Señoras y Señores,

Bienvenidos a Circus Day

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Hola,

Soy Caty y dirijo este circo

Foodie, diseñadora gráfica, cuentacuentos y aficionada a la fotografía es un resumen de lo que encontrarás aquí, un circo lleno de recetas, historias y espectáculo. Señoras y señores, mesdames et messieurs, ladies and gentlemen, bienvenidos a Circus day, espero que te guste el show.

The Show

En el blog

Mostrando entradas con la etiqueta Dulces Malabares. Mostrar todas las entradas
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Bizcocho de pistachos

Descubrí que mi felicidad no es ir todo el día con una sonrisa, ni que el corazón vaya desbocado, ni tan siquiera que los pensamientos positivos que puedan pasearse por mi cabeza, sean una estaca inamovible. Ni tengo que ir regalando corazones a todo el que me rodea pero tampoco ofreciéndoles manzanas envenenadas.

Descubrí que la mía es etérea, espontánea, pedante, milagrosa y tiene mala cara cuando se levanta por la mañana. A veces me dice no toques eso, no hagas nada, mira hacía delante o pasa página. Descubrí que tiene su propio lenguaje, o yo no la entiendo o busca equilibrio y está demasiado clara. No tiene color pues un día es rojo, y al otro se vuelve malva, y si es de esos días grises no importa ya cambiará la gama.

Descubrí que está llena de pequeños detalles, de un pasado, de un presente siempre moldeable, descubrí que a veces es pena y a veces hasta lágrima. Que se va pero siempre vuelve y me sorprende despeinada. Mi felicidad no tiene nombre, ni dueño, ni casa, todo forma parte de mi y a veces hasta va de prestada.



Descubrir un libro que me gusta desde principio a fin, me hace feliz, además me encanta la maquetación del mismo. Y si me gustan todas las recetas del libro, más feliz estoy, pero no te voy hablar del libro en cuestión, si no de una receta que espero que si un día la pruebas te haga feliz (al menos un ratito) como me lo ha hecho a mi.

· BIZCOCHO DE PISTACHOS ·

Ingredientes 
  • 4 huevos 
  • 175 gramos azúcar 
  • 125 mililitros de aceite neutro
  • 220 gramos de harina
  • 70 gramos de crema de pistacho
  • 1 sobre levadura en polvo
  • Pistachos troceados para decorar
  • 1 poquito de miel 
Elaboración
  1. Precalienta el horno a 200 ºC
  2. Prepara un molde, con el spray o untado de aceite y harina para que no pegue.
  3. Bate en la batidora los huevos con el azúcar, hasta blanquear. 
  4. Añade la crema de pistachos. 
  5. Mezcla y añade la harina tamizada, con la levadura en polvo. 
  6. Por último mientras se mezcla, vierte a la masa, el aceite. 
  7. Deja de batir cuando todo esté bien integrado.
  8. Vierte la masa en el molde y hornear 5 minutos a esa temperatura. 
  9. Baja la temperatura a 160º C durante 35 minutos. 
  10. Comprueba que el bizcocho ya está listo pinchando con un palillo y si sale limpio está en su punto. Desmolda y deja enfriar. 
  11. Pincelar un poco con miel y espolvorea con los trocitos de pistacho para que se quede pegado.




Relato y fotografías @catypol - Circus day.

Rose cookies

En un barrio tranquilo de Kioto, justo cuando los sakura empezaban a florecer y todos se emocionaban sacando fotos, algo insólito ocurrió en el combini de la esquina. 
Entró una señora llena de misterio, con gafas de sol gigantes, un kimono de lentejuelas y un paraguas cerrado… ¡aunque no llovía!

—Una misa corta, por favor —le dijo al dependiente, que parpadeó y miró a su alrededor como si estuviera en un lugar equivocado.

—¿Perdón? —preguntó por si había entendido mal.

—¡Una misa corta! —repitió ella, y sacó de su bolso un incienso y una campanilla.

El dependiente, que hasta entonces solo había lidiado con estudiantes somnolientos y abuelitas comprando pan de melón, no sabía si llamar al jefe. La señora, mientras tanto, ya había montado un pequeño altar entre las revistas de manga y los onigiri. Clientes curiosos empezaron a entrar al combini. Uno aplaudía. Otro grababa con el móvil.  La señora, imperturbable, hizo sonar la campanilla y lanzó pétalos de rosa artificial.

El gerente, salió de la trastienda, se inclinó y dijo:

—Señora Midori… ¿otra vez?



Me fascina Japón y su gastronomía aunque me resulte difícil encontrar los ingredientes necesarios para realizar sus platos. Y en esta búsqueda estaba yo con las famosas flores de cerezo llamadas en Japón: sakura, que no es el árbol que da las cerezas, que es de otra variedad, sino un árbol que sólo se cultiva por sus flores. 
Busqué sakura en conserva para hacer estas bellas galletas pero no las encontré, no al menos cerca. Así que estuve un tiempo buscando con que otra flor podría sustituirlas, hasta que en el supermercado de alimentación asiático encontré rosas para el té de rosas, son pequeñitas no tienen tallo como las flores japonesas y no están en conserva si no secas, pero sólo era cuestión de probarlo. 

La diferencia de estas galletas con las de mantequilla, evidente están hechas con aceite pero haciendo una mayonesa, no pones solamente el aceite, la textura es parecida que las de mantequilla y la galleta una vez horneada sale perfecta. 

· ROSE COOKIES ·

Ingredientes (17 unidades de 6 cm. diámetro)
  • 215 g de harina de trigo
  • 75 g de azúcar
  • 1 cda. de rosas para té secas, trituradas
  • 1 pizca de sal
  • Azúcar para poner sobre las galletas
  • Rosas para té de rosas, secas para decorar las galletas
Para la mayonesa
  • 125 g de aceite de girasol alto oleico
  • 25 g de agua
  • 2 yemas de huevo

1. Prepara la mayonesa:
En un vaso alto, coloca las yemas y el agua. Con una batidora de mano, comienza a emulsionar mientras viertes el aceite en hilo fino, poco a poco, hasta obtener una mayonesa espesa y homogénea. Reserva.

2. Mezcla la base:
En el bol de la batidora (o a mano), mezcla los pétalos de rosa triturados, el azúcar y la sal. Añade la mayonesa y mezcla con el accesorio de pala o una espátula hasta que todo esté bien incorporado.

3. Agrega la harina:
Tamiza la harina e incorpórala poco a poco a la mezcla anterior. Mezcla hasta formar una masa suave y algo húmeda. Si es necesario, termina de unir a mano sobre una superficie ligeramente enharinada.

4. Reposo:
Forma un disco con la masa, envuélvelo en film transparente y refrigera durante 30 minutos.

5. Forma las galletas:
Precalienta el horno a 175 °C.
Estira la masa sobre una superficie ligeramente enharinada hasta un grosor de unos 5 mm. Corta con un cortapastas redondo de unos 6 cm.
Coloca las galletas sobre una bandeja con papel de hornear. Decora cada una con pétalos secos de rosa y presiona suavemente para fijarlos. Espolvorea con un poco de azúcar extra.

6. Hornea:
Hornea durante 15 minutos, o hasta que los bordes comiencen a dorarse ligeramente.
Retira del horno, deja reposar 5 minutos en la bandeja, y luego transfiérelas con cuidado a una rejilla para que se enfríen completamente.

Si quieres darle sabor dale unas gotas de algún aceite alimentario que te guste o simplemente vainilla ya que no esperes el sabor de la mantequilla que no tiene, jeje. 




Esta entrada, receta y fotos fue seleccionada por una revista francesa, me hizo mucha ilusión que lo hicieran, además me enviaron una copia a casa, fueron muy amables. ¡Qué ilusión!.

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Empanadillas de pan

En pleno salón con moqueta marrón y cortinas que parecían sacadas de una telenovela venezolana, la abuela Paquita servía sus famosas empanadillas, rellenas de lo que hubiera en la nevera y mucho cariño. —¡Esto es receta de guerra y de gloria! —decía.

En la esquina, un televisor extranjero que hablaba en alemán mostraba anuncios de salchichas bávaras mientras Paquita lo golpeaba con una zapatilla para que volviera a TVE. —¡Ponme a Doña Rogelia, que hoy canta a Camilo Sesto! —protestaba.

Era pleno 1983, y la casa olía a ensaladilla, crema de chocolate y nostalgia. El primo Javi apareció con hombreras, la hermana con calentadores, y el perro con una peluca. El televisor, cansado de ser golpeado, decidió por su cuenta sintonizar una misa polaca. —¡Basta, esto no es Rogelia! —gritó Paquita, empanadilla en mano, lista para la batalla.





En esta ocasión preparé empanadillas con ensaladilla rusa, quería una versión salada, pero después preparé una versión dulce con crema de chocolate, la tentación pudo más.

· EMPANADILLAS DE PAN DE SANDWICH ·

Ingredientes
  • Pan de molde
  • Relleno salado o dulce

Utensilios
  • Rodillo de cocina
  • Molde para empanadillas pequeño

Elaboración
  1. Poner una rebanada de pan sobre el molde de empanadillas.
  2. Poner un poco de relleno y cerrar el molde, apretar. Quitar el sobrante y listo. 

Nota: no rellenes mucho la rebanada, ni aprietes demasiado fuerte o puede que el relleno salga por el otro extremo.



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Kürtöskalács

En un pueblo donde las chimeneas escupen más confeti que humo y los semáforos hacen sonidos de trompeta cuando cambian de color, vivía la señora Brígida, que juraba ser prima lejana de Mary Poppins, aunque nadie supiera de qué lado de la familia. Una mañana helada pero con sol, la señora Brígida salió a pasear sobre su cama voladora, vestida con su sombrero de flores, un paraguas con luz LED y un abrigo que parecía robado a un sofá del siglo XIX. Desde arriba, saludaba a todos como si fuera la reina de una feria de pueblo.

Debajo, en la pista de hielo del parque, un grupo de niños jugaba a lanzar dados de colores que, por alguna razón, decidían la coreografía de patinaje. Un cuatro rojo implicaba triple giro, un seis azul exigía cantar mientras girabas. Caídas y carcajadas por igual. En el quiosco de la esquina, se vendían Kürtöskalács, esos dulces húngaros en espiral que olían a gloria celestial con canela. Ese día, uno se escapó. Literalmente. Salió volando de las manos de una turista alemana y empezó a girar sobre sí mismo como un donut poseído. Fue entonces cuando aparecieron los pájaros del campanario, volando hacia él.

La señora Brígida, viendo el dulce fugitivo, decidió intervenir: giró su cama voladora, bajó en picado, y lo atrapó justo antes de que se metiera en el saxofón de la banda municipal que ensayaba en la plaza. Aterrizó con aplausos y un modesto “de nada, queridos”, mientras los pájaros le dedicaban un trino maléfico.




Nos vamos a ir a la comida callejera de Hungría, a sus dulces originarios de Transilvania y que se hicieron tan populares que se extendieron a los mercados, su nombre que significa pastelillo de chimenea viene dado porque el humo atravesaba los pastelillos y salía por arriba, igual que una chimenea. El otro nombre conocido es el de Kürtöskalács, seguro que cuando paseáis por ferias o mercados se pueden ver puestecitos en los que se elaboran estos pasteles, con unos palitos de madera y cocidos a la brasa, rebozados de azúcar, canela, cacao, semillas de amapola o frutos secos.

Y esta es mi aportación al juego que nuestra querida Juana nos propone para el concurso comida callejera del mundo. Nunca he estado en Hungría, pero desde hace mucho tiempo me sentí atraída por esta elaboración aunque yo no tengo los artilugios para hacerlo igual que ellos, si tengo otra forma y resulta que salen muy bien.  

· KÜRTÖSKALÁCS ·

Ingredientes (para 6 de tamaño medio)

  • 375 g de harina
  • 15 g de levadura fresca
  • 2 cdas. de azúcar
  • 1 pizca de sal
  • 3 cdas. de aceite de oliva
  • 1 huevo grande
  • 130 ml de leche tibia
La masa.
  1. Mezcla en un cuenco la leche tibia, el azúcar y la levadura, remueve hasta su disolución. 
  2. En otro cuenco de la amasadora mezcla la harina, la sal, el aceite, y el huevo. 
  3. Por último mezcla la leche con los otros ingredientes. 
  4. Amasa unos minutos hasta que la masa se haya integrado bien y no se pegue. 
  5. Forma una bola y déjala reposar hasta que doble el volumen.
  6. Cuando la masa esté crecida estírala con un rodillo y con un cortador de pizza separa una cinta larga.
  7. Precalienta el horno a 200 ºC, sólo la placa de abajo y el ventilador, no hace falta la parte de arriba del horno. 
  8. Forra con papel de aluminio, un palo tan grueso o parecido al rodillo de madera de cocina. 
  9. Engrasa igual con aceite y empezando por un extremo envuelve la masa alrededor del palo, pinta la masa con aceite y después hazla rodar sobre azúcar para que se impregne bien. 
  10. Pon el palo de aluminio con la masa en vertical sobre la placa de horno y entre 5 - 10 minutos.
  11. Una vez que el pastelito está cocinado pero aún caliente, pásalo rodando sobre el sabor que más te guste: cacao, canela, vainilla, semillas de amapola, frutos secos picados...





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Labneh de cabra

Estábamos en el desierto; literal, en el desierto, desierto. En el guion había escenas que debían rodarse allí, así que allí estábamos todos, ocupando un mínimo espacio en tan grande extensión: seca y calurosa de día, y muy fría de noche. Como no había ningún pueblo cerca, tuvimos que acampar en tiendas no muy cómodas, pues el presupuesto no iba dirigido al confort, sino al rodaje; y como el espectáculo debe continuar, lo hacíamos todo tal como nos decían.

El primer día de rodaje nos levantamos muy, muy temprano. Debíamos rodar el amanecer y, antes de que sucediera, tenía que estar todo preparadísimo. Había nervios, sobre todo por parte de los actores, poco acostumbrados a este tipo de exteriores. La actriz principal decía que había dormido poco, poquísimo, y al actor, aunque no dijo nada, se le notaban los ojos rojos; no sabíamos si de no dormir o de empinar el codo, pero como no nos pagaban por eso, ni caso les hicimos.

Así estábamos cuando un grito nos despertó a todos de golpe. Pensamos que era una cabra —nos habían dicho que alguna encontraríamos—, pero no: el grito salió de la garganta de la actriz principal. Estaba chillando como una loca y eso hizo que todos nos acercáramos a ella a la carrera. Mudos nos quedamos cuando vimos a alguien vestido de negro, todo de negro (solo se le veían los ojos, de un azul intenso), sentado sobre un caballo, también negro, que relinchaba por el susto de los gritos de la actriz. Ella casi se desmaya de la impresión.

El director se acercó, más con miedo que con precaución, y le hizo señas para que bajara del caballo. El hombre bajó llevando consigo una gran bolsa de piel. Pensamos que igual nos sacaba un arma, pero no; de ella sacó una fiambrera de metal y se la entregó al director. Acto seguido, se subió al caballo y, desde arriba, gritó:

—¡Labneh!

Nos dejó boquiabiertos a todos.

Y como los chistes adivinatorios que tan famosos se hicieron años atrás te pregunto ¿cómo se llama la película?...



El yogur de leche de cabra ecológico es fácil de encontrar hoy en día en los mercados así que ¿por qué no probar?.

ACTO I o planteamiento
Para ello necesitas una muselina, un colador y un recipiente. Pones encima del recipiente el colador, encima del colador la muselina. Mezcla 500 g de yogur de cabra con 1/2 cdta. de sal. Vierte el yogur en el colador y dobla las puntas de la muselina sobre el yogur. Coloca un plato sobre la muselina y encima del plato una lata que no pese demasiado pero que haga presión para que desprenda todo el líquido. Deja reposar unas 24 horas en un sitio fresco. Aprieta de vez en cuando la muselina para que vaya eliminando líquido. Pasado el tiempo desmolda sobre un plato. 

ACTO II o confrontación
Para rizar más el rizo y aprovechar que tengo un delicioso AOVE me dispuse a preparar gelatina. Tenía ganas de prepararla pues con un buen aceite el resultado es excepcional, no es difícil y puede acompañar perfectamente al labneh y a la fruta. Me encantan este tipo de mezclas, la explosión de sabor que queda en la boca es intensa por lo que será un postre difícil de olvidar.

Para la gelatina usé, 2 g de agar agar, 50 g de agua, 15 g de azúcar, 50 g de aceite de oliva virgen extra y 1 cdta. de jengibre fresco rallado. En un cazo mezcla el agua y el azúcar a hervir, cuando está caliente añade el agar agar y por último el aceite y el jengibre. Deja hervir un poco. Emulsiona con una túrmix. Vierte la mezcla en moldes de silicona y dejar enfriar unas horas hasta que se solidifique. 

ACTO III o resolución
Para compensar el sabor asa unos albaricoques rojos en una sartén con un poco de azúcar moreno y ron dulce. También prepara unos higos, al natural y acompaña con ellos, las dos versiones de la fruta casan muy bien con el labneh de cabra, la gelatina de aceite y jengibre le da un delicioso sabor y contraste a todo el conjunto, ya sólo queda comerlo a cucharadas. 





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Tarta de limón sin horno

Ir a casa de la abuela siempre me gustó. Ese era mi lugar favorito en el mundo. Claro que a la abuela solo la veíamos cuando mamá tenía vacaciones. Eso solía ser justo antes de que empezara la escuela, cuando los limones estaban en su mejor momento.

La abuela los llamaba primofiore y a mí me daba la risa, porque siempre lo decía con aire de condesa italiana, aunque tenía acento de Cuenca.

—Los primofiore son los primeros limones, los buenos —me explicaba, señalando su árbol como quien muestra una reliquia sagrada.

Yo no sabía nada de limones, pero sí sabía que con esos hacía la tarta de limón «más mejor» del mundo. Así lo decía yo. Con dos «más» y la boca ya salivando. Nunca sobraba. Y por mucho que le suplicara a mamá que se llevara limones y me hiciera una igual en casa, no había manera.

—No es la misma cocina —decía ella.

—No es la misma cocinera —decía yo.

Y entonces sonreía y zanjaba la conversación con su arma favorita:

—Pues aprende tú, que la abuela seguro te deja el secreto.

El problema es que, cuando por fin crecí, ya no había limonero. El campo se había convertido en una urbanización con nombres exóticos: Residencial Costa de Oro, Jardines de Capri... La casa de la abuela se había ido con ella.

Ahora, cada vez que veo limones, la recuerdo. Dicen que eso es nostalgia. Yo también lo digo, pero de la buena. De la que no aprieta el pecho, sino que te hace sonreír con los ojos. Y, sin pensarlo, sonrío. Y en mi lengua, lo juro, vuelve a aparecer ese sabor ácido y dulce: el de los primofiore de la abuela. El de la tarta «más mejor» del mundo.



Esta es, de todas las tartas, mi preferida, la clásica y esta versión que no necesita horno. Cada etapa de mi vida era diferente pero durante muuuucho tiempo siempre era de chocolate, siempre iba y venía y volvía al chocolate pero desde hace un tiempo el chocolate me empalaga y el limón me enamora, y el pie de limón está ya en mi corazón, ayer fue mi cumple y la tarta fue de limón. 

· TARTA DE LIMÓN ·


Ingredientes
  • 300 g de galleta tipo 'Digestive'
  • 130 g de mantequilla fundida
  • La ralladura de 1 limón
  • 150 g de queso de untar
  • 100 ml de nata para montar (35% MG)
  • El zumo de 2 limones
  • La ralladura de 1 limón
  • 150 g de azúcar
  • 1 sobre de gelatina neutra
  • 150 ml de agua
  • Molde de pie de 20 cm.

La base de la tarta
  1. Tritura las galletas y cuando tengan un aspecto arenoso, añade la mantequilla fundida y la ralladura de 1 limón.
  2. Cuando todos los ingredientes estén bien mezclados, forma la base en un molde, (preferiblemente desmontable). 
  3. Aprieta bien la mezcla de galletas trituradas para que quede muy compacta y sea firme. 
  4. Reserva en la nevera.

La gelatina
  1. En un cazo, pon a cocer el agua y cuando hierva retira del fuego y echa la gelatina. 
  2. Remueve bien hasta que se disuelva y reserva.

El relleno
  1. En otro bol o recipiente para batir, echa la ralladura y el zumo de los limones, la nata, el queso de untar, el azúcar y la gelatina ya preparada. 
  2. Bátelo todo bien hasta obtener una mezcla homogénea.

Monta la tarta
  1. Echa la mezcla sobre la base de galletas y déjalo cuajar todo en la nevera durante al menos 4 horas. 
  2. Si puedes dejarla reposar toda la noche o incluso un día entero, quedará perfecta.
  3. Decora con nata montada o merengue o con frutilla.


Relato y fotografía @catypol - Circus day.

Cupcakes de fresas

Un rey fue hasta su jardín y descubrió que sus árboles, arbustos y flores se estaban muriendo. El Roble le dijo que se moría porque no podía ser tan alto como el Pino. Volviéndose al Pino, lo halló caído porque no podía dar uvas como la Vid. Y la Vid se moría porque no podía florecer como la Rosa. La Rosa lloraba porque no podía ser alta y sólida como el Roble. Entonces encontró una planta, una Fresa, floreciendo y más fresca que nunca. El rey preguntó: -¿Cómo es que creces saludable en medio de este jardín mustio y sombrío? -No lo sé. Quizás sea porque siempre supuse que cuando me plantaste, querías fresas. Si hubieras querido un Roble o una Rosa, los habrías plantado. En aquel momento me dije: "Intentaré ser Fresa de la mejor manera que pueda."
Jorge Bucay.


· CUPCAKES DE FRESAS Y CHOCOLATE ·

Ingredientes para la masa
  • 3 huevos M
  • 175 gr. de azúcar
  • 60 ml. leche 
  • 190 ml. aceite de girasol
  • 160 gr. harina de espelta
  • 50 gr. de cacao puro
  • 1 sobre de levadura en polvo
  • Una pizca de sal

Relleno
  • Fresas enteras, limpias y sin el tallo

Frosting
  • 3 claras de huevo
  • 2 cdas. de azúcar glasé
  • Gel colorante rojo

Para la masa.
  1. Bate con la batidora los huevos y el azúcar, hasta doblar el volumen. 
  2. Mezcla la leche con el aceite y añade a la mezcla anterior con cuidado y a velocidad lenta. 
  3. Aparte añade la levadura en polvo, el cacao y la sal a la harina. 
  4. Añade la mezcla seca a los ingredientes húmedos de la batidora. 
  5. Batie a velocidad alta durante unos minutos. 
  6. Dejareposar la mezcla en el frigorífico durante una hora o más, tapada. 
  7. Precalienta el horno a 250 ºC. 
  8. Distribuye la mezcla en cápsulas para magdalenas. 
  9. Llena 3/4 partes de las cápsulas y hornea a 210º C durante 15 minutos o hasta que la prueba del palillo salga limpia.
  10. Deja enfriar las magdalenas. 
  11. Una vez frías, haz un orificio en el centro lo suficientemente grande para colocar una fresa, entera, limpia y sin el tallo verde. 

Para el merengue.
  1. Precalienta el horno a 160º C. 
  2. En la batidora sube las claras a punto de nieve. 
  3. Agrega el azúcar glas, mezcla y reserva. 
  4. En una manga pastelera, coloca la boquilla que más te guste, o sin boquilla. 
  5. Pincela un lateral del interior de la manga con un poco de colorante rojo, unas líneas son suficientes. Introduce el merengue dentro. 
  6. Decora las cupcakes. 
  7. El colorante saldrá en forma de línea con el merengue y dejará una bonita línea en el decorado. 
  8. Pon las cupcakes en el horno, durante 7 minutos, hasta que el merengue se tueste un poco, o hazlo con un soplete.



Con esta receta participo en el reto del mes de marzo de cocineros de mundo en Google+ en el apartado dulce.

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Panna cotta de lima

Íbamos corriendo por el jardín como conejos buscando comida, casi saltando entre la maleza, para encontrar los huevos que, hábilmente, habían escondido los mayores, a veces en desesperación nuestra. Pero poco a poco los encontrábamos entre piedras o incluso entre las ramas más bajas de los árboles, ¡qué alegría! ¡qué buen tiempo aquel!.

Ahora, de mayor, lo recuerdo con cariño, toda la familia festejaba la Pascua entre huevos de chocolate y buen tiempo, risas y bromas, cestas y conejitos de golosinas. Ahora, de mayor, ya no es lo mismo, no, no es igual, pero mi corazón se salta un latido cuando recuerda los buenos momentos de familia, incluso con amigos, eran buenos tiempos, eran tiempos de bonanza, la magia desaparece cuando nos hacemos mayores.



Tengo que explicar que el relato es solo eso, un relato, en mi niñez y en Pascua no había huevos para nosotros, nosotros somos de empanadas, cocarrois, robiols, crespells, pero huevos no, no buscábamos nada en el jardín y aunque si, son buenos recuerdos para mi, igual me hubiera gustado comerme un huevo de chocolate, jeje.

Estos huevos de panna cotta de lima parecen una complicación, pero no, lo único es paciencia por el enfriado por lo que si los haces de un día para otro no te dará la sensación que esperas. Y también tienes que tener un molde en forma de huevo, si no, no pasa nada, puedes hacerlos en vasito y agujereas igual para ponerle el círculo de mango, serán huevos al vaso, jajaja, quedarán bonitos igual, creo yo. Como me gusta la fruta ácida y el mango con la lima lo es, me ha encantado el contraste dulce/ácido, y son tan buenos de comer como los de chocolate ;)

· PANNA COTTA DE LIMA Y MANGO ·


Ingredientes
  • 200 ml de nata 35%
  • 200 ml de leche
  • 4 hojas de gelatina
  • 1 lima (zumo)
  • 60 gramos de eritritol o 100 gramos de azúcar
  • 1 mango
  • 1 lima (zumo)

Elaboración
  1. Remoja la gelatina en la leche. 
  2. Lleva a ebullición la nata. 
  3. Baja el fuego. 
  4. Cuando hierva añade el zumo de lima, el eritritol o el azúcar y la leche con la gelatina. 
  5. Remueve bien, hasta que se disuelva bien la gelatina. 
  6. Cuela ante de poner en el molde por si quedara algún grumo. 
  7. Deja enfriar a temperatura ambiente y después lleva al frigorífico toda la noche o hasta que se solidifique la panna cotta.
  8. Con un sacabocados, saca el círculo de la panna cotta. 
  9. Reservar.
  10. Pela y corta el mango en trocitos. 
  11. Bate junto con el zumo de lima hasta quedar un puré. 
  12. Vierte el puré de mango en los círculos de los huevos y lleva al frigorífico hasta la hora de servir.

Nota: si quieres puedes usar mermelada de mango en vez de hacer puré, pero pensé que sería todo demasiado dulce.



Relato y fotos @catypol - Circus day.

Trufas de chocolate

En el centro de control de la mente de Nico había un problema serio: alguien había perdido el «botón de apagar la vergüenza ajena». Alegría llevaba media hora saltando entre paneles intentando mantener la cosa en marcha.

—¡No podemos dejar que Nico recuerde eso del karaoke de ayer! —gritaba, mientras empujaba una palanca que decía «recuerdos peligrosos».

Tristeza, como siempre, estaba sentada en el suelo abrazando una manta de cables.

—Quizá… si lo recordamos todos juntos, no sea tan terrible —dijo con su voz de «esto va a salir mal, pero con cariño».

Temor temblaba delante del panel de «interacciones sociales recientes».

—¡Está a punto de entrar en clase! ¡Hay gente! ¡GENTE MIRANDO!

Furia aporreaba el teclado.

—¡Borramos el karaoke! ¡Borramos el karaoke YA!

Pero entonces apareció un recuerdo flotando: Nico en el escenario, cantando desafinado, con el micrófono demasiado cerca de la boca y el entusiasmo demasiado lejos del ritmo. La sala entera del centro de control se quedó en silencio.

Alegría lo miró otra vez. Y otra vez. Y de repente soltó una carcajada.

—Vale… esto no es vergüenza ajena. Esto es… valentía con mala afinación.

Tristeza sonrió un poco.

—Se le ve feliz… casi tanto como cuando come chocolate.

Temor susurró:

—Nadie se ha muerto… Un milagro.

Furia cruzó los brazos.

—Bueno, técnicamente fue… un crimen musical.

Entonces pasó algo raro: el recuerdo no se volvió oscuro. No cayó al «archivo de cosas horribles». En cambio, empezó a brillar con tonos dorados, como cuando algo es ridículo pero bonito a la vez.

Alegría lo colocó en el panel principal.

—Este se queda.

Y en ese momento, Nico entró en clase, recordó el karaoke… y, en vez de querer desaparecer, sonrió. No porque lo hubiera hecho bien, sino porque, por primera vez, no le importaba tanto hacerlo mal.




Por todos es conocida la mona de Pascua de chocolate, muchos pasteleros se afanan en tenerlas listas para la fecha señalada, como Escribà que presenta cada año unas monas monumentales, creo que es todo un acontecimiento para los ciudadanos y la verdad es que son impresionantes. Mi idea no es hacer una mona, para nada, ni tan siquiera hacer los perfectos huevos de chocolate que tanto nos gustan y que cada vez más tenemos a nuestro alcance. No, yo quería hacer trufas, de chocolate, eso sí, pero trufas al fin y al cabo. Pero para rizar el rizo, las trufas debían tener un "algo" diferente, porque si no aunque la mona se viste de seda, mona se queda, ¿verdad?

Los chicos de Anar de tapes, me preguntaron si estaba interesada en participar en un concurso de cocina que hacen mensualmente con temática diferente, y este mes el tema es el chocolate. Así que inspirada en un libro de Maxine Clark, me puse a ello, sólo que esta vez es una receta para apasionados del chocolate y del picante, que con un divertido packaging se ha convertido en otra receta Circus day, ¿el grado del picante? lo eliges tú.

· TRUFAS DE CHOCOLATE Y CHILE ·

Ingredientes para la trufa
  • 170 g de chocolate negro troceado
  • 25 g de mantequilla
  • 200 ml nata para montar
  • 1 cdta. de chile en polvo (cayena, jalapeño, pasilla, etc.)
  • 1 cda. de whisky (o ron, o coñac, o vodka, etc.)
Ingrediente para rebozar la trufa
  • Cacao en polvo sin azúcar
Ingredientes para el chile caramelizado
  • 200 g de azúcar
  • 250 ml agua
  • 2 chiles rojos, sin semillas
Los chiles caramelizados. 
  1. Corta los chiles en tiras finas. 
  2. Pon a hervir el azúcar y el agua en un cazo. 
  3. Cuando hayan hervido durante 1 minuto añade las tiras de chile, baja la temperatura y deja cocinar durante 25 minutos. 
  4. Si lo haces por la noche, deja los chiles dentro del cazo con el almíbar durante toda la noche. 
  5. A la mañana siguiente, calienta un poco el preparado y saca las tiras de chile, ponlas una a una sobre un papel para horno, y deja secar.
Las trufas. 
Necesitas prepararlas con bastante tiempo, por lo que mi consejo es preparar los chiles caramelizados la noche anterior, y las trufas también, pues así ambos preparados estarán toda la noche reposando.

  1. Funde el chocolate, la mantequilla, la nata y el chile en polvo en una olla, con cuidado a no quemarlo. Cuando se haya fundido el chocolate añade el whisky, remueve bien y saca del fuego. 
  2. Deja enfriar y ponlo un rato en el frigorífico hasta que enfríe. 
  3. Cuando esté frío, sácalo del frigorífico y bátelo con una batidora eléctrica, no subirá cómo cuando subimos la nata para montarla, pero un poco si lo hará. 
  4. Pásalo a un recipiente con tapa o tápalo con film a piel, que no quede aire dentro. 
  5. Déjalo toda la noche en el frigorífico.
Montaje:
  1. Con una cucharilla o con las manos forma las trufas, en este caso en forma de huevos del tamaño de los huevos de codorniz, para colocarlos dentro de la huevera. 
  2. Rebózalas con el cacao, y ponlas sobre una bandeja. 
  3. Vuelve a dejarlas en el frigorífico hasta que endurezcan. 
  4. Después guárdalas en un recipiente o como yo en una huevera. 
  5. Añade unas tiras de chile caramelizado, y ya tienes "monas" preparadas y listas para regalo.



Fotografías @catypol - Circus day. 

Chocolate cakes

Quetzalcóatl llegó primero, cargando una tablilla de barro con anotaciones.

—He creado a los humanos —anunció—. Les he dado maíz, lenguaje y la capacidad de inventar problemas.

Tezcatlipoca, recostado sobre una sombra, sonrió.

—Eso último suena prometedor.

Huitzilopochtli entró como un relámpago, con la agenda apretada.

—Los humanos han encontrado un juego antiguo.

—¿Qué tipo de juego? —preguntó Quetzalcóatl, sospechando que nada bueno venía de esa frase.

—Uno con pelota. Muy importante. Mucho salto. Mucho drama.

Bajaron a la Tierra de forma discreta y allí estaban los humanos. Habían encontrado el juego sagrado del ōllamaliztli, aunque lo jugaban con la solemnidad de quien no está del todo seguro de las reglas. Un jugador golpeó la pelota…

—Eso no ha estado mal —dijo Quetzalcóatl, impresionado.

—Eso ha estado muy bien —corrigió Tezcatlipoca—. Lo cual es peligroso, porque ahora van a querer repetirlo.

En la banda, un grupo de niños imitaba el juego usando una calabaza. Uno de ellos gritó:

—¡Si meto gol, soy el rey del cacao!

—Así no es como funciona la política —murmuró Huitzilopochtli, tomando notas mentales para futuras correcciones divinas.

El partido continuó. La pelota rebotó en un muro, luego en un jugador, luego en otro, y finalmente cayó exactamente donde debía caer. Silencio. Luego, un estallido de gritos.

—¡Gol! —gritaron los humanos.

—¿De dónde sacan ese vocabulario? —dijo Quetzalcóatl.

Tezcatlipoca ya estaba sonriendo.

—Me gusta este juego. Tiene caos, reglas ambiguas y posibilidad de conflicto eterno. Perfecto.

Huitzilopochtli, sin apartar la vista, añadió:

—Y disciplina. Los jugadores están dispuestos a correr mucho sin entender del todo por qué. Eso siempre es prometedor.

Cuando el partido terminó, los dioses regresaron a su terraza. Quetzalcóatl suspiró.

—Solo les di maíz. ¿En qué momento acabamos con esto?

Tezcatlipoca se encogió de hombros, recordándole:

—Y lenguaje y la capacidad de inventar problemas.

Huitzilopochtli cerró su tablilla.

—No hay que intervenir. Podrían hacerlo aún más interesante.

Y así quedó establecido, aunque nunca oficialmente escrito: los humanos podrían jugar a juegos antiguos donde una pelota puede darles la victoria, donde las reglas no siempre están escritas y donde los dioses, desde arriba, solo podrían mirar.




Para hacer el bizcocho usé un molde de semiesferas de 6 cm. de diámetro cada una, tuve que hacer varias tandas pues sólo tengo uno, pero el preparado no puso objeción así que con paciencia cocinera el resultado fue el que yo quería.

· CHOCOLATE CAKES ·

Ingredientes 
  • 30 g de cacao en polvo puro sin azúcar
  • 35 g de harina de arroz
  • 5 g de levadura en polvo
  • Una pizca de canela
  • Una pizca de sal
  • 4 huevos 
  • 2 cucharadas azúcar
  • 1 cucharadita de vainilla 
  • 60 ml de aceite de oliva suave o si prefieres, mantequilla 

Elaboración
  1. Precalienta el horno a 180º C. 
  2. Mezcla el cacao, la harina, el azúcar, la levadura, la canela y la sal. 
  3. Añade los huevos, la vainilla y el aceite. 
  4. Bate todo con la túrmix. 
  5. Vierte en las cavidades semicirculares del molde. 
  6. Hornea unos 20 minutos o hasta que la prueba del palillo salga limpia. 
  7. Saca del horno, saca de los semicírculos del molde dejándolos enfriar sobre una rejilla.
  8. Repite la operación hasta que el preparado se haya acabado. 
  9. Cuando estén fríos, pone dentro de un recipiente de cristal con tapa y déjalo toda la noche en el frigorífico. 

Ingredientes para el relleno
  • Mascarpone
  • Mermelada de fresa
Elaboración
  1. Corta la superficie más plana de las semiesferas, dejándolas totalmente planas para su posterior relleno. 
  2. Ponle un poco de mermelada y sobre ella el mascarpone.

Ingredientes para el chocolate para cubrir los pasteles
  • 150 gr. de chocolate para fundir, a trocitos
  • 50 gr. de mantequilla
  • 3 cdas. de leche
Elaboración
  1. Pon los ingredientes en un cazo, a fuego suave para que no se quemen, y remueve hasta su total disolución. 
  2. Deja reposar para que enfríe un poquito, cuando esté caliente/tibio, verter sobre las tartas cubriéndolas totalmente. 
  3. Deja enfriar totalmente dentro del frigorífico para que el chocolate endurezca.

Al final yo le puse un trocito de chocolate de fresa para coronarlas.




Con esta receta participo en el concurso Pasteles, pastas, galletas, merengues, tartas, panes dulces y salados, promovido por el blog cocido de sopa. 


Relato, receta y fotografías @catypol - Circus day.

Mont Blanc cupcakes

En el Café Torunka, aquella mañana apareció un hombre con una pecera en las manos y una expresión tan confundida que la dueña le puso un Mont Blanc delante sin esperar el pedido.

—Gracias —dijo él—. Creo que necesito un café. —¿Mal día? —No lo sé. Salí de casa para comprar una corbata y ahora tengo una pecera.

La dueña miró la pecera. Dentro nadaba un pez diminuto. El hombre tomó un sorbo.

—Ni siquiera recuerdo cuándo compré el pez.

Desde una mesa cercana, una estudiante levantó la vista de su libro.

—Yo vine aquí hace dos horas para estudiar matemáticas y he terminado aprendiendo a tejer.

Mostró una bufanda torcida que parecía haber perdido una pelea con un gato. La conversación fue creciendo. Un jubilado confesó que había salido a pasear al perro y había regresado con una planta. Una repartidora aseguró que llevaba tres días intentando entregar un paquete a la misma persona y que siempre era ella misma quien abría la puerta. Nadie tenía explicaciones.

A media mañana, entró una anciana muy elegante.

—Perdonen —dijo—. ¿Alguien ha visto un cuaderno rojo?

Todos negaron con la cabeza. La mujer suspiró.

—Qué pena. Ahí apunté todas mis recetas para intercambiar destinos por accidente.

El café quedó en silencio.

—¿Cómo dice? —preguntó la dueña. —Oh, nada grave. Una afición que tengo. A veces mezclo situaciones inesperadas.

Sacó otro cuaderno de su bolso.

—Aunque ahora que lo pienso… quizá usé la libreta equivocada esta semana.

Se quedó mirando a los clientes de la cafetería. Entonces arrancó una hoja, escribió algo y la dejó sobre el mostrador. Todos se quedaron mirando la nota. La dueña leyó en voz alta:

«Soko ni jōshiki o hito saji kuwaete, 10-funkan oite okou».

Nada ocurrió. Pero diez minutos después, el hombre recordó de dónde venía el pez, la estudiante volvió a las matemáticas, el jubilado recuperó a su perro y la repartidora descubrió que el paquete era para su vecina.

Era, curiosamente, lo más normal que había pasado en todo el día.



Es uno de los dulces franceses más famosos y se ha convertido en una auténtica sensación en Japón. En el «país del sol naciente», este postre llegó alrededor de 1933 y se ha adaptado e reinterpretado —o mejor dicho, adaptado y reinterpretado— para encajar con el gusto local. El repostero Chimao Sakota quedó tan prendado de un Mont Blanc que había probado en la pastelería Angelina de París que, al volver a Japón, abrió su propia pastelería, llamada Mont Blanc, en el barrio tokiota de Jiyugaoka. En esta época celebramos la llegada del invierno y las primeras nieves que, esta vez, no cubren la montaña de los Alpes, sino el icónico monte Fuji.

Usa una boquilla llamada «fideo» para el frosting tan bonito del Mont Blanc.

· MONT BLANC CUPCAKES ·


Ingredientes para las magdalenas
  • 210 g de harina de repostería
  • 250 g de azúcar
  • 2 cdtas. levadura en polvo
  • 1/2 cdta. sal
  • 250 ml leche 
  • 2 huevos grandes, a temperatura ambiente
  • 100 g de mantequilla, a temperatura ambiente

Ingredientes para el chantilly
  • 200 ml nata para montar muy fría
  • 2 cdas. azúcar glas
  • 1 cdta. azúcar avainillado, opcional

Ingredientes para el frosting de castañas
  • 250 g de crema de castañas
  • 200 g de mantequilla, temperatura ambiente
  • 1 cdta. azúcar avainillado

Elaboración
  1. Precalienta el horno a 180º C. 
  2. Tamiza y mezcla los ingredientes secos de la magdalena. 
  3. Aparte, bate hasta blanquear los huevos, y ve añadiendo poco a poco los ingredientes secos, intercalando con la leche. 
  4. Finalmente añade la mantequilla y bate hasta que se convierta en una crema espesa.
  5. Vierte la masa resultante en cápsulas para magdalenas o cupcakes, hasta 3/4 partes de la cápsula. Hornea durante 20 minutos, o hasta que al pinchar la masa con un tester, este salga limpio. 
  6. Deja enfriar.
  7. Mientras monta la nata bien fría, con el azúcar. 
  8. Una vez montada, llévala por una hora al congelador.

Para el frosting. 
  1. Bate la crema de castañas con la mantequilla y el azúcar avainillado hasta conseguir una crema espesa. 
  2. Ponla crema en una manga pastelera a la que has puesto con anterioridad una boquilla "spaghetti" o "césped".

Montaje
  1. Vacía un poco el centro de la magdalena, con una cuchara. 
  2. Con la manga pastelera pon una bola de nata, en ese centro vacío de la magdalena. 
  3. Con la manga pastelera que contiene el frosting de castañas, forma una montaña rodeando y tapando el centro de nata. Hazlo con todos los cupcakes. 
  4. Termina la montaña con un poquito de nata montada, para aparentar la nieve que hay en el Mont Blanc.



Relato y fotografías @catypol - Circus day.

Funnel cakes

En algún lugar del oeste, el saloon reconvertido en cafetería de funnel cakes vivía su momento de mayor gloria. Se llamaba “El Cactus Crujiente”, y servía dulces tan grasientos que ni el sol se atrevía a derretirlos. Una mañana particularmente calurosa, entró tropezando un vaquero despeinado, con las botas llenas de barro y cara de haber discutido con alguien. Lo más notable: había perdido su gorra, lo que lo hacía parecer menos Clint Eastwood y más espantapájaros.

—¡A ver si alguien ha visto mi sombrero! ¡O una monja, que también la he perdido! —gritó, mientras los clientes dejaban caer los tenedores.

De una mesa del fondo se levantó una monja desorientada, que sostenía una funnel cake como si fuera una reliquia sagrada.

—¡Este rosco frito es el demonio! —gritó sor Enriqueta—. ¡Y ese caballo tuyo me ha dejado en mitad del desierto para irse a coquetear con una yegua!

—¡No es mi culpa si mi caballo se cree Casanova! —respondió el vaquero, tirándose en una silla con el dramatismo de una novela barata.

Entonces entró un buscador de oro cabreado, con una pala al hombro y restos de tierra hasta en las orejas.

—¡¿Quién ha cambiado el cartel del viejo saloon?! ¡Aquí se jugaban partidas de póker por pepitas, no se servían pasteles con azúcar en polvo!

La situación escaló con rapidez: la monja lanzó su funnel cake como un frisbee, el buscador de oro exigía duelos por “la dignidad del oro perdido”, y el vaquero buscaba su gorra debajo de las mesas mientras murmuraba amenazas de venganza. Al final, el dueño del local —un antiguo forajido reconvertido en repostero — subió al mostrador y, agitando una espátula, gritó:

—¡Aquí no se dispara, no se reza en voz alta y no se blasfema! ¡Comed, hablad o largaos!

Hubo un silencio. Luego, como si fuera lo más normal del mundo, todos se sentaron de nuevo. La monja pidió otra porción (“por si acaso el demonio tenía segunda forma”), el buscador de oro se apuntó a un taller de repostería, y el vaquero encontró su gorra. Desde entonces, el Cactus Crujiente fue famoso no solo por sus dulces, sino por el forajido convertido en repostero.




Funnel cakes, o pastel de embudo, típico en ferias, carnavales y eventos en América del Norte, fue para mí un agradable descubrimiento. Es una masa parecida a la del pancake, pero con una diferencia a la hora de cocinarla: se usa literalmente un embudo para verter la masa en el aceite. Aunque yo he usado un biberón de cocina con un agujero grande, y me ha funcionado igual de bien.

La historia cuenta que este postre está vinculado a los holandeses de Pensilvania de ascendencia alemana. Al ser una zona donde viven los Amish, se relacionó este pastel con ellos, siendo un postre que disfrutaban en festivales de la cosecha y días festivos. Después se fue extendiendo y ahora es un postre popular en todo el país. Además, guarda relación con otros postres similares, como el flancati (Eslovenia), tippaleipä (Finlandia) o strauben (Austria)

· FUNNEL CAKES ·

Ingredientes para 6 unidades
  • 230 g de harina 
  • 50 g de azúcar
  • Una pizca de sal
  • 2 huevos grandes
  • 230 ml de leche
  • 2 cdas. de aceite
  • 1 cdta. de extracto de vainilla
  • Aceite para freír
  • Azúcar glas para espolvorear por encima
Topping (opcional)
  • Fresas
  • Nata montada
Elaboración
  1. Tamiza la harina junto con el azúcar y la sal en un bol.
  2. En otro recipiente, bate los huevos con la leche, el aceite y el extracto de vainilla.
  3. Incorpora poco a poco los ingredientes líquidos a los secos, mezclando con varillas hasta obtener una masa homogénea y sin grumos.
  4. Vierte la mezcla en un biberón de cocina con agujero grande. Si no tienes, puedes usar un embudo.
  5. Calienta abundante aceite para freír en una sartén pequeña. Cuando esté bien caliente, forma los funnel cakes vertiendo la masa en el aceite con movimientos irregulares, creando una forma libre (como se ve en la fotografía).
  6. Fríe hasta que estén dorados, luego da la vuelta con cuidado para dorar el otro lado.
  7. Retira y coloca sobre papel de cocina para eliminar el exceso de aceite.
  8. Espolvorea con azúcar glas al estilo tradicional, o sírvelos con nata montada y fresas para una versión más fresca y cremosa.



Con esta receta participo en el concurso de recetas norteamericanas de La cocina de Tesa. ¡Feliz primer aniversario del blog, Teresa!




Fotografías @catypol - Circus day.

Monadas

Esa tarde, Barbapapá estaba un poco preocupado. Había organizado una merienda para los siete Barbabebés, pero se había olvidado de las sillas.

—¡Oh, qué despistado soy! —exclamó, convirtiéndose de pronto en una mesa larga y plana—. Pero ahora que soy la mesa... ¡no tengo manos para servir el zumo!

De repente, una figura negra y elegante apareció por el sendero: era Barbamamá. Ella siempre tenía la solución perfecta. Con una sonrisa, exclamó su famosa frase mágica:

—¡Hup-hup-hup, Barbatruco! —y, en un abrir y cerrar de ojos, Barbamamá se transformó en una estantería llena de vasos y una jarra de cristal.

Los Barbabebés llegaron corriendo. Barbabravío quería jugar a la pelota, Barbabella quería mirarse en un espejo y Barbazul quería estudiar los insectos del jardín. Era un caos de colores. Pero Barbapapá y Barbamamá se miraron y, sin decir ni una palabra, decidieron trabajar en equipo.

Barbapapá se estiró y se curvó hasta convertirse en un cómodo tobogán rosa.

Barbamamá se ensanchó y se transformó en una gran carpa negra para dar sombra a todos.

Los pequeños saltaron y rieron bajo la "carpa mamá" y sobre el "tobogán papá". Al final del día, cuando el sol se escondió, Barbapapá volvió a su forma redondita y abrazó a Barbamamá.

—Somos el mejor equipo del mundo —dijo Barbapapá. —Porque podemos ser cualquier cosa —respondió ella—, pero lo que más nos gusta es ser nosotros mismos.

Y así, convertidos en dos grandes y mullidos sillones, se quedaron dormidos mientras los Barbabebés soñaban con nuevas formas que adoptar al día siguiente.


A mi me recuerdan a Barbapapa Family, me encantan estos seres de colores y me inspiré en ellos para esta ocasión, así que mi elección para la propuesta de el reto de octubre de las recetas de tía Alia es MONADAS, la propuesta dulce. Al principio no sabía muy bien que era pues como veis en la receta no hay más información. Primero hice una pequeña prueba a ver qué salía y después hice la prueba final dando forma a estas preciosidades y terminando con un toque de chocolate, para situarlas en una ciudad y en una calle llamada Rue de las Monadas, así de Chic.



[RETO TIA ALIA]
¿No crees que es una forma muy bonita de nombrar a estas galletas? cuando vi esta receta, que forma parte de mi primera participación en el reto de tía Alia se me ocurrió de inmediato esta forma, unas galletas sinuosas, coquetas con un toque de chocolate, justo para insinuarse y deleitar los paladares del té de las cinco o el café de media mañana. 

LA RECETA:


Usé la KA, pasé la mezcla a una manga pastelera, hice las formas, horneé y cuando estaban frías las decoré con un poco de chocolate fundido. El horno precalentado a 160º C y durante más o menos 30 minutos, pero vigilar por si se tuestan antes.



Fotografías @catypol - Circus day.

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