combinaciones:
- Con verduras salteadas (calabacín, zanahoria, cebolla).
- Con gambas o atún.
- Con restos de arroz tres delicias.
- En versión vegetariana, sustituyendo la carne por más verduras o queso o tofu...
Preguntas frecuentes
¿Por qué es preferible utilizar arroz cocido del día anterior en lugar de recién hecho?
Al enfriarse en la nevera durante varias horas, el grano de arroz sufre un proceso de retrogradación del almidón: pierde humedad superficial, se vuelve más firme y no se apelmaza. Un arroz recién cocido y caliente desprenden vapor y exceso de agua, lo que ablandaría la mezcla, diluiría el huevo y dificultaría que la tortillita compacte y dore de manera uniforme en la sartén.
¿Se puede utilizar otro tipo de arroz que no sea basmati?
Por supuesto. El basmati aporta un grano suelto y un aroma tostado característico, pero al tratarse de una receta de aprovechamiento funciona cualquier variedad que haya sobrado. Si usas arroz redondo común, bomba o restos de arroz tres delicias, la tortillita quedará un poco más compacta y tierna por su mayor contenido en amilopectina, mientras que con arroces largos o integrales mantendrá una mordida más suelta.
¿Cómo evitar que las tortillitas se rompan o desarmen al darles la vuelta?
La clave reside en la temperatura del aceite y el reposo inicial. La sartén debe estar caliente a fuego medio antes de verter las porciones para que el huevo cuaje y selle la base al instante. No intentes moverlas ni darles la vuelta durante los primeros 2 o 3 minutos; espera a que los bordes se vean firmes y dorados antes de deslizar una espátula fina por debajo para voltearlas de un solo movimiento.





