Señoras y Señores,

Bienvenidos a Circus Day

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Hola,

Soy Caty y dirijo este circo

Foodie, diseñadora gráfica, cuentacuentos y aficionada a la fotografía es un resumen de lo que encontrarás aquí, un circo lleno de recetas, historias y espectáculo. Señoras y señores, mesdames et messieurs, ladies and gentlemen, bienvenidos a Circus day, espero que te guste el show.

The Show

En el blog

Mostrando entradas con la etiqueta Dulces Malabares. Mostrar todas las entradas
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Bizcocho dentro de una lata

Por la tarde, después de hacer los deberes, subía al desván. Era un ritual que mantenía desde que conocí a Fred la primera tarde del verano. Fred vivía allí arriba. Cuando nos presentamos, parecía que estuviera desapareciéndose: era casi transparente; podía ver a través de él, con total nitidez, el caballito de madera de mi hermano. Me preguntó qué hacía en aquel lugar.

—He oído lamentos y venían de aquí arriba —le contesté.

Y era verdad: Fred se había estado lamentando. Llevaba años haciéndolo, pero nadie le había prestado atención hasta ese momento, y aquello lo dejó completamente desconcertado.

La historia de Fred no distaba mucho de la de tantos otros espectros que rondaban los caseríos de la comarca. Me contaba que, cuando se reunían los días 13 de cada mes, se quejaban todos y cada uno de ellos de sus tristes «vidas».

—¿Es como una fiesta de fantasmas? —pregunté.

—¿Fantasmas? ¡No! Nosotros somos almas en pena. Los fantasmas son entes burlones y traviesos; a ellos les divierte su condición. A nosotros, no. Nosotros nos lamentamos y lloramos por amor. Siempre es por amor.

Yo le conté que la señora Antonia, cada vez que la deja un novio, organiza una fiesta en casa con sus amigas y se atiborran a pasteles, helado y chocolate. Luego hace borrón y cuenta nueva. Dice que, algún día, encontrará el suyo.

—¿El suyo? —me preguntó Fred—. ¿El suyo qué? ¿Su pastel? —se extrañó.

—Pues no lo sé —respondí—. Seguramente sea eso.


Bizcocho de vainilla horneado dentro de una lata con fruta

Bizcocho de vainilla horneado dentro de una lata con helado



Los bizcochos horneados dentro de una lata siguen un principio muy similar al del pan en lata, pero se orientan a la repostería, a la creación de regalos gastronómicos o a porciones individuales perfectas.

En el ámbito casero, esta técnica convierte las latas de aluminio u hojalata en moldes cilíndricos ideales para bizcochos de viaje o cakes. Para asegurar el éxito, el interior del recipiente debe forrarse con esmero con papel de horno que sobresalga un poco del borde, lo que facilita el desmoldado y evita que la masa se pegue o entre en contacto directo con metales no aptos. Al hornearse en un espacio tan recogido, el calor se distribuye de manera muy uniforme, logrando bizcochos extraordinariamente jugosos que retienen la humedad interior durante más tiempo que si se cocinaran en un molde abierto tradicional.

En el mercado comercial y de detalles gourmet, existen versiones listas para consumir que se venden selladas de forma hermética. Estos bizcochos en lata se pasteurizan o se hornean directamente en el envase al vacío, lo que permite conservarlos tiernos, esponjosos y con todo su aroma original durante meses o incluso años sin necesidad de conservantes artificiales. Resultan muy populares en tiendas de delicatessen por su estética nostálgica, además de como raciones de calidad para actividades al aire libre como el acampada o el senderismo.

A mí me parece una forma preciosa de hornear un minibizcocho. Incluso si lo cortas en rebanadas, queda una naked cake vistosa y muy resultona, tal como puedes ver en la foto.

Actualizada 2026.


Bizcocho de vainilla horneado dentro de una lata de conserva


Ingredientes:

Los bizcochos:
  • 250 g de mantequilla pomada
  • 250 g de azúcar avainillado
  • 3 huevos
  • 500 g de harina tamizada
  • 1 sobre levadura en polvo
  • 6 latas de conserva de 225 gramos, vacías y limpias
Decoración:
  • Fruta fresca cortada a trocitos
  • Helado 
  • Nata montada + merengue + azúcar (frosting)
  • Trozos de chocolate para decorar

Elaboración:
  1. Precalienta el horno a 180 ºC. 
  2. Unta las latas con spray desmoldante y forra tanto el fondo como los laterales con papel vegetal, para facilitar la extracción del bizcocho una vez horneado.
  3. En una batidora, coloca la mantequilla y el azúcar, y bate hasta obtener una mezcla ligera y cremosa. 
  4. Añade los huevos uno a uno, batiendo bien después de cada incorporación. 
  5. Integra la harina tamizada junto con la levadura y mezcla hasta que la masa quede homogénea.
  6. Vierte la mitad de la masa en las latas preparadas y hornea durante unos 30 minutos, o hasta que al pinchar con un palillo salga limpio. 
  7. Retira del horno, desmolda con cuidado y deja enfriar completamente sobre una rejilla.

Notas:
  1. Una vez fríos, rellénalos con fruta de temporada (preferiblemente que no tenga un alto contenido de agua, para no humedecer en exceso el bizcocho) y sirve con una bola de helado por encima.
  2. ¿Prefieres cortarlo en rebanadas? También puedes decorarlo con un poco de frosting, al estilo de los naked cakes que están tan de moda, coronarlos con fruta fresca y espolvorear un poco de azúcar glas para un acabado más vistoso.

Masa de bizcocho de vainilla vertida dentro de latas de conserva para hornear


Preguntas frecuentes

¿Se puede usar cualquier lata de conserva para el bizcocho?

Sí, las mismas que para el pan en lata: acero sin revestimientos plásticos o barnices brillantes, bien lavadas y sin restos de adhesivo. La diferencia es que para el bizcocho el forrado con papel de hornear es aún más importante — la masa dulce se pega más que la del pan y el papel garantiza que el bizcocho salga entero y con la forma perfecta.

¿Por qué se vierte solo la mitad de la masa?

Porque el bizcocho crece bastante en el horno — más que el pan — y necesita espacio para subir con libertad. Llenando hasta la mitad obtienes ese copete redondeado característico que queda tan bonito al decorarlo como naked cake. Si lo llenas más, el bizcocho desbordará y perderás la forma cilíndrica.

¿Se puede hacer como regalo?

Es uno de los regalos gastronómicos más originales — ya viene en su propio envase. Una vez frío y decorado, puedes cerrarlo con una tapa de cartón a medida, atarlo con un lazo y añadir una etiqueta. Lo mejor es regalarlo sin rellenar y con las instrucciones de montaje para que quien lo recibe tenga la experiencia de armarlo.


Bizcochos de vainilla horneados en lata rellenos de fruta


Relato y fotografías @catypol - Circus day.

Galletas de hojaldre

En casa de los Belmonte Villalonga tenían la extraña costumbre de tomar el té cada tarde a las cinco. Y digo «extraña» porque, para ser una familia sin ascendencia ni parientes británicos, seguían la tradición con tanto celo que se ofendían si alguien les preguntaba por el motivo.

Así que me acostumbré. Me divertía, pues era una solemne ceremonia digna de verse y de disfrutarse.

—¿Lo quieres con una nube, verdad, querida? —preguntaba el señor Belmonte.

—¡Ciertamente, querido! —contestaba la señora Villalonga.

Los demás nos servíamos en silencio, como parte del ritual. Al terminar, se rompía la magia que por unos minutos había flotado en el ambiente, y todo volvía a la normalidad de siempre: el señor Belmonte se iba con sus amigos al bar, la señora Villalonga salía a correr con una vecina, nosotros nos quedábamos a hacer los deberes y, al caer la tarde, yo me marchaba a casa.

Nada hacía presagiar que aquel día sería diferente; así que, puntual como un reloj, estábamos todos aguardando el silbido de la tetera. A las cinco en punto, sonó… y la liturgia volvió a comenzar.

—¿Lo quieres con una nube, verdad, querida? —repitió el señor Belmonte.

—Hoy no, querido —respondió la señora Villalonga—. Hoy lo quiero con hielo.

El señor Belmonte, desconcertado, balbuceó:

—Pe… pe… pero eso no es posible, querida. Así no es como lo solemos tomar…

—Lo sé, querido —replicó ella con una sonrisa serena—. Pero las costumbres cambian, se transforman, se simplifican… como nuestras galletas, querido. Igual de sencillas que nuestras galletas.


Finas galletas de hojaldre y azúcar caramelizadas

Galletas sencillas de hojaldre y azúcar caramelizadas


La historia del hojaldre hunde sus raíces en la repostería de Oriente Próximo y la cuenca mediterránea, donde civilizaciones como la griega y la árabe ya utilizaban masas delgadas superpuestas —como la masa filo— para hornear pasteles dulces y crujientes. Sin embargo, aquellas preparaciones primitivas se lograban estirando láminas individuales casi transparentes y pincelándolas con grasa una a una, método laborioso que difiere de la técnica actual. La verdadera innovación del hojaldre clásico, consistente en encerrar un bloque de materia grasa dentro de la masa base (el plastón) y someterla a pliegues sucesivos para crear cientos de finas hojas alternas, comenzó a gestarse en la Europa medieval bajo la indudable influencia de la repostería andalusí.

La consolidación y el refinamiento del método tal como hoy lo conocemos se fraguaron en Francia a lo largo del siglo XVII. La tradición popular atribuye la invención del hojaldre moderno al pintor y aprendiz de pastelero Claude Gelée hacia 1640: según el relato, al intentar elaborar un pan ligero para su padre enfermo —sujeto a una dieta estricta—, envolvió un trozo de mantequilla en el pastón y lo dobló varias veces antes de hornearlo, asombrándose ante el descomunal volumen adquirido por la pieza. No obstante, los recetarios históricos constatan que fórmulas afines ya circulaban antes por España y Francia. Fue el célebre cocinero François Pierre de La Varenne quien codificó de manera metódica el sistema de pliegues por etapas, conocido como «vueltas», en su influyente tratado Le Cuisinier françois (1651).

El impulso definitivo que coronó al hojaldre en la cima de la alta repostería llegó a principios del siglo XIX de la mano de Marie-Antoine Carême. Reconocido como el gran arquitecto de la cocina gala, Carême sistematizó el principio físico tras la masa: fijó el estándar canónico en seis vueltas para garantizar una subida regular y estratificada, impulsada por el vapor de agua retenido entre las láminas impermeables de mantequilla. Valiéndose de esta estructura etérea y crujiente, creó piezas monumentales y legó al mundo creaciones imperecederas como el milhojas (mille-feuille) y los volovanes (vol-au-vent), consagrando el hojaldre como un estandarte universal que hoy brilla tanto en bocados dulces como salados.

Conocemos todo tipo de galletas: unas elaboradísimas y otras no tanto, ¿verdad? Pues el chef británico Heston Blumenthal lo ha simplificado de forma magistral: entre las recetas que suele preparar en familia tiene una versión que, además de sencillísima, es ideal para acompañar una buena taza de té. Eso sí: mejor salir a correr después que dejarse caer por el bar, porque las calorías no nos las quita nadie, pero el momento mágico está asegurado. Puedes pedir a los más pequeños que te echen una mano: la palabra «galletas» obra auténticos milagros cuando andan revolucionados.


Actualizada 2026.

 

Galletas de hojaldre caramelizadas con azúcar glas de Heston Blumenthal


Ingredientes: 
  • 1 plancha de hojaldre
  • Azúcar glas
Elaboración:
  1. Estira la plancha de hojaldre con un rodillo, hasta que quede lo más delgada posible. 
  2. Espolvorea por encima azúcar glas en lugar de harina. 
  3. Enrolla la masa hasta formar un cilindro que cortarás en discos delgados. 
  4. Estira los discos con un rodillo hasta que queden finos, también espolvorea por encima azúcar glas. 
  5. Pon los discos sobre bandejas y congélalos durante media hora o refrigéralos durante una hora. 
  6. Calienta el horno a 220º C. 
  7. Pon la masa fría sobre las bandejas de hornear, si solo tienes una bandeja, sácalos del frío a medida que lo necesites. 
  8. Hornea hasta que estén doradas. 
  9. Mientras se hornean necesitas un cazo pequeño de fondo pesado dentro del congelador. 
  10. Cuando las galletas estén horneadas, sácalas del horno y usa el cazo frío apretando con fuerza sobre cada una de ellas, así quedaran muy finas. 
  11. Frías se endurecen un poco y estarán listas para comer.

Nota: 

El cazo frío no rompe las galletas porque la masa sigue caliente y flexible al salir del horno. El frío del cazo baja su temperatura rápidamente mientras las aplana, fijando así la forma ultrafina antes de que se enfríen del todo.



Galletas de hojaldre caramelizadas de Heston Blumenthal

Preguntas frecuentes

¿Por qué se congela o refrigera la masa antes de hornear?

Porque el frío endurece la grasa del hojaldre — la mantequilla — y permite que los discos mantengan su forma perfectamente al entrar en el horno muy caliente. Si los horneas sin refrigerar previamente, la grasa se funde antes de que la masa haya empezado a estructurarse y las galletas pierden la forma redonda y se encogen de manera irregular.

¿Se puede usar azúcar normal en lugar de azúcar glas?

El azúcar glas se disuelve y carameliza mucho más uniformemente que el azúcar granulado, que tiende a quedarse en granos sin fundir y puede quemar en puntos concretos. Para esta receta el azúcar glas es el correcto — aporta esa capa dorada y uniforme que hace tan atractivas estas galletas. El azúcar normal no da el mismo resultado.

¿Con qué se sirven mejor estas galletas?

Con té o café, como en la receta original de Heston. Varios lectores las sirven con helado de vainilla — la temperatura contrasta muy bien con el caramelo crujiente. También quedan perfectas como base de un milhojas rápido: apila tres galletas con nata montada y fresas entre capa y capa. La caja de lata de la foto es la presentación perfecta para regalarlas.


Caja de galletas de hojaldre caramelizadas


Relato y fotografías @catypol - Circus day.

Ensalada Alicia

Es como si toda la vida hubiera estado jugando al juego de las sillas. Odio este juego. Siempre me sentía perdedora, incluso antes de empezar a dar vueltas a su alrededor. Siempre creí que habría alguien más rápido, más astuto, con más empuje o con más mala baba; y así, antes del primer acorde, la angustia y el desánimo ya me tenían ganada. Así me he sentido la mayor parte de mi vida.

Y así me ocurrió cuando mi padre, tras la muerte de mi madre, decidió casarse con aquella mujer. En aquella partida solo quedaban dos sillas: mi padre se quedó sin la suya y con mi madre se reunió. Entonces, la cruel mujer retiró una. Yo no anduve lista y ella pretendía enviarme con mis padres, pero a Totón le dio lástima de mí y me abandonó en mitad de un bosque.

Otro juego de sillas se cruzó en mi camino. Esta vez eran siete: siete pequeñas y a veces impertinentes criaturas que habitaban y faenaban por aquellos lares. Gruñón no me quería ver ni en pintura y se enzarzaba con Bonachón por mi culpa. A Dormilón le daba exactamente igual mientras no le arrebatara la cama. Mocoso moqueaba cada vez que me tenía delante y Tímido se escabullía. Otro eligió quedarse Mudo, y Sabiondo, que era quien llevaba la voz cantante, acabó por aceptarme.

Así transcurría mi vida: tenía un asiento para mí sola y, por primera vez, no sentía el pánico de que la música volviera a sonar obligándome a pelear por él. Me distraía cogiendo grosellas silvestres por la arboleda y cuidando de los enanos. Y en esas estaba cuando, de repente, la melodía volvió a sonar: se presentó una anciana y una manzana me ofreció. Al morderla caí fulminada, despojada de mi silla una vez más. Vueltas y más vueltas al compás; solo que en este cuento ningún príncipe vino a romper el compás.


Ensalada Alicia dentro de una manzana con Crème fraîche

Ensalada Alicia con manzana y almendras


En clase de Productos Culinarios —una asignatura del grado de FP de Cocina— nos tocó preparar esta ensalada bautizada como «Alicia»; aunque, sinceramente, a mí me parece que tiene bastante poco del País de las Maravillas y mucho más de Blancanieves. Sea como fuere, os aseguro que vais a dejar boquiabiertos a vuestros comensales con una presentación tan vistosa y delicada. Desconozco su origen exacto, ya que el profesor no entró en detalles históricos, pero el flechazo fue tan instantáneo que no dudé en replicarla en casa y compartirla en el blog.

NOTA ACLARATORIA: 

Esta receta la aprendí en mis estudios de FP de Cocina y fui la primera bloguera en publicarla. Posteriormente la subí a la plataforma de Canal Cocina, que con el tiempo eliminó el perfil de todos los blogueros colaboradores manteniendo las recetas y fotografías. Las fotos que ilustran hoy su versión son mías.

Por aquel entonces solía subir elaboraciones a la plataforma de usuarios de Canal Cocina —quienes, con el tiempo, se quedaron con las recetas y quitaron a los autores de ellas —, así que compartí también esta propuesta. Poco después, la cadena decidió recrearla en televisión sin citar la autoría original y, por lo visto, causó bastante furor. Hoy en día, si tecleas el nombre de la ensalada en Google, la primera referencia que aparece es la suya; sin embargo, si entras en su web a ver la receta, comprobarás que las fotos que la ilustran siguen siendo las mías.


Actualizada 2026.


Ensalada Alicia


Ingredientes:
  • 1 manzana roja por comensal
  • El zumo de un limón
  • Granos de grosella
  • Crème fraîche
  • Almendras fileteadas
Elaboración:
  1. Pon en un cuenco grande agua con el zumo de un limón. 
  2. Corta a la manzana una tapa. 
  3. Vacía la tapa por dentro sin romperla. 
  4. Déjala en el cuenco grande dentro del agua con limón para que no se oxide. 
  5. Vacía las manzanas con un sacabolas de cocina dejando algo de pulpa alrededor de la piel. 
  6. Deja las bolas de manzana y la manzana en el cuenco grande de agua y limón.
  7. Saca las bolitas del cuenco, sécalas un poquito y mezcla en otro cuenco con los granos de grosella y la crème fraîche. 
  8. Saca las manzanas y sécalas un poquito por dentro y fuera. 
  9. Rellénalas con la mezcla de bolitas y esparce por encima almendras fileteadas. 
  10. Saca la tapa, sécala y colócala encima de la manzana. 
  11. Sirve.

Vaciado de la manzana para hacer la ensalada


Relato y fotografías @catypol - Circus day.

Polos de chocolate y Kitkat

Vivía encima de una panadería. En invierno era casi perfecto: calentita, cómoda y con aquel olor a pan recién horneado que se colaba por todos los rincones de la casa. En verano, sin embargo, la historia era otra. El calor subía como si tuviera algo personal contra ella y las noches se convertían en una sucesión de vueltas en la cama, suspiros y pensamientos poco amables hacia el horno de abajo.

No había otra opción. Mientras el asunto no se resolviera, tenía que seguir viviendo allí, quisiera o no; y aquello la desesperaba. Cada vez que pensaba en cómo salir de aquella situación, se le hacía un nudo en el estómago.

A su familia y a sus amigos les decía que lucharía hasta el final, que no pensaba rendirse, que aguantaría lo que hiciera falta hasta quedarse sin una gota de aliento.

Lo decía con mucha convicción.

Bueno… casi siempre.

Porque algunas noches, mientras intentaba conciliar el sueño con un ventilador apuntándole directamente a la cara, pensaba que quizá había exagerado un poco con lo de «hasta el final».

Vivir tan lejos de los suyos la había hecho fuerte. También más dura, más independiente y, con el tiempo, bastante reservada. Había aprendido a guardarse ciertas cosas para sí misma y a seguir adelante sin hacer demasiado ruido.

Pero entonces llegaban las visitas.

Y con ellas, todo cambiaba.

Redescubría la ciudad, encontraba rincones que creía conocer, se reía más de lo habitual y saboreaba la comida de otra manera. Hasta el bochorno parecía menos insoportable cuando tenía a alguien con quien compartirlo.

No se quejaba: en realidad, estaba bien adaptada. Había aprendido a querer aquella vida, aunque una parte de su corazón siguiera mirando hacia casa.

Y cuando las visitas se marchaban, esa parte volvía a hacerse notar.

Entonces no regresaba directamente a casa. Necesitaba una pequeña tregua antes de enfrentarse otra vez al silencio, al calor y a sus propios pensamientos. Así que se acercaba a un puestecito de helados, pedía uno —siempre uno, porque tampoco hacía falta solucionar la vida de golpe— y buscaba un rincón desde el que observar a la gente pasar.

Allí, mordisco a mordisco, recolocaba sus recuerdos, repasaba lo vivido y se daba ánimos para volver.

El polo no solucionaba el problema. Tampoco hacía que los echara menos de menos.

Pero ayudaba.

Porque algunas cosas no tienen remedio inmediato.

Y un polo no arregla la vida, pero consigue que, durante un rato, todo resulte bastante más dulce.


Polos de chocolate rellenos con la galleta de chocolate Kitkat

Polos caseros de chocolate hechos sin heladera



La historia del famoso chocolate KitKat comenzó en el Reino Unido gracias a la sugerencia de un trabajador. En la década de 1930, un empleado de la confitera Rowntree's, ubicada en la ciudad de York, dejó una propuesta en el buzón de sugerencias de la fábrica: crear una chocolatina económica y fácil de transportar que un obrero pudiera llevar en la fiambrera para tomar durante el descanso del trabajo.

A partir de aquella idea, la empresa lanzó el producto al mercado el 29 de agosto de 1935 con el nombre de Rowntree's Chocolate Crisp. La presentación original consistía en cuatro barquillos crujientes cubiertos por una capa de chocolate con leche. Dos años más tarde, en 1937, la compañía rebautizó el dulce como KitKat Chocolate Crisp para lograr una marca más comercial y memorable. La denominación «KitKat» procedía indirectamente de un club político y literario del siglo XVIII londinense llamado Kit-Cat Club, cuyas tertulias se celebraban en la pastelería de Christopher Catling, apodado Kit Cat.

Durante la Segunda Guerra Mundial, la escasez derivada del racionamiento de alimentos forzó una transformación drástica. Entre 1942 y 1947, la falta de leche obligó a Rowntree's a modificar la receta original y utilizar chocolate negro. Para advertir a los consumidores de esta alteración temporal y evitar equívocos, la marca sustituyó su característico envoltorio rojo por uno de color azul. Una vez concluido el conflicto y restablecido el suministro habitual, el dulce recuperó tanto su fórmula con chocolate con leche como su emblemático color rojo corporativo.

El despegue definitivo de la marca en la cultura popular llegó en 1957 con el estreno de su célebre eslogan: «Have a break… have a KitKat». Esta campaña transformó la percepción del producto, asociando la chocolatina no solo con un bocado dulce, sino con el ritual cotidiano de hacer una pausa en mitad de la jornada laboral o escolar.

La expansión internacional dio un giro en 1988, cuando la multinacional suiza Nestlé adquirió Rowntree's. A partir de entonces, Nestlé asumió la distribución global del producto en casi todo el mundo, con la excepción de Estados Unidos. En el mercado estadounidense, los derechos de producción pertenecían a The Hershey Company en virtud de un acuerdo de licencia previo firmado en 1970, el cual sigue vigente en la actualidad.

Con el cambio de milenio, la marca protagonizó un fenómeno cultural masivo e insólito en Japón. La pronunciación del nombre en japonés, Kitto Katsu, guarda un gran parecido fonético con la expresión «seguro que ganarás» o «triunfarás sin falta». Gracias a esta coincidencia, la chocolatina se convirtió en un amuleto de buena suerte que familiares y amigos regalan a los estudiantes ante los exámenes de acceso. Para capitalizar este furor, Nestlé desarrolló cientos de ediciones exclusivas para el mercado nipón: desde té verde matcha y sake hasta variantes tan singulares como el wasabi o el melón. Hoy en día, el dulce se comercializa en más de ochenta países y figura entre los aperitivos más reconocibles del planeta.

Supongo que has visto en infinidad de películas o series cómo «ahogan» las penas sus protagonistas; sí, con helado. Lo habitual suele ser abrazarse a una tarrina gigante, pero en esta ocasión me apetecía preparar polos caseros. Polos de chocolate con KitKat: nada de tarrinas, aunque el antojo se me quitó exactamente igual.


Actualizado 2026.


Polos de chocolate y Kitkat


Ingredientes para 6 polos:
  • 20 g de chocolate
  • 50 g de miel o azúcar invertido
  • 7 g de fécula de maíz
  • 8 g de cacao puro en polvo sin azúcar
  • 300 ml de leche 
  • 7 g de queso crema
  • 6 mini galletas Kitkat
Elaboración:
  1. Diluye la Maizena con la leche. 
  2. Derrite el chocolate en el microondas o a baño María. 
  3. En una cacerola al fuego. Añade la leche con la Maizena, el chocolate, la miel o el azúcar invertido, el queso y el cacao. Cocina y remueve hasta espesar, siempre a fuego bajo. 
  4. Saca del fuego, y por si queda algún grumo pasa la mezcla por un colador. 
  5. Vierte el líquido en los moldes.
  6. Añade los mini Kitkat en los moldes, si quieres usar la hendidura de la galleta para poner el palito de madera, como se ve en la foto, pero si no puedes por el tipo de molde o no te gusta, puedes colocarlo de la manera tradicional. 
  7. Llevar el molde con las galletas al congelador.
  8. Para desmoldar simplemente sumerge los moldes en agua templada y así saldrán con más facilidad.

Elaboración de los polos de chocolate con kitkat minis

Preguntas frecuentes

¿Cómo se pone el KitKat como palito del polo?

La hendidura natural del KitKat mini es perfecta para encajar el palito de madera. Simplemente inserta el palo de madera en esa ranura antes de meter el molde en el congelador. Si tu molde no permite esa disposición o prefieres la presentación tradicional, puedes colocar la galleta KitKat verticalmente en el centro del polo — queda igual de crujiente y el contraste de texturas es el mismo.

¿Se puede hacer sin molde de polos?

Sí. Puedes usar vasitos de yogur pequeños, cubiteras de silicona o cualquier recipiente que aguante el congelador. Para los vasitos de yogur, cubre la parte superior con papel de aluminio y haz un pequeño corte en el centro para insertar el palito — así se mantiene vertical mientras se congela.

¿Por qué se usa queso crema en la mezcla de chocolate?

El queso crema aporta cremosidad y evita que el polo quede demasiado duro al congelarse. La grasa del queso interfiere con la formación de cristales de hielo grandes, dando una textura más suave y agradable al morder. Es el mismo principio por el que muchas recetas de helado casero usan nata o queso — sin esa grasa el resultado es más hielo que helado.



Polos de chocolate hechos en molde con galleta kitkat dentro


Relato y fotografías de @catypol - Circus day.

Tarta de chocolate

Cada día salía de casa para dar un paseo por el barrio. Me gustaba caminar sin prisa: saludar a Grace, que tenía una pequeña tienda en una de las calles tranquilas de River North; esquivar a los chicos que salían de clase; ayudar al señor Henry, demasiado sordo y casi ciego para cruzar la calle solo, y sentarme un rato en el Riverwalk a contemplar el río Chicago.

Después me dirigía a The Little Corner, un pequeño café y pastelería escondido entre edificios antiguos y modernos. Por las mañanas se llenaba de gente con prisas por un café y algo dulce antes de empezar la jornada; por la tarde, en cambio, se volvía un rincón sosegado y acogedor, perfecto para quienes buscábamos una pausa antes de volver a casa. Allí me esperaba Claire: menuda, risueña y con unos ojos que cortaban la respiración a cualquiera que se detuviera a mirarla. Siempre regalaba una sonrisa, incluso a quienes iban demasiado rápido como para devolverle el saludo.

Y allí estaba yo, sentado junto a la ventana, viendo el ajetreo ajeno y aliviado de no formar parte de esa vorágine, cuando apareció ella con su magia habitual. Llevaba algo entre las manos, cubierto por un paño delicado. Me miró con picardía.

—I'll give you some if you can guess what it is… —siempre conseguía hacerme sonreír.

—¡Mmm! ¿Una calabaza? —pregunté divertido.

—Nope! —negó ella.

—¿Le has quitado el sombrero al señor Henry? —bromeé.

—No way! —exclamó entre risas.

—De acuerdo, me rindo —dije al fin.

—Oh, come on! Chocolate cake for you! —anunció al retirar la tela.

Debajo apareció una tarta de chocolate espléndida, tan dulce como su mirada y tan perfecta como solo ella sabía prepararla. Si alguna vez visitas Chicago, búscala, déjate envolver por su magia y déjate mirar por sus ojos. Siempre sabrá cómo sorprenderte.


Tarta de chocolate de dos pisos con ganache de chocolate negro y virutas

Tarta de chocolate casera con bizcocho húmedo de dos capas



La historia de la tarta de chocolate comenzó a consolidarse en 1764, cuando el doctor James Baker y un molinero descubrieron cómo moler las habas de cacao con grandes piedras de molino mecánicas, obteniendo una pasta y un polvo de cacao más accesibles para la población. Hasta ese momento, el chocolate se consumía en Europa principalmente como bebida exclusiva de las clases altas, costumbre extendida tras la llegada del cacao americano a España. Pese a este avance, la repostería tardó décadas en integrar el cacao directamente en las masas horneadas, limitándose al principio a rellenos o coberturas líquidas.

Un hito fundamental para la repostería fina ocurrió en Viena en 1832, cuando el joven aprendiz Franz Sacher creó la célebre tarta Sacher (Sachertorte). Ideada para agasajar al príncipe Klemens von Metternich, consistía en un bizcocho denso de chocolate con mermelada de albaricoque y un glaseado firme de chocolate negro. Este postre causó sensación en las cortes europeas, aunque distaba del concepto de tarta casera y esponjosa que se popularizaría más adelante. El verdadero punto de inflexión técnico llegó en 1847 en los Estados Unidos, cuando la autora culinaria Eliza Leslie publicó la primera receta impresa de un pastel de chocolate en su libro The Lady's Receipt-Book. Aquella versión pionera consistía en un bizcocho claro que simplemente llevaba trozos de chocolate picado repartidos por la masa.

La evolución hacia el postre húmedo, tierno y oscuro que conocemos hoy culminó a finales del siglo XIX. En 1879, el chocolatero suizo Rodolphe Lindt inventó el proceso de conchado (agitar, calentar y airear continuamente la pasta de chocolate durante horas o días para lograr una textura suave y eliminar la acidez indeseada), un método de refinado que permitía obtener un chocolate mucho más sedoso y fácil de fundir para emulsionar con la harina y la mantequilla. 

A partir de 1886, los recetarios norteamericanos estandarizaron la adición de chocolate fundido y cacao en polvo directamente en la masa. El abaratamiento de los procesos industriales y la popularización de impulsores químicos, como el bicarbonato sódico o la levadura química, permitieron que los hogares adoptaran este dulce como el postre insignia de cumpleaños y celebraciones a partir de la década de 1890. Durante los años treinta del siglo XX, recetas emblemáticas e intensas como el pastel Devil's food ('comida del diablo') consolidaron definitivamente la identidad de este icono de la gastronomía mundial.
Tengo que decir que es mi preferida; bueno, una de ellas. Además, es perfecta para cumpleaños: el hecho de que sea de dos pisos, con una ganache untuosa que la envuelve y una decoración sencilla, la hace irresistible, ¿no crees?

Actualizada 2026.

Tarta de chocolate de dos pisos con ganache — receta de cumpleaños


2 moldes redondos de 20 cm de diámetro

Ingredientes de los bizcochos:
  • 200 g harina de repostería
  • 90 g azúcar blanco
  • 90 g azúcar moreno o panela
  • 60 g cacao en polvo sin azúcar
  • 6 g (1 cucharadita y media) levadura en polvo
  • 6 g (1 cucharadita y media) bicarbonato sódico
  • 2-3 g (1/2 cucharadita rasa) sal
  • 1 sobre de café instantáneo
  • 2 huevos grandes
  • 200 ml leche
  • 100 ml aceite suave
  • 1 cdta. y media de extracto de vainilla
  • 180 ml agua hirviendo

Elaboración:
  1. Tamiza en un bol amplio los ingredientes secos.
  2. Mezcla brevemente con las varillas de mano.
  3. Añade los ingredientes líquidos a los secos.
  4. Bate a mano hasta que no queden grumos secos.
  5. Reparte la masa a partes iguales en los dos moldes de 20 cm previamente engrasados y con papel en la base.
  6. Hornea a 175°C (calor arriba y abajo sin ventilador) durante 25-30 minutos. Comprueba con un palillo en el centro antes de retirar.

Ganache de chocolate negro para relleno y cobertura


Ingredientes
  • 300 g chocolate para postres
  • 300 ml nata para montar (35% M.G.)
  • 50 g mantequilla sin sal a temperatura ambiente

Elaboración
  1. Trocea el chocolate y colócalo en un bol amplio.
  2. Vierte la nata hirviendo sobre el chocolate troceado, remueve hasta integrar y añade la mantequilla en dados hasta que se funda.
  3. Cubre el bol con film transparente en contacto con la superficie (a piel) y déjalo en la nevera un mínimo de 4 a 6 horas (o de un día para otro) para que la grasa cristalice bien.
  4. Bate con varillas eléctricas a velocidad media durante 1 o 2 minutos.
  5. En cuanto coja cuerpo y haga picos suaves, para inmediatamente (si te pasas de batido, la grasa se puede cortar).

Una vez que los bizcochos estén fríos y hayan reposado sobre una rejilla de repostería, corta la parte superior si ha quedado algo de copete para nivelarlos. Esparce parte de la ganache sobre una de las bases; la cantidad es orientativa, pero ten en cuenta que debe sobrarte suficiente para cubrir el exterior. Coloca el otro bizcocho encima, dejando el relleno en el medio, y extiende el resto de la ganache por toda la superficie y los laterales hasta que la tarta quede cubierta por completo. Si lo deseas, decora con virutas de chocolate o con lo que prefieras. Refrigera hasta que la tengas que servir.

Si te gusta mucho el chocolate puedes disfrutar en Circus day de bizcochos, galletas y crinkles.




Preguntas frecuentes

¿Para qué sirve el café instantáneo en la tarta de chocolate?

El café no aporta sabor a café — actúa como potenciador del sabor del cacao. El chocolate y el café comparten compuestos aromáticos que se complementan y al añadir café instantáneo a la masa el sabor a chocolate se intensifica notablemente sin que el lector detecte el café. Es el truco de los mejores pasteles de chocolate profesionales.

¿Por qué la ganache necesita reposar en nevera 4-6 horas?

Porque la grasa de la nata y el chocolate necesita tiempo para cristalizar y adquirir la consistencia correcta para montar. Si intentas batirla antes de ese reposo estará demasiado líquida y no cogerá cuerpo. Con el reposo correcto basta con 1-2 minutos de batido para conseguir una ganache firme, sedosa y perfecta para cubrir la tarta.

¿Se puede hacer la tarta de chocolate en un solo molde?

Sí, aunque el resultado visual es diferente. Con un solo molde de 20 cm obtienes un bizcocho más alto que puedes partir en dos capas con un cuchillo de sierra. La ventaja de los dos moldes es que los bizcochos quedan más uniformes y no hay que cortar. En cualquier caso, espera siempre a que estén completamente fríos antes de montar la tarta para que la ganache no se funda.



Tarta de chocolate cubierta de ganache con nata para cumpleaños


Relato y fotografías @catypol - Circus day.

Embutido de higo

Buscaba dentro del cajón mis ganas de juventud y no encontraba nada que me llevara a ella. En la biblioteca de casa, llena de libros del pasado, hallaba el saber de otros y viajaba a través de su imaginación, pero tampoco la encontré. Lo sé, te preguntarás por qué buscaba algo que se supone que se lleva dentro. La juventud no es una etapa que empieza y termina en unas fechas concretas: es un estado sin cifra ni caducidad. «¡Hasta que el cuerpo aguante!», exclaman unos; otros, resignados, ya no creen en esas milongas.

María me relataba cómo se había hecho fuerte y cómo hay que seguir mirando siempre hacia adelante. Pero la juventud… a ratos se le asomaba a los ojos, a los gestos, a las palabras. Y esos instantes eran justo lo que yo perseguía.

—¿Cuál es tu comida preferida? —le pregunté.

—¡Mmm! Un poco de pan, aceite de oliva del bueno y tres higos secos —me respondió.

—¿De verdad? —inquirí asombrada.

Ella se rio.

—¡Pues claro! Puede que creas que debería decir otro manjar, pero ese es mi secreto. Es lo que me sienta bien, lo que me hace feliz cuando lo como. No es el elixir de la eterna juventud ni espero que me lleve a vivir cien años… pero, cada vez que lo tomo, me siento en paz. Y eso, al fin y al cabo, también forma parte de mantenerse joven, ¿no crees? —remató, dejándome con la boca abierta.


Embutido de higos secos mallorquín

Embutido de higos secos receta mediterránea


El pan de higo y el embutido de higos secos tienen su origen en la necesidad milenaria de conservar los excedentes de las cosechas otoñales en la cuenca del Mediterráneo. Las civilizaciones de la Antigüedad —como la egipcia, la griega y la romana— ya consumían higos secos de forma habitual gracias a su alto valor energético, su resistencia al paso del tiempo y su facilidad de transporte para soldados y campesinos. Durante la Hispania romana, estos frutos se prensaban y se mezclaban con especias o hierbas aromáticas para crear masas compactas que servían de sustento básico durante los duros inviernos.

La receta tradicional del pan de higo se consolidó en la península ibérica gracias a la influencia de la gastronomía andalusí durante la Edad Media. En al-Ándalus se perfeccionaron las técnicas de secado al sol y se introdujeron ingredientes clave como almendras, nueces, ajonjolí, clavo, canela y anís. Esta mezcla no solo enriquecía el sabor, sino que actuaba como un conservante natural que evitaba la proliferación de microorganismos. Las comunidades rurales de regiones como Andalucía, Extremadura, Murcia y la Comunidad Valenciana adoptaron esta preparación como un recurso indispensable frente a la escasez.

La variante conocida como embutido de higos secos surgió de la imitación visual de las chacinas tradicionales de la matanza. Los campesinos con menos recursos idearon este dulce picando los higos secos con frutos secos, especias y un toque de licor (generalmente aguardiente o anís). Posteriormente, introducían esta masa compacta en tripas vegetales o lienzos de tela, atándolos fuertemente con hilo para prensar el contenido y darle la forma cilíndrica de un salchichón o un chorizo. Esto permitía cortar el dulce en rodajas finas, recreando el consumo de un embutido curado.

A lo largo de los siglos, este alimento pasó de ser un recurso de subsistencia a convertirse en un dulce tradicional muy ligado a la Navidad y a las tareas agrícolas. Su elaboración se realizaba de manera colectiva en los hogares al término de la recolección de la higuera: se empleaban moldes de madera o paños de tela para prensar enérgicamente la masa, expulsando el aire para asegurar una conservación óptima que se prolongaba durante meses.

En la actualidad, tanto el pan de higo como el embutido de higos secos han dejado atrás su perfil de mera supervivencia para revalorizarse en la gastronomía contemporánea. La combinación clásica de higo y almendra se considera hoy una auténtica exquisitez artesanal, apreciada por su origen natural y la ausencia de azúcares añadidos. Además, su consumo ha saltado del ámbito estrictamente dulce al maridaje salado, convirtiéndose en el acompañamiento predilecto de tablas de quesos curados, patés y chacinas ibéricas.

Decía María Zannia sobre los higos en Grecia: «Desde la Antigüedad, los higos caseros se esparcían sobre las tejas de las casas y se secaban al sol para poder disfrutar de su sabor y sus propiedades durante todo el año».

Yo crecí entre cañizos repletos de higos a finales de verano, puestos a secar para conservarlos y disfrutarlos —como María en Grecia— durante el resto del año. Es una delicia que los mediterráneos gozamos tanto al preparar como al degustar. Aquí los higos secos acompañan infinidad de platos o son el ingrediente principal. Son los favoritos de mi madre y, en su momento, también lo fueron míos.

Esta receta es muy similar a la del pan de higo, solo que, en lugar de presentarse con la forma alargada de un embutido, se moldea redonda como una hogaza de pan.

Actualizada 2026.


Embutido de higos secos



Ingredientes:
  • 500 g de higos secos (sin harinas)
  • 80 g de almendras peladas, tostadas y picadas en trozos.
  • 1 cdta. de sésamo
  • 1/2 cdta. de canela
  • 1/2 cdta. de nuez moscada
  • 1/2 cdta. de pimentón ahumado
  • 1/2 cdta. de pimentón picante
  • 1 pizca de clavo molido
  • 2 cdas. Moscatel
  • Harina tamizada
En Thermomix:
  1. Primero corta a trocitos los higos secos a cuchillo (yo lo probé sin cortar y la Thermomix no los trituró, así que los corté en trocitos pequeños y no hubo problema). 
  2. Pon los trocitos en la Thermomix junto con las especias y el moscatel. 
  3. Tritura velocidad 10. 
  4. Saca y pon la masa en un cuenco.
  5. Añade las almendras picadas y el sésamo, y amasa.
  6. Echa la harina suficiente en una superficie limpia. 
  7. Coge una bola de masa para enrollarla sobre la fécula.
  8. Quita el exceso de fécula y ponla sobre film transparente.
  9. Haz un cilindro con la masa y envuelve con el film dándole forma de embutido.
  10. Retuerce los extremos del film, para cerrarlo, termina con un hilo en cada extremo para asegurar que no se abra. 
  11. Deja en el frigorífico mínimo toda la noche o hasta el momento de servir. 

Elaboración tradicional:
  1. Corta los higos en trozos medianos retirando el pezón duro. 
  2. Colócalos en el vaso de una picadora o procesador de alimentos junto con las especias y el Moscatel. 
  3. Procesa a pulsos cortos hasta obtener una pasta densa y maleable.
  4. Pasa la pasta de higos a un cuenco grande. 
  5. Añade las almendras picadas y el sésamo. 
  6. Amasa con las manos ligeramente húmedas durante 1-2 minutos para que los frutos secos se distribuyan de forma homogénea.
  7. Espolvorea un poco de harina o fécula sobre la mesa de trabajo. 
  8. Divide la masa en una o dos porciones, haz rodar cada porción sobre la superficie para formar un cilindro compacto (tipo salchichón) y sacude el exceso de polvo blanco superficial.
  9. Coloca el cilindro sobre film transparente, enrolla apretando bien para eliminar bolsas de aire y gira los extremos como un caramelo. 
  10. Ata las puntas con hilo de cocina para mantener la presión y refrigera durante al menos 12 horas antes de cortar en rodajas finas.

Notas: 
Es una delicia si se acompaña de queso curado de oveja o cabra o queso azul.


Embutido de higos secos con almendras


Preguntas frecuentes

¿Cuánto tiempo se conserva el embutido de higos?

En la nevera perfectamente 3-4 semanas bien envuelto en film transparente. Si hace frío también aguanta a temperatura ambiente durante días, como cualquier fruta seca. Es un dulce de conservación natural gracias al azúcar propio del higo y a las especias que actúan como conservantes — exactamente como lo hacían las civilizaciones mediterráneas de la Antigüedad.

¿Se puede hacer sin Thermomix?

Sí — la receta incluye la elaboración tradicional completa. Un procesador de alimentos o una picadora potente funcionan perfectamente. La clave es cortar los higos en trozos pequeños antes de triturarlos para que la máquina no se fuerce. Si no tienes ningún aparato, puedes picarlos finamente a cuchillo y amasar a mano — el resultado es algo más rústico pero igualmente delicioso.

¿Con qué se sirve mejor el embutido de higos?

Cortado en rodajas finas como un embutido y acompañado de queso curado de oveja o cabra, queso azul o queso de Mahón. También marida perfectamente con foie gras, paté o una tabla de embutidos ibéricos. En Navidad es una alternativa artesanal y sin azúcar añadido al turrón convencional que sorprende siempre a los invitados.


Embutido de higos secos con quesos

Relato y fotografía @catypol - Circus day

Tarta de limón sin horno

Ir a casa de la abuela siempre me gustó. Ese era mi lugar favorito en el mundo. Claro que a la abuela solo la veíamos cuando mamá tenía vacaciones. Eso solía ser justo antes de que empezara la escuela, cuando los limones estaban en su mejor momento.

La abuela los llamaba primofiore y a mí me daba la risa, porque siempre lo decía con aire de condesa italiana, aunque tenía acento de Cuenca.

—Los primofiore son los primeros limones, los buenos —me explicaba, señalando su árbol como quien muestra una reliquia sagrada.

Yo no sabía nada de limones, pero sí sabía que con esos hacía la tarta de limón «más mejor» del mundo. Así lo decía yo. Con dos «más» y la boca ya salivando. Nunca sobraba. Y por mucho que le suplicara a mamá que se llevara limones y me hiciera una igual en casa, no había manera.

—No es la misma cocina —decía ella.

—No es la misma cocinera —decía yo.

Y entonces sonreía y zanjaba la conversación con su arma favorita:

—Pues aprende tú, que la abuela seguro te deja el secreto.

El problema es que, cuando por fin crecí, ya no había limonero. El campo se había convertido en una urbanización con nombres exóticos: Residencial Costa de Oro, Jardines de Capri... La casa de la abuela se había ido con ella.

Ahora, cada vez que veo limones, la recuerdo. Dicen que eso es nostalgia. Yo también lo digo, pero de la buena. De la que no aprieta el pecho, sino que te hace sonreír con los ojos. Y, sin pensarlo, sonrío. Y en mi lengua, lo juro, vuelve a aparecer ese sabor ácido y dulce: el de los primofiore de la abuela. El de la tarta «más mejor» del mundo.

Lemon pie sin horno con merengue

Tarta de limón con merengue y sin horno



La tarta de limón actual nació en el siglo XIX en la repostería de Estados Unidos, aunque sus raíces directas provienen de las técnicas culinarias europeas.

El ingrediente central de este postre es la crema de limón o lemon curd, creada originalmente en Inglaterra por comunidades protestantes y cuáqueras durante el siglo XVIII. En esa época, los colonos británicos llevaron la receta a América del Norte. Las primeras versiones consistían simplemente en una base de masa quebrada rellena con esta natilla horneada, simulando la consistencia de un flan o pudín, pero carecían por completo de la cubierta esponjosa debido a la escasez y al alto coste del azúcar y de los huevos.

La evolución definitiva hacia el clásico pastel de limón con merengue ocurrió en Filadelfia en 1806 gracias a Elizabeth Goodfellow, una cocinera estadounidense que dirigió la primera escuela de pastelería de ese país. La receta estrella de Goodfellow requería una gran cantidad de yemas de huevo para lograr la consistencia cremosa del relleno. Para evitar el desperdicio de ingredientes, decidió batir las claras sobrantes con azúcar y colocarlas sobre el pastel, horneándolo ligeramente. Su alumna Eliza Leslie documentó y publicó estas instrucciones culinarias en las décadas posteriores, expandiendo la popularidad del plato por todo el territorio norteamericano.

A mediados del siglo XIX, el término lemon cream pie ya se había consolidado, y para el año 1869 se registró formalmente por primera vez el nombre moderno de lemon meringue pie. Paralelamente, en Europa se desarrollaron variantes regionales sofisticadas como la tarte au citron en Francia. Más adelante, en los años treinta del siglo XX, surgieron adaptaciones comerciales en Florida que dieron origen al Key lime pie, utilizando leche condensada y limas locales. Hoy en día, esta tarta está considerada uno de los postres más internacionales y versionados de la gastronomía mundial.

Esta es, de todas las tartas, mi preferida, la clásica y esta versión que no necesita horno. Cada etapa de mi vida era diferente pero durante muuuucho tiempo siempre era de chocolate, siempre iba y venía y volvía al chocolate pero desde hace un tiempo el chocolate me empalaga y el limón me enamora, y el pie o tarta de limón está ya en mi corazón, ayer fue mi cumple y la tarta fue de limón. 

Actualizada 2026.


Tarta de limón sin horno


Ingredientes
  • 300 g de galleta tipo 'Digestive'
  • 130 g de mantequilla fundida
  • La ralladura de 1 limón
  • 150 g de queso de untar
  • 100 ml de nata para montar (35% MG)
  • El zumo de 2 limones
  • La ralladura de 1 limón
  • 150 g de azúcar
  • 1 sobre de gelatina neutra
  • 150 ml de agua
  • Molde de pie de 20 cm.

La base de la tarta:
  1. Tritura las galletas y cuando tengan un aspecto arenoso, añade la mantequilla fundida y la ralladura de 1 limón.
  2. Cuando todos los ingredientes estén bien mezclados, forma la base en un molde, (preferiblemente desmontable). 
  3. Aprieta bien la mezcla de galletas trituradas para que quede muy compacta y sea firme. 
  4. Reserva en la nevera.

La gelatina:
  1. En un cazo, pon a cocer el agua y cuando hierva retira del fuego y echa la gelatina. 
  2. Remueve bien hasta que se disuelva y reserva.

El relleno:
  1. En otro bol o recipiente para batir, echa la ralladura y el zumo de los limones, la nata, el queso de untar, el azúcar y la gelatina ya preparada. 
  2. Bátelo todo bien hasta obtener una mezcla homogénea.

Monta la tarta:
  1. Echa la mezcla sobre la base de galletas y déjalo cuajar todo en la nevera durante al menos 4 horas. 
  2. Si puedes dejarla reposar toda la noche o incluso un día entero, quedará perfecta.
  3. Decora con nata montada o merengue o con frutilla.

Tarta de limón sin horno y fría


Preguntas frecuentes

¿Se puede decorar con merengue sin soplete?

Sí. Si no tienes soplete puedes introducir la tarta decorada con merengue en el horno con el grill encendido al máximo durante 2-3 minutos vigilando constantemente. El merengue se dorará rápidamente — en cuanto veas los picos ligeramente tostados, sácala inmediatamente. También puedes servirla sin dorar — el merengue blanco queda igualmente elegante y el sabor es el mismo.

¿Se puede sustituir la gelatina por agar-agar?

Sí, aunque las proporciones cambian — el agar-agar cuaja más fuerte que la gelatina neutra. Usa la mitad de la cantidad indicada para gelatina y disuélvelo hirviendo en el agua antes de añadirlo al relleno. El agar-agar además cuaja a temperatura ambiente, a diferencia de la gelatina que necesita frío.

¿Cuánto tiempo aguanta la tarta de limón en la nevera?

Perfectamente 3-4 días bien tapada con film transparente. El merengue puede perder algo de textura a partir del segundo día — si quieres que esté perfecta, decórala con el merengue justo antes de servir y guarda la tarta sin él en la nevera. La base y el relleno aguantan sin problema.


Relato y fotografías @catypol - Circus day.

Pijama postre

Para desconcierto de los feligreses de la plaza de San Pedro, la fumata blanca que salía de la chimenea de la Capilla Sixtina anunciaba un nuevo papa. El problema era simple: el papa seguía siendo el mismo desde hacía ocho años. No había sede vacante. No había fallecimiento. No había renuncia. Nada.

En el interior del Palacio Apostólico, el caos no era ruidoso, pero sí anormal. Siempre había demasiada tranquilidad dentro, incluso cuando se conspiraba.

El cardenal secretario entró casi corriendo en la sala de coordinación.

—¿Quién ha autorizado la fumata blanca?

Silencio. Un técnico levantó la mano lentamente.

—No era fumata… Era una prueba de presión del sistema de ventilación.

—¿Una prueba de qué?

—De ventilación. De rutina. Se suponía que salía humo «neutro».

El cardenal Rossi cerró los ojos.

—Nada que salga por esa chimenea es «neutro».

En la plaza, la expectación crecía. Dentro, el intento de control de daños, también.

—Bien —dijo el cardenal decano con voz cansada—. O aclaramos esto en cinco minutos o tendremos que explicar por qué hemos anunciado un papa que ya está tomando café en pijama en sus aposentos.

En ese instante, entró el papa en cuestión.

—¿Por qué hay gente gritando fuera?

El cardenal secretario suspiró.

—Por la fumata blanca.

El papa frunció el ceño.

—¿Perdón? ¿La qué?

El cardenal secretario tragó saliva.

—La fumata blanca… Santidad.

—Ah —dijo el papa, mirando hacia la ventana—. ¿Ya han elegido a alguien?

El cardenal Rossi dejó escapar una risa ahogada entre carraspeos.

—Ha sido un error técnico.

El papa asintió lentamente.

—Entonces… ¿la gente está celebrando un error técnico?

El papa suspiró.

—Perfecto. Salgo yo a aclararlo.

Y mientras se dirigía a la puerta, añadió sin detenerse:

—Que alguien apague el humo antes de que me elijan a mí sin consultarme.

Pijama postre español de los 80

Pijama postre español de bodas



Durante la década de los cincuenta, los oficiales y marineros de la Sexta Flota de los Estados Unidos frecuentaban el puerto de Barcelona y solían comer en el restaurante de Paco Parellada. En una de estas visitas, un militar norteamericano pidió de postre un clásico de la gastronomía francesa llamado pêche Melba, una elaboración creada por el chef Auguste Escoffier que combinaba melocotón, salsa de frambuesa y helado de vainilla.

El encargado del establecimiento, Paco Parellada, no dominaba el inglés ni la fonética de los clientes extranjeros. Al escuchar la petición de pêche Melba pronunciada con un fuerte acento estadounidense, Parellada entendió la palabra «pijama». Sin dudarlo, transmitió la comanda a la cocina utilizando ese curioso nombre.

La cocina del restaurante no disponía de los ingredientes exactos de la receta francesa original, por lo que improvisaron una interpretación propia con los productos locales que tenían a mano. Decidieron servir en un plato combinado una base de flan de huevo, melocotón en almíbar, piña, helado de vainilla y una generosa porción de nata montada coronada con una guinda. El resultado fue un postre sumamente contundente que fascinó a los comensales.

A partir de esa divertida confusión, el pijama se consolidó en la carta fija del establecimiento. Su popularidad se extendió de forma masiva por Cataluña, la Comunidad Valenciana y el resto de España, alcanzando su máximo apogeo durante los años setenta y ochenta. Se convirtió en el rey indiscutible de los menús de fin de semana, bautizos, bodas y cenas de Navidad en los restaurantes de barrio y casas de comidas de todo el país. Hoy en día está considerado el máximo exponente de la repostería clásica o «viejuna» española.

A lo largo del tiempo, cada cual lo ha personalizado añadiendo algún que otro ingrediente. Yo me he limitado a preparar la versión que conozco, la que nos servían en las bodas, ya que fue en esas celebraciones donde lo descubrí. Verano es tiempo de bodas y aunque ya no se sirven pijamas en Circus day lo recordamos.


Pijama postre español — la receta del postre de bodas de los 80


Ingredientes:
  • Melocotón en almíbar
  • Piña natural o en almíbar
  • Guindas confitadas
  • Nata montada
  • Flan de huevo (receta abajo)
  • Helado de vainilla (receta abajo)
  • Para decorar (barquillos, galletas, virutas de colores o de chocolate...)

Elaboración:
  1. Puedes comprar el flan de huevo y el helado que más te guste o hacer las recetas escritas abajo.
  2. Coloca en un plato de postre, el flan de huevo, el melocotón y piña, una o dos bolas de helado de vainilla y corónalo con nata montada y cerezas.
  3. Decóralo con virutas de colores o de chocolate, con barquillos o como la imaginación te diga.


Helado de vainilla para pijama


Helado de vainilla sin heladera


Ingredientes
  • 300 ml de nata para montar (35% M.G.)
  • 300 ml de leche entera
  • 1 cdta. de pasta de vainilla
  • 80 g de azúcar
  • 4 yemas de huevos

Elaboración
  1. En un cazo calienta la leche, la vainilla, las yemas de huevo y el azúcar.
  2. Mientras se calienta, bate sin parar para disolver el azúcar y evitar que se cuaje el huevo.
  3. Calienta la mezcla sin que llegue a hervir en ningún momento.
  4. Cuando ves que aparecen burbujitas en la superficie retira del fuego y pasa la mezcla a un bol.
  5. Añade la nata y mezcla bien hasta incorporar.
  6. Vierte la crema del helado en un recipiente con tapa y guarda en el congelador.
  7. A partir de este momento, cada 30 o 45 minutos tienes que retirar el helado del congelador.
  8. Bate bien para romper los cristales de hielo que pudieran formarse y guárdalo de nuevo.
  9. Repite esta operación 3 o 4 veces.
  10. Para servir el helado, retíralo del congelador 10 minutos antes para que se ablande un poco y poder servirlo bien.

Flan de huevo casero


Flan de huevo casero con caramelo


Ingredientes
  • 500 ml de leche entera
  • 125 g de azúcar
  • 3 huevo
  • 1 piel de limón
  • 1 canela en rama

Caramelo:
  • 100 g de azúcar
  • 40 g de agua
  • 10 g de zumo de limón
  • 30 g de agua para el final

Elaboración caramelo:
  1. Junta en un cazo el azúcar, los 40 gramos de agua y el zumo de limón y pon a calentar. No remuevas ni toques la mezcla.
  2. Dejar hervir. Con el tiempo irá cogiendo color cada vez más tostado. Cuanto más oscuro, más tostado sabrá.
  3. Cuando llegue al color que deseas, vierte los otros 30 gramos de agua, reservados hervidos en otro cazo o en el microondas, que esté en punto de ebullición cuando lo añadas a la mezcla del caramelo.
  4. Remueve el cazo —sin varillas— para integrar todo y deja que se enfríe fuera del fuego.

Elaboración flan:
  1. Calienta la leche con la piel de limón y la canela en rama.
  2. Cuando arranque a hervir retira del fuego y deja que infusione al tiempo que enfría durante 30 minutos. Mezcla los huevos con el azúcar, removiendo con suavidad y sin batir.
  3. Incorpora la leche y remueve suavemente hasta que el azúcar se haya disuelto.
  4. Pasa la mezcla por un colador fino.
  5. Cubre la base de las flaneras con una fina capa de caramelo líquido.
  6. Rellena con la mezcla, con cuidado y lentamente para no incorporar aire, y colócalas en una fuente de horno.
  7. Llena la fuente con un dedo de agua e introdúcelas en el horno, precalentado con calor arriba y abajo, a 180 ºC.
  8. Cuece durante 25-30 minutos o hasta que, al introducir una aguja en el flan, esta salga limpia.
  9. Retira los moldes del horno.
  10. Espera a que se atemperen antes de pasarlos a la nevera y deja que reposen durante 24 horas.
Otro clásico en las bodas era el cóctel de gambas, así empezaba la fiesta. En Mallorca también clásico en las bodas era (y es en alguna) la lechona.

Pijama famoso postre español

Preguntas frecuentes

¿Cuál es el origen del nombre "pijama" para este postre?

El nombre nació de una confusión lingüística en Barcelona durante los años cincuenta. El marinero americano pidió un *pêche Melba* — el clásico postre francés de Escoffier — y Paco Parellada, el encargado del restaurante, entendió "pijama" por el acento norteamericano. La cocina improvisó con lo que tenía y así nació el postre más español de todos, con nombre accidental incluido.

¿Se puede hacer el helado de vainilla sin heladera?

Sí — y es exactamente como está hecha esta receta. El truco es sacarlo del congelador cada 30-45 minutos durante las primeras 3-4 horas y batirlo bien para romper los cristales de hielo que se forman. Con 3 o 4 batidos queda cremoso y sin cristales. A partir de ese momento ya puedes dejarlo congelar sin intervenir.

¿Se puede usar flan de sobre en lugar de flan casero?

Sí, la propia receta lo indica como opción. El pijama original de restaurante se hacía con productos industriales — flan de sobre, helado comercial y fruta en almíbar de bote. Esa es parte de su esencia popular y sin pretensiones. La versión casera con flan de huevo y helado artesano es más elaborada pero igualmente válida.



Octava reunión de cocineros blogueros

Es un gustazo cuando nos reunimos los blogueros cocineros mallorquines (no estamos todos pero si muchos de ellos), a veces la nostalgia nos puede y recordamos postres o platos de nuestro pasado, los más jovenes igual no tanto pero los mayores si, jeje, es inevitable. 
Me recuerda a un bodorrio casi tanto como para celebrar un viva los novios, hablar de eso me llevó a recordar el pijama que yo solo comía en bodas, seguro que tú también lo recuerdas. 



Relato y fotografías @catypol - Circus day.


Tarta de chocolate sin horno

Un sábado por la mañana, cuando la casa todavía está tranquila y todos duermen, me gusta levantarme y pasearme en ese silencio. Escucho al señor gorrión saludarme, a las perras desperezarse e, incluso, si me esfuerzo, puedo llegar a oír a un vecino corriendo.

El ruido del reloj, poco a poco, me devuelve a la realidad del paso del tiempo y, de pronto, todo empieza a funcionar: los grifos del baño, los dibujos en la tele, los chillidos de «¡Buenos días!», las patitas de las perras sobre el parqué, la cafetera, la tostadora y el sonido de mi voz:

—Suena el timbre (¡Riiiin, riiiin, riiiin!) —repito—. ¿Alguien puede abriiiir? ¡Llaman a la puertaaa!

Al final, tengo que abrir yo. Me miro el pijama (menos mal que no está manchado), me recojo el pelo, me froto la cara para espabilarme y abro la puerta. En el umbral hay un señor. No sería nada extraño si no fuera porque va vestido con un esmoquin. Mi cara debe de ser un poema, pues el señor me sonríe y me pide un café. Es entonces cuando me acuerdo de mi madre, que solía decirme: «No hables con desconocidos».

¡En fin! Ese día debía de estar aventurera, así que lo dejé pasar. De repente, parecía que había vuelto el silencio de cuando me acababa de levantar: todo enmudeció; todo se centró en ese extraño que había dejado entrar en casa y que, tan elegantemente, se dirigía a la mesa del desayuno.

—¡Buenos días, familia! ¿Qué tal habéis dormido? ¿Habéis tenido dulces sueños? —preguntó y se sentó.

El estupor general era tan evidente que tuve que animar a todos a sentarse a la mesa. Y, como si fuera uno más, empezaron los interrogatorios, más ruido, platos y tazas, las perras… y todo volvió a la normalidad. Incluso hubo risas y armonía. Al despedirse, nos dejó un regalo: una tarta que haría que esa mañana fuese recordada no porque tuviéramos un extraño en la mesa, sino por la elegancia de su esmoquin y por el sabor de la tarta.

Tarta de chocolate negro sin horno estilo tuxedo

Tarta fría de chocolate estilo tuxedo


A veces, la decoración de una tarta —aunque sea la más sencilla del mundo— es lo que arranca los «¡ooh!» de los comensales, ¿no crees? Igual que cuando nos vestimos de fiesta.

Por ejemplo, con esta tarta. Claro que puedes presentarla sin nada encima, pero si quieres conseguir ese «¡oh!» de admiración, entonces vístela de etiqueta.

Tuxedo: la traducción de esta palabra inglesa es esmoquin, el traje que suelen vestir los hombres para los eventos más elegantes.

Mi versión es una tarta fría y sin horno. Elegante y vestida para una ocasión especial… o no. Para mí, cualquier reunión con mi tribu ya es especial, y a mi tribu le chifla esta combinación. Supersencilla y decorada para sacarte una sonrisa.

Te recomiendo que no te saltes el paso de disolver la maicena o el arrurruz en frío, o de lo contrario te quedará un pegote al calentarlo. Y si quieres que, aun sin decoración, te feliciten por el resultado, procura que el chocolate sea del bueno, bueno. No te arrepentirás.

Actualizada 2026.



Tarta fría de chocolate sin horno Tuxedo

La base:
  • 154 g (1 paquete) de galletas tipo Oreo relleno incluido 
  • 75 g de mantequilla fundida
  • Molde cuadrado desmontable de 17 × 17 cm (8 cm de altura)

La crema:
  • 600 ml de nata para montar (38 % de materia grasa)
  • 50 g de almidón de maíz o arrurruz
  • 80 g de azúcar (si te gusta muchísimo el dulce llega hasta 100 gramos)
  • 75 ml leche 
  • 200 g de chocolate negro troceado
  • 30 g de mantequilla
  • 1/2 cdta. de sal

Decoración (opcional):
  • Chocolate blanco para fundir

Elaboración:
  1. Pon las galletas (galleta y relleno) en una picadora y tritúralas hasta que queden reducidas a polvo.
  2. Añade la mantequilla fundida y mezcla hasta que los ingredientes queden bien integrados.
  3. Cubre el molde desmontable con papel de horno. Agrega la mezcla de galletas y mantequilla y extiéndela bien por toda la base presionando. 
  4. Reserva en el congelador.
  5. En un vaso bate la maicena o arrurruz con la leche. 
  6. Pon en un cazo la nata, el azúcar, la leche y la mezcla de maicena o arrurruz disuelta. 
  7. Remueve y calienta a fuego medio hasta que espese.
  8. Retira del fuego, añade el chocolate y remueve hasta que se derrita. 
  9. Añade la mantequilla y la sal. Remueve.
  10. Saca la base del congelador y vierte la mezcla dentro.
  11. Introduce el molde en el frigorífico y deja enfriar hasta que esté bien cuajada (4 horas o toda la noche).
Decoración:
  1. Decora con chocolate blanco como si fuera un tuxedo (esmoquin). 
  2. Para ello, yo lo hago de la siguiente manera: preparo una bandeja que quepa en el frigorífico y la cubro con papel de hornear. 
  3. Una vez que el chocolate blanco está derretido, lo introduzco en una manga pastelera, corto un agujerito en la punta de la manga y, directamente sobre el papel, trazo la decoración que ves en la foto. 
  4. Al terminar, llevo la bandeja a la nevera para que el chocolate solidifique. 
  5. Finalmente, cuando el pastel ya está bien frío, coloco las piezas encima para decorarlo.
Notas
  • También puedes preparar versiones individuales en moldes pequeños, cajitas o recipientes.
  • Si te gusta que la base de la tarta sea más gruesa, añade más galletas y mantequilla.
  • Por supuesto puedes usar otro molde, no tiene que ser cuadrado.

Si te gusta mucho el chocolate en Circus day lo tenemos en polos, a la taza, y en brownie además de otras recetas que puedes encontrar en tickets.




Preguntas frecuentes

¿Se puede hacer sin molde de aro?

Sí. Puedes preparar la tarta directamente en vasitos de cristal individuales o en copas de postre, montando las capas igual. Queda una presentación muy elegante y te ahorras el desmolde. También funciona un molde redondo normal forrado con film transparente para facilitar el desmoldado.

¿Cuánto tiempo necesita en la nevera para cuajar bien?

Un mínimo de 4 horas, aunque lo ideal es dejarla toda la noche. Al día siguiente la textura es perfecta — las capas están bien asentadas y el sabor de la cobertura de chocolate blanco se integra completamente con la crema negra.

¿Se puede congelar la tarta de chocolate sin horno?

Sí, aguanta perfectamente en el congelador hasta un mes. Descongélala en la nevera durante la noche anterior — nunca a temperatura ambiente porque la condensación arruina la cobertura. Una vez descongelada tiene exactamente la misma textura que recién hecha.



tarta sin horno de chocolate decorada como tuxedo


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